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November 30, 2007
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Akano 03 - Eternal Flame II

by ~Centoloman

– ¿Tu madre?

– Sí – respondí sin girarme hacia Kyo mientras cruzaba ya el umbral del Cuartel. – Mi madre tiene poderes psíquicos.

– Nunca me lo habías dicho – protestaba incansablemente el muchacho.

– ¿Tenía por qué? – me giré al fin hacia él. – Todo su clan son psíquicos, o eso tengo entendido. Lo cierto es que no sé nada y por eso no hay nada que contar.

– Ya… Pero…

– Conversación concluida, Kyo – le corté. – No insistas.

– ¿Qué? – reaccionó. – ¿Te molesta hablar del tema?

Sin contestarle, me encaminé hacia la Puerta del Sereitei, andando, sin prisa, tomándome mi tiempo para valorar todo lo que había dicho la Capitana escasos momentos atrás. Ciertamente era una situación complicada para ella: Nalya estaba en peligro, aunque no fuéramos capaces de entender cuál, mientras que habíamos sido designados para detener una posible invasión del Sereitei.

– ¡Rido! – seguía protestando el joven.

Las circunstancias que rodeaban todo el asunto de Yorokonde eran turbias. Las noticias, escasas porque aquella zona había sido dejada de la mano de Dios y apenas teníamos contacto directo, indicaban que lo que hoy parecía haberse convertido en un peligroso ejército era antes una amalgama muy heterogénea de bandas y pequeños grupúsculos criminales.

A eso habría que sumarle el hecho de que Nadie podía estar efectivamente implicado en aquella ofensiva, lo que añadía el peligro de que una parte del Rukongai, no excesivamente grande pero una parte en todo caso, cayera bajo el control de aquella secta terrorista. O el hecho de que los Wolf hubieran podido hacer caso omiso de lo que estaban pasando o incluso colaborar con todo ello hacía que, tras varios años de estrecha cooperación entre el clan y el Gotei 13, con Kaiser Wolf como mediador, las relaciones semejasen resquebrajarse.

Pero todo eso se juntaba con el hecho de que, siempre desde el punto de vista y la confusión que suponían los extraños poderes de Henkara, Nalya estaba en peligro, aunque no fuésemos capaces de entender cuál. No podía desconfiar de la intuición de la Capitana, nunca habían fallado, así que no tenía motivos para hacerlo, pero me preocupaba aquella búsqueda a ciegas.

¿Cómo pretendía Henkara que la localizase? ¿Acaso tenía todo aquello que ver con lo que había afirmado con mi ascendencia materna? Según Balmung, mi madre era más poderosa que la Jefa. Al fin y al cabo, había conseguido introducirse en el monasterio que daba forma a mi mundo interior. ¿Había yo heredado aquel poder? ¿Era eso lo que insinuaba?

Me paré, cerré los ojos y lo intenté. Me concentré al máximo pero era inútil. No podía contactar con Nalya. Fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo y no pude evitar prorrumpir en una sonora carcajada, una carcajada que sólo tres personas, contándome a mí, seríamos capaces de entender: No era la primera vez que lo intentaba.

– ¿Qué ha pasado?

– Nada – sonreí ampliamente, negando con la cabeza. – Nada.

– Entonces…

– Déjalo – le interrumpí. – No es importante y hay otras cosas prioritarias.

– Pero…

– Déjalo – repetí.

– Por cierto…

– ¿Sí?

– ¿No deberíamos dirigirnos al sur?

– ¿Al Sur? – me giré. – ¿Quién dijo eso?

– La Capitana…

– Cierto – asentí. – Dijo que fuésemos al Sur.

– Y estamos yendo hacia el Oeste porque…

– Porque no vamos a ir al Sur – contesté con total naturalidad. – No por ahora. Ni directamente, por lo menos.

– ¿No íbamos a buscar a mi madre?

– Eso vamos a hacer – le tranquilicé. –Pero antes hay que atar un par de cabos.

