Memorias 48 - Confesion
by ~CentolomanConfesión
Buenos días saludé de forma bien audible al entrar en el aula de sexto curso.
Tras mi primera experiencia, ciertamente satisfactoria, como profesor, comenzaban aquel día el periodo lectivo y mi estreno como el maestro de historia de cientos de alumnos tenía lugar allí. La mía era la primera clase del último curso en la Academia de aquellos estudiantes.
Avancé hasta la mesa y deposité sobre ella, en varios montones, mi carpeta y una serie de fotocopias para el medio centenar de alumnos que formaban la clase avanzada de aquella promoción de futuros oficiales.
Poco a poco, los académicos iban tomando asiento a medida que descubrían que su profesor entraba en el aula. Con la mirada busqué al nuevo inquilino de mi habitación, fácilmente distinguible por su aspecto, que se encontraba aún de pie entre un grupo de dos o tres alumnos mirándome desconcertado.
Por favor, Raik le avisé. ¿Serías tan amable de repartir estas copias? Mientras tanto iré presentándome, mi nombre es Akano Rido y seré vuestro profesor de Historia de la Sociedad de Almas V durante este último curso. Soy perfectamente consciente les sonreí de que muchos de vosotros consideraréis esta asignatura como un estorbo en el medio de un curso eminentemente práctico. Os entiendo, yo también confesé, provocando una pequeña sonrisa entre algunos de los asistentes. Pero no os confundáis, la asignatura de Historia os será tan útil en vuestras labores como shinigami como las clases de combate del profesor Vriznak o las clases de Kidou del maestro Data.
¿Cómo? preguntó una estudiante, verbalizando el desconcierto general de sus compañeros.
Comprendo que mi última afirmación puede sonar algo más que presuntuosa, pero un buen conocimiento del pasado puede poneros en guardia frente al futuro. No niego la importancia de las otras disciplinas, pero una mente bien formada aumenta exponencialmente el poder destructivo de cualquier arma.
No lo entiendo replicó la misma alumna.
Lo sé, yo tampoco lo entendía hasta que la experiencia me lo demostró admití. En cualquier caso... ¿dirías que el Consejo de Capitanes está formado por gente digamos... irresponsable? pregunté. Responde con total libertad, nadie te dirá nada.
Sí, señor.
¿Señor? No hay nadie tan viejo aquí bromeé. Quería acercarme a ellos lo más posible. Entonces asumimos que son gente responsable, inteligente, ¿verdad?
Sí.
Entonces podemos concluir que si son responsables e inteligentes no nos harían perder el tiempo con algo que no sirve para nada. ¿De acuerdo?
Supongo que sí.
¿Llegaron las copias? levanté la vista hacia el resto de la clase.
Sí respondió el improvisado repartidor.
Perfecto dije, tomando entre mis manos el original. Lo que tenéis en las manos es el programa de la asignatura. También os dejo una pequeña cronología de los acontecimientos más importantes y una serie de datos y nombres más relevantes para que os sea más sencillo tomar notas.
Perdón, profesor me interrumpió otra alumna.
Llámame Rido le sonreí, dándole a entender que podía intervenir.
¿No se ha equivocado con el programa?
En realidad, no, pero sabía que alguno preguntaría eso. Bien visto, señorita...
Irupe se presentó.
Un placer. Sí, a simple vista, este es el programa de Historia de la Sociedad de Almas III, al menos si os fijáis en las primeros temas. Doy por supuesto que unos futuros oficiales como vosotros estaréis al tanto de las noticias, ¿no? Lo cierto es que antes de comenzar a meternos de lleno en la asignatura, que tiene un programa más bien corto porque abarca un período relativamente reducido de tiempo, creo conveniente trastocaros un poco lo que habéis aprendido en las asignaturas precedentes. Nada de lo que habéis aprendido os servirá anuncié con voz profunda tratando de hacer como si les fuera a asustar, parándome luego para observar sus gestos. Afortunadamente para vosotros, ésto último que os acabo de contar es una mentira como una catedral, como aquello que estudiasteis en Historia III e Historia IV, la gente no cambia muy rápido de opinión. Pero como sabéis, a comienzos de verano lo que concebíamos como real se demostró falso y lo que creíamos como un cuento de viejas sostenido por un grupo de ingenuos soñadores resultó siendo verdad en base a las pruebas. Hablo por supuesto de...
