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September 11, 2009
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Memorias 28 - Balmung VII

by ~Centoloman

Balmung VII (Balmung)

– ¡¿Probarme?! – le grité visiblemente alterado.

Era él, otra vez. La primera ocasión en una década que nos encontrábamos. Pero nada había cambiado, su voz, su forma de mirarme. No sé como lo hacía pero en su presencia siempre terminaba enfadado. Quizás porque era parte de mí y sabía dónde me dolía, sabía también cómo hacerlo. A lo mejor disfrutaba con ello.

Me molestaba. Me molestaba la suficiencia con la que jugaba conmigo. Me molestaba su hipocresía, esa misma con la que, bajo el pretexto de querer ayudarme, ponía en juego mi vida, la estabilidad de un alma tan frágil como era, o había sido, la mía.

– ¡¿Probarme?! – repetí, ante su silencio.

– Probarte – dijo al fin.

– ¿La mujer a la que amo ha muerto y tú dices que es una prueba? – repliqué al tiempo que notaba como mi excitación y mi enfado crecían. – ¡¿Qué mierda querías probar?!¡¿Una nueva forma de torturar mi alma?!¡¿Un novedoso método para volverme loco?!

– Cálmate – ordenó, indiferente a mis gritos.

– ¿Calmarme? ¿Cómo pretendes que me calme? ¡Has jugado conmigo! ¡Otra vez! ¡¿Calmarme?!

– Ella no ha muerto.

– ¡¿No ha muerto?! ¡Yo la vi morir!

– En mi mundo – sentenció.

Entonces caí. Así que era eso. “Su mundo”. Por eso, aquella mañana ahora tan lejana había despertado y encontrado a Yonas, mi hermano, aquel cuya muerte había significado para mí tantas cosas, vivo. Por eso había vivido la vida de otro y había terminado por hacerla mía. Porque aquello no era real. Era “su mundo”.

– ¿Tú mundo?

– Mi mundo – repitió casi como un autómata.

– Entonces... ¿Todo lo que he vivido en esta última década no es más que un sueño? ¿Una ilusión?

– No, todo aquello fue real. Todo lo que sentiste, pensaste, soñaste, hiciste y... amaste. Todo fue real.

– Real...

– Sí, real – reiteró. – Construí para ti un mundo en el que pudieras vivir cómodamente, tranquilo y en paz. Algo que tú podrías llamar, mundo feliz. O mejor dicho, el Cielo. Un sitio donde lograras encontrar la felicidad pero donde, además te prepararas para lo que ha de venir. Tomé tus recuerdos y los modelé dando vida a esa inmensa maqueta. Creé lo que tú considerarías una vida perfecta.

– Y luego me la arrebataste.

– No, nunca entró en mis “planes” que te enamoraras. Ni que tomaras como esposa a Nalya. Nunca entró en mis planes que muriera pero...

– La vida del shinigami está ligada a la muerte. Es algo que no puede evitar. Está en su propia naturaleza – le interrumpí, recordando aquello que sólo una horas antes había estado hablando con Yonas frente a la tumba de Nalya. – Aún así...

– Rido, tienes que aprender a afrontar las pérdidas. Éso era lo que quería que afrontases. Ésa era mi idea.

– ¿Por eso llegué a un mundo en el que había perdido la mitad de mi división?

– Sí, por eso. Quise enfrentarte desde el primer momento a la pérdida. Aproveché los recuerdos que tienes de la vida de Akano Rido e induje algunas cosas. Por eso, por ejemplo, las personas de aquella época que no conoces aún fueron muriendo poco a poco.

– Aiolos, Gaijin...

– Por ejemplo – asintió sin alterarse. –  Son gente que realmente sólo conoces de oídas y que de “permanecer vivos”, digámoslo así, sería muy difíciles asignarle un papel.

– O sea, que eres un vago – contesté sin pensar.

– No es eso, simplemente es pragmática.

– Sigo sin entenderlo – repliqué. – ¿Por qué? ¿Por qué hacerlo así?

– ¿Había acaso otro modo? – respondió. – ¿Preferirías acaso verlos morir de verdad, Rido? ¿Preferirías perder a Nalya en la vida real?

– “Vida real”... – musité nostálgicamente. – Dime, ¿cuál es la vida real? Porque aquello también era real. Tú mismo lo acabas de decir hace menos de un minuto. Para mí, todo lo que viví, estos diez últimos años en ese extraño mundo de fábula que dices haber creado para mí, todo aquello, lo que sentí, lo que pensé... todo fue real.

– Exacto, pero ahora te despertarás y todo volverá a su estado normal. No más ilusiones, todo en su sitio. No puedes vivir siempre en un mundo imaginado. Un día, ese mundo tenía que acabar, y tendrías que volver a este, eso era irremediable. Volverás a ser Rido, un oficial de la Novena División y dejarás de ser el capitán Akano Rido. No habrá pasado más que una noche y todo estará como lo dejaste...

– Entonces, – reaccioné – ella... ¡Estará viva!

– Ella y todos los demás.

– Ella y todos los demás – repetí.

– Nada habrá cambiado, Rido.

