Akano 12 - Eternal Flame XI
by ~CentolomanEternal Flame XI (Game Over. Mala suerte)
Tus padres están bien y lo demás está bajo control. Concéntrate en lo que te traes entre manos y no te preocupes por lo que está pasando aquí. Hablaremos tranquilamente de tu abuelo cuando vuelvas.
Aquellas palabras, las que me había transmitido Kaiser a través de la mariposa infernal fueron las primeras que escuché de alguien que no fuera Balmung en más de una semana. Durante un tiempo había estado dándole vueltas al hecho de la tardanza en su respuesta, como si hubiera querido ocultarme algo y, finalmente, hubiera decidido responderme ante la imposibilidad de guardar silencio o algo por el estilo.
Sin embargo, decidí que podría invertir mi tiempo en barajar distintas hipótesis sobre aquello, pero que todas estarían construidas en el aire y, al final, no servirían más que para distraerme del que debía ser mi único objetivo: encontrar a Nalya. Era algo que ya había pospuesto durante demasiado tiempo y que debía solucionar cuanto antes.
De todas formas, no pude evitar volver a recordarlas mientras contemplaba, inmóvil, el batir de las olas contra las rocas. Había vuelto a atravesar, sin detenerme, el poblado y el bosque había vuelto a convertirse en una espesa jungla poblada de animales y rica en colores y sonidos. Había tardado varios días en volver a atravesarla y toparme de nuevo con un gran escollo que atravesar: el mar.
Sin embargo, cada día estaba más seguro de encontrarme al final de mi viaje. El rastro de Nalya era cada vez más intenso, pero no fue eso lo que me dio la pista definitiva. A los dos días de llegar al pequeño poblado pesquero que hacía de capital del Distrito 64 Sur una tormenta de fuego inundó el cielo de llamas y ceniza. Un volcán había entrado en erupción.
A pesar de sus reticencias a poner de manifiesto todo aquello que se relacionara con su interioridad, Nalya me había hablado varias veces de los caprichos de su espada, de lo insoportable que le parecía, aunque aquel fuera un juicio demasiado general siendo ella quien lo emitiera. Además, Vilnya era una Zampakutou de fuego y parecía lógico dentro del pensamiento de mi compañera que si quisiera intimar más con su espada hubiera acudido a la propia fragua de Vulcano si fuera necesario.
Sabía que podía atravesar el mar en cuanto quisiera, la distancia que separaba la costa de la primera de aquellas islas volcánicas era suficientemente corta como para poder recorrerla por encima de las aguas sin problema, pero algo me retenía en tierra. Era como si no quisiera enfrentarme a la prueba final de encontrarme con ella y ver en qué la había convertido aquel aislamiento que se había prolongado ya por seis años.
¿Habría triunfado en su empresa? Posiblemente no. En otro caso habría regresado al Sereitei y habría cumplido su promesa. Siempre lo hacía. ¿Estaría cerca de conseguirlo? Sabía a ciencia cierta que Nalya era capaz de lograrlo pero que también era capaz de la mayor de las torpezas si no lograba evitar obcecarse y obsesionarse con lo que pretendía lograr. Su cabezonería era a la vez uno de sus mayores defectos y una de sus mayores virtudes.
Había pasado varios días, quizá una semana, desde que me había encontrado de frente con aquella inmensidad azul marino. Pasaba casi todo el día como un ermitaño, sentado sobre lo alto de un acantilado mirando hacia el horizonte por si por casualidad atinaba a atisbarla, aunque sólo fuera un fugaz instante. Era inútil, lo sabía, pero no me atrevía a hacer nada más.
A medida que pasaba el tiempo me había dado cuenta de lo mucho que extrañaba el mar que había sido el testigo omnipresente de toda mi vida mortal. Su olor, la brisa, el batir de las olas todo aquello me reconfortaba y quizás también embotaba mis sentidos y mi juicio. ¿Me separaría de su embrujo tan pronto ahora que había vuelto a reencontrarme con él?
El mar constituía la frontera del Rukongai. En ese sentido, el Sector Sur era un tanto atípico, pues el Anillo Exterior limitaba con muchos de los distritos inferiores al sesenta, de suerte que todas aquellas islas, en su mayor parte inexploradas y, probablemente, inhabitadas a juzgar por la gran actividad volcánica que tenía lugar en aquellos pequeños pedazos de tierra, eran ya territorio libre, al margen de la influencia del Sereitei.
