Akano 47 - Preparado
by ~CentolomanPreparado
– Tú y yo deberíamos hablar…
Kyo me miró con cierta indiferencia. Los últimos días, desde la noticia sobre su madre habían sido todos así. Mi madre, que lo había tomado bajo una especial tutela desde entonces tratando de evitar que se encerrara en sí mismo, era prácticamente la única con la que había cruzado más de un par de palabras. Con los demás parecía, simplemente, impasible. Vivía ensimismado, perdido en su propio mundo y no se interesaba apenas en lo que sucedía a su alrededor.
Era un tema que me tenía bastante preocupado, pero que aún no me había atrevido a afrontar porque aún no tenía yo claras mis propias ideas, pero cuando la tormenta después del eclipse se estabilizó decidí que no podía seguir dándole largas al asunto y que tenía que hablar con él. Al fin y al cabo me había hecho cargo de su educación hacía ya siete años.
Mi padre solía quitarle hierro a la actitud de mi hijo adoptivo alegando que era normal a sus años. "Tú eras así a su edad", solía decir, para después continuar con una frase que comenzaba con "Recuerdo una vez que…" y concluía con una anécdota que acostumbraba a dejarme como un rebelde sin causa para divertimento suyo y de los presentes, especialmente de Eylinn.
Sin embargo, su razonamiento no acababa de convencerme. Sí, Kyo era un adolescente y, como tal, era normal que mostrara síntomas de rebelión, un carácter un tanto más huraño… Todos habíamos pasado por eso. Pero sus circunstancias eran muy distintas: era huérfano de padre y de madre, aunque a él nunca hubiera llegado a conocerle, de forma consciente al menos. Por si fuera poco, el abandono de Nalya había resultado muy traumático para un niño de apenas siete u ocho años y él la había esperado pacientemente para recuperarla muerta. Y la historia no acababa ahí, porque menos de un año después se había reencontrado con ella en forma de recién nacido.
Por muy adolescente que fuera y eso influyera en su actitud, aquellos factores jugaban un papel determinante en su crecimiento y no estaba seguro de que estuviera preparado para asumirlos. Nadie está nunca preparado para algo como eso. No lo estaba ni lo estaría nunca yo, y mucho menos un chico de quince años que ya está sufriendo demasiados cambios en su vida como para someterle a un estrés adicional extra, y eso lo tenía copado ya con el ingreso en la Academia, donde destacaba demasiado como para integrarse de forma tranquila y normal. No era la primera vez que había tenido un problema y estaba seguro de que vendrían más más adelante.
– Hoy no – rechazó tajante mi oferta.
Lo que más me mosqueaba de toda la situación era que parecía haberla tomado conmigo como si yo fuera el culpable de todo lo que había ocurrido. No sabía su protestar o aceptar que me merecía su enfado, pero lo que no estaba dispuesto a hacer era renunciar a la última promesa que le había hecho a su madre antes de que se fuera para no volver, la de educar a su hijo.
–Sí, hoy – contesté, quizás con excesiva severidad.
Frunció los labios con gesto displicente y apartó a un lado el libro que estaba leyendo. Me volvió a dedicar una mirada fría y distante y resopló mientras se incorporaba en el sofá donde se había recostado. Yo me senté frente a él, en la butaca opuesta, y dejé la taza de té que me había preparado en la mesita que mediaba entre él y yo. Toda aquella ceremonia la llevamos en silencio y con cierta parsimonia, sin apartar los ojos uno del otro, vigilando a nuestro "rival" y organizando nuestras ideas.
– ¿Qué es lo que te pasa?
– Nada.
Traté de reaccionar con paciencia y comprensión, pero me sentía algo desilusionado con su respuesta y aquello repercutió en el gesto que el dediqué. He de reconocer que me estaba costando mantener la compostura, a pesar de que ya había lidiado mil y una veces con jóvenes rebeldes, más mayores que él aunque igual de inmaduros, durante mi labor en la Academia. Y, mucho menos, con ninguno me unía un lazo tan especial como el que mantenía con él, que era mi hijo, adoptivo, sí, pero mi hijo.1Eso sin contar que mis disputas con ellos solían ser académicas o disciplinarias, y nunca pasaban al campo de las emociones. Quizás era algo que debía anotar para el futuro.
– Kyo… – volví a insistir. – ¿Qué te pasa?
–No me pasa nada – respondió desafiante – ¿y a ti?
