Akano16-Conversacion pendiente
by ~CentolomanConversaciones Pendientes
Llegó el día elegido para la oficialización de mi nombramiento como Director de la Academia. Aunque comencé a trabajar en mi nuevo puesto inmediatamente tras la celebración del claustro en el que, como no podía ser de otra forma dada la influencia de los máximos escalafones de la jerarquía, se había decidido que sería yo quien gobernara la institución educativa, la ceremonia institucional se había retrasado una semana más.
Allí estaban los trece Capitanes, con sus Tenientes un metro por detrás, como mandaban los cánones. Había también un representante de la Cámara de los 46, cuyo número identificativo no recuerdo. Les acompañaban todos los profesores, con ánimo muy dispar ante lo que iba a suceder en unos instantes.
Una vez proclamado solemnemente el decreto por el cual se me instituía en mi nuevo cargo, como correspondía a aquellos ritos de rancio abolengo de los que tanto gustaba una buena parte de la jerarquía del Sereitei, se me impuso el haori anaranjado que distinguía a los miembros de la Academia y se me invitó a pronunciar un discurso que inaugurara mi nueva andadura.
Considerando las características de mi auditorio y de la ocasión, opté por un discurso rigurosa y, quizás, hasta excesivamente protocolario. Decidí, no obstante, que no había motivo para ocultar mi programa de gobierno, pues todos lo conocían ya a través de los comentarios que había suscitado mi intervención en la apertura del curso.
Pasó otra semana y, terminadas las clases, me encontraba sentado en mi despacho, donde aún debía terminar de organizar cajas y cajas de libros y recuerdos que habían traído del anterior donde, posiblemente, ya se había instalado su nueva ocupante, escribiendo una carta destinada al Gotei 13 y a la Cámara de los 46. Tenía la mente embotada, así que me paré dediqué unos minutos a la meditación y a sacar de mi mente todas las sensaciones negativas que había ido acumulando en las dos semanas que llevaba ejerciendo como Director.
Observé el despacho. Este era mucho más grande, por lo que ofrecía mayores posibilidades, sobre todo para evitar las montañas de volúmenes y papeles sueltos que solían crecer de cuando en cuando sobre mi mesa o, incluso, alrededor de ella.
Me preocupaba el hecho de que, con todo el ajetreo, no había podido compartir más tiempo, como hubiera deseado, con aquella a la que había prometido proteger. Parecía no atreverse a venir a clase y no lograba averiguar su nombre. Sabía, en cualquier caso, que estaba en buenas manos. La Capitana Ela había asumido de una forma especial el cuidado de ella y, como se empeñaba en recordarme Bone, era la persona indicada para hacerlo.
Algo parecido pasaba con Kyo, cuyos progresos iniciales en la Academia impresionaban a los profesores, especialmente a los del Departamento de Kidou, hasta el punto de haber tenido que rechazar ya en varias ocasiones la posibilidad de diseñar un plan de estudios más apropiado para él.
No es que no fuera consciente del potencial del hijo de Nalya. Es más, era muy consciente de ello y por ello principalmente quería evitar un trato especial para él. Las personas con un gran poder suelen tender a la soberbia y a la altivez. No quería facilitar aquel proceso, sino precisamente el contrario.
Probablemente ocupara un puesto bastante alto en alguna División en cuanto se graduase, como otros niños prodigio que habían llegado al Sereitei. Sin ir muy lejos, la propia Krunzik era mucho más joven que todos nosotros. Sin embargo, eso no justificaba adelantar los plazos.
Si quería que la Academia fuera un proceso de formación global, eso implicaba que también tendría que ser un proceso de maduración interior. Y eso no lo lograría reduciendo el período de aprendizaje y poniendo las cosas sencillas.
A eso se le sumaba el hecho de que, aunque no fuera así, la gente consideraba que Uchiha Kyo era, realmente, Akano Kyo, es decir, mi propio hijo. Quizás la fantasía de haber tenido un hijo con Nalya y el hecho de no creer necesarias las explicaciones me había hecho no desmentir aquello. El caso era que no sería yo, y menos recién llegado al cargo, el que usara sus influencias para favorecer a un familiar.