Deje pasar casi otra semana, sin hacer más que contemplar el horizonte, hasta que nuevamente un volcán entró en erupción y me devolvió a la urgencia de mi misión. ¿Qué había estado haciendo yo hasta entonces? ¿Contemplar el horizonte como un turista más? ¡Nalya estaba en peligro! No hacía falta que Henkara me lo dijese, podía percibirlo yo mismo.
Me levanté, sacudí el polvo de mi ropa y me lancé a una endemoniada carrera en línea recta sobre las aguas hacia la primera de las islas, la del volcán que había entrado en erupción la semana anterior. Me llevó poco más de una hora recorrer el espacio que la separaba de tierra. Busqué en la isla, pero no había rastro de ninguna presencia. ¿Llegaba tarde?
No. No era allí. La isla en la que debía buscar estaba más al norte según indicaba mi recién descubierto olfato psicológico, así que me dirigí a aquel extremo del pedazo de tierra sobre el que me encontraba y fijé mi siguiente objetivo, que parecía alejarse del lugar de la erupción que estaba comenzando a tener lugar.
Volví a saltar de isla en isla sin resultado. Unas veces debía desplazarme al este, otras al norte pero parecía que Nalya se hubiera esfumado de la faz de la tierra. Al fin, llegué al extremo de aquel archipiélago. Era ya de noche y no podía ver mucho más allá de las aguas oscuras, casi negras, que apenas reflejaban la tímida luz de una luna menguante a punto de desaparecer.
Busqué un refugio en la ladera del monte que gobernaba la isla y descansé hasta la mañana siguiente, aunque no fue el canto de los pájaros ni el calor de los primeros rayos del sol lo que me despertó, sino un súbito estremecimiento, como si alguien hubiera agitado la tierra con todas sus fuerzas.
Nalya estaba aún más al este, podía sentirlo. ¿Había equivocado mi camino? El este de la isla en la que había pasado la noche terminaba en un abrupto acantilado. Me dirigí hasta allí con la esperanza de que la mañana revelara todo aquello que la noche había ocultado y mi corazón dio un vuelco cuando, pequeño en el horizonte, casi difuso, vislumbré un pequeño montículo que sobresalía por encima de las aguas.
Me lancé de nuevo como una exhalación a recorrer la distancia que me separaba de Nalya. A medida que me acercaba la sentía más presente, casi como si estuviera a mi lado. Era una buena señal, eso significaba que estaba viva, pero tal emanación de energía hasta hacerla agobiante aún a pesar de la distancia no era un buen presagio. ¿Qué ocurría?
Puse el pie en aquel nuevo volcán un buen rato después. No puedo asegurar cuánto tiempo había estado corriendo sobre el océano pero estaba realmente exhausto. El sol se encontraba ya en su cénit y el calor caía a plomo por la ladera desnuda del volcán. El perímetro del monte era el perímetro de la isla. Lo recorrí pero no había rastro de ella.
Sin embargo, ella estaba allí. No había un solo átomo de mí que no lo supiera. La notaba, la sentía como nunca la había sentido. Sólo quedaba un lugar donde pudiera estar y, aunque pudiera parecer arriesgado, sabía que ella estaría allí. Puse mis pies en dirección al cráter del volcán y comencé mi ascenso hacia la cima.
A medida que me acercaba, el calor se hacía más insoportable. Ya había conseguido acostumbrarme, sin embargo, al extraordinario despliegue energético de mi compañera y lo sobrellevaba mucho mejor que en mi trayecto hacia la isla. Los vapores que emanaban de la boca de aquel gigante hacían el aire irrespirable y parecían proteger aquella especie de santuario de fuego de cualquiera que osara acercarse a él.
Comencé a preguntarme por qué aquel lugar. No había tenido dudas de que ella estaría allí y hasta había entrevisto una macabra lógica en todo aquello Pero estaba comenzando a dudar de mi criterio. ¿Y si todo había sido un engaño?
No podía permitirme desconfiar ahora que estaba tan cerca de la cima. Dejé entonces que fuera mi fe la que me guiara y me centré en la escalada. Llegar a la cumbre y no otra cosa, ni siquiera la de salvar a Nalya, era lo que dominaba todos mis movimientos. Ya lidiaría con lo que tuviera que lidiar cuando llegase arriba.
Y al fin coroné. Ante mí, un abrupto cráter dominaba la escena. El descenso hasta una cornisa segura se hizo todavía más difícil que la subida pero tenía que hacerlo, porque no llegaba a ver qué había bajo mis pies más que en lejanas sombras ocultas por una nube de ceniza y vapores. Por unas pequeñas grietas se fugaba aire que parecía haber salido del mismo interior de la tierra, como si el infierno se hubiera decidido a penetrar en la tierra.