– Mira… – suspiré, intentando no perder la paciencia. – Sé que estás pasando un momento traumático… Lo de tu…
– ¡Mi madre está muerta! – explotó. – ¡Por tu puta culpa!
– Yo… yo… – balbuceé atónito ante semejante reacción.
– ¡Cállate!
– Sólo intento ayudarte – razoné en voz lo más calmada que pude.
– ¿Cómo querías ayudarla a ella? ¡Y una mierda! – gritó.
Estaba totalmente descolocado. Aguanté como pude el chaparrón, sin saber qué decir, hundiéndome en el sofá cada vez más y más a medida que las acusaciones caían una y otra y otra vez sobre mí. Él se había puesto en pie y me echaba en cara todos los males que habían azotado a nuestra familia últimamente mientras me señalaba amenazante con el dedo. Al final, sudando de rabia y nervios, salió de la sala en un estallido de ira.
– Totalmente igualito a su madre – comentó mi padre, bloqueándome la puerta para que no pudiera perseguir a Kyo.
– Déjame pasar – le ordené entre dientes.
– Tilly se encargará – respondió, después de negar con la cabeza. – Es mejor por ahora.
Cavé mis ojos en los suyos con gesto enfadado y exasperado. Al final, me dejé convencer y lo dejé todo en manos de mi madre y de sus capacidades psíquicas. Pero eso no me tranquilizaba en absoluto. Estaba tan nervioso que no era capaz de quedarme parado en un mismo sitio ni de terminarme el té. Al final, en un arranque impulsivo cogí mi haori y me fui.
– Si me necesitáis, estaré en el Cuartel o… o por ahí.
El paseo hasta el Sereitei me sirvió para calmarme y para decirme a mí mismo que Kyo no había dicho todo aquello en serio, sino fruto de la confusión que experimentaba en aquellos días. Sin embargo, no podía dejar de pensar en que tenía cierta razón: yo había prometido muchas cosas que no había sido capaz de cumplir. Yo era el que había dejado que su madre se fuera y el que no había conseguido traerla de vuelta a casa… y de alguna manera tenía la impresión de que mis investigaciones acerca de los asesinos de mi abuelo habían molestado a muchos y habían acelerado el segundo despertar de Nadie, lo que en última instancia había acabado con la vida de Nakajima Kyo y con la marcha de Nalya.
– No tras muy buena cara… – dijo Okita a modo de saludo, mientras comenzaba a caminar a mi lado.
– Eh… Problemas en casa – contesté sacudiendo la cabeza para tratar de sacarme el malestar de encima y centrarme en los asuntos que ahora me ocupaban. – Kyo…
– Ah, sí, bueno… Está en la edad – comentó, como sintiéndose obligado a decir algo. – ¿Cuántos años tiene ya?
– Quince, casi dieciséis.
– Es la edad – repitió reafirmándose.
– Será… – respondí simplemente, sin querer entrar en más disquisiciones. – ¿Eso es para mí?
– ¿Qué? Ah, sí – reaccionó, entregándome una carpeta que traía entre las manos. – Db me la dejó para ti antes de irse con el Capitán al Consejo.
– ¿De qué va?
–Ni idea – se encogió de hombros. – Pero dijo que te iba a interesar.
– Gracias, Oki – le sonreí como pude. – ¿Bone sigue en la sala de interrogatorios?
– No sale de allí – bromeó. – Eliaz también te estaba buscando.
– Pues dile que estoy cotilleándole al Gafotas y que le espero allí.
En los cuatro días que habían pasado desde mi readmisión como miembro de la División me había vuelto a sentir como en casa. Era cierto que tenía algunas condiciones especiales, como que no residía habitualmente en el cuartel y que sólo acudía a petición del Capitán, manteniendo mi despacho en la Academia, pero era como recuperar una parte de mi vida que en cierto modo siempre había añorado. También era cierto que todavía quedaban algunas explicaciones pendientes, pues no todo el mundo había entendido bien los motivos de mi traslado, pero la actividad frenética en la que estábamos sumidos había aplazado todas esas cuestiones.
Abrí y cerré la puerta de la sala de interrogatorios para que el Oficial supiera que ya había llegado y que estaría al otro lado, al otro lado de la ventana-espejo que permitía seguir el progreso de sus inquisiciones. Mientras él se empleaba a fondo con el examen del agente de Nadie, yo aprovecharía para leer el informe que me había pasado Okita con el sonido de sus voces de fondo. En lo que habíamos llevado trabajando en el caso era la primera vez que Db decía que algo me iba a resultar interesante, así que merecía la pena leerlo.
