Memorias 15 - Memories... III
by ~CentolomanMemories from the past III (Secret)
La habitación estaba llena de carpetas y folios sueltos. Eliaz había hecho su trabajo a la perfección. Frente a nosotros, los expedientes de todos los shinigamis que habían participado en el examen así como los informes de los exámenes de cada uno de los grupos que tomaron parte.
Recuerdo éste examen dijo Eliaz
¿De qué?
Fue cuando conocí a Arturo. Ya no me cayó muy bien en aquel momento sonrió. Hubo una emergencia militar de algún tipo y faltaban shinigamis aptos para actuar de examinadores. Necesitaban gente para la segunda prueba y la cámara 46 necesitaba expertos en combate, así que pidieron ayuda a mi clan. Curiosamente me tocó el grupo de... Espera, se interrumpió Aquí hay un grupo cuyo informe falta. Sin embargo, aparecen luego tres shinigamis sueltos como aprobados. Sus números en el examen eran 87234-A, 13495-V, 32457-H.
¿Falta?
Sí, falta. No sólo eso, dos alumnos de los que empezaron la prueba no fueron calificados. Sus números fueron borrados. Un momento... uno de ellos era el 09493-E, se olvidaron de borrarlo en esta línea. ¿Tienes el expediente por ahí?
Er... no, no aparece en la lista. ¿Cómo puede ser eso? le pregunté mientras observaba la lista de los examinados para tratar de identificar a aquellos shinigamis y tratar de calmar mis sospechas.
Archivos secretos, sólo un capitán puede acceder a ellos.
¿Entonces?
La única salida que te queda es ir a hablar con la capitana de esto.
Cierto, pero... ¡Ah! ¡Los encontré! Esos numeros de serie son de...
¿De quién son?
¿De quién es qué?
Algún día me lo contarás. Lo sabes, ¿no?
¿Algún día te contaré qué?
No te hagas el loco. Sabes perfectamente de lo que estamos hablando.
En fin, que sí. Algún día te lo contaré todo. No te preocupes, sólo déjame confirmarlo. Bueno, entonces voy a hablar con la capitana. Deséame suerte.
Cogí toda la documentación para que Eliaz no pudiera satisfacer su curiosidad. Me había cerciorado de que no había hecho copia alguna así que estaba un poco más tranquilo, aunque sólo poco más. La historia que Db me había contado la noche anterior comenzaba a tener sentido. Aquellos números de alumno coincidían con Nalya, Db y Aiolos, tal y como había dicho. Pero aún necesitaba más confirmación y esa se encontraba en el informe y los expedientes que habían sido incorporados al corpus de documentos secretos de la Sociedad de Almas.
Atravesé el jardín hasta la puerta del edificio principal de la división, donde se encontraba el despacho de la capitana. Caminé por los pasillos esquivando a toda prisa a mis compañeros que estaban realizando diversas tareas en el cuartel hasta llegar frente a la puerta de la oficina de Henkara. Llamé a la puerta y abrí.
Buenos días, capitana. Disculpe la molestia. ¿Puedo pasar?
Déjate de tanta formalidad, Rido. Pasa y siéntate repondió con su habitual tono plagado de amabilidad. ¿Qué te trae aquí?
Verá... Anoche Nalya me llevó al cuartel de la décima división y...
Oh... me interrumpió Así que fuisteis vosotros...
¿Fuimos nosotros?
Esta mañana en la reunión de capitanes el capitán Sefirot me comentó que había dormido mal porque alguna shinigami despertó a todo el cuartel gritando por uno de sus subordinados...
Db... contesté. Sí, fue Nalya.
¿Y por qué motivo dos shinigamis de la novena división fueron a montar un espectáculo a la entrada de la décima?
Eso es lo que quería contarle, capitana. Verá, fuimos allí a hablar con ese tal Db, que fue compañero de Nalya en la academia... y al parecer también mío.
¿Compañero tuyo? inquirió sorprendida ¿Cómo puede ser éso?