Por lo menos, el hecho de haber pasado casi un siglo sin un Director había conseguido que los Departamentos hubieran conseguido una gran autonomía y una gran capacidad a la hora de llevar a cabo sus tareas, lo que simplificaba bastante mi cometido. Más bien era una especie de coordinador que debía que los objetivos generales de la Academia se cumplieran.
Sin embargo, el mismo hecho de la ausencia de un mandatario por encima de los Departamentos había conseguido que desde algunos estamentos no se viera con buenos ojos mi labor. A veces, aún a pesar de lo poco que llevaba en mi cargo, había tenido que enfrentarme a algún profesor por no someterse a las directrices generales que tratábamos de imponer.
No sería una tarea sencilla. Eso estaba claro. Se trataba de cambiar una filosofía de trabajo muy arraigada y eso era siempre difícil, más aún cuando se trataba del Sereitei, una sociedad muy conservadora y poco amiga de los cambios. Incluso el principal promotor de mi candidatura a la Dirección, Nakatoni Josuke, había tratado de imponer su autoridad como Capitán frente a la mía como Director.
Precisamente por eso era por lo que estaba escribiendo la nota. Solicitaba a las máximas instituciones la necesidad de desvincular la Academia del Gotei 13 para poder garantizar la independencia necesaria de una institución como era aquella y evitar situaciones incómodas como las que habían ocurrir esas dos semanas.
Me había puesto a mirar por la ventana, contemplando mis dominios cuando Mitsuko llamó a la puerta de mi despacho y le hice entrar. Había sido ella la que nos había conseguido la próxima pista en nuestra investigación al posibilitarnos un nombre de quien poder obtener información. Sin embargo, su compañero Kazu había marchado en una misión de investigación y había estado casi un mes fuera.
Kazu ha vuelto de la misión me indicó.
Entonces le dejaremos descansar esta noche sonreí. Después de tanto tiempo seguro que no le apetece nada que vayamos a interrogarle. ¿Puedes invitarle de mi parte para comer mañana?
Sí, se lo diré ahora entonces asintió mientras se daba la vuelta. Tengo que ir a la División a comprobar unos resultados Por cierto
Dime.
Somos como hermanos, ¿no?
¿Eso es una proposición indecente? bromeé, aunque a ella no le gustó esa referencia a los inicios de su relación con su marido. Vale, lo retiro Mi abuelo te puso a mi cargo y al de Eliaz como alumna, discípula o lo que fuera así que más o menos sí.
Vamos, que tenemos confianza para decirnos lo que sea concluyó, mientras se sentaba.
Claro afirmé, comenzando a ponerme nervioso. ¿A dónde quieres llegar?
A Kyo
Ya se lo dije a Db. No pienso recortarle la estancia en la Academia zanjé la discusión antes de que comenzara. No insistáis, por favor.
Lo sé y te comprendo dijo. Pero ten en cuenta esto está perdiendo el tiempo en algunas asignaturas. Nalya y tú os encargasteis de que llegara aquí con mucho más nivel que el normal para los alumnos de primero.
Pero también debe vivir lo que debe vivir repuse. La Academia no es sólo adquirir conocimientos.
Perder el tiempo no es una forma de vivir alegó. Súbelo a tercero, aumenta sus tareas Exígele lo que tiene que dar
No puedo hacer distinciones que
No es que no puedas, Rido me cortó. Es que debes hacerlas. Si no, tu plan de maduración se irá al traste.
Lo pensaré
¡Vale! sonrió. Oye la semana que viene es el
El cumpleaños de Eliaz, lo sé completé la frase por ella. A las ocho en la mansión, ya me lo dijiste ayer y antes de ayer y el otro y el otro No te preocupes
La despedí con una sonrisa y la contemplé alejarse mientras pensaba en lo mucho que había cambiado en las más de dos décadas que llevaba conociéndola. Al principio era una joven tímida y en ocasiones bastante caprichosa, ahora era capaz de enfrentarse a lo que fuera que se le pusiera delante.
