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September 10, 2009
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Memorias 17 - Promesa Cumplida

by ~Centoloman

Promesa Cumplida

Eliaz y yo comenzamos a caminar por jardines de la división. El ego de Eliaz parecía satisfacerse sabiendo que el momento que esperaba para saciar su curiosidad era ya inminente y eso se reflejaba en la amplia sonrisa que adornaba su rostro.

– ¿Y bien?

– Pues verás, resulta que al parecer yo fui compañero de curso de Nalya en la academia.

– Compa... ¿Qué? ¿Pero ella no enterró tu alma?

– Eso también lo pensaba yo. Por eso creía que era algún tipo de broma pesada para reírse de mí, pero la capitana me lo ha confirmado después de leer los informes de los exámenes

– ¿Y cómo se come eso? – preguntó asombrado.

El rostro de Eliaz, que pocas veces se perturbaba por una noticia por extraña que fuera, parte de una estrategia para parecer entendido en todo aquello que un habitante de la Sociedad de Almas podía conocer, estaba ahora casi desencajado por la extrañeza de la noticia,

– Créeme aún no lo entiendo ni yo.

– Pero...

– Oye – le interrumpí. – Si me dejas explicártelo a lo mejor lo puedes llegar a entender... al menos hasta el punto en que lo entiendo yo.

– De acuerdo – contestó condescendiente – continúa.

– A ver, que no hayas ido a la academia no quita que no sepas cosas básicas como el principio del equilibrio que hace que las almas muertas en la Sociedad de Almas...

– ... vuelvan al mundo mortal libres de recuerdos para mantener el equilibrio de los dos mundos. Puedes ahorrarte cosas básicas.

– Era por si el señor “soy demasiado importante como para pasar por la Academia” no conocía cosas básicas de su trabajo – le repliqué indignado por el tono de superioridad con el que había pronunciado su última frase. Aunque pensándolo bien, Eliaz era siempre así y su deseo de afirmación personal mediante la muestra de sus conocimientos salía a la luz en casi cualquier conversación que mantuviéramos, sobre el tema que fuere. – Además, te dije que no me interrumpieses. O a lo mejor es que quieres que deje de contarte esto – le amenacé.

– No, por favor, sigue.

– Bueno, mi antiguo yo, como te decía fue compañero de promoción de Nalya. En el examen de graduación ocurrió un accidente...

– Siempre supe que había pasado algo raro. No sólo la reducción de los shinigamis y que llamaran a examinadores “externos”, sino que después del examen hubo cierto hermetismo sobre los resultados. Más del habitual...

– ¿No te acabo de decir que no me interrumpas?

– Joder. Lo siento. Está bien. Sigue.

– En fin, al parecer en ese examen ocurrió un accidente. Verás, por lo que he podido averiguar de momento, Nalya, Db, de la décima, y Aiolos, de la decimotercera, formábamos grupo en ese examen. Al principio de la segunda prueba algo ocurrió y yo fui a proteger a un académico, que había perdido el control de su espada y estaba rodeado de Hollows. No sé exactamente qué pasó, porque Db, que fue quien me lo contó, no estaba allí sólo Nalya y aquel académico. Sólo sé que fui herido mortalmente en aquel lance y no salí vivo de los cuarteles de la cuarta división.

– Qué complicaciones. ¿Quién más sabe esto?

– Pues ahora mismo... Nalya, Db, Aiolos, la capitana, tú, yo... – paré un momento tratando de recordar los nombres de los miembros del otro grupo que había mencionado Db el día anterior – y el grupo de amigos de la academia: Krunzik, Gaby, Ichiken, Kaylin...

– Qué coincidencia... – murmuró divertido Eliaz.

– ¿Coincidencia?

– Ah, nada relacionado con eso. Simplemente es que esos cuatro fueron mis... “víctimas” en el examen.

– Mira tú – dije interesado. – Sí que es coincidencia sí. No sé si alguien más lo sabrá.

– ¿Y el otro académico?

– Está... – dije vacilante por la emoción. Hablar de Yonas, y sobre todo en esas circunstancias, aún hacía que me temblara la voz. – Está...

– Un momento... – me interrumpió. – Ahora eres capaz de decirme que ese académico era Yonas.

– ¿Cómo lo has sabido?

– Rido, soy tu amigo. Nos conocemos. Pasamos gran parte del tiempo juntos. Cuando hablas de Yonas siempre tienes la misma cara.

Tenía razón. Al igual que la noche anterior había interpretado el rostro de Nalya y encontrado su punto débil yo también tenía el mío en ese fino muro que interponía entre los demás y yo cuando quería evitar abrirme. Eliaz sabía perfectamente que ese punto era Yonas y era un hueco enorme en mi defensa instintiva frente a los demás.

– Está bien... – resoplé. – Sí, era Yonas.

– Eso abre un montón de posibilidades... – susurró pensativo Eliaz.

– ¿Cómo?

