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September 10, 2009
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Memorias 19-TanzanianRampageII

by ~Centoloman

Tanzanian Rampage II (Midnight Massacre)

– No hace falta que os diga que esto no puede fallar – dijo la capitana a través del sistema de comunicaciones. – No sólo nos jugamos la vida de un compañero. Es el orgullo de toda nuestra división. Sabéis que esta misión le correspondería a la Sexta, pero Ailios me ha concedido esta misión como muestra de su confianza hacia nuestra división. Si Eliaz resulta ser un traidor, la Novena División lo perseguirá incansablemente y nosotros mismos lo llevaremos ante la justicia. Si resulta ser una víctima más, lo traeremos de vuelta sin perder un segundo y acabaremos con los culpables.

Era la calma anterior a la tormenta. Las calles de Dar es Salaam estaban desiertas, como si el miedo hubiera preparado el escenario para nosotros. La masacre de la noche anterior podía repetirse y los atemorizados ciudadanos de la ciudad tanzana no querían arriesgarse.

El olor de la sangre derramada y la carne en estado de putrefacción inundaba el aire y si, uno se fijaba bien, aún podía de alguna forma percibir los gritos de angustia y de dolor o las crudas imágenes que se habían vivido durante el incidente.

El extremo calor y la absoluta falta de viento no ayudaban en nada a hacer aquella escena más soportable. Aún nosotros, shinigamis, guerreros de élite, los mensajeros de la muerte éramos a duras penas capaces de soportar aquel hedor a crueldad.

Recordé entonces la sensación que me había llevado en Kyoto pocas noches atrás. Aún años, siglos, después de aquello, seguiría en el ambiente ese olor que dejan los sentimientos más oscuros del hombre: el odio, el dolor, la venganza… ¿Cómo es que el hombre, un ser llamado naturalmente a la felicidad, era capaz de tanto dolor, de tanto daño?

La radio revelaba que ellos lo estaban pasando peor que nosotros. Describían aquello como un infierno y como una masacre sin precedentes. Las calles estaban inundadas de cadáveres allí donde los servicios de urgencia del mundo mortal todavía no habían podido llegar. Se había formado un auténtico laberinto de destrucción. Realmente el causante de toda aquella destrucción tenía que ser un auténtico demonio. Y todos nos hacíamos la misma pregunta: “¿Sería Eliaz capaz de todo aquello?”

No, claro que no. Nunca haría algo así. Las lecturas de la duodécima división debían estar equivocadas. Mirumoto Eliaz, mi amigo, mi compañero era casi como un hermano para mí. Había tomado las veces de mi maestro en alguna ocasión y, sobre todo, había sido un excelente compañero para muchas cosas. Había demostrado su gran corazón más de una vez. Podía ser ambicioso y, a veces, oscuro y difícil de comprender pero Eliaz no era un traidor. Eliaz no podía ser, ni mucho menos, el autor de aquella macabra escena.

Pero entonces, ¿qué había pasado con él? Recé por primera vez en mucho tiempo para que no le hubiera pasado nada grave a mi amigo y juré sobre la tumba de Yonas que si algo le había pasado a Eliaz yo mismo acabaría con el culpable y le haría sufrir hasta que se hubiera arrepentido de todas y cada una de las gotas de sangre que hubiera derramado mi amigo.

La tensión atenazaba mis músculos pero a la vez me impulsaba a dar todo en aquella misión, como si me fuera la vida en ello. En realidad, yo sabía que no sabría sobreponerme a la pérdida de otro de mis amigos. La muerte de Yonas había sido un trago demasiado amargo que no quería volver a probar y me recordé a mí mismo avanzando desesperadamente a la casa del maestro Kunishi meses atrás.

Daría mi vida si era necesario, pero no quería volver a perder un amigo. A pesar de haber elegido una vida expuesta a tales peligros, sabía que era para lo único para lo que no estaba preparado. Perder a alguien más, sobre todo a Eliaz, sería peor que perder la propia vida.

Tras unos minutos de completo silencio llegamos al lugar indicado, el tejado del edificio en el cual se encontraba el autor de aquella masacre, quienquiera que fuese. Uchiha informó a la capitana de que nos encontrábamos en la posición indicada mientras Okita y yo buscábamos un lugar por donde entrar.

– Grupo 1 en posición – indicó la voz crepitante de Artemisa en el auricular.

– Recibido, grupo 1 – respondió la voz de Odd Della desde el cuartel.

En pocos minutos los cuatro grupos estábamos en nuestras respectivas posiciones esperando la señal de la capitana para entrar. Rápidamente, Henkara repasó el plan a seguir y nos deseó suerte a todos. Debíamos sacar a Eliaz vivo de aquel edificio, fuera culpable o no lo fuera.

