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September 11, 2009
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Memorias 29 - Ashartim

by ~Centoloman

Ashartîm

– Un poder interesante – comentó Eliaz cuando volvíamos hacia el cuartel.

– Sí, pero aún tengo mucho que practicar.

– Bueno, el camino se separa aquí.

– ¿Dónde vas, Nalya? – preguntó Eliaz.

– ¿Y a ti qué cojones te importa, niño rico? – contestó ella en su habitual tono desagradable. – No soy tu esposa.

– Cierto, – replicó mi amigo aprovechando la oportunidad que le habían servido en bandeja de plata  – eres la esposa de Rido, no la mía. Pero tranquila, yo no soy celoso.

No sé si porque se dio cuenta de que aquel comentario lo había causado un fallo suyo en su defensa contra las impertinencias o si porque tenía prisa, Nalya no contestó al comentario de Eliaz. Simplemente, en silencio, sin despedirse, se marchó por otro camino distinto al que seguíamos nosotros y que llevaba al cuartel.

– Oye, ahora que no está ella, – dije – ¿Qué era aquello que me querías comentar antes?

– ¿Cuándo? – preguntó sorprendido mientras trataba de hacer memoria. – ¡Ah! Cierto, esta mañana fui a tu habitación. Ya ni me acordaba. Es curioso, esta mañana me parecía lo más importante del mundo y ahora ni siquiera me acordaba. La verdad es que la memoria es un poco...

– Fuiste a mi habitación para decirme que... – le interrumpí a la vez que le invitaba a continuar, intentando de ese modo evitar que comenzara a disertar sobre temas poco interesantes.

La verdad es que ya me llegaba con enfrentarme a mis propios problemas de memoria, totalmente contrarios a los que parecía tener Eliaz. Realmente, el atolladero en el que me encontraba era precisamente el de acordarme de demasiadas cosas. Debía aprender a discernir poco a poco qué pertenecía a qué realidad y tratar de no cometer muchos errores que me pudieran poner en un aprieto.

– He decidido que voy a dejar de ser Mirumoto Eliaz – anunció.

– Vas a dejar de ser Miru... ¿qué?

– Tranquilo, no es nada grave. Simplemente... voy a asumir mi origen, los errores de mi pasado. Volveré a ser Eleazar Asharet y restauraré a mi familia.

Pocos conocíamos la verdadera identidad de Eliaz. Posiblemente, ese círculo de los que sabíamos que el jefe de una casa menor como la Mirumoto era el heredero de una de las mayores casas nobles de la historia de la Sociedad de Almas se redujera a Nalya, el maestro Kunishi, Mitsuko, Jules y yo. Suponía también que la capitana Henkara, debido a su habilidad de leer las mentes, lo sabría, o al menos lo intuía, pero no podría asegurarlo.

– Pero... ¿cómo?

– No sé, aún tengo que encontrar el modo, por lo de pronto... He vuelto a hacerme con el control de la vieja mansión. Supongo que en cuanto esté lista para ser habitable, Mitsuko y yo volveremos a residir en la casa de mis antepasados.

– No sé por qué lo vas a hacer pero...

– ¿Pero qué?

– No, nada. Me parece una buena idea.

– ¿Sí?

– Sí, supongo que he aprendido mucho a lo largo de estos años acerca de asumir un pasado del que reniegas y ese tipo de cosas.

– “Ese tipo de cosas”, una expresión muy concreta sí – se burló.

– Vete a la mierda.

– La cuestión es... – continuó, como si pensara en alto. – Tengo que encontrar algo que demuestre ante la Sociedad de Almas que yo soy realmente Eleazar Asharet y que merezco, por tanto, llevar de nuevo el título de mi casa.

– ¿Y tienes idea de qué puede ser? – me interesé.

– Una vaga idea...

– ¿Y qué es?

– No te lo puedo decir por ahora. Pero en cuanto lo sepa, créeme, serás de los primeros en saberlo. Te doy mi palabra – añadió.

– De acuerdo, con eso me llega.

– Y tanto, porque no iba a soltar prenda – sonrió.

– ¿Mitsuko ya lo sabe?

– Sí, aunque creo que no lo ha acabado de asumir – respondió.

– ¿Por?

– ¿No te lo había dicho?

– ¿No me habías dicho el qué?

– Posiblemente entre a formar parte de la Duodécima División. Está tan concentrada en estudiar para el test de ingreso que hace poco caso a lo que sucede a su alrededor.

– ¡¿Qué?!

– Lo que oyes.

– ¿Y cómo se te había olvidado decírmelo?

– Estabas tan ocupado con tus “nuevos viejos amigos” que pasé de molestarte – replicó en un tono que mezclaba el resentimiento con el sarcasmo.

– Mira que eres picajoso – bromeé restándole importancia. – Recuerda que Mitsuko hasta cierto punto es responsabilidad mía. Kunishi nos la encomendó a ambos. Además, – añadí, sacándole la lengua – no he sido yo el que ha vivido medio autista durante los últimos meses.

– Qué gracioso.

– ¿A qué sí?

– Vete a la mierda.

– Oye, ¿y cómo es que va a entrar a la doce?

– Bueno, Bikutoru se va a encargar de la formación científica específica para la Duodécima División, de cara a superar esa especie de prueba de conocimientos que les exigen a los aspirantes al trabajo científico. Aparte, evidentemente, alguien de nuestra clase no va a perder el tiempo en la academia.