Había aprendido, de todas formas, a no cegarme, a no dejarme llevar por mis sentimientos perdiendo de vista el conjunto de toda la situación, como en otras veces podría haber ocurrido. No es que no me importara tanto como antes, para nada, sino que ahora era capaz de mantener la cabeza fría y priorizar lo realmente útil frente a lo sentimentalmente necesario o evidente.

Por eso había preferido y había considerado más importante consultar las dudas que tenía

– Por cierto…

– ¿Qué?

– ¿Te has dado cuenta ahora?

– ¿De qué?

– De que no vamos al Sur… – le dije medio burlón. – Vamos a la mansión – expliqué en un tono más serio y apropiado.

– ¿A qué?

– Te lo acabo de decir – respondí. – Vamos a atar unos cabos.

Una media hora después, caminando a paso ligero aunque calmado, nos encontrábamos ya frente al viejo olivo que dominaba el frontal de la casa familiar. Todo parecía tranquilo e inmóvil, como siempre, como si el paso del tiempo hubiera olvidado aquella pequeña parcela del Rukongai.

– ¡Me cago en todo los dioses! – rompió aquella paz una estremecedora blasfemia. – ¡Joder!

Intrigado por ver qué molestaba tanto a Kaiser, aunque alarmado a la vez, entré en la mansión. Conociéndolo, tenía la esperanza de que aquello no fuera más que una rabieta por una nueva derrota al shouji con mi padre en una de aquellas partidas interminables que exigían toda su concentración.

Abrí con cuidado la puerta del salón y mi sonrisa se borró de repente cuando vi que aquella maldición se había pronunciado delante de un mapa casi idéntico al que había tenido yo en la mano aquella misma mañana, sólo una hora antes.

– Estás aquí – murmuró mi padre al verme, a modo de saludo.

– ¿Qué es tan grave?

– Un mensajero acaba de traer esto desde tu División – explicó.

– ¡Mierda! – continuaba jurando Kaiser.

– ¿Qué?

Mis mayores temores parecían cobrar forma. Algo grave semejaba haber ocurrido en las Montañas del aullido: descuido, desinformación, implicación activa o derrota ante una fuerza que los sobrepasara… Cualquiera de aquellas opciones posibles parecía igualmente peligrosa en aquel momento.

– Hace dos semanas que no tenemos información ni de Gunter ni de Uxío – comenzó a aclarar mi padre. –No le dimos importancia hasta que llegó tu mensaje.

– ¿No le disteis importancia? – intervino Kyo, que parecía intentar introducirse en la conversación aunque le superara.

– Ha habido momentos en los que ha pasado más tiempo entre contacto y contacto – le expliqué. – Un retraso no era preocupante.

– Cierto.

– En cualquier caso, conociéndolos tienen que tener noticias desde hace más de dos semanas – apunté mirando fijamente a Kaiser a los ojos. – ¿Traición? – sugerí con voz sombría y temblorosa. – Estás pensando en eso, ¿verdad?

– Dudo que nada pueda escapar de los ojos de mis vigías – contestó Kaiser, medio confirmando mi suposición.

– Yuki acaba de salir de aquí en cuanto llegó el informe – añadió mi padre. – Supongo que recibiremos noticias en breve.

– Entonces sólo queda esperar – sentencié.

– ¡¿Esperar?! – bramó el viejo caudillo, que parecía desquiciado ante el temor de estar perdiendo el control de su antiguo clan.

– Esperar – repetí. – ¿Qué otra cosa queda? ¿Ir a ciegas? Es un suicidio

– Rido tiene razón – terció Youichi. – No podemos hacer nada hasta que Yuki nos informe.

– Tenéis razón – resopló el lobo, cediendo ante nuestras peticiones de calma. – Y tú, ¿qué haces aquí? – me preguntó, cambiando de tema. – ¿No deberías estar allí?

– Además, tienes cosas pendientes en Yorokonde – recordó mi padre.

– ¿Cosas pendientes? – preguntó extrañado Kyo.

– Es una larga historia – confesé. – Pero no voy a ir en la misión.

– ¡¿No vas?!

– Henkara me ha encargado otra…

– ¡¿Otra?! – bramó indignado Wolf. – ¡¿Qué es más importante que esto?!