Estaba enfrascado en el descenso. No existía nada más en aquel momento. Temeroso, puse mis pies en una cornisa bastante amplia pero aparentemente inestable y me tumbé, para asomar la cabeza y comprobar qué era lo que estaba ocurriendo en el fondo del cráter.
Entonces la vi. Había cambiado su habitual uniforme por una vestimenta mucho más provocadora. Había renunciado a la parte inferior del uniforme y se había contentado sólo con la pieza que cubría su torso, a la que le había cortado las mangas. También habían desaparecido los guantes y su pierna derecha lucía un complicado vendaje desde la mitad del muslo hasta el tobillo, aunque no parecía que estuviera herida.
Iba a llamarla, pero pronto me di cuenta de que no sería una buena idea. Aún a pesar de la distancia y de la perspectiva se notaba que estaba sumamente concentrada y, en el medio de una batalla que parecía decisiva, se esforzaba en repeler los continuos ataques de la bestia que ocupaba el lugar de su oponente.
Se trataba de un ser de figura monstruosa, con unos enormes cuernos blancos como el más reluciente marfil que coronaban un corpulento cuerpo mitad humano mitad taurino. Aquel ser mitológico debía ser, sin duda alguna, Vilnya, el caprichoso espíritu que encarnaba la Zampakutou de Nalya. Sus manos tenían unas uñas tan afiladas que parecían verdaderamente las zarpas de un animal salvaje y portaban un enorme martillo que podría destruir los muros del Sereitei con un solo golpe. Entre carcajada y carcajada, la bestia dejaba entrever una larguísima fila de punzantes colmillos que desafiaban con su radiante blancura la oscuridad de su pelaje.
Aquel era el ritual tradicional. Para alcanzar el máximo nivel de sincronización, la liberación prohibida, el Bankai, había que someter definitivamente al espíritu que habitaba en el interior de la espada. Así, durante generaciones, los mejores de entre los dioses de la muerte habían logrado aquella especie de estado perfecto, de grado máximo. No todos, sin embargo, habían recurrido a aquel método tan agresivo, pues cada Zampakutou tenía sus propias particularidades, sus propias manías, sus propios caprichos.
El combate era feroz y encarnizado, como correspondía a la naturaleza animal de los dos contendientes. Las estocadas, cornada, zarpazos y martillazos iban y venían y la igualdad entre ambos era absoluta, como si se conocieran a la perfección, como si aquel enfrentamiento llevara produciéndose desde los comienzos de los tiempos, de forma que los ataques de cada uno ya resultaban familiares y predecibles para su rival.
¿Se habría prolongado ese combate, de forma más o menos ininterrumpida, durante los seis años que habían transcurrido desde el día en que Nalya había abandonado el Sereitei? ¿Cómo había llegado hasta tal punto aquella batalla, digna de ser relatada en los cantares de los más talentosos bardos, que parecía que el tiempo se hubiera detenido alrededor de aquellas dos figuras y que el entorno sumamente hostil sobre el que se debatían entre la vida y la muerte parecía una verde e inofensiva pradera? ¿Era todo aquello realmente necesario?
Pude haber pasado horas observándolos aunque a mi parecer habían pasado sólo unos pocos minutos. Apenas encontraba variaciones en el devenir del combate. Unas veces era la shinigami la que llevaba la iniciativa, otras veces el minotauro, pero siempre dentro de una dinámica que parecía presagiar que el resultado del combate sería un empate.
La noche estaba a punto de extender su manto y cubrir por completo el campo de batalla con la oscuridad de una luna nueva cubierta de nubes. ¿Pararían entonces? Lo dudaba. A juzgar por el desarrollo de la lucha, aquello parecía que se prolongaría hasta la llegada del fin del mundo.
¿Sería prudente intervenir? ¿Debía hacer ya mi aparición o debía respetar mi opción inicial de esperar a una pausa por el combate? Fue esto último lo que elegí, aunque aquello implicase que tuviera que esperar días.
Todo parecía proseguir igual cuando llegó el amanecer, como si el cansancio fuera una realidad que hubiera permanecido al margen de aquel lugar. Fuera del cráter un estallido que tiñó de rojo el cielo indicó que un volcán más había entrado en erupción. Casi parecía que la naturaleza reaccionaba ante toda la furia y la violencia que estaban tomando lugar en su seno.
