Akano 36 - Mirando al cielo
by ~CentolomanMirando al cielo
– ¿Ya te encuentras mejor?
– Sí – sonrió. – Una pequeña gripe.
– No tan pequeña – apunté. – Además, aún no tienes buena cara – añadí con cierta preocupación. – Mírate qué ojeras… ¿Duermes bien?
– Eso no fue por estar enferma…
– ¡Mierda! – exclamé, exagerando una reacción pudorosa. – Eso sí que no necesitaba saberlo, ¿vale?
– No hubieras preguntado – me reprochó.
– Ahora soy yo el que no va a poder dormir.
– Tú te lo has buscado – rió con malicia. – Acuérdate de venir esta noche a cenar.
– ¿Puedo llevar acompañante? – pregunté con sarcasmo. – Así no me restregáis vuestro amor por la cara.
– Ven – insistió. – Eliaz lleva una semana dando la lata con esto.
– No hace falta que me lo jures… – resoplé. – Bueno, vale intentaré… me pasaré – me corregí bajo la presión de la mirada de mi amiga. – A eso de las nueve y media estaré por ahí, ¿vale?
– Vale – sonrió satisfecha.
– Bueno, yo me quedo aquí – le dije al llegar al aula de primero. – Si quieres venir…
– ¿A vigilar un examen? Casi que paso – rechazó. – Pórtate bien con ellos.
– Me voy a vengar de lo mal que me lo hicieron pasar a comienzo de curso – bromeé. – Se van a cagar.
– Rido…
– ¿Aún me tomas en serio con estas cosas? Si sabes que en el fondo soy como una abuela…. – respondí. – Bueno, cuídate, ¿vale?
– Que sí, pesado…
– Bueno, bueno, caballeros – entré en la clase tras despedirme de Mitsuko. – ¿Qué tal el día? ¿Nerviosos?
Los miré con una expresión que pretendía ser exageradamente sádica para forzar su risa y que liberaran tensión, pero ni con esas. Estaban asustados, intranquilos… pero no había que culparlos. Era el primero de su primera ronda de exámenes finales en la Academia. Yo también me había puesto nervioso en su momento.
– El profesor Wentwurth os está repartiendo los exámenes – hablé desde mi cátedra. – Ya sabéis, esperad a que os avise para darle la vuelta al folio. Os encontraréis un texto y tres preguntas – expliqué. – El texto es impepinable. Tenéis que hacer un comentario os guste o no. De las tres preguntas contestad sólo dos – concedí. – En el orden que queráis, pero sólo dos – insistí. – Si contestáis tres, no corrijo el examen, por chulos – establecí. – Indicad bien nombre, apellidos y código de alumno en cada folio y… Ah, no os molestéis en mirar para los lados – concluí. – Le he pedido al profesor Db que conjurara un Kidou de confusión que entrará en funcionamiento en cuanto comience la prueba – indiqué. – Eso y que hay cinco modelos distintos. ¿Están todos? – le pregunté a mi colega, quien asintió desde el fondo. – Bien, pues… – miré el reloj que coronaba el frente del aula. – Tenéis dos horas desde… ya.
Tal como me había indicado el Teniente de la Novena División, comuniqué parte de mi reiatsu a una pequeña bola de cristal que había dejado sobre mi mesa para activar el conjuro. Tras los primeros minutos de mayor tensión y nerviosismo, mientras se iban apaciguando los ánimos, me senté al frente del aula mientras dejaba que mi compañero de Departamento, que impartía clase a los alumnos de tercero, patrullara el aula cual sabueso. No tenía pinta de que fuera a producirse ningún incidente, pero tampoco íbamos a bajar la guardia.
En cualquier caso, tampoco podía permitirme el lujo de "perder el tiempo" mirando una masa de alumnos concentrados en la prueba. Me había llevado conmigo una carpeta repleta de las copias que Eliaz me había hecho del diario y los manuscritos. O, mejor dicho, de una rudimentaria traducción que había hecho gracias a un traductor automático de lenguas humanas que había desarrollado la Duodécima División. Era consciente del dicho: "tradutore, traditore", pero ahora mismo no me encontraba exactamente en el contexto más oportuno como para ponerme a estudiarlos directamente en hebreo. Si me quedaba alguna duda, podía acudir a los originales.