– Esa es otra larga historia – repetí crípticamente, tratando de evitar que hicieran más preguntas acerca del tema.

– ¿De qué se trata? – se interesó mi padre.

– Eso… ¿De qué se trata eso tan importante que te impide ir a evitar una posible invasión del norte del Rukongai y la rebelión de los grupos criminales?

– Tengo que buscarla… – cedí ante el catastrofismo del antiguo Capitán.

– ¿A quién? – preguntaron ambos al unísono.

– ¿A la chica aquella? – añadió Wolf. – ¿Entonces por qué no vas a Yorokonde?

– No – negué con la cabeza. – No es a ella.

– ¿Entonces a quién?

– A Nalya – sació su curiosidad mi madre, que entraba en el salón en aquel preciso instante. – ¿Es que acaso no conoces a tu propio hijo?

– ¡¿A Nalya?!

– ¿Ahora?

– ¿Pero por qué?

– A Nalya – confirmé ante su estupor. – Parece que Henkara ha sentido que se encuentra en un gran peligro, pero no sé ni por donde empezar a buscar…

– No te preocupes por eso – me trató de tranquilizar mi madre. – Serás capaz de lograrlo. Sólo necesitas concentrarte y sacar lo que llevas dentro.  Lo tienes todo aquí, – continuó con su arenga, poniendo su índice sucesivamente en mi pecho y en mi cabeza – la capacidad para lograrlo, la motivación… todo.

– Pero…

– Sólo tienes que estar seguro de ti mismo y entregarte totalmente a ello – me interrumpió. – Eres capaz. Tienes el potencial.

– Ese es el otro motivo por el que estoy aquí – expliqué. – Henkara me ha dicho que debo descubrir mi herencia Grossner.

– Temí que eso sería algo que nunca llegaras a preguntar – sonrió abiertamente mi madre. – Sígueme.

– Me he perdido – se quejaba mi padre mientras yo ya caminaba tras mi madre abandonando la sala.

Me guió a través del pasillo y del jardín hasta llegar a un pequeño cobertizo que guardaba distintos aperos de labranza para el mantenimiento del pequeño huerto que había detrás de la casa. Allí dentro, empujó una tablilla situada en una de las paredes y un ruido sordo indicó la apertura de una trampilla situada bajo nuestros pies.

– ¿A dónde vamos?

La única respuesta que recibí por su parte fue verla comenzar a descender por una pequeña escalerilla y adentrarse en la penumbra que cubría el descenso hacia una estancia muy similar al santuario de mi abuelo, el que se encontraba bajo la mansión y su gemelo, bajo la vieja cabaña del Distrito 57 Oeste, donde había pasado los últimos años de su vida.

– Deberías saber ya – comenzó a explicar – que es tradición entre tu familia que cada generación de Akano tenga su propio sancta sanctorum.

– No lo sabía – confesé. – Este es el de papá, ¿cierto?

– Casi – contestó. – De tu padre y mío – precisó mientras se escondía detrás de un biombo.

El movimiento tras la mampara y el ir y venir de ropa me hizo suponer que no era buena idea seguirla al otro lado, así que esperé pacientemente en el lugar donde estaba mientras recorría silenciosamente la estancia con la mirada.

Aunque la distribución era muy similar a la del refugio de mi abuelo, existían ciertas diferencias, unas más visibles que otras. Sobre el pequeño altarcillo que gobernaba el centro de la sala, no eran una sino dos las espadas que descansaban en sendos soportes. Quizás una era la de mi madre, o quizás Olimpos, la espada de mi padre, era una de esas raras espadas que mantenían una fisonomía doble aún selladas.

Además, las paredes estaban revestidas de una madera castaña, más bien oscura, que contrastaba con la piedra que quedaba al aire en los muros de la gran estancia que se abría en los sótanos de la casa y que pertenecía a Kumaru.

– Es una tradición del clan – seguía explicando. – Cuando el primogénito de una generación contrae matrimonio debe construir un cuarto como este, donde conservar su vida, sus recuerdos, de generación en generación.