– Bien, – concluyó – si todo está preparado, que empiece el espectáculo.

Nosotros, el grupo cuatro, la inteligencia, éramos los primeros en entrar. Nos introdujimos en el edificio a través de la única vía segura que encontramos, uno de los desagües que parecían más saneados. En completo silencio avanzamos por la tubería hasta que escuchamos el sonido de unos pasos aproximándose.

Uchiha se encargó del guardia y seguimos nuestro camino rápidamente. Estaba confirmado, había más de un enemigo dentro de aquel edificio. Avanzamos hacia el piso rápidamente y salimos a una gran cocina. El edificio, al parecer, era un hotel de lujo, de esos que se alzaban burlescos sobre la gran pobreza de la ciudad.

– Estamos dentro – informó Uchiha al centro de operaciones. – Confirmado. Hay más de un enemigo. Tened cuidado.

A lo lejos, oímos el estruendo de las armas de Artemisa y Crawlink batiendo contra la puerta principal mientras nosotros tratábamos de movernos todo lo sigilosamente posible hacia el centro del piso tratando de localizar enemigos y pruebas que nos ayudaran a exonerar a Eliaz. Fue entonces cuando lo ví, aquel pedazo de tela en el suelo, en una de las escaleras.

– Grupo 4 a Centro de Mando – llamé por el sistema de comunicaciones. – Aquí Rido.

– Grupo 4, aquí Centro de Mando – contestó la voz de Odd Della. – Te escuchamos, Rido.

– Capitana, ¿cuál era la prueba de que Eliaz era culpable?

– Lo sabes, Rido – contestó. – El causante de la catástrofe vestía el uniforme de shinigami y ...

– Entonces no es él – sentencié aliviado.

– ¿Cómo?

– No puede ser él. Acabo de encontrar la chaqueta de su Tuxedo ensangrentada en una de las escaleras. Por lo que a mí respecta, esta misión ha pasado oficialmente a ser una misión de rescate.

– Es un alivio, pero no podemos cantar victoria todavía, podría ser una trampa – replicó la capitana tratando de mantener la calma y la tensión aunque visiblemente aliviada por la noticia. – De todas formas, ahora más que nunca., traedle de vuelta.

– Voy a por ti, amigo – susurré.

En ningún momento había dudado de la inocencia de Eliaz pero tras haber encontrado aquella prueba me sentí más aliviado que nunca. Ahora debía encontrarle sea como fuere y acabar con el culpable de aquello haciéndole sufrir los mayores tormentos imaginables. Lo había jurado sobre la tumba de Yonas.

Eliaz no era culpable, pero no era momento para relajarse. Podía estar herido, o algo peor. No. No podía. Me negaba a pensar en eso. En cualquier caso, debíamos darnos prisa. Todos, los once, sabíamos que la misión no era sencilla, pero no había nada que pudiera detenernos.

Subimos al piso superior tras la irrupción de los grupos de asalto en el hall principal del hotel. Parecía vacío y si algún guardia lo custodiaba debía ahora estar combatiendo en el piso inferior, donde nuestros compañeros tenían una visible ventaja.

– Es extraño, ¿verdad? – dijo Okita rompiendo el silencio. – Está todo demasiado calmado en este piso.

– A mí no es eso lo que más me preocupa. Los guardias de este piso deben estar abajo luchando – le contesté. – Lo que realmente me preocupa es quienes son esos tipos.

– Rido tiene razón – intervino Uchiha. – No sólo pueden vernos, sino que además utilizan técnicas de combate muy parecidas a las nuestras. Afortunadamente no tienen mucho poder espiritual. ¿Quienes serán?

– Simples peones. Hay algo más grande detrás – sugerí.– Éstos no pueden haber hecho todo eso que hay fuera.

– ¿Shinigamis?

– ¿Por qué no? Un capitán puede ocultar su energía espiritual y es capaz de todo éso.

– No puede ser un capitán. Esa acusación es muy dura, Rido. Además los capitanes estaban reunidos. Los trece.

– No digo que sea uno de los capitanes. Sólo que puede ser obra de un shinigami con nivel de capitán. Un antiguo capitán o alguien que tenga la capacidad para serlo.

– Dejad las charlas para luego y abridnos paso – resonó la voz del teniente en los auriculares.

Subimos al siguiente piso y lo inspeccionamos. También estaba vacío. La lucha en la planta inferior había cesado y los dos grupos de asalto se recomponían del ataque. Todos estaban bien y quien más había sufrido tenía un par de rasguños. El ataque sorpresa había dado su fruto, pero a partir de ese momento no sería tan fácil, pues se habrían replegado y nos estarían esperando.