En ese mismo momento, una mariposa entraba por una rendija de la ventana y se posaba en mi dedo. Traía una noticia que llevaba esperando varias semanas, la autorización de la Cámara para acceder a uno de los documentos mejor custodiados del Sereitei: las Tablas de los Días Pasados, una colección de tablillas de madera negra en las que se narraba el fin del mundo pasado, la Gran Guerra y que estaba depositada en la biblioteca de la Cámara, lejos de ojos inexpertos.
Había sido gracias a aquellos documentos, encontrados hacía poco más de dos siglos en unas cuevas de una región montañosa del Distrito 51 Este, que conocíamos la historia de la Gran Guerra y del Gran Estallido. De hecho, sus últimas palabras habían resonado miles de veces desde entonces en las clases de la Academia:
Entonces yo, el Sabio de los Días, vi al Rey elevar su poderoso cetro y a los Vigilantes postrarse en el suelo entonando un canto. Vi que uno de los Vigilantes permanecía en pie y sostenía la gran piedra de la discordia sobre el gran abismo. El Rey abrió los ojos por primera vez y la piedra fue arrojada al gran abismo.
Hubo un gran silencio y luego un sonido ensordecedor y la tierra se estremeció. Luego hubo una explosión y todo volvió a comenzar
Aquel hallazgo había supuesto un completo cambio, un antes y un después en la concepción de nuestra historia y había dado lugar a un intenso movimiento de búsqueda de más vestigios como aquel. Un movimiento que había sido realmente infructuoso, por otra parte, pues estaba basado en falsas convicciones, y que había permanecido restringido a los círculos más intelectuales de la Sociedad de Almas.
No tenía esperanza, sin embargo, de hallar nada nuevo. Había visto el documento original en dos ocasiones que lo habían expuesto en la Gran Biblioteca Central y había leído transcripciones muchísimas veces. Sabía más o menos de memoria todo su contenido, pero en aquellas condiciones se hacía casi obligatorio echar un vistazo para comprobar si los recientes descubrimientos arrojaban algo de luz sobre las palabras ya conocidas.
Me eché el haori sobre los hombros y me dirigí hacia el edificio de la Cámara de los 46, recogiendo antes la autorización que un mensajero había dejado en la secretaría de la Academia. Estaba lloviendo, aunque afortunadamente el trayecto entre el recinto educativo y el lugar por donde debía acceder hasta el corazón del Sereitei era corto y estaba bien resguardado.
Por el camino fui pensando en la reciente conversación con Mitsuko. Ella tenía razón, de eso no había duda. Kyo estaba perdiendo el tiempo más de lo que lo aprovechaba en la Academia. Sin embargo, y más en la posición en la que me encontraba ahora mismo, un trato especial hacia él podría atraer todo tipo de murmuraciones y, además, lograr conseguir el efecto contrario al que deseaba. No podía alimentar el ego de Kyo poniéndolo por encima de los demás pero tampoco podía dejarlo perder el tiempo Definitivamente, debía hilar fino con todo aquello.
Mostré la autorización a uno de los guardias, miembros de las Fuerzas Especiales, que custodiaban la entrada al lugar. Una vez comprobada su autenticidad, uno de ellos se acercó a la puerta y susurró algo que no fui capaz de oír al interfono. Segundos más tarde, un ligero zumbido indicaba la apertura de la puerta.
Uno de los custodios del interior de la puerta me indicó que le siguiera. El pasillo por el que me condujo serpenteaba entre dos inmensas paredes de piedra y estaba iluminada por elegantes antorchas. Parecía realmente un sendero excavado en una roca, o que aprovechaba una hendidura entre aquellas dos grandes moles pétreas, y acababa en una estrecha y empinada escalera.
