Memorias 08 - Demonios IV
by ~CentolomanDemonios IV (Dragon)
Al fin has llegado, llevo años esperando dijo la figura levantándose. Tú y yo tenemos asuntos pendientes, ¿no crees? Llegó el momento de resolverlos Se acercaba más y más a mí, pero la sombra seguía cubriéndole el rostro. Sin embargo su voz era inconfundible. Era él, el dragón, el demonio. Era...
Era Yonas, pero su mirada, su gesto, su tono... no eran los de aquel al que yo conocía, aquel a quien llamaba hermano. Su ropa estaba raída, ensangrentada, como el día que lo encontré muerto bajo las fauces de aquel hollow. Su mirada estaba cargada de odio y su sonrisa, aquella que me había confortado en tantos momentos de debilidad, era ahora una mueca cínica, burlona y maquiavélica.
¡Oh, vamos! Pon al menos cara de sorpresa me dijo pero no te quedes como si no pasara nada.
¿Sabes? En cierto modo sabía que tú serías el dragón. Por eso no me sorprende.
¿Dragón? Yo creí que era tu hermano... Ese maestro tuyo te mete demasiadas cosas en la cabeza, hermanito.
¡Basta! Tú no eres mi hermano, no oses compararte a él. Tú eres un mero recuerdo...
¿Un mero recuerdo? Antes todo esto solían ser tus dominios, este... monasterio o como lo quieras llamar. Ahora es mío. Mi casa, mi fortaleza... ¿Aún así te atreves a llamarme mero recuerdo? No soy un mero recuerdo. Soy tu hermano dijo desenvainando una espada.
No me das miedo le contesté.
Mentira, estás temblando de miedo.
¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me haces todo esto?
Nuestras voces se alzaban cada vez más. El miedo, la confusión, el nerviosismo y una gran ansiedad se mezclaron en mi interior. Pensaba en las palabras del maestro. Podía hacerlo. El maestro confiaba en mí y eso me bastaba.
Aquel hombre que tenía enfrente se parecía en todo a mi hermano, pero no era él. Era un mero recuerdo, algo que en su momento me había negado a superar y había acabado por relegarlo a las profundidades, donde se había hecho fuerte
Porque tú me abandonaste. No me buscaste hizo una pausa antes de continuar. Me miraba fijamente a los ojos. De los suyos parecía emanar un odio irracional. Estaba dispuesto a todo. No llegaste a tiempo. Era tu hermano, ¿por qué me dejaste solo?
Podría preguntarte lo mismo, pero tú no puedes contestarme. No eres más que un recuerdo, no puedes explicarme por qué el verdadero Yonas se fue. Tú no eres él, no sé cómo te atreves a hacerte pasar por él mi tono se había vuelto desafiante.
Me puse en guardia. Aquello se resolvería de alguna forma pero se resolvería pronto. Muy pronto estaríamos enfrascados en un combate a muerte. Era él o yo. Y el precio a pagar si perdía era la locura total y absoluta. No podía pagar ese precio. Tenía muchas cosas que hacer.
Me miró. De sus ojos manaba la impresión de que se estuviese divirtiendo con aquello. Hacía ya tiempo que Yonas había muerto, seguramente había esperado este enfrentamiento mucho tiempo. Era el momento de acabar con él. Bajó la guardia y resopló.
Bueno dijo con un tono indiferente mientras se encogía de hombros. En el fondo tienes razón, no soy tu hermano. ¡Soy tu peor pesadilla!
Cargó contra mí a toda velocidad con su espada, pero conseguí desviar el golpe con la mía. Traté de derribarle pero consiguió esquivar mi golpe. Las espadas chocaron varias veces antes de que nos separáramos en un salto. Nos miramos fijamente a los ojos.
Déjalo ya le dije. No puedes hacer nada, te venceré. Arreglemos esto pacíficamente.
Es demasiado tarde, como siempre.
Más vale tarde que nunca. Pero si lo quieres así, así lo tendrás.
¿Ahora vas de superior? dijo en un tono burlón ¿Qué hay del Rido que se creía menos que nadie? ¿El que desearía estar muerto?
Tienes razón, si eso pudiera traer a Yonas de vuelta, no me importaría morir. Pero Yonas ya no puede volver, ¿verdad? ¡Está muerto!
Por tu culpa. No fuiste capaz de salvarlo. Lo dejaste sólo. Llegaste tarde. Es todo tu culpa
¡Mentira! ¿Mi culpa? He invertido la mayor parte de mi vida en la Sociedad de Almas en buscarlo, de una u otra forma. Primero, me aislé del mundo. Lo busqué por todo cuanto rincón de aquel mundo era capaz de llegar. Pero no era lo suficientemente fuerte. Decidí hacerme shinigami por una única razón, encontrarlo, ser lo suficientemente para traerlo de vuelta. Es cierto que después de todo no fui capaz de salvarlo pero... ¡Hice todo lo humanamente posible! Así que nunca, nunca, nunca, nunca vuelvas a decirme que es culpa mía.