– Atención a todos los equipos. Hay una barricada en las escaleras del quinto piso – informé. – Nos están esperando.

– Recibido, Grupo 4 – dijo la capitana – Está bien, replegaos todos en el cuarto piso y preparaos para un ataque frontal.

Así lo hicimos y en un par de minutos los 3 grupos que estábamos en el interior del edificio nos reunimos en el descansillo de las escaleras a la altura de la cuarta planta. Tomamos aliento y Arturo diseñó rápidamente un plan de acción para romper sus defensas.

Siguiendo las instrucciones del teniente, Blod, Nalya y yo avanzamos rápidamente hacia la mitad del tramo de las escaleras. Nuestro objetivo era abrir un hueco en sus defensas mediante artes demoníacos para que el resto de compañeros, que venían detrás de nosotros, pudieran atravesarlas más rápidamente.

– Oh Señor, Máscara de Carne y Hueso, – comenzamos Blod, Nalya y yo al unísono para invocar los hechizos – toda creación, batir de alas, aquellos que llevan el nombre de hombre, verdad y temperamento. A través de este muro sin destino de sueños desatados pero con la leve ira de tus garras. Hadou 33. ¡Soukatsui!

Las bolas de energía salieron rápidamente de nuestras manos e impactaron contra la defensa del enemigo. Casi inmediatamente después de que hubiéramos finalizado de recitar la invocación, de nuestras espaldas salieron los otros seis compañeros decididos a romper definitivamente aquella línea de defensa.

Los tres que nos habíamos quedado atrás lanzando el hechizo avanzamos rápidamente mientras desenvainábamos nuestras espadas. Nos adentramos en el fragor de la batalla y nos enfrentamos a aquellos extraños hombres. Pero yo no quería luchar, quería encontrar a Eliaz antes que nada. Estaba herido y no sabíamos lo que había podido pasarlo.

Con un rápido movimiento con la espada me deshice de dos rivales mientras que Blod se encargaba de uno de ellos que pretendía atacarme por la espalda. Tras agradecérselo y pedirle que me cubriera, giré sobre mi mismo para observar el escenario de batalla. Traté de aislarme de la batalla y concentrarme en aquel piso para tratar de encontrar alguna pista.

– ¡Allí! – exclamé tras sentir una corazonada. – ¡Allí está!

Me lancé a la carrera en la dirección que acababa de indicar. Tenía que encontrar a Eliaz como fuera y cuanto antes y mis compañeros eran capaces de enfrentarse a aquellos enemigos sin necesidad de mi ayuda.

Dejé de hacerle caso al sistema de comunicaciones, a través del cual la capitana se interesaba por el estado del combate y proporcionaba las instrucciones a seguir cuando encontrásemos a Eliaz. Al parecer, la cuarta división ya había movilizado un dispositivo de emergencia para recibir a los posibles heridos así que deberíamos dirigirnos allí una vez llegados a la Sociedad de Almas.

Estaba cerca, lo había sentido, lo había notado. Su reiatsu se debilitaba lo que indicaba que quedaba muy poco tiempo. Una tras otra fui abriendo todas las puertas del pasillo tratando de localizar a mi amigo. Se me pasaron por mi cabeza mil imágenes de tiempo pasado con él mientras avanzaba rápidamente de habitación en habitación.

En esto abrí una puerta y lo vi allí, tirado en el suelo, inconsciente, muerto. Por segunda vez tenía ante mis ojos el cadáver de un amigo y eso era algo que no podía soportar. Me derrumbé sobre él y comencé a llorar desconsoladamente, como un crío. Sea quien fuere, el causante de aquella masacre había ejecutado a Eliaz.

Su cuerpo yacía ahora entre mis brazos, aún caliente. Su reiatsu se apagaba lentamente. No podía creerlo. Las imágenes del cuerpo de Yonas aquella fría noche en que regresé por primera vez al mundo mortal tras haber ingresado en la academia regresaron a mi mente con toda su crudeza.

Lloraba desconsoladamente como un crío. No sabía cómo reaccionar. No controlaba mis actos ni mis emociones. Notaba como mi propia respiración me ahogaba. Al final, la única forma que tuve para liberar toda aquella tensión acumulada desde la primera hora de la tarde fue lanzar un grito. Un grito desesperado que resonó en las paredes de aquella habitación ahora vacía.
:iconcentoloman:
Esto es lo que pasa cuando dejas a la gente con "poca formación" hacerse cargo de misiones ^^ ¡A por Eliaz!
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