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March 13, 2008
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Akano 08 - Eternal Flame VII

by ~Centoloman

Eternal Flame VII (Home sweet home?)

– ¡Un poblado! – grité como si hubiera visto al mismo Dios caminar por la tierra.

Me di cuenta de mi imprudencia cuando escuché mis palabras pronunciadas en alto, posiblemente las primeras que había pronunciado en los últimos días. Sin embargo, a mis pies, en el bosque, todo parecía seguir el mismo ritmo, como si nada hubiera pasado.

De todas formas, había algo que me inquietaba. Aquel poblado no estaba lo suficiente lejos como para haberlo pasado por alto. Eché un vistazo al mapa y mis sorpresas se agravaron más cuando, en toda la región selvática y boscosa que se extendía al este del Yalum y al sur de las Montañas del Olvido, una cadena montañosa situada cerca del extremo oriental del Sector Sur a unos cien kilómetros al norte de donde me encontraba, no había rastros de ningún poblado.

Aquellos mapas habían sido confeccionados por la Duodécima División. ¿Cómo es que hubieran engañado incluso a sus cuasi-omnipotentes recursos tecnológicos? ¿O es que acaso era una mera ilusión? En cualquier caso, aunque recelaba de lo que pudiera estar pasando, mi espíritu de investigador me llevó a variar mi rumbo hacia el poblado.

Con suerte podría averiguar algo acerca del rumbo que había seguido Nalya y, además, podría comer algo distinto a lo que llevaba comiendo los últimos días. Entablar contacto con gente desconocida, poder aprender de sus costumbres… era algo que me entusiasmaba y no tuve ninguna duda de cuál sería mi siguiente paso.

Antes de bajar de la copa del árbol, observé el terreno por el que me iba a mover. Junto al poblado había un pequeño arroyo que bajaba en cascada de una especie colina que remataba súbitamente en una pared vertical, como si se tratara de una especie de falla o un accidente de terreno similar. Las casas se situaban rodeando el pequeño lago que se formaba a los pies del salto de agua.

Era el paraje ideal para el nacimiento de un asentamiento. Un bosque que podía cubrir las necesidades alimenticias, un suelo que parecía fértil para cultivar la tierra, un río que suministraba agua pura… De no haberme encontrado una aldea a las orillas de aquel lago me hubiera incluso extrañado.

Descendí de mi improvisada atalaya y me moví en la dirección en la que se encontraba mi nuevo destino. No debería tardar mucho en llegar, no más de unos cuantos minutos. Aún así, me lo tomé con calma y cautela. No podía generar la impresión de ser un enemigo y no podía confiar demasiado en la buena intención de alguien que se ocultaba de la detección de reiatsu.

Entonces otra posibilidad se apareció a mi mente. ¿Y si en realidad no había nadie que se ocultara? ¿Y si era un pueblo abandonado o habían sido exterminados o…? En cualquier caso, lo averiguaría pronto. No tenía mucho sentido darle vueltas, pero tenía que estar listo para reaccionar en cualquier situación en la que me encontrase.

Inconscientemente, comprobé que Balmung seguía en su sitio.

– ¿Qué opinas? – le pregunté.

– No sé… – dijo con un tono que denotaba una cierta inseguridad. – Soy el espíritu de tu Zampakutou, no debería opinar.

– Gracias por la ayuda – contesté, un tanto molesto por su evasiva.

– De nada – replicó en un tono medio burlón. – Vete con cuidado…

– Sí…

Cuando conseguí tener la aldea a la vista, me aposté detrás de unos arbustos para espiar la situación de sus habitantes, si es que quedaban, y valorar la mejor forma de acercarme a ellos para evitar cualquier tipo de problemas.

Descubrí que mis temores estaban injustificados. Pronto pude ver a un grupo de niños jugando con una pequeña pelota delante de la casa más grande de todo el poblado. Una mujer los vigilaba desde una de sus ventanas mientras charlaba con otra que estaba en la calle, mirando hacia la vigilante. No podía entender lo que decían porque sólo captaba palabras sueltas, pero parecía sólo la típica conversación entre dos vecinas.

