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September 9, 2009
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Memorias 13 - Memories... I

by ~Centoloman

Memories from the past I (Death)

Por aquella época vivía solo, en el bosque, cerca del pueblo. No me metía en problemas, comía lo que podía conseguir y no me preocupaba por lo que pensaran de mí. Estaba bien como estaba. Sin meterme en líos, sin causarle problemas a nadie. Nada había cambiado respecto a lo anterior.

– ¿Cómo te llamas? – me preguntó aquel hombre.

Mi nombre, el nombre de un perdedor. No. Era alguien nuevo. Alguien sin identidad. No iba a vivir con ellos. ¿Para qué decirle nada?

– Yo... – dudé – Yo no tengo un nombre que merezca ser recordado.

– ¡Oh! ¡Vamos! Todo el mundo tiene un nombre, y todo el mundo merece ser recordado.

– Pues yo no.

– Si vamos a ser amigos...

“Amigos”... Alguien como yo no podría tener amigos. ¿Para qué? ¿Para causarles sufrimiento? ¿Para dejarlos tirados a la primera de cambio? No. Yo no podía tener amigos. Era imposible. Si vivía lejos de cualquier sentimiento tendría la oportunidad de no volver a sufrir, ni a hacer sufrir.

– ¿Amigos? – le interrumpí. – Lo único que conseguirías es que te hiciera daño. Es mejor para todos que me quede aquí, solo.

– No digas tonterías. En fin, si no me quieres decir nada, te llamaré Rido. Tienes cara de llamarte así.

– No me escuchas, ¿verdad?

– No – me dijo, con una sonrisa de oreja a oreja


– ¿Me escuchas? Verás, tú te has criado en una cultura occidental. Supongo que te será más difícil de asimilarlo, pero siempre has sido bueno en los estudios así que no te diré nada nuevo aunque a lo mejor sí, quien sabe lo que dan ahora en la Academi... ¡Mierda! Me estoy liando. A ver si me explico... ¡No! Mejor. Vamos a hacer una cosa. ¡Ven conmigo!

– ¿A dónde? – pregunté mientras Nalya me agarraba del uniforme y me arrastraba en dirección al cuartel.

– Ya lo verás cuando lleguemos.

Atravesamos a toda velocidad el cuartel. Los compañeros nos miraban entre asustados, curiosos y divertidos mientras cruzábamos sin parar y a toda prisa una estancia tras otra hasta llegar a la puerta de la división. Logré zafarme de su presa y mientras me acababa de colocar bien el traje me apresuré a seguirle.

La expresión de Nalya reflejaba la tensión del momento y me transmitía esa sensación también a mí. ¿A dónde estábamos yendo? Atravesábamos el Sereitei en medio de una ligera neblina. Pronto llegamos a nuestro destino.

– ¿El cuartel de la décima división? ¿No es demasiado tarde para estar entrando en los cuarteles ajenos? Deberíamos volver.

– ¡Db! – gritó. – ¡Db! ¡Sal!

Genial, no sólo no me había escuchado, sino que a ella la debía haber despertado a medio Sereitei. Incluso apuesto a que el maestro Kunishi la había oído desde su cabaña en el bosque junto al distrito 57 del Rukongai Oeste. A los pocos segundos, una multitud de shinigamis de la división salieron a increparnos.

– Vale, ya lo has conseguido. Ahora tenemos a toda la división 10 encima, cabreada con nosotros. ¿Era eso lo que buscabas?

– No digas tonterías... ¡Ah! Ahí viene.

– ¿Quién? ¿Quién es ese Db?

– Un viejo amigo – dijo un shinigami que se nos había acercado. – Hola, Rido, yo soy Db.

Su cara me resultaba extrañamente familiar. Estaba seguro de que lo conocía de algo pero no sabía ubicar su rostro en mi memoria. Quizás sería de verlo en la Academia, en el Sereitei... pero no caía exactamente.

– ¿Nos... conocemos?

– Algo así – contestó mientras se giraba hacia mi compañera – Nalya, ¿que trae por aquí?

– Verás, estaba tratando de contarle a éste...

– ¡Oye! ¿Éste? Tengo nombre. ¿Eres conscient...? ¡Au!

– ¡No me interrumpas! Estaba tratando de contarle a éste – repitió, enfatizando el “éste” – lo que sabemos acerca de él. Pero me estaba liando así que te dejo a ti el problema. Adiós. Buenas noches. ¡Pasadlo bien!

– ¡Eh! ¡Oye! – dijimos al unísono.

– ¡¿Qué es eso que sabéis acerca de mí?!

– ¡¿Por qué me dejáis a mí con todo el marrón?!

Pero ya era tarde, Nalya había desaparecido de nuestro campo visual y se había perdido en las callejuelas del Sereitei, probablemente de vuelta al cuartel de la división. Ahora yo estaba allí, en el patio frontal del cuartel del décimo escuadrón, en el que afortunadamente ya se habían calmado los ánimos y todo volvía lentamente al silencio propio de aquella hora.

– ¿Qué es eso que decís saber de mí?

En aquel momento no me contestó. Con una seña, me invitó a seguirle hacia

– Bueno, es una larga historia. Hace mucho mucho tiempo...

– ¿“En una galaxia muy muy lejana”? – dije sin poder aguantar la risa.

– ¿Qué? – inquirió desconcertado Db

– Déjalo – le contesté. No me había dado cuenta que seguramente aquí arriba no hubieran oído hablar de aquellas películas. – Por favor, continúa.

– Está bien. Lo que te decía. Hace bastante tiempo... tú, Nalya y yo fuimos compañeros en la Academia.

– ¿Compañeros? ¿En la Academia? ¿Qué? ¿Cómo? Es imposible, Nalya...