– ¡Eso es! ¡Volver a empezar!

– Una nueva oportunidad, paradójico teniendo en cuenta que hubo un momento que no quisiste vivir. Aprovéchala. Pero ten en cuenta esto: para ellos, sólo ha pasado una noche. Nada habrá cambiado.

– Eso significa que...

– Exacto – se apresuró a interrumpirme sabiendo que me costaría pronunciar lo que estaba pensando. – Será como si no hubiera pasado nada. Pero no todo habrá sido en balde. Verás, vendrán tiempos oscuros, tiempos difíciles que sembrarán semillas de dolor y mucho sufrimiento. Esa es la naturaleza del Shinigami. La muerte siempre está esperando ahí fuera. Pero Rido, todo tú has cambiado ahora eres capaz de afrontar todo lo que quiera destrozarte. Te has hecho fuerte, así lo demostraste en la batalla contra Setsuna. Me has demostrado que estás realmente preparado para poder ser un verdadero shinigami, para poder cumplir aquello que un día te propusiste. Por eso, porque confío en ti. No... Porque creo en ti, porque sé que nunca huirás más, te prestaré mi poder, que es también tu poder, el que reside dentro de tu alma. Te prestaré el poder para invocar el gran castigo de los dioses. Bajo tus pies temblará la tierra y se abrirán los cielos. A una palabra tuya, caerá el martillo de los cielos y una espada resquebrajará el horizonte. Porque yo te prestaré mi poder, tú dominarás el infinito. Caminaremos juntos por el campo de batalla, llegaremos a cumplir eso que tanto deseas. Tú y yo seremos uno y ya no tendrás que temer.

– Eso... – contesté aturdido. – Eso lo has estado ensayando, ¿verdad?

– Despierta, Rido. Vuelves a casa. Vuelves al verdadero combate. Pero no temas. Sólo lucha, lucha por aquello que crees. Sólo has de pronunciar mi nombre.

– ¡Pero si no lo conozco!

– Sólo escucha a tu corazón.

De repente, cuando aún estaba embobado por el discurso, fui como arrebatado de allí y desperté tendido sobre la cama, en mi habitación. No era la habitación que había compartido con Nalya durante tanto tiempo así que tuve que resignarme a aceptar la verdad.

Me tomé mi tiempo para levantarme y prepararme. Todo seguía igual así que tendría tiempo para poder acostumbrarme antes de regresar a las tareas. Habían pasado tantas cosas... Diez años de vida en... una sola noche. ¿Servirían de algo?

Entonces recodé todo lo que se me había venido a la mente desde la ejecución de Setsuna hasta el final de mi vida en aquella realidad. Claro que servirían de algo, había vivido muchas cosas y me había conseguido superar a mí mismo y a mis miedos. El viejo Rido había muerto y ahora estaba yo en su lugar. Dispuesto a levantarme las veces que hiciera falta.

Había vuelto a la realidad, una palabra que había dejado de tener un significado para mí. Yo ya no tenía una realidad. Realmente pertenecía a este mundo, pero muchas cosas dentro de mí no eran de este mundo. Mis recuerdos, mis sentimientos, mis emociones, mucho de mi forma de ser se había forjado durante diez años de intensas experiencias en otra vida totalmente distinta.

Había conocido un mundo totalmente distinto. Un mundo en el que había llegado a encontrar algo parecido a la felicidad y en el que me había podido sentir más a gusto que en el resto de la vida. Sabía lo que podía llegar a ser y lucharía por el camino.

Pero también había aprendido de una vez por todas que el camino de un shinigami no era un camino ancho y llano. El sendero que discurría a través de la vida de un shinigami era angosto, lleno de peligros. Sabía que iba a ser difícil, pero estaba dispuesto a enfrentarme a ese camino tan aterrador como apasionante.

Me aterraba, sí, la idea de perder de nuevo a un ser querido. Lucharía con todas mis fuerzas para que eso no pasara. Ya había perdido a Yonas, casi había perdido a Eliaz y, aunque fuera en algún tipo de “otra dimensión” había perdido a muchos amigos y, por encima de todos ellos, a la mujer que amaba y a la única a la que podría amar.

Sí, el camino sería duro, pero aún así tenía que enfrentarme a él. Fue la promesa que me hice cuando desapareció Yonas, la promesa que renové cuando encontré el cuerpo muerto de Yonas... La promesa que me hice tantas veces: llegar a ser un shinigami capaz de llevar a todo el mundo a sentir la misma calma y paz que yo había encontrado en el momento del entierro de mi alma.

Yonas... No podía siquiera pensar que lo había perdido de nuevo. Que lo había recuperado y lo había perdido. Aunque aquello era algo que ya había asumido desde hacía tiempo, la falta de Yonas tras una ilusión de diez años volvía a ser un serio vacío en mi alma. Vacío que no dejaría que me dominara como antaño, pero que era fuente de una gran nostalgia.

– ¡Rido! – me sorprendió la voz de Eliaz al otro lado de la puerta.

Era maravilloso volver a contar con Eliaz entre mis amigos. A pesar de que él también estaba en aquel otro mundo, el capitán Eleazar Asharet era muy distinto al Mirumoto Eliaz que yo conocía. Así que el escuchar la voz de Eliaz fue como una seña de haber vuelto en casa.