Pero no todo iba tan bien como yo hubiera querido.

– No se te ocurra ni respirar, asesino.

Los filos de dos espadas se apoyaban amenazantes contra mi garganta. Levanté las manos en un gesto que indicaría que no tenía intención ninguna de combatir contra ellos y me giré para descubrir a tres hombres que me habían rodeado por la espalda.

– En pie – ordenó el que se encontraba en el centro y que, por la voz, debía ser el mismo que había hablado antes. – Vamos.

– Sólo estoy de paso… – dije mientras me levantaba. – No he…

Pero no parecían hacerme caso. Uno de los que portaban las espadas indicó con su brazo el camino que debía seguir y volvió su mirada hacia el que parecía el líder. Éste asintió y el que le había preguntado bajó su espada y se adelantó.

– ¿Qué sucede? – volví a tratar de explicar la situación. – Sólo estoy de paso. No tengo intención de…

– Guárdate tus explicaciones para el consejo – me silenció.

Tenía la extraña sensación de haber vuelto al pasado, al día en que conocí al clan Wolf en su propio territorio. Había sido una experiencia muy parecida a esta aunque nuestro apresamiento por parte de los lobos había sido bastante más espectacular. En cierto modo, porque éramos más los que participábamos en aquella misión.

– Genial – protesté por lo bajo.

La situación difícilmente podría ya volverse peor. Rodeados por al menos medio centenar de expertos guerreros, depredadores increíblemente familiarizados con su misión y, lo que era aún más grave, conocedores de cada milímetro del suelo que pisábamos como si fuera parte de su propio cuerpo, acompañados, además, de una cantidad similar de lobos, las posibilidades de salir de allí ilesos eran nulas y las de sólo recibir heridas de escasa gravedad no parecían mucho mayores. No, empezar un combate en aquel momento era un suicidio.

En cuanto quise darme cuenta, tres hombres más nos rodearon a Gaby y a mí, mientras que, amenazados por una docena de aquellos hombres, nuestros compañeros habían adoptado una postura defensiva básica, espalda contra espada, con las espadas ya desenvainadas para repeler cualquier posible ataque.

– Parece que nos hemos metido en la boca del lobo – rezongó burlón Eliaz.

– ¿No puedes no hacer una broma? – le abronqué.

– Tenéis un amigo muy gracioso – protestó displicente el tal Uwe, que parecía molesto por el desafortunado chiste de mi amigo.

– No se podía estar callado, no – se quejaba por lo bajo Db. – Tenía que decir algo. ¡Eres increíble!

– ¡Silencio! – gritó nuestro captor. – Bien, creo que empezaremos por el graciosito para que los demás contemplen lo que les pasa a los que osan molestar a los Lobos.

– ¡Espera! – supliqué desesperado viendo como el cuchillo de combate de aquel hombre se dirigía ceremoniosamente hacia el rostro de mi amigo y se hundía en él provocando que comenzase a manar un hilillo de sangre.

– ¿Quieres que empiece por ti? – se giró amenazante.

– No, yo… – repliqué. – Tengo un presente para vosotros.

Me giré hacia Gaby, topándome con sus peculiares ojos, que escrutaban silenciosamente todo lo que estaba pasando. Su mirada estaba cargada de un cúmulo de emociones que iban de un absoluto temor a la más ilusionada expectación, pasando por la incomprensión y la indeterminación. Me preguntó con un silencioso gesto si estaba seguro de lo que hacía, a lo que yo respondí con la sonrisa más tranquilizadora que conseguí esbozar en aquel momento.

Jugar aquella baza era nuestra última opción, según habíamos acordado en el momento de salir de la casa de mis padres. Insegura, aunque aparentemente más tranquila por mi gesto, Gaby se llevó la mano a la espalda y sacó, pasando por alto las recriminaciones de sus custodios, la espada del lugar donde la tenía escondida. Desenrolló el paño que contenía el arma y se la presentó al líder de los depredadores, que la miraba atónito.

