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September 12, 2009
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Memorias 38 -FamilyMattersVIII

by ~Centoloman

Family Matters VIII (Truth Hunting)

– ¿Consejero de Henkara?

– Eso parece – expliqué. – Es mi pseudo-castigo por haber comprometido la reputación de la División.

– No entiendo.

– Es fácil, Okita. El Gotei 13 me dejó en libertad a cambio de que Henkara me tuviera vigilado casi a perpetuidad, pero ella cree en mi inocencia tanto como yo, así que me ha puesto en un puesto favorable en el cual puedo luchar por ello sin que ella desobedezca la orden de sus superiores.

– Aún así...

– Sí, sé que es arriesgado pero tenemos la verdad a favor.

– Pero la verdad sin pruebas no es más que un bonito sueño y tu testimonio o el de Nalya no valen como tal.

– Quizás el testimonio de la Capitana baste.

– ¿Algo que nadie más pueda comprobar? No lo creo.

– Todo el mundo se fía de Henkara.

– “Fiarse de” no es una opción en estos casos.

Okita tenía razón. Era tan simple como observar la realidad y aplicar un poco de sentido común. Mis convicciones no servirían más que para darle una y otra vez vueltas a un tema tan manido, pero sin llegar a ningún sitio. Faltaba algo que lo confirmara pero... ¿qué?

Li e Ikkyuu se habían retirado y los otros cuatro atacantes habían muerto. No teníamos para defendernos más que una vieja historia de esas que los mayores cuentan a sus nietos frente al fuego del hogar en las noches de invierno. Algo que no era más tangible que un sueño, como bien había expresado Okita.

Sin embargo, contaba con un as en la manga, lo sabía, o, al menos, lo esperaba, pero todo dependía de que fuera capaz de demostrar su verdadera identidad y facilitar pruebas válidas para la investigación como... No se me ocurría qué.

A fin de cuentas, estaba basando mis esperanzas en simples especulaciones vacías y sin apoyo en la realidad. Darme cuenta de aquello me bajó los ánimos que me había dado la propuesta de Henkara, así que desvié mi vista nuevamente hacia el periódico, que parecía que sólo hacía referencia a Nakajima Kyo, por uno u otro motivo: reseñas biográficas, muchas de las cuales no pasaban de pura mentira, testimonios de la gente del Distrito 23 Sur, semblanzas históricas de la figura de un cruel y despiadado demonio traidor...

¿Y si no era capaz de demostrar su inocencia? Todas aquellas mentiras, yo sabía que eso eran, serían verdades suficientes para llevar a Kyo al Dúo Terminal y, probablemente, alargar mi condena lo suficiente como para no volver a ejercer de forma efectiva como shinigami. Tenía que, de alguna forma encontrar alguna especie de prueba que demostrara la inocencia del antiguo Teniente y, aunque eso fuera lo menos importante, la mía propia.

¿“Lo menos importante”? ¿Realmente consideraba que mi propia inocencia, a la que iba ligado todo mi bienestar y la posibilidad de llevar una vida normal, era lo menos importante en aquel caso? ¿Pura hipocresía? ¿Verdadera entrega? Quizás lo pensaba así sabiendo que era realmente inocente y que, en base a la verdad, no sería difícil salir exonerado. Es decir, todas las pruebas que existían indicaban que, aunque de algún modo ayudase a dos traidores, también los había entregado a la Sociedad de Almas, o eso podría aducir Henkara en caso de que fuese necesario.

Eché nuevamente un vistazo a los panfletos incendiarios que durante todo aquel día habían inundado el Sereitei reflexionando sobre la reaparición de los dos más grandes traidores de toda la historia de aquel mundo y sobre el juicio que tendría lugar el día siguiente y me pregunté irremediablemente por mi futuro.

Estaba claro, en algún sitio tenía que existir un documento, una prueba física que relacionara a Sadoq Asharet con aquel “Grupo Nadie” que había mencionado Kyo, o que demostrara la inocencia de Akano Kumaru y de su teniente pero... ¿dónde? La primera respuesta fueron los archivos de la División Seis, de imposible acceso en aquel momento; la segunda... no, era imposible acceder allí a menos que ocurriese un milagro. En cualquier caso, no sería posible antes del juicio. Bibliotecas, Archivos Históricos, Documentación de las Divisiones... todos esos lugares podrían estar albergando, sin saberlo, pruebas pero ¿por dónde empezar?

Nalya había identificado a Kurono con Kyo mucho antes de que éste nos lo revelara. Podría ser un punto de partida, pero ¿cómo lo había hecho? Dudaba que Kyo en persona se lo dijera, así que... no tenía la más remota idea de cuál había sido su fuente de información. Tenía que averiguarlo de alguna forma.

