Memorias 09 - Home sweet Home
by ~CentolomanHome sweet home
Ya había pasado todo y al fin pude descansar. Cuando abrí los ojos, ya no estaba en el tenebroso y lúgubre monasterio, sino que estaba tumbado en la cabaña del maestro Kunishi. Me encontraba en la habitación que había ocupado durante mis años de entrenamiento. El cuarto estaba en penumbra, pero se podían distinguir los pequeños detalles que lo decoraban.
La puerta se abrió y la luz inundó el lugar. Me giré a ver y era el maestro, con su habitual sonrisa en la cara, que miraba sorprendido, como si no esperaba verme levantado en ese momento.
Oh, veo que estás despierto susurró el maestro. Buenos días, amigo mío. ¿Cómo te ha ido?
Vencí al dragón comencé a contarle la historia al maestro, que parecía muy satisfecho mientras me escuchaba. De pronto, levantó una mano interrumpiéndome.
Vale, vale... me llega con saber el resultado, no hace falta que me cuentes todos los detalles. Por cierto, esta es Mitsuko, quiere que sea su maestro.
El maestro no estaba solo, una joven de pelo largo, castaño, le acompañaba. No había reparado en su presencia hasta ese momento, debido a estar recién despertado y a la excitación por mi logro. La joven se medio ocultaba, tímida, detrás del maestro, demostrando una gran timidez. Su reiatsu era aquel que había sentido cuando iba hacia la cabaña el día anterior.
Es...
Sí, es la persona que estaba aquí ayer conmigo. ¿Sigue preocupándote? me dijo.
No, ya no sonreí mientras me levantaba. ¿Debería preocuparme? comenté mirando para la joven y echando la mano a la empuñadura de la espada, tratando de gastarle una broma a la que Mitsuko reaccionó escondiéndose todavía más detrás del maestro, que sonreía ante mi broma.
Parece que ya estás de mejor humor. Eso es bueno.
Sí, en cierto modo me siento como alguien nuevo. Ahora, si me disculpa, maestro, tengo algo que hacer. Volveré en unas horas.
Me adentré en el bosque y recorrí el camino que me separaba del lugar donde toda aquella pesadilla había comenzado. Ahora todo era distinto, definitivamente, para siempre. Me había reconciliado con aquella parte de mi pasado y sabía que nunca volvería a hundirme.
Gracias, Yonas, gracias por todo dije cuando estaba delante de la tumba. Por haberme enseñado a sonreír, por haber impulsado este camino... por todo. Creo que nunca te lo podré agradecer suficiente, pero ahora sé que siempre estarás a mi lado, en mi memoria, en tan buenos momentos, pase lo que pase, y que puedo sonreír a la vida sin arrepentirme de nada.
» Hay tantas cosas que querría preguntarte... ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no me llevaste contigo? ¿Por qué? Pero sé que nunca encontraré respuesta a esas preguntas. ¿Ves? Ya me has hecho llorar otra vez, como entonces. No debería ser tan sentimental... pero que quieres que le haga.
Pasé horas delante de aquella tumba, contándole todas las cosas que me habían pasado desde que nos separamos. De alguna forma, sentía que se las estaba contando a mi hermano cara a cara. Sentía que el estaba allí, encaramado a las ramas de los árboles como cuando éramos más jóvenes mientras yo me sentaba tranquilo en el suelo, apoyándome contra el tronco, escuchando atentamente todas las historias que contaba. Ahora habían cambiaban los papeles y era yo el que le contaba historias a él.
Cuando el sol comenzaba a caer, me levanté y volví a la cabaña. Una vez más, detecté un reiatsu más en el interior de la casa del maestro. Estaba el maestro, Mitsuko y una persona más cuya energía me era bastante familiar.
Hola a todos. Eliaz, ¿qué haces tú aquí? pregunté a mi compañero mientras entraba en la cabaña Si Arturo te ve sin el uniforme de la división sabes que se mosqueará. Lo sabes, ¿verdad? A lo mejor hasta te lanza algo a la cabeza.
Eliaz era un shinigami de la división que había entrado al mismo tiempo que yo. Desde el primer momento había mostrado unas técnicas muy similares a las del maestro Kunishi, pero nunca habría podido sospechar que se conocieran. Eliaz era el heredero de una familia noble de gran poder, Kunishi habitaba en una solitaria cabaña en medio del bosque, en el distrito 57 del Rukongai.