– Esa… Esa es… – murmuraba, al igual que todos los presentes.

– Es Roter Wolf, la espada de mi padre.

Con un imperceptible gesto, Uwe indicó a sus hombres que nos rodeaban que bajaran la guardia y nos dejaran relativamente libres. Inmediatamente, correspondimos a su gesto relajando también nosotros nuestra posición y esperamos un nuevo movimiento por parte de aquella gente.

– Entonces, ¿podemos irnos? – preguntó Krunzik.

– ¿Iros? – se rió abiertamente nuestro interlocutor.

– Creía que…

– Dudo que nos hayáis entendido – repuso. – Simplemente, no os vamos a matar… por ahora.

– ¿Pero vuestras leyes no…? – comencé a replicarle, provocando un gesto de asco en él.

– ¿Leyes? ¡Qué sabrás tú de nuestras leyes!

– Pero mi padre…

– Tu padre, señorita, tu padre era un traid…

De repente, la frase de Uwe fue ahogada por la sorpresa de tener en su cuello la espada de la heredera de su antiguo líder, amenazante, cuando una ínfima fracción de segundo antes la joven se encontraba a varios metros de él.

– ¡Gaby! ¡No! – le gritó su mejor amiga.

– Krunzik tiene razón – le instó Db. – Moriremos si lo haces.

Nuestros adversarios tomaron nuevamente posiciones. El inmenso ejército que nos rodeaba estaba ahora bastante más cerca que cuando lo vimos por primera vez y los hombres que nos habían apresado volvían a amenazarnos con sus armas, aparentemente rudimentarias pero templadas al fuego de la supervivencia.

– Vaya, vaya. Parece que queremos jugar – murmuró al fin en un tono extremadamente confiado. – Bastaría con que brotara una sola gota de sangre de mi cuerpo para que no tengan piedad de vosotros. Tardarían menos de lo que vosotros podáis imaginar en reduciros a sangre y huesos.

– No vuelvas a despreciar a mi padre…

– Qué bonito el amor filial – se burló mientras apartaba soberbiamente la espada de su cuerpo. – ¡Apresadlos!

– Luna de Devastación – sugirió Eliaz.

– ¿Estás loco? ¡Somos cinco! Ni siquiera tu súper-escudo podría protegernos a todos.

– ¿Prefieres que nos cojan?

– Por lo de pronto es mejor así – contesté, dejando que me ataran.

– Ya que tanto os interesan nuestras leyes, os llevaremos ante el Caudillo – anunció. – Él decidirá qué hacer con vosotros.

– Genial…


Como entonces, me guiaron hacia la parte central del poblado. Hacia la casa grande. En el recorrido pude confirmar lo que había visto desde lejos. El poblado estaba formado por pequeñas cabañas de madera, muy parecidas a la que había sido el hogar en el exilio de Hiruma Kunishi, Akano Kumaru, mi maestro, mi abuelo.

Me fijé en un detalle entonces en algo que no me había llamado la atención cuando había observado la disposición del poblado desde lo alto de aquel roble. Como ya dije, sabía poco de botánica, pero sabía que algo allí no encajaba. Era una tierra húmeda y fértil y, sin embargo, las calles estaban pobladas de olivos.

No le encontraba el sentido, pero tampoco me dieron mucha oportunidad de hacerlo. Casi sin darme cuenta había entrado en el gran salón del edificio principal de la aldea. Se trataba de una cabaña de madera, de mayor tamaño que la normal, con una serie de escudos grabados en la mampostería de la fachada principal.

En aquella sala había una sillería, como los coros de las catedrales. En los sitiales, hechos de madera bellamente tallada, había dibujos y escenas que representaban personajes de la mitología nórdica. Pude adivinar algunos, como Júpiter, Thor o Heimdall, por sus atributos, pero otros me resultaban totalmente desconocidos.