¿La revisión del caso de Akano Kumaru? se atrevió a responder la alumna que había dialogado conmigo acerca de la importancia de la asignatura.
Premio para usted le sonreí.
Usted se apellida Akano, ¿verdad? me interrumpió.
Sí respondí con naturalidad. Akano Rido, soy el nieto del legendario Capitán Akano Kumaru.
Legendario traidor... farfulló uno al fondo de la clase.
Hasta hace poco tiempo... sí, legendario traidor repliqué sin demostrar la más mínima incomodidad. Pero como aprenderemos a lo largo de esta asignatura, la historia pone a cada uno en su lugar. Bien, trataremos de hacer las clases amenas y participativas y por ello me gustaría contar con una actitud digamos... receptiva por parte de vosotros. ¿De acuerdo?
Les miré fijamente como buscando su aprobación, pero la respuesta fue un silencio que chocaba de frente con lo que acababa de proponerles. No importaba, ya poco a poco iría consiguiendo mis objetivos, puede que no en la primera clase.
Centrándonos ya más en la asignatura... como se trata de hablar de la historia más reciente de nuestra sociedad, puede que os presente también a personas que participaron en ella. Quién sabe si al final del curso habréis hablado con Kaiser Wolf, por ejemplo, o con algún que otro Capitán o Teniente.
Un murmullo de asombro salió de las bocas de los alumnos al escuchar hablar de capitanes, tenientes y de alguien tan legendario en la Academia como el viejo descerebrado que pasaba el día en casa de mis padres. Había sido un completo farol, al menos en lo referente a los Capitanes.
Sólo me queda una cosa más: la forma de evaluación suspiré. Tengo una buena noticia: no tendréis examen final de esta asignatura.
¿No hay examen final? ¡Genial! gritó el joven que me había desafiado antes.
No le tientes, Ryosuke le advirtió por lo bajo la chica que estaba al lado.
Eso, Ryosuke, no juegues con tu suerte me reí. Evidentemente, como los estatutos me obligan a haceros un examen final, aquel que lo quiera hacer, bienvenido sea. Para los que lo prefiráis, os propongo que me entreguéis una serie de trabajos, cada quince días.
¡Eso es trabajar más! se quejó Raik.
Entonces preséntate al examen le sonreí. Los trabajos serán en grupos de dos personas... ¿Quién es el delegado?
Yo levantó la mano la chica de primera fila.
Y tu nombre es...
Sakura Tendo, profesor.
Bien Sakura, entonces si te parece en la última clase de esta semana me podrías pasar una lista de tus compañeros y las parejas para los trabajos. ¿De acuerdo?
De acuerdo.
Está bien, y como ya hemos perdido mucho tiempo y prima non datur, que dirían los latinos... Iros antes de que me arrepienta.
Salí de clase y me dirigí al departamento a organizar mis apuntes para mi siguiente hora, que sería a última hora de la mañana con los alumnos de tercero. Por el camino me fui encontrando con viejos conocidos, profesores y compañeros de curso que por uno u otro motivo habían acabado trabajando en la Academia.
¿Tan pronto ya fuera? me miró inquisitoriamente Deiss al verme entrar. ¿Te rindes ya?
Prima non datur, jefe.
Ya veo ya.
Poco a poco fueron pasando los días, el primer mes, y me fui haciendo con el puesto y con las clases. Me había costado menos de lo esperado conectar con mis alumnos y poco a poco creía saber como hacer que se interesaran por las asignaturas que impartía.
Con el ajetreo de las clases, pude evadirme del problema que me había llevado allí y es que el malestar con respecto a Nalya iba desapareciendo poco a poco. Seguía tratando de evitarla lo más posible, pero ya no me importaba cruzarme con ella en los pasillos ni mantener pequeñas conversaciones.
Aún así, aquellas pequeñas conversaciones nunca pasaban de temas superficiales. Ya no éramos los dos grandes amigos de meses antes, sólo meros compañeros de División que no podían negar un pasado común pero no podían pensar en un futuro juntos. Habíamos retornado al punto de partida, al mismo punto que cuando había ingresado en la división y yo sólo era uno más.
Al menos así pintaban las cosas desde fuera, pero en mi interior trataba por todos los medios, sutilmente, de recuperar la amistad perdida, aquel antiguo vínculo forjado por el destino y que me impulsaba hacia ella más que hacia cualquier otra cosa.