– Discúlpame, Okita. Tengo que pensar en algo para mañana – me levanté. – No os preocupéis, algo se me ocurrirá esta noche. No se me ocurre qué pero algo se me ocurrirá. Por cierto...

– ¿Sí?

– ¿Cómo están los ánimos por aquí?

– Bueno... Es difícil de decir, no sabíamos nada “oficialmente” hasta que nos lo dijo Arturo en la cena, mientras estabas en el despacho de la Capitana. Intuíamos que algo había pasado, Nalya está más insoportable de lo normal, pero no lo atribuíamos a algo tan... grave. A no ser por los rumores... – se apresuró a añadir.

– ¿Rumores?

– Sí – afirmó. – Desde que se filtró la noticia de la captura de Kyo y de ese “shinigami anónimo” que le había ayudado, la gente comenzó a inventar de todo. Entonces alguien se enteró de que estabas retenido en los calabozos de la Sexta y...

– Comprendo.

– No sabíamos qué pensar y tampoco podíamos preguntarle a Nalya... La gente parece estar dividida: eres uno de los nuestros, pero has estado ayudando a los dos grandes traidores.

– En eso llevas razón.

– Personalmente, – se apresuró a añadir. – Sólo espero que esto se arregle lo más pronto y satisfactoriamente posible... por el bien de la división.

Me despedí del Décimo Oficial y fui en busca de Nalya. Sabía que era una jugada arriesgada, no estaba del mejor humor, pero era lo único que se me ocurría. Sin embargo, no la encontré en el Cuartel. Desesperanzado, salí fuera y me senté junto a uno de los árboles que había a la orilla del estanque y allí me puse a reflexionar.

Miré hacia abajo y pude ver las extrañas luces que producían aquellos peces. Nunca llegaría a comprender cómo habían llegado hasta allí, ni qué clase de animal eran, parecían imbuidos de reiatsu, unos auténticos expertos en el dominio de la energía. Habían llegado allí mucho antes que yo y probablemente seguirían durante mucho tiempo más. Quién sabe, a lo mejor eran el legado de mi abuelo a la División, aunque más probablemente procedieran de la etapa de Kuroda o de la propia Henkara como Capitanas.

Kuroda... Alguna vez había escuchado a Nalya hablar de ella con un gran respeto y admiración, algo que no se ponía de manifiesto cuando hablaba de otras personas a no ser en alguna rara ocasión cuando recordaba alguna anécdota de Rido. Sin embargo, no era más que un recuerdo nostálgico en la memoria de los oficiales más antiguos. Ni siquiera Blod, que llevaba ya varias décadas en la División, había llegado a conocerla. Nalya me explicó un día que se había exiliado voluntariamente, renunciando a la vida en el Sereitei para experimentar la vida de los mortales, decisión que a mí, que había renunciado a la vida de los mortales sin siquiera saber lo que suponía la vida después de la muerte, me resultaba cuando menos curiosa.

Al parecer, ella había conocido a Kumaru en sus tiempos como shinigami raso en la División. Esa idea iluminó fugazmente mi mente, quizás en ella estaba la clave pero... ¿querría participar limpiando el nombre de los que fuera su Capitán y su Teniente? ¿Querría volver a inmiscuirse en asuntos que tuvieran que ver con el Sereitei?

Sólo dos personas sabrían llevarme hasta ella: Nakajima Kyo y Nalya. Contactar con el primero resultaría imposible y Nalya no daba señales de vida en aquel momento. En cualquier caso, una visita al mundo humano en aquellas circunstancias sólo traería más problemas y no podía separarme de la vigilancia intensiva de Henkara, en cuyo despacho todavía había luz.

A la Capitana le afectaba demasiado cualquier asunto que hiciera referencia a la División, desde le más mínimo titular que apareciera en el periódico del Sereitei. Después de la conversación que había tenido con ella por la tarde en el despacho, deduje que siempre había tenido muy presente la sombra de la traición que habían proyectado sobre nosotros después de 3656. Quizás si le preguntaba a ella sabría dónde podría encontrar algo.

Me incorporé y atravesé el patio hasta la puerta del Cuartel. Recorrí los pasillos de la Planta Baja y subí hasta el gran vestíbulo que se abría frente al despacho de la Capitana. Me acerqué a la puerta con la intención de llamar pero la voz de Henkara me dio paso antes de que me diera tiempo siquiera a hacer el gesto.

– Buenas noches, Capitana.

– Buenas noches, Rido – respondió. – Por favor, siéntate y dime qué te preocupa.

– Verá, – expliqué al tiempo que me sentaba – es por lo de mañana. Sé que la verdad está de mi... de nuestra parte, sé que Kyo es inocente, que Kumaru era inocente, que esta División es inocente. Pero...