Superado el primer tramo de la ascensión, las paredes desaparecieron y me vi ascendiendo detrás de aquel hombre por una estrecha escalera que surcaba milagrosamente el vacío. Sólo intuir el abismo que se abría a los lados provocaba vértigo, una sensación que no abandoné hasta llegar a lo alto de la escalera, a una enorme pasarela que comunicaba otra escalera descendente, a mi izquierda, con una puerta magníficamente labrada a mi derecha que era, según me indicó el guardia, la entrada a la Biblioteca privada de la Cámara de los 46.
Las dos magníficas hojas de madera estaban magníficamente labradas, representando, como pude comprobar al contemplarlas más de cerca, la historia de la fundación de la Cámara según constaba en las viejas leyendas heredadas de los antepasados. Las crucé y me encontré con un paisaje maravilloso.
Aquel lugar parecía el paraíso. Las paredes estaban revestidas por imponentes estanterías trabajadas con relieves y que contenían innumerables libros, muchos de ellos anteriores a los grandes autores de la Sociedad de Almas a juzgar por lo antiguos que parecían. El olor a papel que tanto me gustaba impregnaba el ambiente, en el que el murmullo del correr del agua en una fuente que gobernaba el centro de la estancia y que simulaba una cascada era lo único que rompía el más absoluto silencio.
No había nadie allí a excepción de una bibliotecaria. Posiblemente alertados por mi inminente aparición, los miembros de la Cámara, que debían permanecer en el mayor de los secretos, habían abandonado el lugar para evitar contravenir las exigencias de su status. La bibliotecaria iba uniformada como los representantes de aquella institución cuando visitaban el exterior, encapuchada, enmascarada y con un manto rojo que caía sobre sus hombros. Sólo su voz y sus manos hacían adivinar su sexo.
Sacó el documento, protegido en una caja de metacrilato para evitar cualquier problema en el transporte, de un pequeño archivo que había tras el mostrador y se dirigió a una mesa en la que depositó las Tablas y me indicó las normas que debía seguir escrupulosamente en el manejo.
Como ya esperaba, no encontré nada nuevo allí, aunque al menos había comprobado la falta de diferencias entre las transcripciones que había consultado y el original y había descartado la posibilidad de que allí hubiera algo encerrado que hubiera pasado por alto en mis estudios anteriores del texto.
Le indiqué a la bibliotecaria que había terminado y ella vino a recoger las Tablas. Me levanté y recorrí lentamente con la mirada todos los puntos del inmenso salón. Bajo la atenta mirada de la archivera, paseé por la biblioteca, imbuyéndome de todo aquello. Probablemente tardara mucho en volver allí, si es que alguna vez lo hacía Había que aprovechar el momento.
Con un leve y discreto tosido y un gesto, se me indicó que la visita turística había terminado y me dirigí a la puerta. Atravesé la escalera, despidiéndome de los guardias y regresé a la Academia para dejar los útiles de trabajo que había llevado por si se daba el caso de tener que anotar algo.
Aquella noche tenía pensado descansar en casa de mis padres, a donde hacía bastante tiempo que no acudía, y, de paso, mantener una conversación con Kaiser que estaba pendiente desde antes de mi regreso. Pero antes de partir, ya puesto el sol me detuve frente al pabellón de las alumnas del primer curso. Entré hasta la recepción y mandé llamar a Eylinn.
Señor Director saludó ella protocolariamente al llegar al vestíbulo.
Con un gesto le pedí que me acompañara a dar un paseo por los jardines a la vez que la invitaba a pasar delante de mí. Afortunadamente, a pesar de la lluvia que había caído durante toda la tarde, había quedado una bonita noche libre de nubes, en la que sólo la brisa hacía que la temperatura fuera un poco más baja de lo deseable.
¿Qué tal el primer mes?
Bien supongo contestó.
