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September 8, 2009
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Memorias 05 - Demonios I

by ~Centoloman

Demonios I (Tomb)

El sol comenzaba a ponerse tras las colinas dejando las paredes blancas del Sereitei teñidas de color rojizo. Atrás quedaba un día caluroso, uno de los más calurosos que había pasado en la Sociedad de Almas. Los shinigamis se refugiaban en sus cuarteles mientras esperaban que la noche trajera una brisa capaz de refrescar lo caldeado del ambiente.

En el dojo de la novena división, el ruido metálico del chocar de las espadas inundaba toda la sala. En una esquina, Arturo sonreía mientras observaba el duelo entre aquellos dos hombres. Ambos parecían muy concentrados mientras los ataques, contraataques y maniobras defensivas se sucedían a velocidades de vértigo. Por un momento, perdí la concentración y, al atacar, dejé la guardia baja el tiempo suficiente como para que Okita, mi oponente, pudiera derribarme con una llave.

– ¡Rido! Espabila, o te harás daño – me dijo.

– Lo siento, me distraje por un momento. – contesté, jadeante por el esfuerzo.

– Vaya, no me había dado cuenta –contestó, con un claro tono sarcástico en sus palabras.

– Lo que pasa no es que te hayas distraído – interrumpió el teniente, que seguía cómodamente sentado en una esquina de la sala observando el entrenamiento – Te has distraído porque estás agotado, llevas varios meses entrenando sin parar casi ni un segundo.

– No... aún puedo seguir.

– ¿Cuánto tiempo crees que podrás aguantar? Llevas un ritmo terrorífico... ¿Cuántas horas le quitas al sueño? No puedes continuar mucho tiempo así – insistió Arturo – y menos con este calor.

– Arturo tiene razón, Rido – dijo Okita

– Pero...

– No hay peros que valgan, deberías tomarte unos días de descanso. ¿Por qué no te vas a visitar a tu viejo maestro del que tanto hablas? Seguro que un paseo por los bosques del Rukongai te relaja y te deja como nuevo. O báñate en el lago, te refrescará – dijo Arturo. – Total todo está bastante tranquilo últimamente. No te preocupes, si hace falta te voy yo a buscar y te traigo tirándote de los pelos...

– Aún puedo seguir, lo prometo – seguí insistiendo. Mientras más entrenara más fácilmente podría llevar a cabo aquel objetivo que se había convertido en el motor de mi vida desde que descubrí lo que realmente el maestro me quiso decir cuando me despedí de él camino de la Academia de Shinigamis.

– Ya me da igual que puedas o no puedas. Es una orden, durante 10 días te obligo a que vayas a visitar a tu maestro y que descanses. ¿Vas a desobedecer una orden directa de tu teniente? – sentenció muy serio. La habitual sonrisa se había borrado de sus labios para reforzar el gesto de autoridad, aunque inmediatamente regresó a su estado normal. – Ahora vete a descansar.

– Está bien. Mañana saldré camino del Rukongai. Ahora, sí me permiten...

Con tales argumentos no podía hacer otra cosa que seguir los consejos de mi teniente e irme a pasar unos días a casa del maestro Kunishi. La verdad es que mis compañeros tenían razón, a lo mejor invertía demasiado tiempo entrenando, pero ese entrenamiento era el medio para poder realizar aquello que daba sentido a mi vida.

Lo cierto es que llevaba ya más de 3 meses en la división y desde entonces no había parado de entrenar. Notaba que mejoraba pero sabía que aún quedaba mucho más del camino del que ya había dejado atrás. Mejorar, mejorar y mejorar. Ése era mi gran objetivo en aquel momento, y lo sigue siendo ahora cuando, ya viejo y cansado, escribo estas líneas.

Pasaba el día entrenando, desde el amanecer hasta el anochecer. A veces, bien entrada la noche, se me podía encontrar en los jardines del cuartel, meditando, o en el dojo entrenando. Alguna que otra vez había subido también a meditar sobre los tejados de la división. Me tumbaba y observaba el cielo estrellado, como la última noche que había pasado en el Rukongai. Allí, a veces, coincidía con Crawlink, otro compañero de división que, como yo, gustaba de momentos de soledad contemplando la infinidad del cielo nocturno.

Mis demonios personales hacía ya tiempo que se habían quedado atrás. De vez en cuando, cuando el cansancio acababa por derrotarme, aparecían viejos vestigios, pero cada vez podía decir más sinceramente que todo eso eran los restos de un pasado que no quería revivir. Ahora estaba bien en la división. A pesar del poco tiempo, había aprendido a llamarla hogar.

Cuando me sentaba bajo las estrellas, en noches claras como aquella, daba gracias al cielo por todo lo que había cambiado, por haber podido librarme de aquella cobardía, de aquel egoísmo.. de aquel miedo. Daba gracias porque Nalya me había traído a la Sociedad de Almas, daba gracias porque Yonas había conseguido que aprendiera a sonreír, daba gracias porque el maestro Kunishi me había enseñando que si quieres algo tienes que pelear por ello, daba gracias por haber encontrado un sitio en el que sentirme a gusto. Incluso agradecía al cielo que la muerte de Yonas me hubiera ayudado a escapar de mis miedos.