– No sabes cómo demostrarlo.

– Sabría por dónde empezar, pero ni siquiera sé si daría tiempo.

– Explícate.

– Cuando llegamos a casa de Sugimura Kurono, Nalya ya...

– Ya sabía que Sugimura Kurono era Nakajima Kyo – concluyó ella. – Para serte sincera, yo también.

– ¿También?

– Sí, el día que lo descubrió, yo estaba con ella. Es decir, ella no me dijo “he descubierto quién es en realidad Sugimura Kurono”.

– Nalya nunca lo haría.

– No, pero... la sorprendí hurgando en los Archivos de la División, rebuscando entre papeles antiguos de la época de Kumaru: informes de misiones – explicó. – Cuando la sorprendí me preguntó por un tal Sugimura Kurono. Decía que había sido Teniente durante al menos cien años. Sin embargo, no figuraba en ninguno de esos papeles.

– Eso no es concluyente – intervine.

– En efecto, una simple no aparición de ese nombre no lo identificaría con Nakajima Kyo. De hecho, nada de lo que hay en los archivos podría identificarlos. Sólo fue una pieza más en el puzzle que Nalya estaba armando en su cabeza. Y yo fui la responsable de poner la pieza que hizo encajar todo.

– ¿Cómo?

– Me preguntó por la verdad sobre el caso Kumaru y salió un nombre: Saitou Ray, que había sido un oficial de alto rango... el... 5º, aunque posiblemente aspiraba a bastante más.

– Saitou Ray... – repetí.

De alguna forma, conocía el nombre, pero no sabía relacionarlo con el caso. Probablemente, se lo había escuchado a Nalya en alguna ocasión y, posiblemente, no le había dado mayor importancia... o al menos la importancia que debía tener en aquella situación.

– Saitou Ray es una figura complicada, Rido...

– ¿Complicada?

– Sí. En el expediente oficial no se registró, se trató como un suceso aparte, pero fue desterrado del Sereitei a raíz del caso Kumaru.

– ¿Desterrado?

– Eso es. Sin embargo, de alguna forma se las apañó para aparecer fugazmente en una u otra División, llegando incluso a... enterrar el alma de Nalya.

– ¿Estando exiliado?

– Fíjate aquí, – dijo tendiéndome una carpeta – es el expediente de Nalya. Aquí dice que es originaria del mundo mortal y, como en todos esos casos, figura al lado el nombre del Shinigami que la enterró: Suzumura Shin.

– No entiendo.

– Déjame terminar y lo entenderás. Me ha costado conseguir esta información, pero siendo material necesario para la investigación he podido conseguirlo. Bien, este es el expediente de Suzumura Shin, con su foto – prosiguió, enseñándome otras dos carpetas. – Y este es el de Saitou Ray...

– ¡Son la misma persona!

– Exacto. Supongo que actuaba como enlace con el Sereitei de Kumaru y Kyo. Curiosamente, el entierro del alma de Nalya fue la primera y la última misión de Suzumura Shin después de su ingreso en la Séptima División y...

– Y Nalya fue enviada al 23 Sur, donde vivía Sugimura Kurono. ¿Coincidencia?

– Es demasiado “perfecto” para ser una coincidencia. Quizás esa extraña habilidad de Nalya, los apéndices, despertaron la curiosidad de Ray y la envió junto a su maestro.

– Si encontramos a Saitou Ray podremos presentar pruebas – conjeturé.

– Eso es difícil. Dejando a un lado el hecho de que Saitou Ray ha sido condenado y desterrado del Sereitei, observa esto: es el informe de la Misión 364/4304.

– Nalya lo mató – suspiré al leer el informe. – No lo sabía.

– Ya la conoces, no deja salir nada que le pueda producir dolor.

– ¿Y Kuroda?

– ¿Cómo?

– Es decir, según estos informes que encontró Nalya, Kuroda era shinigami raso en la época en que Kumaru y Kyo comandaban la División. ¿Podría ayudarnos?

– No quiere saber nada del Sereitei, así de claro lo dejó cuando se marchó – sentenció Henkara, con un tono entre el enfado, la decepción y la nostalgia.

– ¿Y los otros capitanes? – continué sugiriendo. – Tengo entendido que conoce sus diarios.

– Arturo a veces habla demasiado. Sí, es cierto, en el archivo de la División se conservan los diarios de todos los capitanes... excepto el de Akano Kumaru. La cuestión es que los capitanes inmediatamente posteriores a él, y hasta hace un siglo, estaban designados de forma externa a la División, digamos que, sobre todo los primeros, eran más vigilantes que realmente capitanes.

– Entonces eso sólo es otro callejón sin salida, ¿verdad?