– Te voy a ahorrar un poco de tiempo – dijo Eliaz, cerrando la puerta tras de sí. – Bone y Db han descubierto que en el 59 Este hay un campamento de Nadie.
– 59 Este… 59 Este… – recité, ubicándolo en un mapa mental. – En los desfiladeros, ¿no?
– Es de suponer que sí – confirmó. – Blod y Crawlink lo están investigando.
– ¿Ya lo sabe Kyrek?
– Sí, fue él el que ordenó la misión de reconocimiento.
– Son buenas noticias – sonreí.
– Sí, bueno…
– No te veo muy convencido – lo miré con extrañeza. – ¿Hay algo más?
– Es demasiado fácil – explicó, dejándose caer pesadamente sobre una silla a mi lado. – Años sin encontrar nada y de repente…
– Es la primera vez que tomamos prisioneros – observé. – Hasta ahora sólo habíamos tenido nuestras elucubraciones.
– Es demasiado fácil – insistió. – Es como si quisieran que esto ocurriera.
– ¿Dónde has dejado a Eliaz? – reí. – Aquí el suspicaz soy yo y tú eres el lanzado.
– Rido, no estoy de broma – me contestó. – No es la primera vez que nos tienden una trampa. Piensa en qué ocurriría si Kaiser no hubiera estado con nosotros cuando…
– Lo de ser padre te está afectando – bromeé.
– Di lo que quieras – replicó – pero a mí algo me huele mal.
Aunque no podía ignorar el razonamiento de mi compañero y amigo, prefería mirar la noticia por el lado positivo. Bastantes sombras tenía ahora en mi vida como para sumar otra y haber podido sacar algo en limpio de los interrogatorios casi ininterrumpidos que habían puesto en marcha entre Bone, Db y unos cuantos oficiales de refuerzo hacía ya cuatro días me había ayudado a relajarme y distraerme de los problemas recientes, de las nuevas palabras proféticas y extrañas que resonaban en mi cabeza y de mis dificultades con Kyo.
Comenzábamos, por fin, a sacar frutos de nuestra victoria y, por muy comprensibles que fueran las reservas de Eliaz, teníamos que exprimirlos lo más que pudiéramos para poder sacar el jugo deseado. Además, yo estaba convencido de que no teníamos mucho tiempo antes de que Nadie se reagruparan y pudieran contraatacar, lo que no era demasiado descabellado. Y teniendo en cuenta las sospechas de que había un topo al menos en el Sereitei, a mayor celeridad, mayor seguridad.
– Por cierto…
– Dime – respondí.
Eliaz se sacó del bolsillo interior del traje que siempre utilizaba en lugar del uniforme, un ejemplar del periódico del Sereitei. Lo cogí y fui directamente a la página que me indicaba. Allí estaba, como siempre, una columna de opinión en la que, una vez más, un grupo de periodistas, que realmente eran los portavoces de alguien más importante dentro de las altas esferas, cargaban contra mí. Esta vez, siguiendo la tónica de los últimos meses, volvían a relacionarme con los actos vandálicos que estaban poniendo en tela de juicio la seguridad de los límites exteriores de la Ciudadela y de los primeros distritos.
– Vamos no me jodas…
No pude terminar de leerlo porque se me revolvía el estómago. Estaba cansado de toda aquella situación y había aguantado demasiado. Aquellos criminales se decían inspirados por mí, por mis enseñanzas, si es que realmente tenía alguna. Y todo aquello sonaba como a que yo era el instigador de todos sus actos. Por si no me llegara con que ciertos núcleos pensaran que yo era la cabeza detrás de la resurrección de Nadie, con mis continuos tiras y aflojas con la Cámara y el Gotei y con el polvo que había levantado mi readmisión al servicio activo.
– Deberías hacer algo…
– ¿Y echar más leña al fuego? – pregunté. – No, gracias.
– Si no lo haces, va a ir a peor – argumentó. – Estos se sentirán apoyados por tu silencio, serás aún más mártir y… los otros verán más o menos lo mismo. Si no es por ti, hazlo por tu familia, por Kyo…
– No me hables de Kyo ahora mismo…
– ¿Ha pasado algo? – se extrañó. – Mira, tienes que hacer algo con esto. Salir tú a hablar y no ese… Javier, o como se llame. ¿Qué clase de nombre es Javier?