No te veo muy convencida
Quiero viajar, Rido afirmó con cierto tono de urgencia. Lo sabes de sobra Conocer el Rukongai y
Lo sé asentí, deteniendo su argumentación. Pero tienes que aprender a defenderte, que no todo es tan tranquilo como el pueblo Tienes todas las vacaciones de verano, ¿qué te parece? Yo mismo te acompañaré si quieres le propuse.
¿En serio?
En serio confirmé. Pero tú también tendrás que hacer algo por mí.
Enseñarte a leer runas.
Eso es sonreí. Así algún día podré ir a junto del viejo de Heimdolf y darle con un canto en los dientes la imité.
¡Eh! me regañó entre risas. ¡Eso debería decirlo yo!
¿Yo no puedo darle con un canto en los dientes a los viejos esos? seguí con la broma.
Está bien, está bien Pero de mi abuelo me encargo yo sentenció. ¿Cuándo quieres empezar?
Por mí ahora mismo, pero tengo un poco de prisa expliqué. ¿Mañana después de las clases?
Perfecto.
La acompañé de nuevo hasta la entrada del pabellón donde se alojaba y me encaminé hacia el Distrito 7 Oeste. Era un poco tarde cuando llegué, pero aún había luz en la gran sala donde, como era habitual, mi padre y Kaiser estaban enzarzados en una batalla sobre el tablero de ajedrez. Suspiré aliviado al ver al viejo Capitán en casa, pues en los últimos dos meses había pasado más tiempo fuera que en todos los años que lo había conocido juntos.
Buenas noches saludé a mi madre, antes de entrar en el salón.
La miré preocupado. La última vez que había estado con ella, hacía semanas, todavía no se había repuesto del todo desde lo acontecido en el Norte. Por suerte o por desgracia, no había encontrado a su abuela, pero aún así había averiguado muchas cosas acerca de su pasado que aún le costaba asimilar. Estaba siendo una digestión difícil para ella y parecía haber tomado la decisión de hacerlo sola. Ni mi padre ni yo éramos capaces de ayudarle en aquel trance.
Aquel día, sin embargo, parecía mucho más animada. Casi me obligó a comer algo mientras me preguntaba por la nueva vida que estaba empezando. Hizo una serie de observaciones estilísticas acerca del haori que me distinguía en mi nuevo cargo y luego se puso a hablar de Kyo, preguntándome cómo iba en la Academia.
Parecía que Gaby había pasado una pequeña temporada en casa últimamente y tener a su hija (aunque ahora supiera que ese parentesco, en otro grado, no era estrictamente ficticio) en casa con ella la había ayudado a comenzar a sobreponerse a la revelación de que por sus venas corría parte de la sangre de los lobos.
Estaba cansada, decía, así que se retiró pronto a cama, momento que aproveché para regresar al salón, donde el combate mental aún continuaba. Kaiser miraba concentrado el tablero, como si realmente estuviera aislado de todo lo que le rodeaba, mientras mi padre se levantaba a saludarme.
Buenas noches, abuelo dije, en tono burlón, tratando de provocar al ex Capitán.
¿Abuelo? preguntó mi padre sin comprender.
Si lo que querías es que pasara desapercibido, alcé un poco más la voz tratando de llamar su atención deberías haberle cambiado el nombre, viejo.
Él no respondió a aquella sarta de provocaciones, sino que seguía mirando fijamente el tablero, traspasándolo. Al final, un brillo en sus ojos indicó que ya había tenido suficiente. Cogió su reina y la movió hasta el lugar que debía ocupar el alfil del rey enemigo, entonces ocupado por un caballo.
Mate sonrió, entre triunfal y mezquino, poniéndose en pie y girándose hacia mí. ¿Lo dices por Ludwig? ¿Quién te dijo que quisiera mantenerlo en secreto?
Ya
¿Damos un paseo?
Acepté con un movimiento de cabeza y él abrió la puerta quedaba a los jardines tras burlarse amistosamente de mi padre. Desapareció en la penumbra de la noche y yo lo seguí mientras mi padre se abalanzaba sobre el tablero en una inútil búsqueda de un movimiento que le permitiera cambiar las tornas de la situación.