– Enterró tu alma. Lo sé. Sé que es difícil de entender... Supongo que ya conoces todo el rollo ese del ciclo de las almas...

– Sí, cuando un alma muere en el mundo mortal, su alma viene a parar a la Sociedad de Almas. Cuando muere aquí... ¡Un momento! Entonces... lo que me quieres decir es que en mi... “vida anterior” yo fui vuestro compañero en la Academia, de Nalya y tuyo...

– Exacto. Veo que al menos sigues siendo el mismo chaponcete... Siempre nos superabas a todos en la Academia.

– Vaya... La verdad es que suena increíble. No me acuerdo de nada... Bueno, eso es lógico. Pero... ¿por qué Nalya no me dijo nada? Llevamos casi un año siendo compañeros.

– Precisamente. Lleváis un año juntos, deberías conocerla, no es muy dada a las relaciones interpersonales. Verás, cuando Nalya enterró tu alma vino a contárnoslo. Te suicidaste, ¿no? Supusimos que no estabas preparado para saberlo así que quedamos en que te lo contaríamos todo cuando estuvieses preparado. Hasta ahora no había sabido más de ti, a parte de que habías ingresado en la novena división.

– ¿Quién más lo sabe?

– Aiolos, de la 13, que fue nuestro compañero en el examen de ascenso a shinigami y Gaby, Krunzik e Ichiken, de mi división. Entramos en la academia al mismo tiempo y, de hecho, hicimos algunas travesuras juntos.

– ¿En serio?

– Sí, en serio. De hecho, hubo una bastante sonada. Estaban cerca los exámenes y teníamos que eliminar tensión así que un día nos colamos en una de esas grandes fiestas en el cuartel de la octava división y arramplamos con bastante sake. Fuimos unos héroes en la Academia.

– ¿Seguro?

– Sí, verás...

No podía salir de mi asombro. Cada cosa que me contaba me sorprendía aún más, historias de una amistad perdida, de algo que había tenido y que en esta vida había rechazado hasta que había vuelto a... ¿casa? La charla continuó hasta bien entrada la noche, mientras paseábamos por los jardines de la división 10. Cuando ya me acompañaba a la puerta, Db se paró, y me miró con una cara que reflejaba una gran curiosidad.

– ¿Sabes? Hay algo que me resulta curioso – me dijo. – Normalmente, cuando alguien se reencarna no suele llevar el mismo nombre. Tú te llamas Rido, como antes...

– ¿Qué tiene eso de significativo? Mi nombre me lo puso mi hermano. Yo me avergonzaba de mi nombre y el me dijo “Te llamaré Rido. Tienes cara de llamarte así.” Yonas tenía salidas de ese estilo.

– Un momento – su rostro había cambiado completamente. – ¿Has dicho Yonas?

– Sí. Era el nombre de mi hermano, bueno, no era exactamente mi hermano...

– Fue el causante de tu muerte.

– ¡¿Cómo?!¡Es imposible! ¡Yonas no haría eso nunca!

– Baja la voz. A ver. Déjame explicártelo. Todo fue un accidente.

– ¡¿Cómo que un accidente?!¡Estás diciendo que mi hermano me mató!

– Si me dejas explicártelo a lo mejor...

– ¿Si te dejo explicármelo? Mira, acabo de conocerte... por mucho que en... una vida pasada hayamos sido amigos... ¡Yonas no me mató! ¡Nunca haría eso!

– ¡Espera! ¿Quieres escucharme un momento?

No, no quería. No quería escuchar que había sido Yonas, mi hermano, quien me había matado, quien me había arrebatado una vida de la que yo no me acordaba pero que parecía ser infinitamente mejor a la que yo recordaba haber vivido. Yonas no podía haberme hecho eso. Tenía que haber alguna explicación... seguro. Seguro que la había

– Rido, ¿quieres escucharme?

– No lo sé...

– ¿Cómo que no lo sabes? Bueno, está bien, vamos a calmarnos, ¿vale? – dijo mientras me tendía una taza de té.

– A ver... habla.

– Ocurrió durante el examen de ascenso a shinigami. Aiolos, Nalya, tú y yo formábamos uno de los grupos – comenzó. – Habíamos conseguido pasar la primera prueba con algún que otro problema. Yo me quedé atrás por... por algo que no viene a cuento y vosotros estabais ya con los examinadores esperando por mí para comenzar la segunda prueba.

Yo no vi lo que ocurrió, Nalya sería más adecuada para contártelo, pero ya que no está te contaré lo mismo que me dijo. Mientras luchaba contra un grupo de Hollows, uno de los académicos del grupo que combatía en un espacio cercano al nuestro perdió el control de su espada. Al parecer, tú saliste corriendo hacia él para ayudar a detenerle sin causar mayores daños. Conseguiste salvarle pero saliste herido mortalmente. Conseguiste llegar a la división cuatro pero ya era demasiado tarde y a las pocas horas... falleciste.

Aquel académico se llamaba Yonas y nunca llegó a convertirse en shinigami. Después de aquel incidente, nunca se le volvió a ver en el Sereitei, así que todo el mundo pensó que había sido expulsado por su imprudencia. Sea como fuere, expulsado o que hubiera decidido marcharse por voluntad propia, acabó viviendo en el Rukongai.

– Entonces, por una casualidad, me encontró allí – continué. Aquello iba tomando una inquietante lógica. – Supongo que entonces trató de redimirse y se convirtió en mi amigo... Eso aclara algunas cosas. Había veces que se ponía melancólico, nostálgico, pero nunca lo admitía.

– Puede ser...
:iconcentoloman:
Y aquí se presenta el que será uno de los principales motores argumentales para Memorias... al menos hasta el capítulo 45 (creo) xD
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:icon:
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