– ¿Qué clase de nombre es Eliaz?
Por mucho que tratara de quitarle importancia sabía que era algo muy grave y que no podía seguir escondiéndome de todo aquello. Algún día debía salir a la palestra personalmente a defenderme públicamente y a condenar a aquellos gamberros, en lugar de esperar a que Javier, el Oficial de la Octava División que trabajaba en el periódico, saliera en mi favor.
– Esperaré a que todo esto pase, ¿vale? – propuse.
– ¿Esperarás para qué? – preguntó Bone, entrando en la sala.
– Para desmentir toda esta patraña – expliqué, lanzándole el periódico abierto.
– Ah, eso… – comentó, volviendo a dejar la prensa sobre la mesa. – Veo que ya has visto el informe.
– Más bien me lo contó aquí el amigo… – señalé a Eliaz con la cabeza.
– ¿Qué opinas?
– Que deberíamos actuar cuanto antes – contesté directamente. – Si pudiera ser hoy mejor que mañana…
– Bueno, Blod y Crawlink no vuelven hasta mañana, así que… – comenzó a decir.
– Es una forma de hablar, Gafotas, una forma de hablar – le cortó Eliaz, que no estaba muy contento con mi opinión.
– ¿Qué le pasa? – preguntó el profesor, extrañado. – Lleva una temporada…
– Va a ser padre – me encogí de hombros. – Eso tiene que poner nervioso a cualquiera.
Me quedé rondando por la División el resto del día. Tras la comida, Kyrek me convocó en su despacho para consultar mi opinión acerca de los nuevos descubrimientos de su equipo de interrogadores. Prácticamente le respondí lo mismo que le había dicho a mi amigo el noble, sin ocultarle tampoco las sospechas que tenía él acerca de toda la cuestión. El Capitán decidió ocupar la tarde en meditar sobre ello.
Volvió a llamarme al atardecer, y conmigo vinieron también Db y Eliaz. Kyrek quería oír de primera mano las objeciones que el noble tenía hacia mi postura y que su Teniente fuera testigo de todo. Y no fue un rato agradable. Para quien no nos conociera ni a él ni a mí, podría parecer que la discusión se iba poniendo violenta paulatinamente, pero lo que ocurría es que tanto mi "rival" como yo defendíamos nuestra opinión con demasiada vehemencia, como solía suceder habitualmente.
– Han pasado cuatro días desde que atrapamos a estos – dije, señalando en la dirección en la que estaban los calabozos. – Si esperamos mucho más va a ser peor.
– ¡Pero no sabemos ni siquiera lo que hay!
– Blod y Crawlink llegarán mañana con información y sabremos más…
– Entonces deberíamos esperar… – terció el Capitán.
– Con el debido respeto, – me opuse – aunque no tengamos datos concretos, hay cosas que se pueden anticipar… Podríamos estar hablando de atacar en… tres o cuatro días a lo sumo – propuse.
– ¡Estás loco! – exclamó Eliaz. – Rido, eso es una puta locura.
– Esto es una guerra, tenemos que aprovechar
Tras una larga discusión que se prolongó hasta bien entrada la noche, Kyrek decidió seguir mis consejos y acudir al General Ailios a primerísima hora de la mañana para poner en marcha todos los engranajes necesarios para atacar el campamento de Nadie. Aún así, deberíamos esperar al informe del equipo de reconocimiento para saber bien a qué nos enfrentaríamos y tener una cierta estrategia.
Según el informe de Blod, el objetivo estaba escondido en un área rocosa, haciendo uso de la difícil orografía del lugar. Había aproximadamente una treintena de efectivos allí, y lo peor de todo es que parecían contar con la connivencia del cercano poblado de su distrito. Eso nos obligaría a una operación rápida y silenciosa, porque no podríamos llamar demasiado la atención entre los lugareños.
Kyrek manifestaba aún ciertas dudas, pero estas se disiparon cuando el Oficial de la melena carmesí le trasladó sus sospechas de que se trataba de un campo de reclutamiento y entrenamiento para los aspirantes a formar parte del grupo. Eso era algo que no se podía permitir, aunque no se tratara de Nadie. Que un colectivo distinto al Gotei pretendiera formar una fuerza militar propia era extremadamente peligroso, aunque se hiciera la vista gorda con ciertos señores feudales que "controlaban" ciertas partes del territorio, por no decir que esclavizaban a sus habitantes para escándalo de muchos.
Dos días después, la operación se había puesto ya en marcha. Junto a nosotros, intervendrían efectivos de la Séptima y de la Décima División, así como un equipo médico de la Cuarta, que se desplazaría al Distrito 58 como apoyo logístico y sanitario. La operación comenzaría la mañana siguiente así que ese día lo pasamos prácticamente encerrados en la Sala de Juntas preparando nuestra estrategia.
– Rido… – me llamó Kyrek al final, cuando ya todo el mundo se iba.
– Esta vez no me vas a dejar fuera – le dije, temiéndome lo que me iba a decir.
– Me temo que no tienes otra alternativa – replicó. – No eres más que un asesor…
– ¡Joder! – me enfadé. – No puedes hacerme esto otra vez.
– Rido, no es cosa mía – se disculpó.
– Ya… claro…
– Hay más – añadió, con un tono nada esperanzador.
Me quedé mirándolo fijamente, congelado. "Hay más" sólo podía significar malas noticias, por si las que me acababa de dar no fueran suficientes. Instintivamente me dejé caer con un gran suspiro en la silla de la que ya me había levantado. Él también se sentó, lentamente, sin apartar sus ojos de mí.
– Yo me desplazaré al terreno, tú controlarás desde aquí – explicó mientras me alcanzaba un sobre con el distintivo de la Cámara de los 46. – Estas son las órdenes.
– De acuerdo – cedí, sin coger lo que me pasaba.
– Eso significa que… que ahora es tu operación – continuó, dubitativo. – Lo que quiere decir que…
No me gustaba nada de nada el rumbo que acababa de tomar la conversación. Sabía muy bien lo que eso significaba y sabía, porque era evidente por sus gestos, que además que Kyrek estaba tan cómodo con aquello como yo. Todavía tenía que hacerse a algunos de los usos y costumbres de la burocracia del Sereitei.
– Que si algo sale mal es responsabilidad mía – concluí.
No me gustaba nada quedarme fuera una vez más de "mi guerra" y mucho menos me gustaba ser manejado como si fuera un peón de ajedrez entre los juegos de poder de la Ciudadela. No había abierto el sobre porque sabía lo que allí decía con una redacción barroca pensada únicamente para ocultar su verdadero significado: que yo no era más que una pieza sacrificable de todo el engranaje, por muy importante que fuera.
Era perfectamente conocedor que cualquier excusa le valdría a determinados sectores de la Cámara y el Gotei les valdría para deshacerse de mí, y aquella operación se la daba. Porque además sabían bien que yo no tenía alternativa. Por primera vez en la historia estábamos preparados para ahogar la maquinaria de Nadie y era una oportunidad que yo nunca iba a rechazar, por muy amenazado que estuviera.
– Y si sale mal el punto se lo llevarán ellos – añadí con gesto disgustado.
– Si llego a saber esto no hubiera aceptado el…
– No se te ocurra decir eso – le interrumpí. – Eres el Capitán de la Novena División por tus propios méritos. No dejes que ellos puedan contra ti – le arengué. – Eres el sucesor de Suddley, de Kumaru, de Jishame, de Kuroda y de Henkara... y de muchos otros. Si estás aquí es porque estás a la altura, créeme.
No sabía de dónde habían salido semejantes palabras pero me sentí un poco ridículo al decirlas, como un personaje de una película mal guionizada de esos que sueltan frases épicas a cada tanto. Aún así, no me arrepentí de haberlas dicho, Kyrek necesitaba ese espaldarazo para no sucumbir a los remordimientos y cometer una locura.
– Mehan puesto aquí porque soy manejable.
– Te han puesto aquí porque eres el mejor para el puesto – le corregí.
– Para evitar que os saltéis las normas.
– Somos la Novena División. Saltarse las normas es lo nuestro – reí. – Entiendo que ahora quieras seguirlas al pie de la letra, pero te darás cuenta que muchas veces seguirlas es lo menos indicado… y lo más injusto.
– No si ya…
Por un momento, me vino a la cabeza la imagen de un Oficial novato y voluntarioso recién llegado al servicio en uno de los trece escuadrones del Gotei 13, en lugar de la del hombre que había dirigido los designios de uno de ellos durante casi un año ya. A veces me olvidaba de que apenas había salido de la Academia uno o dos meses antes de asumir el cargo.