– Perdóneme usted, alteza – me burlé imitando una exageradísima reverencia. – No quería despreciar su linaje.

Entonces Eliaz aprovechó que había bajado la cabeza y, con ello, la guardia, para propinarme un capón en recompensa por mis burlas. Me quejé, aún sabiendo que en cierto modo lo merecía, pero tras ello no pude menos que prorrumpir en una sonora carcajada a la que no tardó en unirse mi camarada.

– Me refería a por qué no entra en nuestra división. Aunque – añadí mientras un escalofrío me recorría la espalda – parece que su sitio estaría en la Undécima.

– No sé, lo ha elegido ella. Si fuera por mí la hubiera traído tranquilamente conmigo al cuartel. Y así estar juntos todo el día.

– Ni que fuera tu amante.

El silencio tenso que se formó entonces y la cara de mi amigo, que reflejaba una especie de amalgama de culpabilidad, vergüenza y sentirse descubierto en un secreto, me informó que de algún modo había dado en un clavo que ni siquiera sabía que existía. ¿Acaso Eliaz y Mitsuko habían comenzado a mantener una relación más allá del parentesco, adoptivo y artificial por así decirlo, pero parentesco al fin y al cabo?

– ¡Incesto! – acerté a exclamar al rato. – ¡Eso es incesto!

– ¡Eh! – reaccionó él inmediatamente. – Primero, ella no es mi hermana es mi...

– Es tu hermana, aunque sea tu hermana adoptiva. Es tu hermana – especifiqué.

– No es mi hermana de sangre.

– Lo que sea. Aunque sea sólo legalmente y no biológicamente eso es incesto.

– Segundo, – decidió continuar sin hacer caso a las objeciones que le planteaba – yo no planeé enamorarme de ella. Ni ella planeó enamorarse de mí. Simplemente... ocurrió.

– Sí, ya – contesté entre resignado a aceptarlo y escéptico ante su última afirmación. – “Simplemente ocurrió”

– No soy yo al que su imaginación le ha hecho casarse con Nalya en una realidad alternativa – contestó. Parecía que había decidido defenderse lanzándose al ataque.

– ¡Ese es otro tema!

– Sí, ya, seguro. Pues a mí me parece muy parecido.

– Además, Nalya no es mi hermana.

– Mitsuko tampoco es mi hermana.

– No es tu hermana para lo que quieres.

– No es mi hermana.

La verdad es que sabía que Eliaz tenía razón, pero me había acostumbrado tanto al hecho de ver a Mitsuko como la hermana pequeña de mi colega que la idea de que fueran algo más que eso me repugnaba a la mente. Al fin y al cabo, Mitsuko era también como una hermana pequeña para mí y supongo que en ese momento se activaron los instintos de hermano mayor. Si es que existe algo así.

– Está bien. Sois mayorcitos para hacer lo que queráis – repliqué, cansado de discutir por algo como eso. – Total, no me vas a hacer caso, como siempre.

– ¿Cuándo no te hago caso? – se interesó.

– Por ejemplo... ahora.

– Eso no es suficiente para decir “como siempre”.

– Digo lo que me da la gana.

– Mira que eres borde cuando quieres. Deberías de dejar de juntarte con “tu esposa” – se burló.

– Vete a tocarle las pelotas a otro, Eliaz.

– Vale, vale, tranquilo. Dejemos el tema.

– Sí, será mejor – asentí, estando de acuerdo con él por primera vez en un buen rato.

– Además, no es nada serio... por ahora.

– ¡Habíamos dejado el tema! – protesté.

– Vale, vale, está bien. Oye, se me acaba de ocurrir una forma para aumentar el poder destructivo de nuestras espadas cuando luchemos juntos.

– Vaya forma de cambiar de tema.

– ¿A que sí?

– Bueno, dispara, a ver que idea genial se te ha ocurrido.

– Lo llamo “Luna de Devastación”

– ¿Ya le has puesto nombre?

– Er... Sí.

– Eres de lo que no hay.

– ¿Me vas a dejar contarlo?

– Dale anda...

Mientras Eliaz explicaba su retorcida a la par que ocurrente idea, llegamos al cuartel. Era ya la hora de cenar, así que nos dirigimos rápidamente al cuartel. Cuando entramos al comedor de oficiales, ya estaban todos allí, a excepción de los tres oficiales de mayor rango, Setsuna, Arturo y Henkara. Decidimos esperarles para empezar como muestra de respeto y a los pocos minutos, el teniente y la capitana entraron al comedor con cara de estar visiblemente cansados, posiblemente por las grandes cantidades de papeleo que debían solucionar diariamente, lo que me hizo recordar involuntariamente

– Bueno, ya que estáis todos aquí aprovecho para comunicaros algo – dijo Henkara. – Setsuna nos ha dejado. Ha sido destinado a la Undécima División. Arturo y yo nos acabamos de enterar hace escasos minutos, así que... no os sorprendáis si no lo veis por aquí, ya no es de los nuestros.

– Al final va a ser que no todo lo que había pasado era pura invención – susurró Eliaz por lo bajo.
:iconcentoloman:
Salimos de la saga de la espada y nos centramos por dos capítulos en Eliaz. Dos nada más. Averiguaremos un poco más sobre él (no mucho) y...
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