deviant art





Login
Join deviantART for FREE Take the Tour Lost Password?
Deviant Login
Shop
 Join deviantART for FREE Take the Tour
[x]

More from ~Centoloman

Featured in Groups:

Details

September 8, 2009
7.9 KB
Thumb

Statistics

Comments: 0
Favourites: 0
Views: 58 (0 today)
Downloads: 6 (0 today)
[x]

Memorias 06 - Demonios II

by ~Centoloman

Demonios II (Sleeping Dragon)

Me iba apartando rápidamente las ramas de los árboles mientras corría en dirección a la cabaña. Las zarzas se enganchaban a mi traje y lo desgarraban en varios puntos. No podía permitir que al maestro Kunishi le pasara algo... No podía... No podía siquiera pensar en ello. Simplemente imaginarlo era suficiente para que más lágrimas se sumaran a las que ya habían empapado mi rostro momentos atrás.

Cuanto más me acercaba más difícil me era no pensar qué pasaría si llegaba tarde, si cuando yo llegara no podría hacer nada más que sostener entre mis brazos el cadáver del viejo maestro. La energía espiritual que no pertenecía al viejo maestro se alejaba. ¿Qué estaba pasando entonces? Traté de serenarme, envainé mi Zampakutou y bajé el ritmo. No podía aparecer así ante el maestro, destrozado, como un despojo en lugar de como un hombre.

Sentí que todo lo que había ganado en estos meses había saltado por la borda de mi barco vital cuando me vi delante de aquella fosa. Aquella maldita fosa que había sido capaz de destruir mi sonrisa y de despertar, de nuevo, el miedo a lo más terrible que puede sentir un hombre. El miedo a estar solo.

Un hombre solo es un hombre desahuciado y para mí ya no podía existir una enésima oportunidad.

Y en ese momento aquel maldito miedo invadía todo mi ser y azotaba mi alma. Ese maldito miedo me impulsaba a destrozarme y a revivir todo el sufrimiento que había padecido durante mi desgraciada vida mortal. Pero no podía perder ahora, si llegaba a aquella cabaña sin desquiciarme, lograría salir de esta, una vez más gracias a la ayuda del maestro.

Me enjugué las lágrimas con el traje y traté de respirar hondo un par de minutos. Ya quedaba poco para llegar y el peligro ya había pasado. Era necesario calmarse y no aparecer desquiciado ante el maestro, aunque, por otra parte, el seguro que lo sabría, siempre se daba cuenta de todo sin ni siquiera necesitar intercambiar una palabra. Con una mirada le bastaba, y siempre tenía una frase preparada para el momento. Siempre me inquietó esa faceta del maestro, como si me leyera la mente, como si supiera exactamente lo que pensaba a cada instante. Era un libro abierto para él. Por eso, ahora más que nunca, necesitaba verlo y, sobre todo, escucharlo; pero no quería aparecer totalmente destrozado, aunque de todas formas él lo fuera a averiguar.

A los pocos minutos, cuando decidí que ya estaba más calmado, continué la marcha. Los demonios seguían ahí, haciendo que mi mundo interior se derrumbara por momentos, pero no era momento de tener prisa, era el momento de prepararse para la gran batalla que sabía que iba a librar cuando llegara a esa casa. Era el momento de disponer mi alma para el combate, para el combate consigo misma y con mis más feroces demonios. Y ese combate no lo podía perder...

– Oh, Rido, bienvenido, has tardado en llegar – me dijo el maestro nada más salí del bosque en el claro donde se alzaba la casa. Parecía estar esperándome, lo cual no me sorprendió, pues los largos años de duro entrenamiento me habían demostrado su gran capacidad perceptiva.

– Sí, bueno... – contesté. – Me entretuve con...

– ¿Qué le ha pasado con tu ropa? –  inquirió sin dejarme si quiera terminar de explicarme –  ¿Te has peleado con unas zarzas? Supongo que sí, no se debe correr tan alocadamente por el bosque y lo sabes.