– Eso parece. Si hay algo, tiene que estar en alguno de estos papeles – suspiró, mientras dirigía su mirada a la puerta. – ¡Pase!

– Disculpe... Capitana Henkara – se presentó la voz de Kuniko.

– ¡Kuniko! – exclamé.

– Buenas noches, Oficial. ¿Qué le trae a estas horas? Algo de la investigación, supongo.

– Sí, y el hecho de que Rido esté aquí acelerará lo que vengo a comunicarle.

– De acuerdo, exponga lo que tenga que decirnos.

– El Oficial Bone y yo llevamos toda la tarde cotejando los datos de los interrogatorios y...

– ¿Alguna incoherencia?

– Todo lo contrario, excepto por alguna diferencia de opinión, las declaraciones concuerdan y se corresponden con los testimonios que han dado la Oficial Mitsuko cuando se despertó, que no había tenido contacto anterior con los otros tres, y los habitantes del Rukongai.

– Eso es un alivio. Entonces, ¿cuál es el motivo de la visita? ¿Qué han encontrado?

– Bien, lo importante es que hemos rastreado el único nombre completo que Rido, Nalya y Eliaz llegaron a oír: Hosokawa Rikiya. Fue miembro de la Sexta División, un shinigami raso, en tiempos de Sadoq Asharet, al igual que Feng Li y Sakama Ikkyuu. ¿Son estas sus fotos, Rido? – preguntó, mostrándome tres fotografías.

– Afirmativo para Ikkyuu y Li. Son ellos. En cuanto a Hosokawa... me temo que el único que podría identificarlo sería Eliaz.

– Está bien, no importa – contestó la Oficial. – La identidad de Hosokawa ha sido contrastada con el cadáver encontrado en un claro en las inmediaciones de la cabaña. Iba vestido...

– Como un shinigami, pero con capucha y cuello altos – adiviné. – Al igual que Ikkyuu y Li, y los otros tres que estaban allí.

– Exacto. Los otros tres fueron también en su momento miembros de la Sexta División. De entre ellos seis, todos abandonaron la División en algún momento entre la muerte del Capitán Asharet y el año 4290.

– Eso son sólo cinco años desde que Nalya y Akano Rido entraron en la Academia – apunté. – Aunque veo eso de poca relevancia para el caso.

– No demuestra nada – corroboró Henkara. – Aunque sí plantea una duda más que razonable.

– Eso es verdad – admití.

– Si aún pudiéramos demostrar la existencia del Grupo Nadie... ¡Un momento! – exclamé. – Puede que sí podamos.

– ¿Qué se te ha ocurrido?

– La nueva investigación obligaría a reabrir el expediente del 3656, ¿verdad?

– Se ha reabierto, sí – informó Kuniko.

– Para acusar a Kumaru y Kyo de ser líderes de un grupo terrorista... debieron demostrar que existía tal grupo.

– Es posible...

– Las pruebas utilizadas para demostrar que existía ese grupo... podemos usarlas a nuestro favor.

– Está bien, Bone y yo nos encargaremos de ello – se ofreció Kuniko.

– ¿Seguro?

– Lo que sea para ayudar a un amigo – sonrió. – Me voy ya y a ver qué podemos encontrar. Con suerte, mañana llevaremos algo al tribunal. Aunque no podamos dormir en toda la noche.

Dicho esto, Kuniko se levantó de la silla y se dirigió a la puerta rápidamente dispuesta a proseguir con la investigación, que todavía seguía, lamentablemente, en el aire, sin pruebas físicas que demostraran la verdad.

– ¿Confías en ella? – me preguntó Henkara cuando quedamos solos.

– ¿Acaso usted no?

– Sinceramente, no sabría que decirte – aclaró. – No me interpretes mal, pero son Shinigamis de la Sexta División...

– Ya entiendo qué quiere decir.

– Ojalá me equivoque, pero creo que yo...

– No se preocupe, para Kuniko y Bone, la lealtad a un amigo está por encima de la lealtad a... la historia.

– Bien, siendo que tú eres el que más comprometido estás con ésto, confiaré en ti – concedió. – Ahora, creo que me voy a ir a descansar, no hay nada más que podamos hacer.

– Cierto... Espere... antes dijo que el único diario que falta es el de Kumaru, ¿verdad?

– ¿Qué vas a hacer?

– Si se lo digo, se verá obligada a detenerme

– ¡Rido! ¡Vuelve aquí de inmediato!
:iconcentoloman:
Hummm, qué comprimido me ha quedado el título... Bueno, los ha habido peores xD

Rido busca la verdad... o, mejor dicho, la mejor forma de exponerla y probarla... lo que no va a ser muy sencillo, que digamos...
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