Minutos después, un grupo de unos siete hombres, tantos como asientos había en el coro, entraron en la sala. Eran ancianos, el más joven aparentaba unos sesenta años mortales, e iban vestidos con ropas de colores vistosos aunque nada extravagantes.

Me permití hacer volar mi imaginación mientras se sentaban y discutían entre ellos mirándome por el rabillo del ojo. El jefe de la patrulla que me había apresado los había identificado como el Consejo. Pocos pueblos primitivos tenían una estructura asamblearia así que probablemente su cultura era bastante avanzada, al menos en el terreno de lo social.

Quizás se tratara de los patriarcas de siete familias, de “magos”, esto es, de gente capaz de canalizar su reiatsu en formas que los comunes no podrían, los ancianos del pueblo, los sabios o los generales. Aunque esta última posibilidad era un poco más remota. No era una aldea muy grande, no habría un ejército con siete generales.

– Tú – me señaló el que se sentaba en el medio, y que parecía el más anciano del pueblo. – ¿Quién eres?

– Soy el Quinto Oficial de la Novena División del Gotei Trece – me identifiqué siguiendo el protocolo habitual. – Mi nombre es Akano Rido. Vengo aquí en…

– Sólo te hemos preguntado por tu nombre – intervino el más joven, sentado a su derecha, con voz cortante.

– Y bien “Quinto Oficial de la Novena División del Gotei Trece, Akano Rido” – repitió con un tono entre ceremonioso el anciano, que parecía llevar el peso del interrogatorio. – ¿Eres consciente de que has invadido nuestras tierras?

– Mi intención no…

– ¡Responde a la pregunta! – volvió a insistir en un tono más airado el más joven.

– ¡Cálmese, consejero Merth! – intervino un tercero, un tanto enojado, que se encontraba en el extremo contrario de la sillería.

– Sí – asentí. – Sé que he penetrado pero si me dejaran explicarme, caballeros…

– Hay muchas cosas que debes explicarnos – prosiguió el más anciano. – Pero no en este momento. Limítate a contestar mis preguntas.

– De acuerdo…

– ¿Mataste a Eylinn?

– ¡¿A quién?! – pregunté, sorprendido de que me hicieran una pregunta semejante.

– ¡A mi nieta, maldito cabrón asesino! – me gritó Merth, dejando claro cuál era el motivo de su descomunal enfado.

– No – sentencié solemnemente. – No lo hice.

– ¿Cómo puedes estar seguro? – preguntó uno de los que aún no habían hablado.

– Como dije antes, soy el Quinto Oficial del Noveno Escuadrón del Gotei Trece…

– Eso no sirve de nada aquí – afirmó el anciano del centro. – Ni siquiera sabemos qué significa.

¿No sabían nada de la autoridad del Sereitei? Aquella contestación me cogió por sorpresa. No concebía un lugar dentro de la Sociedad de Almas que no estuviera bajo la jurisdicción de la Ciudadela de las Almas Puras. ¿Acaso había cruzado hacia el Anillo Exterior sin darme cuenta?

– Supongo que no – rezongué. – Pero sirve a mi explicación. Provengo del centro de la Soci… de muchos kilómetros al noroeste – me corregí, por si acaso el concepto les parecía desconocido. – Nunca antes había pisado vuestro bosque.

– ¿Cómo podéis estar seguros de eso?

– No podéis estarlo – me encogí de hombros. – Pero podéis confiar en mi palabra.

– No confiamos en extranjeros…

– Está bien… – asentí. Esa era la razón de su escaso conocimiento del exterior, pero en ningún caso era beneficiosa. – Vengo en busca de una mujer, una oficial de mi División y la mujer a la que amo – expliqué, dispuesto a aclarar todo aquel malentendido. – Su rastro me trajo hasta esta zona. Atravesé la selva y llegué a este territorio hace escasamente unas horas…

– ¿Dices la verdad?