– ¿Qué?

– Anda, date prisa, quiero hablar contigo.

– ¡Voy!

Terminé rápidamente de prepararme y me sonreí nostálgica e irónicamente cuando me sorprendí a mí mismo tratando de encontrar el haori de capitán por toda la habitación. En cuanto me di cuenta, con esa misma sonrisa tonta salí de la habitación y saludé a mi compañero.

– ¿Qué? – me preguntó sorprendido por la forma en que le hablaba y por la mueca de mi cara.

– Nada... Dejémoslo en que me parece que hubieran pasado años  desde la última vez que hablamos así.

– Es cierto – afirmó ante mi sorpresa.

– ¿Qué?

– La verdad es que llevo una temporada bastante mal – aclaró.– Ya sabes, desde lo de Tanzania.

– Respecto a eso...

– Tranquilo, sé lo mucho que te afectó a ti también, pero no te preocupes. No fue culpa tuya.

– Si sólo hubiese sido un poco más rápido...

– Rido, me salvaste la vida. ¿Qué más hay que discutir?

– Bien... ¿De qué querías hablarme?

– ¡Hombre! – sonó una voz femenina a mi espalda. – ¡La parejita feliz!

Allí estaba, ella, tan radiante como siempre. No puedo describir cuántas cosas sentí en aquel momento en el que la volví a ver, como el fénix surgido de sus cenizas. De repente, los ojos se me llenaron de lágrimas de alivio y la respiración se me paró por unos instantes. Eliaz me miraba asombrado mientras yo me acercaba lentamente a Nalya con toda la intención de abrazarla.

– ¡Eh! – me gritó al tiempo que desenvainaba la espada. – ¡Las manos quietecitas!

– Sí... Esto... – me disculpé al recordar que ella no sabía nuestra historia en aquellos diez años de vida paralela. – Lo siento. Eliaz, – me volví hacia el – antes de que me cuentes eso que me querías contar, déjame que os explique esto... a ambos. Acabo de tener una conversación muy... interesante con mi espada.

– Ya está éste con sus historias – resopló Nalya.

– La verdad es que ha sido muy... ¿impactante? – continué, dubitativo. – Al menos ha sido bastante densa... Puede que sea esa la palabra que mejor le...

– O sea, que te ha soltado un rollo patatero – interrumpió Eliaz.

– Cada uno tiene la espada que se merece – apuntó ella.

Sin hacer caso a las impertinencias salidas de la boca de la décima oficial, les expliqué toda la historia de la realidad paralela sin darles tiempo a que me interrumpieran. Les expliqué su significado tal y como me lo había relatado el monje y todos los sucesos que habían acaecido durante aquella noche, la más larga de mi vida.

– ¡¡¿Qué?!! – saltó Nalya.– ¡¿Tú y yo?! ¡¿Casados?! ¡Ni en sueños!

– Bueno, eso de “en sueños”... – sonrió Eliaz, que parecía estar pasándoselo en grande.

El comentario de mi compañero fue respondido por un capón propinado por la que durante diez largos e imaginados años había sido mi esposa, que no se podía estar quieta después de aquella revelación que le había hecho.

– Entonces... – dijo Eliaz obedeciendo a las sutiles indirectas de Nalya y cambiando de tema. – Eso significa que ya puedes liberar la espada.

– Eso creo.

– ¿Qué te parece si lo comprobamos?

Salimos del cuartel y nos dirigimos a un espacio abierto siguiendo los consejos de mi amigo el noble. Ciertamente, ni yo mismo conocía la liberación de mi espada así que tendría que ser precavido a la hora de probarla.

“Sólo escucha a tu corazón” me había dicho el monje y me repetí a mí mismo cuando consideramos que habíamos llegado a un lugar adecuado para la demostración. Me concentré e intenté escuchar el nombre de la espada, grabado en lo más profundo de mi alma. De pronto, lo supe tan ciertamente como si fuera mi propio nombre, tan ciertamente como sabía que yo era yo.

– Resuena en los cielos, estremece la tierra – susurré – ¡Balmung!

De pronto, una luz dorada recorrió el filo de mi espada. Ese brillo áureo quedó reflejado después en el gran rayo que adornaba la hoja y que refulgía como el sol en los días de verano. De la empuñadura de la espada pendía ahora una cadena también dorada que unía la espada con una gran maza de metal cuya empuñadura era idéntica a la de la espada.

La visión de aquel cambio me había cautivado hasta el punto de robarme todas las palabras. Había visto una infinidad de liberaciones a lo largo de mi vida como shinigami, pero aquella era especial. Era mi liberación, era dar a conocer al mundo físico una parte de mi alma. Era como si mostrar aquella espada fuese como decir “estoy aquí”.

– Sorprendente – acertó a decir Eliaz al tiempo que liberaba su espada. –  ¿Te atreves a enfrentarte a mí?
:iconcentoloman:
Qué cabrón el monje. Al fin sabemos qué carajo estaba pasando y todo para... no caer en la misma dinámica de siempre.
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