La rabia inundaba todos mis sentidos. En cualquier otro momento, hubiera tratado de evitar el combate. Pero aquella insolencia, aquella maldad, me superaba. Aquel engendro de mi mente quería atormentarme para el resto de mis días, y no lo podía permitir. Debía acabar con él como fuera. No podía dejarle hacer eso.
Esta vez fui yo quien cargó contra él, pero, una vez más, mi ataque no fue capaz de penetrar en su defensa. Los mandobles iban y venían y ninguno era capaz de rozar siquiera el cuerpo de su oponente. Parecía que aquella batalla se prolongaría hasta la eternidad. Sólo remediaría eso el que uno de los dos diera un paso en falso. Y eso no parecía que fuera a pasar. Tenía que cambiar de táctica, cogerlo por sorpresa. Simples ataques con mi espada no le afectarían.
Oh Señor, Máscara de Carne y Hueso, toda creación, batir de alas, aquellos que llevan el nombre de hombre, verdad y temperamento. A través de este muro sin destino de sueños desatados pero con la leve ira de tus garras. Hadou 33. ¡Soukatsui!
El hechizo fue una maniobra de distracción. Mientras veía como lo esquivaba, recité la invocación del siguiente hechizo. Quería inmovilizarlo, eso me daría tiempo para deshacerme de él.
Bakudou 1 ¡Sai!
Inmediatamente, Yonas quedó inmovilizado y cayó al suelo. Afortunadamente, no era capaz de liberarse, a pesar de que era uno de los hechizos de restricción más débiles. Me acerqué a él y busqué algo con qué atarlo por si acaso se pasaba el efecto del hechizo. Una vez lo hube inmovilizado, le miré fijamente a los ojos. Había algo en aquella mirada, un rescoldo de mi hermano, pero sabía que ese que estaba allí no era él. Se movía inquietamente, intentando zafarse de las cuerdas, pero le era imposible.
Antes me hiciste una pregunta le dije cuando noté que ya estaba más calmado. Me acusaste de haberte abandonado. Me dijiste que te había dejado solo. ¿Cómo puedes decir eso? Fui yo el que se quedó solo de la noche a la mañana. Fui yo el que gastó años de su vida tratando de encontrarte. Ojalá no te hubieras muerto, Yonas. Ojalá hubiera llegado a tiempo y ese hollow no te hubiera asesinado. Desde que te fuiste hasta que encontré tu cadáver ni un solo pensamiento cruzó mi mente que el de hallarte. Ese era el motivo por el que me hice shinigami. Y tu muerte me reveló que vivía por una causa imposible, egoísta. Ser shinigami no es una meta caprichosa, no podía entregar mi vida al servicio de esa causa. Estuve mucho tiempo mal, a punto de abandonar mi vida. Pero al fin lo comprendí. El destino quiso empujarme hacia arriba. Así que hasta en tu muerte, Yonas, me ayudaste. Por eso debo estarte agradecido.
¡Eso son sólo palabras!
No. No son sólo palabras. Entregué parte de mi vida por ir a buscar a mi hermano. Sin embargo, tú no lo comprenderás. No eres más que una creación de mi mente que quiere atormentarme. Pero estoy harto de tormentos. Estoy harto de demonios. Estoy harto.
Me di la vuelta, no quería que viera mis lágrimas, debía permanecer fuerte. Debía vencerle de una vez para todas y dejar de una vez de arrinconarlo en lo más profundo de mi memoria.
¿Piensas huir?
Hace tiempo que dejé de huir. Voy a terminar con esto y lo voy a hacer ya. Adiós Yon... quienquiera que seas.
Le clavé la espada en el corazón y poco a poco la sangre comenzó a brotar de su pecho. Había acabado con él. Poco a poco, fue desapareciendo de mi vista. Aquel hombre se parecía a todo a mi hermano, pero no era él. Yonas, su recuerdo, su espíritu... seguía vivo. Dentro de mí, en algún sitio, y lo encontraría. Sería mi fuerza para seguir adelante.
Me senté en el suelo, cansado, sudoroso y sucio. Mis fuerzas se habían casi agotado, aunque, afortunadamente, habían sido suficientes para llegar hasta el final de aquella batalla. Sí, había vencido, como el maestro había dicho.
Estás listo para volver dijo una voz a mi espalda. Era el monje que había visto en el campanario. Tu labor aquí ha terminado.
Tienes razón ha terminado le contesté casi inconscientemente pero... ¿Quién eres?
No te preocupes por eso ahora. Ya nos volveremos a encontrar. Pronto, muy pronto, te lo aseguro.