Durante mi análisis llegué a una sección curiosa. Se había producido un parón en la narración de las "hazañas", virtudes e ideales de cambio que, en un lenguaje barroco, propugnaba Sadoq y había encontrado una serie de párrafos con un peculiar sabor cúltico. Lo mejor de todo es que aquello no recordaba en nada a las tradiciones hebraicas que subyacían a todo lo que llevaba leído. Es más, ni siquiera parecía la forma de narrar del antiguo Capitán de la Sexta División. Era como si lo hubiera copiado tal cual de alguna otra fuente.
Se relataban allí una serie de curiosas ceremonias que debían ser celebradas en el transcurso de aquel tipo de acontecimientos. Concretamente, el capítulo que ahora revisaba hablaba del paso de un cometa. Poco antes había visto el ritual que debía celebrarse durante las Leónidas. Unas páginas más adelante iba a referirse a los eclipses. La frase final que coronaba la sección era tumbativa: aquellos actos eran obligatorios para cualquier miembro de la secta. El conseguir alcanzar los ideales del viejo Asharet dependía directamente de su compleción.
¿Pero dónde? «Allí donde se encontrara un miembro de la secta.» Una afirmación demasiado vaga. Voluntaria o involuntariamente, Sadoq no había especificado más. Sí mencionaba algunos elementos que debían estar en el punto de reunión pero más que eso… Nada. El resto quedaba abierto par nuestras especulaciones.
No sería del todo descabellado pensar en que hubiera un lugar de reunión en el Sereitei. La mayor parte de los miembros de la Sexta División estaban implicados en la organización. Movilizar a un escuadrón entero sin llamar la atención sería casi imposible. ¿Estaría ese punto de encuentro en la Sexta División? ¿En la mansión Ashartîm? ¿En otro sitio?
Me recliné sobre el respaldo de mi silla con un profundo suspiro mientras me sacaba las gafas que había comenzado a usar unos meses atrás para leer y estudiar y me llevaba una patilla a la boca con gesto pensativo. Me froté los ojos y meneé la cabeza, decidiendo que lo trataría con Eliaz en otro momento, por si él tenía alguna idea de dónde pudiera ser.
Pero aún así seguía dándole vueltas al asunto. Por lo que describían aquellos "ceremoniales", casi parecía imposible que un recinto como el que se describía allí pudiera encontrarse en un Cuartel y hubiera pasado inadvertido a las investigaciones que se habían llevado en la División de Gaijin y Mitsuko después de las revelaciones que habían sucedido a la muerte de mi abuelo. Le preguntaría a Bone, o a los dos oficiales de aquel Escuadrón, para asegurarme, en cualquier caso.
Si descartábamos el edificio de los shinigami, la otra opción más plausible era la mansión de la familia de Eliaz, que, además, siempre era garantía de guardar al menos un misterio más: documentos, objetos materiales o algún rincón escondido en el laberinto subterráneo que habían diseñado sus antepasados. Sonreí. Una excursión por los bajos fondos de la guarida de los Ashartîm solía proporcionar buenos ratos. Si la cena se volvía aburrida, ya sabíamos qué podíamos hacer.
– ¡Hey!
Salía del aula con un buen fajo de exámenes debajo de un brazo y el material de estudio bajo el otro y me disponía a dejarlos en mi despacho cuando la voz de Bone me hizo darme la vuelta. Él se acercaba con prisa hacia mí con una carpeta debajo del brazo y esquivando ágilmente al resto de los que caminaban por el pasillo. Cuando me alcanzó, me tendió el expediente, que acepté como pude, y exhaló un sonoro suspiro, como si le aliviara deshacerse de aquello.
– ¿Qué me traes? – pregunté, sin margen de maniobra para examinar lo que acababa de darme.
– La memoria de las expediciones al Mundo Mortal – informó.
– ¿Y para eso tanta prisa?
– Quería sacármelo de encima antes de irme – dijo.
– ¿Antes de…?
– Eso es lo que quería explicarte – respondió antes de que a mí me diera tiempo a terminar mi pregunto. – Tengo que ocuparme de unos asuntos en el Mundo Mortal…
– ¿Kyrek te manda a una misión en medio de los exámenes?
– No… Bueno, puedes llamarlo así – se corrigió, como si esa mentira fuera menos comprometedora que la verdad. – En serio, ahora mismo no… Cuando vuelva te lo explico.
– ¿Quieres que me encargue yo? Me queda prepara el examen final y…
– ¿De la "misión"?
– No, no – reí, ocultando mi preocupación. – De tus exámenes.
– Ah… No, no – rechazó mi oferta. – Para eso tengo esbirros en mi Departamento – bromeó. – Allariel se encarga.
– De acuerdo…
– ¿En serio no te importa?
– Por lo menos tú me avisas… – me quejé. – Josuke lleva otras dos semanas…
– Ya, bueno – se encogió crípticamente de hombros.
– ¿Sólo eso?
– Sí… ¿Comemos juntos hoy?
– Pues… Vale – asentí, mirando el reloj. – Dejo esto en el despacho y vamos.
– ¿No es un poco pronto?
– Tengo curro para esta tarde – alegué.
– A ti nunca te supuso problema quedarte hasta tarde…
– Hoy voy a cenar con Eliaz y con Mitsuko… – expliqué. – De todas formas, puedo comer solo, si no te viene bien.
– Ah, no, por mí perfecto – respondió.
Durante la comida, Bone evitó hablarme del motivo que le llevaba a viajar tan precipitadamente, al menos desde mi punto de vista, al mundo mortal. En su lugar, tuve que soportar sus intentos de recitarme verbalmente el informe que me había entregado minutos antes y que ahora descansaba en la lista de "pendientes" de mi escritorio esperando a que le echase un vistazo. Se le notaba bastante nervioso por lo que fuera que le urgía a abandonar sus responsabilidades, pero, a la vez, no podía ocultar lo orgulloso que estaba del resultado de las tandas de prácticas. Habían sido la gran prueba de fuego para un Departamento aún en pañales. A falta de ver el informe, el resultado había sido más que satisfactorio.
Pero yo no quería hablar de trabajo. Una tarde entera corrigiendo exámenes y atando los últimos cabos sueltos para coordinar la última prueba para los alumnos que se graduaban aquel año era una perspectiva lo suficientemente aburrida como para adelantarla a la hora de la comida. Cierto es que si hubiera comido solo, lo hubiera hecho en mi despacho y adelantado trabajo; pero ya que tenía compañía, no pensaba desaprovecharlo.
– ¿Leíste el periódico hoy? – le pregunté.
– He estado bastante ocupado – arguyó. – ¿Por?
– Vuelven a… Espera – me levanté, yendo a la zona de la cafetería donde se guardaba la prense. – Vuelven a hablar de mi discursito del otro día – reí, mostrándole la columna donde me citaban. – Si es que no sé yo cómo se enteran de estas cosas…
– Bueno, no fue una cosa muy privada – razonó, cogiendo el ejemplar. – Este… Javier – comentó. – ¿Lo conoces?
– Creo que no… Al menos no lo identifico – contesté. – Pero vamos, una gran parte de los shinigami en activo han sido alumnos míos…
– Tampoco tantos… – apuntó. – Por lo menos habla bien de ti.
– Debe ser el único – bromeé, provocando precisamente el efecto contrario en mi compañero, que frunció el ceño con seriedad. – El problema es que me está haciendo pasar por un político cuando no lo soy.
– Bueno, eso habría que matizarlo.
– No soy un político – sentencié. – Soy un personaje público, sí – concedí. – Y vale que no esté de acuerdo en muchas cosas… Pero, vamos, más allá de eso…
– Bueno, no sólo no estás de acuerdo – me miró a los ojos. – Te encargas de decirlo bien alto.
– Pero sólo donde tengo que decirlo.
– ¿En el patio de la Academia?
– Touché… – acepté. – Aunque tampoco es que lo que dije el otro día sea algo tan revolucionario. En cualquier caso, – continué – la política aquí no tiene sentido. Mandan los que mandan y por mucho que nos joda eso no va a cambiar. Lo que me preocupa de esto – cogí de vuelta el diario – es que hay locos que no lo entienden… y no me gustaría que me asociaran con ellos.
– ¿Locos?
– Locos – repetí, mientras hojeaba el periódico en busca de otra noticia.
En las últimas semanas habían comenzado a reproducirse en los límites más exteriores del Sereitei, e incluso dentro de las murallas de la ciudadela, ataques contra las propiedades oficiales del Gotei y de la Cámara. Mayoritariamente, se trataba de actos vandálicos sin más consecuencias que las materiales. Era mejor no alimentar la paranoia de aquellos grupos y presentar la vida del Sereitei como una lucha entre "carcas y progres". Y menos que me metieran a mí en el ajo, que pudieran verme como una especie de mentor o… peor. Ya tenía suficiente con lo que tenía.
Después de comer me encerré en mi despacho y comencé con el trabajo más tedioso de un profesor: corregir exámenes. No es que tuviera una prisa excesiva por presentar las notas, pero la experiencia me había enseñado que cuanto antes lo dejara liquidado, mejor. Sólo revisaba los comentarios de texto, la teoría era cosa de Wentwurth. Yo me quedaba, por lo menos, con la mejor parte. El año siguiente cambiaríamos, como habíamos hecho en los últimos cursos.
Cuando me quise dar cuenta, el sol comenzaba a caer y no me había dado tiempo a terminar ni a ponerme con los preparativos del examen de graduación; pero tampoco podía entretenerme más, así que marqué el lugar donde había quedado, fui a mi apartamento, me arreglé y salí en dirección de la casa de Eliaz y Mitsuko. Como siempre, fue Jules quien me abrió la puerta y me guió al salón.
– Y yo que creía que la encerrona era para mí solo… - comenté, a modo de saludo, al ver también allí a Db.
– Imaginaciones tuyas, nadie te dijo nada – apuntó el señor de la casa.
– ¿Y bien? ¿Qué tal va todo?
– Estoy con los exámenes de primero… – resoplé, mientras me servía yo mismo un trago de whisky de la botella que había sobre la mesa. – ¿Esperamos a alguien más?
– A… No – sonrió Eliaz al ver entrar a su esposa en la sala. – A nadie más.
Los anfitriones nos regalaron con una cena exquisita, como siempre ocurría en aquella casa. La conversación comenzó siendo liviana. Por mucho que el Teniente de la Novena División y yo tratáramos de sonsacarles el motivo de la invitación, pues intuíamos que querían contarnos algo, ellos lo rehuían y lo aplazaban para más tarde, dejando así volar nuestra imaginación. Cuando parecía imposible que pudieran hacerlo más, Eliaz suspiró, como cediendo, y me preguntó por mis investigaciones.
– Lo sabía – sonreí, limpiándome la boca con la servilleta antes de beber un trago de vino. – Sólo me quieres para explotarme – lloriqueé irónicamente.
Poco a poco fui explicándole lo que había ido viendo en las páginas que me había entregado. La mayor parte de lo que había leído era sumamente interesante, sí, pero no aportaba nada especialmente relevante para nuestras investigaciones. No a nivel práctico, al menos. Por eso me centré en lo que más me había llamado la atención y que, además, era lo que más fresco tenía.
– Lo curioso es lo de los eclipses y los cometas y esas cosas – mencioné. – No me pegan para nada, la verdad.
– ¿Tú también te fijaste? – preguntó Eliaz. – A mí también me pareció raro. Es decir, no pega con las tradiciones de mi familia y mi padre tampoco era muy dado a estas cosas de la astrología y demás… – se encogió de hombros. – ¿Crees que podría significar algo?
– Tiene que significar algo – insistí. – Si no… ¿por qué ponerlo?
– ¿Para despistarnos? – propuso Mitsuko.
– Sadoq creía que triunfaría – negué con la cabeza. – Nadie investigaría buscando nada, porque la historia la escriben los vencedores…
– Y él venció… – concluyó ella. – Bueno, hasta ahora. Y Sadoq no era tonto, podría haberlo previsto – murmuró. – Por si acaso…
– Hombre, sí – concedí. – Pero... Llevamos años sin tener una pista mejor…
– Perdón, perdón… Me he perdido – interrumpió Db. – ¿De qué estamos hablando?
– Aquí, tu subordinado me quiere poner en problemas – señalé con un gesto de la cabeza y una sonrisa hacia el noble. – Sabe que tengo prohibido investigar a Nadie y me lo sigue poniendo debajo de las narices.
– Como si tú no quisieras…
– Calla, calla – reí. – No se lo digas a nadie.
Eliaz se adelantó entonces a explicarle a nuestro amigo lo que habíamos encontrado. Se ahorró algunos detalles, como la procedencia del diario, pero más o menos le informó de todo. De vez en cuando, yo intervenía para traducir las palabras del noble a un lenguaje más asequible. No porque Db no las entendiera, sino, simplemente, por molestar al "orador", y hacerle perder unos segundos el protagonismo.
– Es curioso – valoró el profesor de Artes Demoníacas. – Podría explicarnos un poco la extraña… magia de Nadie. ¿Por qué no habláis con Yurian?
– ¿Con Yurian?
– Es profesor de Teoría del Kidou – apuntó Mitsuko a su marido, que no conocía a nuestro compañero. – Cierto – se inclinó. – Da un cursillo de Kidou y astrología o algo así, ¿no?
– "Magia y observación del cielo en la Era de la Fundación". Fue su tesis – confirmó el Teniente. – ¿No te acuerdas? – me miró.
– ¿Yo?