– Digo la verdad – aseveré. – Hace más de una semana que no entablaba contacto con otras personas. Nunca he visto ni he conocido a vuestra nieta – me volví hacia el consejero Merth – y, por favor, creedme cuando os digo que nunca hubiera hecho nada parecido y que si hay algo que pueda hacer…

– ¡Basta! – me interrumpió el agraviado abuelo. – ¡Basta de lisonjas! ¡Llevadle a la plaza para impartir justicia!

– Esperad – dijo el consejero que le había llamado a la calma la primera vez. – Yo no estoy tan seguro de que no creerle…

– ¿Es que no quieres justicia, Godwurth?

– Precisamente porque quiero justicia y no venganza no quiero precipitar las cosas – sentenció. – ¿Qué es lo que quieres tú?

Un murmullo de aprobación recorrió la asamblea allí reunida, obligando al consejero Merth a un discreto y avergonzado silencio, aunque seguramente estaba acuchillándome en su interior. Acababa de encontrar un inesperado aliado, pero también había encontrado un encarnizado enemigo.

– No pretendo ser una molestia – aseguré, tratando de escabullirme. – Sólo quiero seguir mi camino y encontrarla…

– No será tan fácil – terció el anciano que parecía dirigir aquel consejo. – Por lo de pronto serás nuestro prisionero hasta que se aclare esta situación.

– Supongo que no me queda otra opción – cedí.

– No – negó. – Guardias…

Dos hombres entraron en la sala por la misma puerta por la que habían entrado los ancianos antes del inicio de aquella especie de juicio. Portaban lanzas y llevaban el pecho descubierto. Se acercaron un momento a la sillería y, por un momento me dieron la espalda, dejando ver unas marcas que me resultaban inquietantemente familiares. Eran muy parecidas a las que surcaban mi espalda y la parte superior de mi pecho.

Tuve una corazonada. Los olivos, aquellas marcas, las referencias a los dioses nórdicos… Todo parecía encajar misteriosamente como las piezas de un puzle. ¿Podría ser? Sí. No había nada que pareciera negarlo y, en cualquier caso, no perdería nada por intentarlo.

– Caballeros – murmuré, después de aclararme la garganta.

Sus miradas se fijaron en mí mientas me despojaba de la parte superior de mi uniforme. Me di la vuelta y les dejé ver las marcas provocando una súbita reacción de profunda sorpresa. ¿Pudiera ser que mi corazonada fuera correcta?

– ¡¿Es de los nuestros?! – exclamó en un chillido ahogado el consejero Merth, que parecía decir en alto la misma pregunta que se pasaba por las mentes de todos.
:iconcentoloman:
Me adelanto al beneplácito de la beta, porque hace tiempo que ya no publicaba. Aviso que en semana santa no voy a publicar probablemente asín que... a lo mejor hasta es el último capi del mes ^^

En fin, veamos que le sucede a Rido cuando llegue al poblado ^^
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:iconkala-k:
Yeah, ya leido, al final sera un capi por dia, que no puedo mas +.+

Si, mas sustancial si que ha sido, y se agradece volver a ver a Rido interactuando con mas personal ^0^ Me brinco lo del flashback que ya te lo han dicho, es buen parlelismo pero ojo con el detalle de la extension.

La curiosidad casi mata a un barbudo x_D Mira que no sentirles llegar, hombreeee que pasoo xD Y acabas en juicio y con acusacion grave para remate, vaya tu suerte. Merth te odia con toda su alma y eso me jode, vaya viejo, aunque se agradece la ayuda de tu repentino abogado porque Merth esta que te manda a la hoguera.

Espero se aclare todo, porque sino, esto se va a poner muy mal. Y me sorprende lo de su desconocimiento de la SS, ¿tan alejados estan? O.o

Y ahora, las marcas. Esas marcas me han dejado alucinando, si ellos dicen que eres uno de los suyos, entonces como dicen, tenemos las raices de los Akano en este pueblo, ¿no es asi?