– Sobre Yonas... Me refiero. Eso explicaría el por qué insistió tanto en vuestra relación de amistad–fraternidad. A lo mejor trataba de compensar de alguna forma todo el mal que había hecho.

– Eliaz... fue un accidente. Así que no hables de él como si fuera un criminal.

– Eso no lo sabes.

– ¡Fue un accidente! – grité encolerizado.

– Está bien, está bien.

– De todas formas, yo también pensé en eso. Aunque eso no explica por qué se fue.

– ¿Huía?

– ¿De quién? ¿De qué?

– ¿De sí mismo? A lo mejor se dio cuenta de que estaba engañándote y no quería hacerte más daño...

– Es una idea absurda... pero quién sabe.

– Lo que es absurdo es que seas tú el que califica el huir de sí mismo como algo absurdo.

– Cierto – me resigné. – Al fin y al cabo yo llevo huyendo de mí mismo toda mi vida.

– Afortunadamente ya no tienes que huir.

– Hasta que algo me haga cambiar de opinión o me obligue a irme... Siempre pasa igual. ¿Sabes? En vida, muchas veces creí haber encontrado un hogar. Y no eran más que mentiras. Al final volvía a la mierda y a la calle.

– Rido... ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?

– Sólo cuento la realidad.

– No. Ése ya no eres tú. Es cierto, puede que hayas hecho muchas cosas de las que te hayas tenido que arrepentir luego pero ahora no eres esa persona. Eres un shinigami y una de las personas con mejor corazón que conozco.

– Gracias.

– Por cierto... ¿cómo te llamabas en tu anterior vida? – preguntó tratando de cambiar de tema.

– ¿Eh? – pregunté aún embobado en mis pensamientos – ¡Ah! Sé que me llamaba Rido, pero el apellido no lo sé. No pude ver el expediente.

– ¿No pudiste ver el expediente?

– No. La capitana Henkara no me dejó.

– ¿Por qué?

– Para protegerme.

– ¿Protegerte? ¿De quién? ¿De qué?

– No quiso decírmelo. Pero los informes que faltan del examen no son simplemente para encubrir la muerte de un académico en un examen al parecer. Parece que hay algo más turbio detrás y no quiso decírmelo para no involucrarme.

– Qué curioso...

Podía imaginarme toda la maquinaria mental de Eliaz funcionando a todo gas. Tampoco era raro. Eliaz era de esas personas a los que cualquier indicio de que algo no está bien o que no es lo que parece les hace pensar inmediatamente en que algún tipo de conspiración se estaba llevando a cabo y sabía que en cualquier momento me expondría una de sus extrañas teorías.

– Déjalo, Eliaz, para de pensar – le aconsejé. – Un día te va a estallar la cabeza. Además, tiene razón la capitana Henkara, si es algo lo suficientemente gordo para que la propia Cámara de los 46 haya intervenido, ¿no crees que lo deberíamos dejar estar?

– ¿Haces caso a todo lo que te dice la capitana?

– Sabes que sí.

– ¿Y no te reconcome ni un poco la curiosidad?

– Aunque lo hiciera sé que es mejor no satisfacerla – traté  de convencerle y, en cierto modo, de autoconvencerme.

– Pero... ¡Esto parece que llega a los altos cargos! – exclamó. – No podemos dejarlo estar. Es demasiado... jugoso.

– ¿Qué pretendes conseguir?

– Nada concreto. Soy un amante de la verdad, simplemente eso.

– Ya, simplemente eso. En fin...

– ¿”En fin” qué?

– “En fin” nada. Hazme caso, déjalo estar. Por cierto, ¿hoy no vas a casa?

– ¡Ah, sí! Quería hablarte de eso precisamente. ¿Puedes encargarte del entrenamiento de Mitsuko esta tarde?

– No tengo ningún problema. ¿Por qué?

– Tengo una misión en el mundo humano. Mi primera misión en solitario.

– Enhorabuena. A Arturo le debió costarle asignártela.

– En el fondo me aprecia. No puede negarlo – sonrió.

– Sí... aunque el sentimiento no sea mutuo – le chinché.

– ¡Eh! ¡Oye! – exclamó entre carcajadas – ¡No hables así de tu teniente!

– Bah, mira quien fue a hablar. Además, yo no hablé de Arturo sino de ti Por cierto, ¿en qué consiste la misión?

– Parece que Arturo se ha portado bien y me ha asignado algo interesante, acorde conmigo – explicó. – Investigar una serie de sucesos extraños en el área de Dar es Salaam...

– Oh, Tanzania. Pídele a la capitana la protección solar que le regalamos. La va a necesitar – le sonreí. – Está bien, pásalo bien.

– Es casi la hora de comer – indicó. – Volvamos al cuartel.
:iconcentoloman:
¿Sabéis lo que costaría mantenerle un secreto a Eliaz cuando él sabe que le guardas uno? Por eso Rido le cuenta todo lo que ha descubierto... Next Stage: Tanzania
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