– Supongo entonces que habrá más…

– En teoría sí – dijo. – Pero no aquí.

– Lógico…

Había sido Akano Kumaru el primer miembro del clan que se había trasladado al Sereitei desde algún sitio desconocido del Rukongai o, quizás, incluso del Anillo Exterior. Podía ser que sus orígenes estuvieran en el Distrito 57 Oeste, por haber regresado allí tras su exilio, pero nada podía confirmar o sostener aquella hipótesis.

Lo cierto es que nadie sabía nada de él, de su procedencia, de las raíces del clan Akano, así que solía considerársele como el fundador del clan a ojos de la historiografía oficial, que reconocía sin embargo la imprecisión de la afirmación. Simplemente bastaba un vistazo un tanto superficial que las tradiciones del clan hundían sus raíces en unas más antiguas y no sólo dos generaciones atrás.

Algún historiador anónimo había sugerido que el olivo que gobernaba el frontispicio de la mansión indicaba una relación con los Ashartîm, pero lo cierto es que, más allá de las rivalidades entre él y Sadoq Asharet, Akano Kumaru era un completo desconocido a su llegada al mundo de los shinigamis, lo que llevaba a aquella hipótesis a caer en una serie de incoherencias.

No, aún no se habían encontrado los orígenes de mi clan y ése era, precisamente, el tema sobre el que tenía intención de escribir en mi próximo libro, que se vería retrasado por la búsqueda de Nalya, aún cuando por el camino podría encontrar, fortuitamente, información relevante.

– De todas formas – suspiró mi madre. – No viniste aquí a preguntar por la familia Akano sino por la familia Grossner, ¿verdad?

Devolví mi vista al biombo a medida que asentía, pero ella ya no estaba oculta tras él, sino que, ya cambiada había vuelto a la parte visible de la sala. Para mi sorpresa, estaba vestida con su uniforme de shinigami, con la espalda casi al aire y unas estrechas mangas que alcanzaban solamente hasta la mitad del antebrazo.

Sobre su brazo derecho, aún lucía un pequeño tatuaje que representaba el símbolo de la Novena División, a la que había servido. Su larga melena castaña, que normalmente caía libre sobre sus hombros, se encontraba recogida ahora en dos trenzas que se enroscaban a los lados de la parte posterior de su cabeza, como si fueran dos moños.

– ¿Mamá? – pregunté extrañado.

– ¿Sí?

– ¿Qué haces así?

– ¿Cuál es el problema? – sonrió mientras se dirigía al altarcillo donde recogió una de las espadas, por lo que supuse que se trataba de Papillon, su zampakutou. – ¿Nunca antes habías visto a una shinigami? He oído que las hay muy guapas…

– Bah, en serio – resoplé. – ¿Qué haces así?

– ¿Acaso no es obvio? – se encogió de hombro. – Voy contigo.
:iconcentoloman:
Como dije en el capítulo 1, la galería de BSP en la que solía colgar los capis sigue cerrada, así que, como aquí es más cómodo que en FF.net lo de comentar y tal, os dejaré aquí los capis.

Como aún estoy acostumbrándome a publicar por aquí (sólo llevo estos capis y algún one-shot perdido) pues os agradecería cualquier tipo de consejo en plan formato para poder ponerlo todo mejor ^^

Capítulo 3 de Akano: Eternal Flame II (Mama's Boy)

Seguimos con los pasos previos de la búsqueda de Nalya. Antes que nada Rido decide ir, sin embargo a la casa de su familia y...
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:iconkala-k:
XDDDDDDDDDDDDDDDDDDD Ese remate de la madre de Rido me ha hecho gracia, mmmmh, mangas estrechas y hasta el antebrazo??? ¿Donde he oido eso? xD Interesante lo de la herencia psiquica y que ella sea mas poderosa que Henkara, ¿eso quiere decir que enseñara a Rido mientras continuan la misión de la búsqueda? Vaya, esto promete mucho y me imagino que Rido lo logrará ya que su propia madre lo ha visto.
Seguimos con el asunto Yorokonde, woah, tu si que sabes sacarle jugo al tema, y veo que muchos conocen nuestra historia x__DDDDDDDDDDDDDDDDD Me siento famosa de repente xP
AUn asi no dejo de notar el hecho de que me haces imaginarme un Kyo adolescente, me siento enredada, haber si lo describes mas :33333 Se nota que es curioso y no suelta pregunta hasta que no se la contestas, me recuerda a El Principito xD