Su gesto era tan paternal como siempre. Bajo la espesa barba blanca se dibujaba una pequeña sonrisa, esa sonrisa indescifrable con la que miraba a la vida. Sentado, tranquilo, frente a la cabaña, me recordaba a los ancianos de los pueblos de mi infancia, cuando aún rodaba de familia en familia, que se sentaban a la puerta de sus casas a ver pasar el tiempo.

– Lo sé, creí que estaba en peligro, maestro – le dije mientras me sentaba a su lado intentando forzar una sonrisa.

– ¿En peligro? Ah, ya bueno... Lo dices por la persona que se acaba de marchar, nada importante. Pero lo que sí parece estar en peligro es esto y esto – dijo señalándome la cabeza y el corazón.

Sus ojos se clavaron fijamente en los míos, irritados de tanto llorar, como intentando penetrar aún más en el fondo de mi alma. Se lo había visto hacer miles de veces, sobre todo cuando yo era aún un recién llegado a aquella casa. Cuando intuía que algo iba mal me miraba de aquella manera y adivinaba todos mis pensamientos y emociones.

– Vaya, parece que al fin has ido a ver a Yonas. Ese dragón que dormía en tu interior ha despertado... Aunque eso es lógico, no bastaba con ignorarlo. Y eso también lo sabías. – Su tono era más grave de lo habitual. – A veces pienso que me haces caso en las cosas superficiales y sólo  cuando te estrellas te das cuenta de lo mucho que has dejado atrás... – concluyó sonriendo, como tratando de restarle importancia.

Tenía toda la razón. Cuando me despedí de él por primera vez, de camino a la academia, me dijo algo que no comprendí y a lo que no había dado importancia hasta que me encontré en lo más bajo de la fosa. Lo mismo había pasado esta última vez, nunca había sido capaz de derrotar a mis demonios, solo de mantenerlos apartados. Y no me había dado cuenta de ello hasta que me topé frente a frente al mayor de ellos, al dragón, como decía el maestro, en las puertas de mi particular infierno.

– Ven, vamos dentro y comemos algo, te relajará – dijo mientras se levantaba

Entramos dentro de la cabaña y el maestro se puso a hervir agua para un té. Aquello seguía igual que siempre, como si el tiempo no pasara dentro de aquellas paredes de madera. Como si el tiempo no pasara... y los recuerdos quedaran. Cada pequeño trozo de esa pared significaba un recuerdo, algo que olvidar o algo que mantener vivo en el continuo ir y venir de mi memoria...

– Y ahora dime, aparte de a rescatar tus demonios personales, ¿a qué has venido?

– Necesitaba descansar, o al menos eso creía mi teniente...

– ¿Eso creía tu teniente? ¿Y qué creías tú?

– La verdad es que por mucho que me lo quiera negar, tiene razón. Llevo meses entrenando sin parar, sin descansar ni un día. Yo aún me noto con fuerzas... pero no por mucho más tiempo.

– Y tu cuerpo resiste... pero te has olvidado del alma. Bien, vamos a hacer una cosa, tómate esto y descansa – me dijo tendiéndome el té. – Cuando despiertes te sentirás mejor, te lo prometo.

Me bebí el té mientras conversábamos. Como siempre, las palabras del maestro tenían la capacidad de calmar mi espíritu, de acallar las voces que por dentro me indicaban el camino incorrecto... Poco a poco, el sueño me fue invadiendo...

– Antes de dormirte, escúchame bien, ahora te enfrentarás al dragón, a tu demonio más grande. No  tienes otro remedio que ganar y tú tienes la fuerza para ello. Lo sé. Puedes hacerlo. Tienes que vencerlo, sea como sea. Confío en ti.
:iconcentoloman:
Y continuamos... Nuestro primer contacto con el peculiar mundo interior de Rido parte de aquí...

Por cierto, estos 4 capítulos son muy cortos en relación al resto porque nunca fueron retocados ya que no veía cómo extenderlos sin peder la esencia de lo que quería ser cada capítulo.
No comments have been added yet.

:icon:
Add a Comment: