Memorias 30 - 2 Re 22
by ~Centoloman2 Re 22
Joven amigo, recuerda esto que te digo. Un shinigami tiene una responsabilidad demasiado grande como para rendirse a una causa egoísta. Recuérdalo siempre.
Meses pasaron desde aquello y las cosas volvieron a la más absoluta normalidad, si es que algo en mi vida se podía considerar normal desde el momento en que descubrí los secretos de mi otra vida. Poco a poco me iba readaptando a la realidad que me había tocado vivir y no aquella en la que me hubiera gustado pertenecer.
La fecha para el examen específico de ingreso que había programado el Escuadrón de Investigación y Desarrollo se acercaba y, con ello, Mitsuko iba poniéndose cada vez más nerviosa. Bikutoru casi tuvo que mudarse a la mansión Mirumoto, pues cada vez pasaban más horas repasando una y otra vez los conceptos que debía conocer para superar la prueba.
Eliaz, por su parte, pasaba el día en la antigua mansión de los Ashartîm tratando de entrar en su casa. Nunca quiso explicarme qué le impedía entrar pero, desde mi desconocimiento de la situación trataba de apoyarle en lo que podía. Su intención de superar aquella prueba del destino, algo en lo que, no puedo determinar si por fortuna o desafortunadamente, tengo bastante experiencia, llegó a un punto casi obsesivo.
Pasaba días enteros en la mansión haciendo no sabíamos qué. Casi no pasaba por la mansión más que para pasar la noche, cuando iba, y, desde que Henkara le concediese el permiso para dedicarse por completo a sus asuntos hasta solucionarlos algo en apariencia inexplicable a ojos de los demás compañeros , no aparecía por el Cuartel.
De este modo, recordando la promesa que le había hecho a Mitsuko y al maestro Kunishi cuando habíamos asumido el cuidado de la pequeña, sustituí a mi amigo en el entrenamiento de su hermana. Siendo que Bikutoru hacía una labor excelente en el ámbito conceptual, yo me dedicaba a guiarla en su entrenamiento en combate y a acompañarla en sus meditaciones, tal y como en su momento había hecho conmigo mi maestro, Hiruma Kunishi.
Así como parecía hacer un esfuerzo sobrehumano para comprender el sentido de algunas de las cosas que le enseñaba su tutor particular, su destreza en combate era increíble, equiparable a la de un shinigami experimentado. Ya había tenido esa impresión de ella la primera vez que había tomado una espada, pero día a día iba mejorando más.
¿Por qué quieres ir a la Duodécima División? pregunté un día durante el entrenamiento.
Tengo mis motivos.
No lo dudo respondí. Es simplemente que...
¿Dudas de mi capacidad?
Es simplemente que tu gran virtud es el combate cuerpo a cuerpo. Ya ves la diferencia entre lo que te cuesta el entrenamiento en el combate y el entrenamiento en el resto de áreas rezongué mientras esquivaba uno de sus golpes. Eres carne de once.
Pero yo quiero entrar a la Duodécima.
Está bien, hagamos un descanso.
¿Ya estás cansado?
Podría seguir así hasta la noche.
¿Seguro? se burló Mira que ya vas viejo.
Anda bicha repliqué tira para dentro que Jules nos ha preparado un té. Hay algo de lo que quiero hablarte.
¿Un sermón de los tuyos?
Ser shinigami no sólo es pegar espadazos. Las palabras son muchas veces más certeras que las patadas.
A regañadientes, conseguí que me siguiera hasta la sala principal de la mansión, donde Jules, el sirviente de los Mirumoto, ya nos esperaba con el servicio de té preparado. Sabía que era extraño, pero con la ausencia de Eliaz había tomado también en cierto modo las riendas de la casa para permitir que Mitsuko se pudiera concentrar al máximo en sus estudios.
Nos sentamos y el criado nos sirvió el té. Mientras tanto, en silencio, trataba de pensar en lo que le iba a decir. Sabía qué quería transmitirle, aquello mismo que el maestro me había tratado de explicar el día en que me marché de su lado camino de la academia y que tanto tardé en entender. Lo que me costaba era encontrar las palabras con qué enseñárselo.
Querías hablarme de algo, ¿verdad? rompió el hielo, impaciente.
Sí... suspiré. Mitsuko, ¿tú por qué quieres ser shinigami?
Estoy cansada de que todo el mundo me proteja. Toda mi vida he vivido bajo la protección de los demás. De hospital en hospital, tratando de encontrar una cura para algo que no tuviera solución. Vivía noche y día bajo la protección de enfermeras, médicos, mis padres... Estoy cansada de ser la protegida, yo también quiero ser capaz de proteger a los demás. Como tú y como Eliaz.
Supongo que eso es lo que te llevó a ir a pedirle al maestro que te enseñara.
Sí, eso fue. Cuando llegué aquí... cuando Eliaz enterró mi alma... Fue como si todo volviera a comenzar de nuevo, como si...
Como si algo o alguien te hubiera perdonado de tus faltas y te hubiera dicho: Ahora es tu momento. Vive. Lucha. completé su frase.
¿Cómo lo has sabido?
La experiencia es una buena maestra.
¿La experiencia? se interesó.
Te voy a decir lo que una vez me dijo mi maestro, el día que partí hacia la Academia comencé decidido, sin mencionar el parecido que aquello tenía con lo que había sentido cuando aparecí en el Rukongai. Mitsuko, vas a ser shinigami. ¿Eres consciente del paso que vas a dar?
No te entiendo.
Ser shinigami es algo muy importante, una gran responsabilidad. Convertirse en shinigami siguiendo los impulsos de una causa egoísta... terminará volviéndose en tu contra.
¿Causa egoísta?
Sí, a veces creemos que las cosas que hacemos las hacemos por los demás expliqué. Sin embargo, muchas veces, lo único que hacemos es tratar de llenar nuestros propios vacíos, encontrar la propia satisfacción. Incluso tratamos de ser reconocidos por ello. Ese camino... añadí apesadumbrado, pues yo lo había seguido sólo lleva a la perdición.
Rido, ¿tú por qué te hiciste shinigami?
Por mi hermano.
¿Por Yonas?
Cuando desapareció... simplemente creía que no podría volver a ser feliz lejos de él. No podía imaginármelo de otro modo. Por eso decidí ir a buscarlo, pero no era lo suficientemente fuerte, por ello decidí hacerme shinigami. Así fue como comenzó todo hace ahora más de quince años ya.
Su silencio meditativo me invitaba, de alguna forma a seguir. Nunca había compartido con nadie estas intimidades, a excepción de con Nalya, Eliaz y la Capitana y éso me producía una cierta sensación de desasosiego. Sabía, por otra parte, que explicarle aquello podría venirle bien así que, sin dudarlo, continué.
Creía que realmente lo hacía por proteger a Yonas. Cuán equivocado estaba. Sólo lo hacía por llenar un vacío en mi interior. ¿Me preocupaba él? ¿Los motivos de su marcha? Dios sabe que sí. Pero... el motivo principal de mi búsqueda de poder era satisfacerme a mí mismo, satisfacer mi necesidad de estar con él. No me di cuenta de ello hasta que lo vi muerto. ¿Qué iba a hacer yo entonces? Parecía que estaba perdido, pero al final, en el fondo de aquel pozo tan profundo de desesperación, encontré la luz, la esperanza para seguir y la forma para corregir.
¿La luz?
Supongo que es cuestión de la experiencia. Simplemente, cada uno es cada uno. Cada alma, cada llamada, es única.
¿Qué crees que debería hacer?
Sigue por el camino que has elegido. Ingresa en la Duodécima, creo que tienes motivos de sobra. Cuáles, no lo sé, pero da la impresión de que eres consciente de qué división has elegido. Pero vigila, debes estar alerta. No sabes el día ni la hora en los que llegue ese momento en el que sólo podrás continuar hacia delante habiendo purificado tu camino. Supongo que es lo que le está pasando a tu hermano desde lo de...
La sola referencia a lo que había sucedido en Tanzania hizo que regresara a mí la desazón que había sentido en los días posteriores a la misión. Sin embargo, no me culpaba ya por no haber podido llegar a tiempo. Mis sentimientos eran otros.
¿Aún sigues culpándote por ello? No lo hagas. Hiciste todo lo que pudiste.
Lo sé pero... dudé de él ¡Aunque sólo fuera un instante dudé de él!
Rido, tranquilo. Él no te culpa, no te castigues tú. Supongo que es la vida del shinigami.
Sus palabras resonaron en mi cabeza como si fueran una luz para mostrarme el camino por el que debería proseguir la conversación. No creía tener la autoridad suficiente como para enseñar una lección que realmente se aprendía por la experiencia pero en ese momento me sentí casi forzado a hablar de aquello, como si las palabras se pelearan por salir de mi boca.
Hablando de eso... La vida del shinigami... dije lentamente, como buscando las palabras precisas. Es una lección muy dura de aprender. A mí me ha costado una década de continuas pérdidas, aunque haya sido en una realidad imaginada. Vas a sufrir mucho en cuanto te enfundes este uniforme. Desde ese mismo instante la muerte será tu compañera inseparable y eso te hará enfrentarte a muchas experiencias muy dolorosas.
Sí, pero...
Lo sé. Sé lo que me vas a decir. El trabajo de un shinigami tiene una cara muy agradable. Eres la mano tendida hacia personas que nunca creyeron merecer una nueva oportunidad, un mensajero de esperanza. Hace que te sientas bien porque ayudas a otras personas. Tú y yo somos pruebas vivientes de ello. Alguien nos dio una nueva oportunidad para vivir y la hemos aprovechado. En ese aspecto, la misión de un shinigami es muy satisfactoria. Es casi la misión de un dios.
La misión de un dios...
Pero... también eres el mensajero de la muerte, de la desesperación y del sufrimiento. Verás a muchos caer a tu alrededor y no podrás hacer nada, personas inocentes, amigos. Una vida injusta, en la que no existe el bien o el mal, porque la muerte no sabe distinguir entre ellos. ¿Estás preparada para ello?
Vaya, resulta que estos diez años de presente ausencia o de ausente presencia, o como los quieras llamar, te han convertido en un gran orador bromeó Eliaz desde la puerta. Daría lo que fuera por escuchar los discursos que le dabas a tus subordinados, Capitán Akano.
¿Cuánto llevas ahí?
Desde... ¿Por qué quieres ser shinigami? informó.
¿Y no has dicho nada? protestó su hermana.
Estaba absorto en las sabias palabras del capitán.
Vienes demasiado sonriente para lo que estás últimamente tercié, tratando de desviar la conversación. ¿Qué ha pasado?
He encontrado ésto anunció, depositando un rollo sobre la mesa.
¿Qué es eso? preguntó Mitsuko.
Es un rótulo de papiro explicó mientras lo desenrollaba.
¿Qué idioma es ese? continuó interesándose la pequeña de la casa.
Es hebreo dije, adelantándome a la respuesta de Eliaz.
Entre ofendido por no haber sido él el que había contestado y divertido y maravillado porque alguien más lo supiera, Eliaz respondió a mi afirmación con un leve movimiento de cabeza que denotaba asentimiento y sorpresa.
No era difícil de adivinar... respondí. Al fin y al cabo solo hay que ver tu nombre y el de tu familia... El real precisé tras una pausa.
Vaya, vaya, si al final resulta que el barbudo éste es listo y todo.
¿Y qué dice? intervino Mitsuko.
No lo sé bufó Eliaz. Digamos que mi hebreo está bastante oxidado. En mis tiempos, ya estaba casi en desuso, y sólo los ancianos de la familia eran capaces de entenderlo perfectamente. Durante un tiempo yo estuve al servicio de uno de ellos, dispuesto a convertirme en un sabio, pero luego pasó aquello y... El resto de la historia ya la sabéis.
Entonces, ¿qué piensas hacer?
He dicho que es mi hebreo lo que está oxidado, no mi determinación por abrir esas puertas.
¿Y dónde lo has encontrado?
En una de las antesalas a las que tengo acceso descubrí unas tablas sueltas. Estaba allí, esperándome debajo de ellas.
Interesante... musité.
¿El qué?
Que después de tanto tiempo aún hayas encontrado hoy esa trampilla me burlé.
¿Así que dudaste de mí cuando estaba en Tanzania? replicó rápidamente.
¡Eh! ¡Calma! intervino Mitsuko. ¿Y que piensas hacer entonces? Aún no me has contestado.
Creo que puedo ser capaz de descifrarlo sólo tengo que...
Entonces se levantó y salió de la sala por el largo pasillo que llevaba hasta las habitaciones. Parecía que estaba buscando algo, la llave para su secreto. Mitsuko y yo nos mirábamos sin saber qué estaba pasando exactamente. A los pocos minutos Eliaz regresó con una sonrisa en los labios y las manos vacías.
Bueno, ahora no lo encuentro anunció pero no os preocupéis. Aparecerá.
¿Qué es lo que aparecerá?
Unas.... Un objeto que tengo guardado desde mi infancia y que me ayudará a descifrar el rótulo. Me lo regaló mi abuelo pero... no sé donde lo he metido.
Eres de lo que no hay bromeé. ¿No te enseñaron a cuidar los regalos?
Entre bromas, algo poco habitual desde que Eliaz había vuelto de Tanzania, llegó la caída de la tarde. Como mi compañero no tenía que regresar al Cuartel para la cena, hice a solas el camino de vuelta hacia el edificio de la División, lo que me permitió reflexionar sobre lo que habíamos estado hablando aquella tarde.
Por un lado, me sentía feliz, muy feliz, por Eliaz, que había conseguido por fin encontrar una forma de espantar sus demonios, tan presentes desde que se vio completamente derrotado aquella noche en Tanzania.
Por otro lado notaba una extraña sensación de alivio, quizás porque por primera vez tenía la impresión de haber cumplido la promesa que le había hecho a Kunishi cuando Eliaz tomó consigo a Mitsuko. De alguna forma sabía que Kunishi, sabiendo esto, haría ese gesto de aprobación que tantas veces había observado cuando yo realizaba algún progreso durante mi entrenamiento. Recordé aquellas palabras que me había dicho una vez.
Aunque no lo creas, tu alma atormentada es la mayor de tus virtudes. Aunque no logres ser el mayor de los guerreros, siempre te quedará éso.