Sin embargo, aquel caos no afectó en absoluto ni a Nalya ni a Vilnya. Los cuernos del toro hacían las veces de afiladas espadas gemelas que asistían a sus zarpas y al martillo contra la ofensiva que desencadenaba ahora la hoja que blandía la mujer y en la que debía habitar el monstruo. Ella, ayudándose magistralmente, mejor que nunca, con sus característicos apéndices invisibles, o al menos podría suponer eso en base a sus movimientos, parecía haber tomado la iniciativa en aquel furibundo diálogo.
En uno de los múltiples lances, uno de los miembros etéreos de mi amiga lanzó una enorme piedra que se había desprendido de la pared hacia el torso de su rival con tal velocidad que no daba crédito a que no hubiera sido disparada por un arma de fuego.
El inminente impacto del proyectil obligó a Vilnya a saltar de una manera un tanto forzada para esquivarlo. Aquello le hizo perder el martillo y lo expuso a posibles ataques y desembocó en la oportunidad perfecta para que Nalya usara de sus grandes conocimientos del Kidou y su espectacular manejo del reiatsu. La energía comenzó a concentrarse en la punta de sus cuernos, como había visto tantas veces en el pasado, pues era una de sus técnicas más recurrentes, con una rapidez pasmosa.
Sin embargo, el destino quiso que las tornas cambiaran cuando un súbito estremecimiento de la tierra hizo que todo el suelo temblara bajo sus pies e hizo caer, desorientada, a la Tercera Oficial. Viendo que aquella sería la mejor ocasión que tendría, el minotauro se lanzó en picado sobre su portadora apoyándose en los espiritrones que ocupaban el espacio del cráter para ganar velocidad.
La visión de aquella zarpa desgarrando el vientre de Nalya justo antes de que una de las dos astas lo atravesara con insistencia nubló mi entendimiento y me condujo hacia un estado de locura profunda. Por mi mente pasaban, como relámpagos, las imágenes de años atrás en aquel mundo irreal en las que me veía sosteniendo entre mis brazos el cuerpo agonizante de la que allí mi esposa y en este mundo la mujer a la que amaba por encima de todas las cosas. No quería que aquella imagen volviera a repetirse.
La rabia y el miedo atenazaban todos mis músculos y no pude impedir que unas lágrimas afloraran en mis ojos mientras veía como aquel espíritu encarnado sacudía abruptamente su cabeza, lanzando el cuerpo inerte de Nalya contra la pared. No lo pensé más y comencé a descender a toda prisa por la pared. Ya no me importaba nada. No iba a permitir que aquello terminara de aquella forma. Esta vez la salvaría, costara lo que costara.
Liberé a Balmung a medida que descendía y arremetí contra el minotauro, que, en su obsesión por continuar la embestida contra su ama, no había percibido mi presencia. Utilicé la maza para enviarlo lejos, al otro lado del mar de lava que comenzaba a formarse a través de las grietas que se habían abierto con el fatal seísmo.
Me agaché sobre mi amiga, mi compañera, la persona a la que más amaba y en la que más confianza tenía de toda la Creación y me puse a comprobar el verdadero alcance de los daños. Afortunadamente parecía que seguía viva, aunque estuviera inconsciente y la masiva pérdida de sangre fuera el anticipo de un pésimo desenlace.
Repasé lo poco que Xelloss me había enseñado de Kidou médico para tratar de ponerlo en práctica, pero las heridas eran demasiado graves para mi escasa habilidad en el campo. Parecía que dejaba de sangrar así que la cogí en brazos y subí de un gran salto a la cornisa a la que me había encaramado hacía ya una eternidad para observar el desarrollo del combate.
De ahí, me esforcé por llevarla a la cima del cráter y buscar un lugar seguro. Pero no encontraba ninguno. El volcán podría estallar en cualquier momento y la desnudez de la ladera de aquel monte nos dejaba totalmente expuestos. Tenía que hacer todo lo que pudiera por estabilizarla lo más rápido posible y ser capaz de llevarla a un lugar resguardado, en otra de las islas un viaje largo para como estaba ahora
Ri ¿Rido?
Su voz me alertó de su consciencia mientras estaba tratando de vendar las heridas de su vientre a sabiendas de que era prácticamente lo único que sabía y podía hacer. Me acerqué rápidamente a su rostro y le di un poco del agua que llevaba en la cantimplora. Apenas fue capaz de beber.
No hables sonreí, intentando tranquilizarla y fingiendo seguridad. Tienes que guardar las fuerzas.
¿Qué haces aquí? balbuceó.