El maestro me llamó. La verdad es que llevaba muchísimo tiempo sin venir contestó con toda naturalidad. Por tu cara deduzco que no sabías que Kunishi fue mi maestro. Bueno, ahora ya lo sabes.
Sí, el joven Eliaz fue mi primer discípulo intervino el maestro. Era un joven con bastante talento, no sé como ha tardado tanto en ingresar en una división.
Cosas de la vida, maestro. Por cierto, ahora que estamos todos, ¿cuál es el motivo de esta agradable reunión?
¡Ah, sí! Es verdad. Es para hablaros de Mitsuko dijo el maestro con bastante parsimonia mientras le dedicaba una cariñosa mirada a la joven que compartía el té con nosotros. Veréis, yo ya voy anciano y no me encuentro con fuerzas para llevar el entrenamiento de nadie más iba a interrumpirle, pero el maestro levantó la mano como pidiéndome que le dejara explicarse. Durante siglos, desde que abandoné mi antigua vida, sois muchos los que habéis pasado por la cabaña y a los que os he enseñado a sacar lo mejor de vosotros mismos. Ahora os toca a vosotros. Por eso quiero que tú especialmente, Eliaz, por los lazos que os unen, y tú, Rido, en lo que puedas ayudarle, os encarguéis del entrenamiento de esta joven.
¿Maestro de alguien? ¿Yo? Eliaz es alguien experimentado, pero yo... la proposición me abruma, maestro. No hace mucho que soy shinigami...
No te preocupes, tú sólo has de ayudarme en lo que te pida me contestó Eliaz con una sonrisa. Además también te servirá de entrenamiento, que parece que últimamente sólo piensas en eso.
Por la mañana, tras una conversación que había durado hasta bien entrada la noche, animada por el té y las historias que contaba el maestro, Eliaz y yo decidimos volver al cuartel. Antes de partir el maestro, me llamó a parte y me entregó un traje de shinigami.
No comprendo, maestro. ¿Un traje de shinigami?
Sí, el tuyo está bastante maltratado después de tus locas carreras por el bosque y creo que éste es de tu talla, ¿no? contestó eludiendo mi pregunta. Venga, que Eliaz te está esperando y créeme, es mejor no hacerle enfadar.
Viendo que el maestro no contestaría mi pregunta, Eliaz y yo nos pusimos en camino. Le pregunté a Eliaz si sabía por qué el maestro tenía un traje shinigami pero me contestó que era una larga historia y que algún día el maestro me la contaría. Al parecer, a Kunishi no le gustaba hablar de ello, le causaba cierto dolor. Entonces lo entendí, el maestro también tenía sus propios dragones... y todavía no había conseguido acabar con ellos.
Llegamos a la división y, de lejos, distinguí a Nalya. No me había atrevido acercarme a ella en varios meses, a excepción de una misión en la que habíamos coincidido y en la que no me había dirigido la palabra. Me acerqué hacia ella, que otra vez estaba escuchando música en un patio del cuartel. Cuando me vio acercarme, se sacó los cascos y me miró fijamente.
¿Qué te pasa ahora? ¿Interrumpes mi descanso porque vienes a decirme algo de vital importancia para tu atormentado ego y que a los demás nos importa poco o es que sólo me has confundido con un fantasma?
Precisamente quería hablar de eso... dije, intimidado por aquella forma de iniciar la conversación. Venía a pedirte disculpas por haberme ido el otro día en la feria de verano.
A buenas horas... Han pasado meses. ¡Meses! Pero bueno, disculpas aceptadas. Lo que sea para que me dejes volver a escuchar tranquilamente mi música.
Inmediatamente volvió a ponerse los auriculares y cerrar los ojos, haciéndome ver a las claras que nuestra conversación había terminado. Desde lo lejos, Eliaz miraba la escena y me sonrió burlonamente mientras pasaba a su lado.
Déjame que te acompañe al cuarto, yo también voy para ahí. Tanto paseo por el bosque me ha dejado exhausto me dijo. Por cierto, ¿qué le has hecho para que esté así contigo?
No tengo ni idea. El día que la acompañé a la feria fue bastante amable, pero el resto de nuestros contactos han sido bastante... agresivos por su parte le contesté. ¿Qué le has hecho tú para que no te muerda cada vez que habláis?