No es que quiera mantenerlo en secreto insistió. Simplemente no quiero llamar la atención sobre él. Tu abuelo
Mi abuelo estaba muerto cuando entré en la Academia me anticipé.
Iba a referirme a que no hizo nada por favorecer a tu padre me corrigió. Estoy seguro de que influyó más sobre ti que sobre él comentó, haciendo alusión a la alargada sombra de la traición que aún pesaba sobre él y sobre toda mi familia en el momento en el que ingresé por primera vez en la Academia. A él incluso se lo hizo un poco más duro.
Ya
Y seguro que ahora, con Kyo, tú también lo entiendes apostilló. ¿No es así?
Tuve que admitir con una sonrisa un tanto melancólica que así era. Yo mismo quería renunciar a ejercer mi influencia sobre él, aunque sabía que de alguna forma tendría que hacerlo, por su propio bien y por el del resto de sus compañeros.
¿Cómo le va?
Es complicado admití. Los profesores se quejan Tiene un nivel demasiado avanzado para un alumno de primero.
O sea que es un estorbo, en cierto modo conjeturó. No aprende nada en clase e intimida a sus compañeros con su nivel.
Algo así asentí. En las asignaturas teóricas Bueno, yo le contaba un poco la historia en forma de cuentos cuando era pequeño dije con nostalgia. Pero claro, en un cuento no puedes meter todo así que aún tiene bastante margen de aprendizaje y en las áreas que no son de Historia más, por eso no hay problema me encogí de hombros. En combate es magnífico, pero la Academia está acostumbrada a recibir a gente que ha llegado de los sitios más peligrosos y que se ha criado con un arma debajo del brazo advertí. Y este año, curiosamente, más
O sea, que el problema está en el Kidou sentenció él, cortando mi disertación.
Exacto confirmé. No es que en el Rukongai se aprenda mucho Kidou y él lo ha mamado desde pequeñito. Llegó a la Academia sabiendo ejecutar hechizos de nivel medio
Es hijo de quien es hijo rió Kaiser.
Supongo le secundé, con cierta nostalgia.
Te diré lo que tienes que hacer se paró. Adelántalo hasta el curso que Db crea conveniente en Kidou.
Pero
Nunca vas a evitar las murmuraciones, Rido señaló, adivinando de nuevo por donde iba a ir mi protesta. Si la gente piensa que es tu hijo lo va a hacer lo favorezcas o no. Y ya puestos a que lo hagan, que lo hagan con motivos, sobre todo si es lo que más va a beneficiar a Kyo.
Como si fuera tan fácil murmuré. ¿Y qué hacemos cuando termine con el Kidou?
Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él anunció solemne. En principio para entonces ya habrá crecido lo suficiente o sus compañeros habrán progresado hasta alcanzar un nivel similar y que no hará falta compensar nada, pero se me ocurre que yo podría hacerme cargo de él si fuera necesario.
¿Hacerte cargo de él? ¿Tú?
He sido Capitán de una División me recordó. Más aún, he sido profesor. Puedo hacerlo.
¿Y qué harías con él?
Disciplina, meditación, supervivencia
Lo pensaré, ¿vale? propuse. De todas formas no quería hablar contigo de Kyo.
Lo sé asintió. ¿Estás seguro de que quieres saberlo?
Sí. Sea lo que sea, sí.
Tu abuelo no solía hablar mucho de su pasado comenzó. Al menos no de su pasado real. Si tenía un defecto era que no sabía mentir y cuando contaba historias de su pasado no era capaz de engañarme sonrió. Un día, cuando éramos académicos, se le escapó su verdadero nombre mientas paseábamos por estos mismos jardines De aquellas los estudiantes vivían en sus propias casas y tu abuelo construyó esta bueno una un poco más pequeña apuntó, a modo de glosa. Se corrigió casi automáticamente e hizo como si no hubiera dicho nada. Yo tampoco quise insistir más
Entiendo murmuré. Entonces no te dijo nada
Eso no es exactamente así me advirtió. Otro día mencionó así de pasado por qué había salido de su pueblo
¿Lo de la profecía?