– Estuviste en su defensa…
– ¿Seguro? Puede ser… – otorgué. – No me acordaba.
– ¿Y hay gente que se apunta a eso? – se sorprendía Eliaz.
– Tiene un grupillo de 6 ó 7 alumnos…
– Frikis – sentenció, lleno de razón, mi amigo.
– Hablaremos con él – sonreí. – Pero esto es algo que va más allá de la teoría, ¿no lo veis? Si el Pollo tiene razón – seguí – puede que sea la fuente de lo que quiera que estén usando…
– Si es eso que dices… – comprendió Eliaz. – ¿Crees que siguen haciéndolo?
– Vale la pena probar, ¿no?
– Hombre, visto así, sí – se sumó Db.
– En ese caso tendríamos que buscar el lugar… – sugirió Eliaz, con una sonrisa que parecía indicar lo mismo que había pensado yo durante el examen. – Hay muchos pasillos y salas que no conocemos aquí abajo. ¿Vamos?
– Un momento, un momento… – nos detuvo Mitsuko. – Primero, hoy estamos de fiesta, así que nada de excursioncitas… Y segundo: – añadió – ¿No crees que si siguieran viniendo aquí nos habríamos dado cuenta? Lo más lógico sería eso…
– Podría haber pasadizos secretos o… – sugirió el oficial de la Novena División.
– La Bicha tiene razón – asentí. – Aunque lo que dices pueda ser cierto, pijuncio, ella tiene razón. Nos habríamos dado cuenta. Pero… No sé. Podrías buscar en tus recuerdos – propuse. – Cualquier cosa que pueda guardar una relación con eclipses, lluvias de estrellas y así… podría ser una pista. Que Db le pregunte a Yurian y… yo le haré una visita a Gaijin y a Kuniko, a ver si…
– ¿A Gai y a Kuni? ¿Para qué?
– Bueno… Ellos llevaron la investigación de la Sexta División, ¿no? – respondí. – Mejor cubrir todos los frentes.
– Sí – coincidió el profesor de Kidou. – Lo más lógico es que sea dentro del Sereitei, un Capitán saliendo así como así llamaría mucho la atención…
– Cierto – terció la mujer.
– Pero todavía está lo de los pasadizos… – señaló nuevamente el Asharet.
No pude contener una carcajada ante la afirmación de mi amigo, que parecía haber subordinado la eficiencia de nuestra investigación a la emoción de una aventura por el intricado laberinto que se extendía bajo nuestros pies. Aquello fulminó definitivamente el clima de seriedad en que había caído nuestra conversación y enseguida se contagió el resto de comensales, a la vez que Jules entraba en la sala con los postres.
– Bien – hablé cuando ya había llegado la sobremesa. – ¿Hay algo que nos queráis contar o es que sólo nos invitaste aquí para hacer de Indiana Jones?
– ¿Indiana quién? – preguntó Mitsuko.
– Oh, vamos… Que me lo pregunte tu marido… pero tú eres la que nació en el mundo mortal –bromeé.
– Tienes que conocer a… – intervino Db, con el mismo estupor.
– No tienes infancia – meneé la cabeza.
– No, no es eso – habló Eliaz. – Es… ¿Lo dices tú o lo digo yo?
A la vez que le planteaba la pregunta a su esposa, sus miradas se cruzaron con un gesto de total complicidad y cariño. Ella se limpió discretamente la boca con la servilleta y asintió, dando a entender que sería quien tomara la palabra. Nos miró fijamente primero a uno y luego a otro en un expectante silencio y luego sonrió de oreja a oreja.
– Estoy embarazada.












Siguiendo con el cap, empiezas a darle vueltas a cierta idea que comentamos hace meses (Y que no revelare al ser un spoiler del quince) pero todo esta confuso, demasiado confuso.
Me choca el hecho de que Rido piense que lo estan "politizando". Aunque no deja de ser que puede ser verdad, el cargo de Rido no deja de ser menor en comparativa con un capitan o un miembro de la camara de los 46. No obstante, lo entiendo, pues es una posicion en la que se puede generar una influencia (Positiva o negativa) en futuros shinigamis. Es un arma de doble filo, y Rido lo ve por el lado cortante.
Para acabar la bomba de la Bicha y el Oso... Sin palabras. Y pensar que el primero en "embarazar" a Mitsuko fui yo. Desde mi pequeña ventana pido encarecidamente un Omake con las idas y venidas hormonales de la Bicha, que pueden ser de ordago.
Nada mas, por ahora.