Muchas veces incluso quedaba dormido hundiendo la mirada en lo más profundo de aquel firmamento estrellado, como aquella noche en el Rukongai.

En las escasas bajadas al mundo mortal, siempre acompañando a oficiales de mayor rango que yo,  tuve las primeras ocasiones para poder cumplir aquel que se había vuelto en mi mayor deseo, en el motor de todas mis acciones, en la fuente de todas mis ilusiones. Creo que hasta puedo describir aquellos rostros, aquellos primeros rostros y miradas, los gestos, las situaciones...

Sí, todo había pasado. Ahora estaba en el camino correcto. Mi causa era la correcta y mis ambiciones no eran muchas. Nada de lo que tenía era para mí. Nada de lo que hacía era por mí. Nada de lo que deseaba lo deseaba para mí. Nada de lo que era lo era para mí, ni siquiera yo era para mí.

Sin embargo, una duda asaltó de repente mi mente ahora que iba a volver al Rukongai. ¿Me estaría esperando allí todo mi pasado? Sin yo quererlo, ese temor se apoderó de mí mientras caminaba. No quería volver a pasar por lo mismo otra vez. Me paré y observé la entrada del bosque.

“¿Quieres vivir? Lucha. Hazte dueño de tu destino. No tengas miedo de nada, ni del mismísimo demonio. Si tienes miedo al demonio, enfréntate a él. Si no lo haces, nunca podrás soñar tranquilo ¿Y qué es un hombre sin sueños? ¿Qué un hombre sin sonrisa? No te engañes. Si tienes miedo al demonio, no te apresures en buscar el paraíso, baja primero al infierno.”

Aquella frase la había pronunciado el maestro durante una de mis crisis. Muchas veces me la había repetido para sacar las fuerzas de donde no podía, y muchas veces me había dejado vencer. Pero ahora no. Esta vez no me dejaría vencer por mis demonios personales pasara lo que pasara. Sería fuerte.
Comencé a caminar decididamente por el bosque y llegué al lago. Me acerqué a la orilla y me refresqué para aliviar el calor que, un día más era insoportable. Levanté la vista hacia las montañas y contemplé el paisaje...

Fue inconsciente, no sé qué impulso me llevó a hacerlo, pero cuando me di cuenta me hallaba delante de la tumba de mi hermano. Era la primera vez que lo veía, me había negado a visitarlo porque creía que me derrumbaría, pero como había dicho el maestro: “Si tienes miedo al demonio, no te apresures en buscar el paraíso, baja primero al infierno.”

Y el infierno comporta sufrimientos. Como esperaba, los demonios estaban esperándome en el bosque... y todos presididos por el mayor de ellos: el cuerpo de Yonas, muerto y sepultado en aquella tumba. En cuanto me di cuenta de la situación me derrumbé y comencé a llorar. Pensaba que si sólo hubiéramos llegado unos minutos antes, si sólo hubiéramos sido más fuertes... esa tumba no estaría excavada en la tierra.

Me pasaron por delante todos los buenos momentos que había pasado con Yonas. Era mi hermano, mi hermano mayor, y yo había descubierto su cadáver tras ser asesinado por un Hollow. No, aquel tenía que haber sido yo, yo, yo. El loco depresivo que una vez se había quitado la vida. Era yo el que no merecía estar vivo, era yo el que tenía que haber sido asesinado por aquel monstruo.

Grité de rabia y de dolor y el grito se propagó por los valles. Lloré desconsoladamente durante un buen rato. Necesitaba volver a escapar, salir de allí, pero... ¿de que serviría? Había estado toda mi vida huyendo. ¿Iba a huir otra vez? Me incorporé y me dirigí a la cabaña del viejo Kunishi. Quizás el fuera capaz de pronunciar alguna de aquellas frases que me hacían ver la luz cuando más la necesitaba. Eso hice, deposité todas mis esperanzas en las palabras del viejo Kunishi. El demonio había ganado la primera batalla, pero no la guerra. Conseguiría salir de esta.

A lo largo del camino, conseguí calmarme, aunque mis ojos hinchados por las lágrimas y mi rostro rasgado por el dolor reflejaban que la tormenta sólo había amainado. Cuando quedaba poco para la cabaña me detuve otra vez. El viejo maestro no estaba solo, alguien más estaba con él. ¿Quién sería? ¿Que estaría pasando en la vieja choza?

Mi estado de ánimo me llevó a temer que también el maestro estuviera en peligro. ¡No podía perderle! Todas las esperanzas de vencer a mi demonio estaban depositadas en aquel anciano. No podía desaparecer. El miedo guió mis instintos y desenvainé mi espada mientras avanzaba corriendo hacia la casa del viejo maestro.
:iconcentoloman:
La primera minisaga de Memorias le valió a Rido la fama de emo y de maníaco suicida...
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