Sí, lo de la profecía afirmó. Aquello nos unió mucho a los tres
¿A los tres? pregunté, frunciendo el ceño, extrañado. ¿Te refieres a ?
A Sadoq respondió antes de que terminara la pregunta. Éramos muy amigos y aquello nos unió bastante como te digo. Tres clanes, tres profecías parecía el destino.
¿También había una profecía sobre la casa de los Ashartîm?
Sí, algo así como que cuando se cumplieran las profecías ellos conseguirían el poder supremo o algo así comentó. La verdad es que no lo recuerdo muy bien, ya voy un poco viejo.
¿Y qué pasó luego?
Los tres nos obsesionamos en aquel momento por las profecías explicó. Pero el paso del tiempo, la guerra, las responsabilidades hicieron que tu abuelo y yo dejáramos de darle importancia.
O sea, que Sadoq siguió con ello adiviné.
No sólo siguió con ello, se obsesionó hasta el punto de enloquecer.
Posiblemente así nació Nadie conjeturé. Para que se cumpliera la profecía
Eso dijo tu abuelo una vez sonrió en el mismo tono nostálgico que había adoptado durante toda la conversación. Eso decía tu abuelo
Interesante Una pregunta más.
¿Lo de su hermana?
Sí, ¿la conociste? inquirí. Se llamaba Lilliandra
Nosotros la conocimos como Rin apuntó dando a entender que sí.
¿Qué fue de ella?
Se casó respondió.
¿Se casó? repliqué, como si aquello fuera un hecho sobrenatural. ¿Con quién?
Con Sadoq Asharet sentenció.












No sólo siguió con ello, se obsesionó hasta el punto de enloquecer
Sabiendo lo del final, esta linea me deja un sentimiento muy triste, es trágico y a la vez ominoso por todo lo desencadenado. Y como se que te has encargado de hacer tu pendulum, en este mismo momento tengo muchas ganas de leer esa historia *.* I hate youuu! ¡Como me enganchas!
En cuanto a lo demas que tenemos en la trama, pues:
-Amo tus descripcines ambientales, son perfectas y clarisimas *_* Lo de las tablillas me ha sonado a "Rollos del Mar Muerto", uys, los paralelismos bíblicos nunca faltan.
- La subtrama de Kyo ha sido también mi favorita, me ha gustado el manejo, las dudas que llenan ha Rido y como varios personajes intervienen a través de la trama para ayudarlo a tomar una decisión. Sabes darle una dimensión a tu personaje, que aun siendo protagonista, no lo haces sabedor de todo ni carente de dudas, algo que en lo personal me gusta de Rido.
-Mucho amor para la familia Akano : y Herr Wolfie~
Y yatta!
Mañana le sigo :*******
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A good artist is a bad artist that never gave up
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- Bueno, una parte importantísima de la trama a partir de ahora es todo lo que rodea a las investigaciones del pasado. Así que hay que cuidarlo mucho. Confieso que la Gran Biblioteca de la Cámara de los 46 es creación de Ger en "Sangre". Yo se la pedí prestada un rato y me la dejó xD
En cuanto a lo de los paralelismos bíblicos... bueno, parte sí y parte no. No era mi intención en este caso, pero bueno, lo de las tablillas se puede equiparar a los rollos del mar muerto o a los de Nag Hammadi o a las tablillas mesopotámicas varias o a cualquier documento antiguo xD Para referencias bíblicas prepárate para los primeros capítulos del Flashback xD
- Sabes bien que siempre pretendí que Rido no fuera el tí
- Ya se lo transmito de tu parte a mis papis y a tito Kaisy.
Se buenaaaaaaaaaaaaaaa *.*