Wow, chico, tu si que piensas en todo *alaba*

Y bueno, ire por el siguiente mañana, espero que todo se aclare y vemos cuanto tardas en ello. ¿sabremos del asesino y de la chica asesinada? O tendras que hacer retirada tactica (salir por patas x_D)

Un besito~

--
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:iconcentoloman:
Tú no te preocupes, que leer un capi al día no es mal ritmo ^^

Sí, lo sé, el flashback quedó muy largo, pero cuando escribí estos capis pasaba por un bajón de inspiración y era la mejor forma de alargar el capi hasta que tuviera una longitud decente xD

En cuanto a los tipos estos... bueno, no es que vivan lejos, sino que viven completamente aislados del mundo exterior. No quieren saber nada de lo que pasa fuera de su bosque y no quieren que nadie sepa nada de lo que pasa dentro... por eso ver a un extraño les pone tan nerviosos... sobre todo si ha pasado algo como lo de Eylinn.

Y... más cosas en más capítulos xD
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:icondbssdb:
Buen capítulo Ric, algo de parecido sí que tiene con lo de los Wolf aunque salvando las diferencias.
Como siempre es interesante ver lugares y gente de la Sociedad de Almas pero muy alejados del Sereitei (y tan alejados... xD).

Me ha hecho gracia eso de soltar "Soy el Quinto Oficial de la Novena División del Gotei Trece" en un sitio tan recóndito, ya había que tener fe en que te hicieran caso xDD

Y como única pega te pondría el flashback de los Wolf, un poco largo ahí en medio aunque teniendo en cuenta que es de otro fic diferente supongo que tiene su sentido.

Un saludo!
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:iconcentoloman:
sí, puede que con el flashback me haya cargado un poco de ritmo del capítulo... pero no podía cortar la escena a medias tampoco y quería ponerlo... no sé.

a partir de ahora voy a hacer avanzar la historia un poquillo en su sentido original, que ya va siendo hora ^^
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:iconh24:
Mierda, me tenia que enviar el mensaje sin permiso. Cagonto!!!

Decia que Balmung es un poco "EL club de la comedia" XD Aunque la contestacion es muy Vilnya tambien.
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:iconcentoloman:
Te respondo en este a todo y te jodes xP

Amos a ver... su relación lo tiene. Está adentrándose en un territorio desconocido, de un clan que no conoce y... le atrapan. Eso sin contar un poco el parecido del paisaje de la aldea. Es decir, que la estructura es muy parecida a la de los lobos. La somera descripción... claro, quizás me he equivocado pensando que todo el mundo recordaba al dedillo todos los detalles de Memorias... pa la próxima lo tendré en cuenta.

Lo de Balmung... lo echaba de menos, así que tenía que meterlo. Aunque cada vez me doy más cuenta que Balmung es gallego. Sep, sep... esa retranca, esa forma de responder... Tiene que serlo, sí...

Pa terminar... creo que está claro de parte de quién es la familia... Parece mentira... que no sepas a estas alturas que a mí me encanta dejar los hilos abiertos y cerrarlos cuando menos se lo espera la gente...

PD: Acabo de descubrir que el messenger por eBuddy me va de p*** madre. Así que ya me tenéis dando el callo de nuevo en breve xD
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:iconkala-k:
Una zanpa gallega xDDDDDDDDDDDDDD

*muere*

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:iconh24:
A ver...

Tras el capitulo de "Sociedad de las Almas: Geografia, flora y fauna" que fue el cap anterior ahora nos encontramos este, que tiene algo mas de sustancia.

De primeras la gente del poblado y tu subito recuerdo de lo ocurrido con el clan Wolf. Creo que son cosas totalmente diferentes. Primero por el numero de gente, segundo por el objetivo y tercero porque al menos estos son razonables, no como los lobos.

Lo que me ha dejado un poco descolocado es la afirmacion de que Rido es uno de los suyos. Y me descoloca porque: A) O bien son primos segundos por parte de padre (Los tatuajes son simbolos Akano, no lo olvidemos) o B) Son familia de tu madre, ergo aparecera en breves por aqui dando caña.

Por lo demas, todo en su sitio, incluida esa "jachonda" q
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