– No te preocupes – le dije. – Al final te terminas acostumbrando a estas historias, créeme. Y ya me hago cargo yo de esto – sonreí, cogiendo finalmente el sobre.
– ¿Seguro?
– Seguro.
El último trecho de la conversación con el Capitán me había hecho calmarme un poco y no pensar únicamente en la puñalada que había acabado de recibir desde la Cámara. Pero tampoco lo olvidaba, y en mi interior algo se removía, queriendo salir fuera. Mi complicada situación personal, con mi discucsión con Kyo y la misteriosa profecía retumbando en mi cabeza, tampoco ayudaba. Necesitaba desfogarme un poco.
– Si me permites usar el dojo…
– Sí, claro.
Hacer un poco de ejercicio me sentaría bien. Además, desde mi extraño último viaje al monasterio había decidido retomar de forma regular los entrenamientos, cosa que aún no había podido poner en práctica porque apenas había tenido tiempo. Pero aprovechando mi estado de ánimo, esa tarde era tan buena como cualquiera para comenzar.
Tanto Balmung como yo estábamos bajos de forma, pues desde que había dejado el servicio no me había preocupado de mantenerme en un estado apto para cualquier tipo de misión urgente y me había dejado ir un poco. Si tenía intención de, algún día, poder volver a integrar un equipo sobre el terreno, debía ponerme a punto y esforzarme más de lo habitual.
– Vamos a ver cómo respiras, viejo – le dije al espíritu de mi espada, desenfundándola, después de un rato de trabajo físico.
Desde todo lo ocurrido en el monasterio, me preocupaba mucho la situación de Balmung. No sabía cuándo tendría que hacer uso de sus habilidades, pero necesitaba saber que podía contar con ellas cuando lo necesitase. Y la sensación que me había dado era que no estaba en condiciones. Pero después de que se levantara el conjuro semejaba haber recuperado la forma aunque no las energías. Habían pasado cuatro días, no era mala cosa probar.
Di unas cuantas estocadas al aire y comencé a realizar las series de ejercicios que la insistencia paciente de mi abuelo habían convertido en prácticamente un ritual, ya antes de que entrara en la Academia por segunda vez. Aunque me encontraba algo torpe, me sentía bien después de liberar toda la frustración acumulada y a medida que iba progresando el entrenamiento me iba sintiendo mucho más cómodo y ágil.
– ¿Estás preparado, viejo? – pregunté.
Sólo quedaba un paso – o, mejor dicho, dos, pero no era cuestión de forzar la maquinaria ya el primer día – para comprobar que todo comenzaba a regresar a la normalidad, al menos en aquel aspecto de mi vida. Y realmente necesitaba esa normalidad. Sin la rutina laboral en la Academia y con tantas cosas rondando por ahí, mi vida era un caos últimamente.
Noté como en mi interior el monje me dedicaba su habitual mirada impertinente escondido bajo su capucha. Podía verlo como si estuviera allí, delante de él. Lentamente, se llevó sus manos hacia la parte superior de su hábito y se descubrío la cabeza para mostrar un gesto confiado y una chispa valiente en los ojos.
Respiré profundamente, liberé mi mente de todo pensamiento y me concentré únicamente en lo que estaba a punto de hacer, como si fuera la primera vez. Me quedé un momento mirando el rayo que atravesaba longitudinalmente la hoja de la espada; luego, con parsimonia, posé las dos manos en la empuñadura y pronuncié la frase mágica.
– Resuena en los cielos, estremece la tierra. ¡Balmung!
Enseguida me di cuenta de que algo había salido mal.












Fu, qué de tiempo xDDDD
Bueh, me lo he leído completamente random, pero me ha gustado mucho. Jops, hasta me ha entrado nostalgia T^T Eso sí, se va a cagar el barbas con lo que le depara el monje *jurjurjur* ¿No? xDDDDDDDD Ya hablo sin saber =_=
Eeeen fin, a ver si sigo leyendo, aunque sea llevada por la nostalgia y el monete ;3
Dew ;3
¿Qué es de tu vida que ya no se te ve el pelo? ¡Twitter! ¡Facebook! ¡Vuelve a la vida o algo!
En fin, me alegro que te haya gustado este capi. Ahora te toca ponerte al día y comentar y esas cosas. ¡Y volver a la vida en internete!
Sé buena ^^
Miss U T_T