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A good artist is a bad artist that never gave up
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:iconcentoloman:
Pos tú sabrás donde lo habrás oído xD No sé si la definición es la más adecuada... pero en mi mente tiene mucho sentido xD

Y la misión de búsqueda de Rido... va a sufrir algún accidente en cuanto a sus acompañantes ^^ Ya verás xD

Lo de la edad de Kyo es un lío... es un... pre-adolescente más o menos. No es un niño del todo, ya casi ha pegado el estirón... pero todavía no es un adolescente y mucho menos un adulto... Así me lo imagino yo...
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:icondbssdb:
Yo estaba convencido de lo mismo xDD

Bueno hombre, como te dije es una lastima lo de la galería, espero que se solucione de una vez pero mientras tanto no está mal esto, asi me acostumbro a comentar por aqui xD

Y el capítulo me ha gustado mucho, ya desde el principio de Akano te entran esas ganas por saber qué va a pasar que producía Memorias asi que eso es que vas por buen camino ^^
Muy sorprendente también el final, y lo de Rido psiquico ya me comentaste algo asi que me lo esperaba jeje. Ahora voy a comentar al cuarto ;)
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:iconkyrek:
~Kyrek Dec 9, 2007  Hobbyist Digital Artist
Comentario rá;pido, ya comento cosas en el siguiente.

Creí que lo de Mama's boy era por Kyo, no por Rido O_o xDDDDDD

--
"This dream must end, this world must know: We all depend on the Beast below."
Amy Pond (Doctor Who) - The Beast Below
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:iconcentoloman:
Pos no xD

(ya responderé más cosas en el siguiente xD)
Reply
:iconart-chan:
Jop ahora resulta que también eres psíquico O_O, waaaaa!!! tendremos que hacer cascos antitelepatía en el cuartel. Felizmente siempre esta la solución de tener música de salón en tu cerebro X__D pajaritos wiiiiii chachacha wiiiii

Naaa si me ha gustado, pobre tu shini ahora sabra lo que es sufrir waaa!!.

Bueh a ver como avanza.

Saludines

--
I make sketches for 1 :points: or :llama: ,I just want to improve. See what I can do and visit my gallery
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:iconcentoloman:
No te preocupes, los poderes psíquicos de Rido, si es que los llega a tener, que es algo que aún estoy barajando, aunque lo deje entrever, no tendrán nada que ver con leer mentes o telepatía o nada por el estilo...

Ya lo veréis ^^ (Bueno, en principio, ya lo habéis visto, pero ni el propio Rido sabe nada de eso xD)
Reply
:iconnalyauchiha:
Buah!!! Ya te dije que este capitulo estaba de re-putísima madre (vale, no tan efusiva, pero lo es XDDDD). Y qeu el final... Amos, me dio un vuelco al coraçao y to *________*

Lástima que no te reabran T^T Pero bueno, la cosa es que lo publiques y ya lo haces por doble (aqui y en el FF ^^). Así qeu, lo qeu es perderte de vista... como que no *.*

Un besico~~ :glomp:
Reply
:iconcentoloman:
Lo de la no reapertura es un mal, pero un mal menor. Es mejor tomárselo con paciencia y esperar a que me digan algo en firme. Aunque creo que la falta de noticias es también bastante significativa T_T En cualquier caso... ¡No hay que perder la esperanza!

Y sí, ya sabes que me gustan los finales impactantes. Así os dejo con la intriga para el capítulo siguiente... y me dejo el hilo conductor... De todas formas no será siempre así... En los finales de saga y los capis más de relleno os dejaré descansar xD

Estoy terminando con el cuarto, pero antes tengo que leerme todo lo que me pasaste para machacar el final (lo entenderás cuando lo leas). Luego ya te lo paso después.
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