Precisamente por eso estoy aquí. Esta mañana le pedí a Eliaz que investigara archivos sobre el examen en el que se graduó Nalya pero algunos documentos han sido declarados secretos.
¿Secretos? replicó sorprendida. Resulta muy extraño. Supongo que por eso has venido aquí. Donde la nobleza de Eliaz no llega intentas llegar a través de mí.
Supongo que sí.
No sé, Rido dijo mientras se levantaba y miraba por la ventana. ¿Realmente quieres saber lo que pasó en ese examen?
Sabía que la capitana conocía perfectamente el caso. Lo había leído en mis turbados pensamientos mientras hablaba con ella. Probablemente me había preguntado por el incidente en el cuartel de la 10 para ganar tiempo para hacerlo y poder pensar la mejor forma de ayudar.
Yo... dudé. Yo realmente no lo sé, pero saber la verdad me llevará a superar mi deuda con Yonas.
Rido, me nombró mientras se giraba hacia mí eso ya lo habías superado, ¿no? No guardas ninguna deuda con él.
Aún así. Usted lo sabe bien. No saber que pasó con Yonas es una espina que llevo clavada desde hace mucho tiempo.
Está bien, resopló te ayudaré. Si no queda otro más remedio.
Muchas gracias, capitana.
Los tendré listos mañana. ¿Por qué no te tomas el resto del día libre? Hace tiempo que no vas al Rukongai. Vete a pasar la tarde allí, si te das prisa podrás tomar el té un par de horas con tu maestro.
Hice caso a la capitana y emprendí el camino hacia el Rukongai a toda prisa. No estaba para paseos. Aquel día ni siquiera me acerqué a la tumba de Yonas, algo que acostumbraba hacer cada semana desde aquel... incidente en mi mente.
El maestro tenía visita, aunque esta vez no eran ni Eliaz ni Mitsuko sino uno de los viejos amigos de mi maestro que había conocido ya durante mis entrenamientos. Era de las pocas personas que solían visitar al maestro, aunque desde mi salida hacia la academia no le había visto en ninguna de mis visitas a la vieja cabaña en el bosque.
Conversamos de temas intrascendentales durante un par de horas frente a las tazas de té, pero sabía que el maestro intuía mi excitación, al igual que nuestro acompañante. De todas formas, aún no quería contárselo a nadie, ni siquiera a él, el hombre al que le confiaría el mayor de mis secretos, así me costara la vida.
Cuando el sol empezaba a caer tras las montañas, comencé el camino de vuelta al cuartel y llegué justo para el momento de la cena con el resto de la división. Al parecer teníamos una nueva incorporación, Lucifer, una shinigami de la última promoción de la academia que había llegado aquella misma tarde. Todos los compañeros estaban interesados en ella, como solía pasar cada vez que alguien nuevo se incorporaba a nuestra gran familia.
Una vez hubimos terminado de cenar, perseguí a Nalya por el pasillo. Sabía que iba a ser difícil hablar con ella. La experiencia acumulada en el tiempo que llevábamos en la división me había enseñado que después de ponerla de mal humor era mejor huir de ella durante un tiempo. Aún así, tenía algo que decirle.
¡Nalya!
¡¿Qué mierda quieres?! gruño echando la mano a su zampa y dándose la vuelta hacia mí.
Er... Un amigo de mi maestro me ha dado recuerdos para tí. Un tal... Sugimura Kurono
Nalya permaneció en silencio, se dió la vuelta y prosiguió su camino por el pasillo. Aunque juraría que había podido un cambio de expresión en su cara. Algo casi imperceptible. Algo que se mantuvo por una ínfima fracción de segundo. Casi imperceptible, pero conocía bien aquellas emociones. Algo nimio, un gesto fugaz. El nombre de Sugimura Kurono había supuesto una auténtica carga de profundidad para la mujer de hielo. Algo que solo alguien experto en el sufrimiento podría haber intuido. Algo llamado nostalgia.