Tienes que volver le recordé. Lo prometiste. Así que si no puedes volver
Los dos sabemos que no
Una inesperada expectoración interrumpió la frase que reflejaba todos mis temores. Sí, lo sabía perfectamente. La situación era desesperada y el final parecía ya escrito, pero no quería escucharlo. Pronunciarlo en alto sólo serviría para hacerlo más real y no podía dejar que aquello terminara así.
¡Cállate! le ordené, en un tono demasiado brusco. Lo conseguiremos. Juntos lo
Cuida de Kyo
Nalya ¡Nalya! ¡¡Nalya!!
Su última frase se perdió en un debilísimo susurro y se fundió con la brisa que, cada vez más, estaba convirtiéndose en un viento huracanado. La naturaleza la despedía de aquella forma violenta, brusca como si quisiera imitar aquel carácter que Nalya utilizaba de escudo para que nadie descubriera la verdadera belleza y dulzura que se encontraba en su corazón.
Era débil murmuró una macabra voz a mi espalda. No me
¡¿No te merecía?! grité indignado.
No hacía falta que me diera la vuelta, sabía bien de quién se trataba. Era su asesino, la bestia que había puesto fin a sus sueños. Ahora él estaba condenado a la desaparición igual que su dueña, aunque no quisiese darse cuenta.
No la merecías tú a ella continué. ¡No merecías ser parte de ella! Ahora morirás
¿Me amenazas?
No. Tú lo has hecho La muerte es el único destino que le espera a los espíritus de las espadas una vez sus amos han muerto
¡Mentira!
Con suerte podrás volver a nacer si se hace shinigami de nuevo cuando vuelva continué mientras me levantaba. Pero no será lo mismo. Nunca será lo mismo
Le eché una mirada fugaz al rostro de Nalya. En cierto modo, a pesar de las heridas, a pesar de la mueca de dolor, pude descubrir un cierto gesto de paz. Su lucha al fin había terminado. Me la eché a los hombros y emprendí el duro camino de regreso. No iba a mirar atrás. No debía mirar atrás, porque ya nada nunca sería igual.












* Me ha apenado mucho el final, pero que le vamos a hacer. Un final de esos inesperados para un personaje bien hecho como Nalya. Es lamentable pero casi, casi se me hizo lógico dada la naturaleza de ella, sus dudas, miedos, monton de demonios internos y asa. Al menos la reencarnacion puede ser lo mejor, quizas renazca en una vida mejor, una familia mejor, que la haga al fin tener tranquilidad.
* La forma en como describes geograficamente, siempre ha merecido mi respeto y esta ultima escena la he visto realmente clara, muy pero muy clara y la forma en que has narrado la batalla ha sido la guinda del pastel.
* Vilnya siempre me pareció inquietante en el fic de Nalya y ya veo porque O_O
* Pobre Rido ;_; No se como se lo ira a tomar el peque de Kyo despues de esto. NO HAY JUSTICIA
Y creo que es todo lo que puedo decir.
Paso al siguiente capiiii
:***
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A good artist is a bad artist that never gave up
My tumblr: [link]
Bueno, sí...
Esto... me alegro de que sigas viva por aquí. Perdona por tremendo susto, pero... son cosas del guión -.-
>.<
Me acaban de dejar sin palabras, tu y la cornuda >.< AAAAAAAAAAAAARGH!!!! *se deprime*
Pude haber esperado cualquier cosa menos este desenlace, que bien escrito y bien llevado y todo, pero ESTOOO???? no hay derechoooo! >0<
*Agita puño*
Ya dire algo mas coherente luego, ahorita esto me supera
*sale dando un portazo*
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Bueno, sí...
Esto... me alegro de que sigas viva por aquí. Perdona por tremendo susto, pero... son cosas del guión -.-
xDDDDD
Ains! ya luego comento, me andan echando del PC, snif!
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-.-
eso me ha dolido ;_;
Desde luego la narración de la batalla y la búsqueda han sido increibles y el final más que emotivo pero no me puedo creer que Nalya muera... no se, siempre me ha parecido de los shinigamis más característicos del foro asi que aunque sea un personaje de ficción da bastante rabia.
De todos modos confío en que la volvamos a ver igual que paso con Rido aunque cambie en algo su personalidad.
Un saludo!
Lo de la posible vuelta de Nalya pregúntaselo a la que está encima de ti (en los post, malpensau) que ella decidirá, aunque te dirá que me lo preguntes a ti xD
Y... sí, da rabia perder a Nalya (ahora tendré que inventarme un personaje que la sustituya como contrapunto borde de Rido... [¿ese no es Bone?])
Gracias por la dedicatoria *snif snif*