Una mañana, a mediados de otoño, me dirigía al baño para asearme antes de pasar un tranquilo día sin clases ni preocupaciones cuando descubrí un pequeño alboroto que se había formado frente a los aseos.
¿Qué pasa?
Que tu queridísima amiga no sabe beber me espetó Pandora, que parecía divertirse como nunca.
¿Nalya? me preocupé, tratando de entrar en el baño. ¿Se encuentra mal?
Espera, la Capitana está con ella me detuvo. No te preocupes, sobrevivirá a ésta.
A los pocos minutos, Henkara salió del baño y poco a poco se fue disolviendo la multitud de curiosos y cotillas que querían entrever un poco de la lamentable situación en la que, se rumoreaba, se encontraba su Tercera Oficial.
Pero yo no me fui. Ya sólo, en el pasillo, me acerqué a la puerta del baño y la entreabrí. Lo que vi me causó un gran malestar. Nalya se agarraba el vientre con una mano mientras, de forma periódica, vomitaba una y otra vez sobre la tapa. Llorosa, desconsolada, se levantó y aporreó violentamente la puerta del servicio.
¿Seguro que estás bien? le pregunté, al ser descubierto.
¿Quieres pelea? me amenazó.
Todavía no había vuelto a entrar en sus murallas. Quizás, mi silenciosa confesión de amor había conseguido convertirme en su peor objetivo, algo que me producía más dolor que el conocimiento del rechazo.
Está bien, vale... concedí derrotado. Ya me marcho y te dejo sola.
¡No, idiota! exclamó, dándome alcance y frustrando mi retirada. Digo que si quieres entrenar.
Entrenar suponía poder estar en su presencia más de lo justo para informarnos de nuestro estado con un insulso ¿Qué tal?. Parecía que mi impresión anterior estaba totalmente equivocada y, mentalmente, me imaginé cruzando de nuevo el umbral de la muralla.
Vamos sonreí.
Fuera o dentro, respecto a Nalya yo nunca podría ser imparcial, si es que la imparcialidad pura y dura existe. Algo le preocupaba y su estado físico no era el mejor. En esas condiciones no sería capaz de vencerme, pero ella nunca me hubiera retado si hubiese considerado la derrota como una opción. Algo le pasaba, lo intuía.
Pero mi propia inseguridad frente a ella me hacía evitar preguntarle directamente. Quizás lo hiciera después del combate, quizás no, pero ahora debía estar preparado para lo peor. Si algo atormentaba a Nalya, no dudaría en utilizarme como blanco donde desahogar sus frustraciones.
Desalojando ordenó secamente a los presentes en el dojo. Rápido.
Algunos de los shinigamis rasos más veteranos se fueron sin rechistar inmediatamente, otros, más renqueantes, se hacían los remolones como si no quisieran abandonar sus entrenamientos aún cuando fuera la mismísima Capitana quien se lo ordenase.
¡¿No me oís?! les gritó. ¡Fuera!
Esto... ¿estás bien?
Perfectamente informó mientras desenvainaba, lo que me obligó a imitarle. Pierde el primero que toque la espalda con el suelo.
Sin mayor explicación y sin mediar aviso previo, se lanzó como una posesa hacia mí. Sin tiempo a reaccionar frente a su velocidad, sólo pude bloquear el ataque con la hoja de Balmung y tratar de aguantar la arremetida. Aprovechó mi desventaja para tomar mi puño y empujarme, tratando de desequilibrarme.
En ese momento encontré un punto débil. Sin mucho pensarlo, lancé una de mis piernas para hacerle la zancadilla y derribarla. En su caída, cargué con mi espada para tratar de obligarla a caer, pero fue lo suficientemente ágil como para evitar la estocada y caer de rodillas, consiguiendo sin embargo que le cortara un par de mechones de su cabello carmesí.
Bien esquivado le sonreí.
Dibujando ella también una sonrisa en mi cara, aprovechó que ya se encontraba en una posición baja para tratar de derribarme mediante un barrido con una de sus piernas. Lo esquivé retrocediendo, para encontrarme con que se retiraba ella también unos metros hacia atrás de una forma un tanto acrobática.
Fue ese el momento que elegí para, poniendo en juego mi superior velocidad, posicionarme a su espalda y obligarla a tocar el suelo, pero se dio cuenta en el último instante y acompasó su último salto con un codazo directo a la boca del estómago complementado con un fuerte puñetazo haciéndome doblar la rodilla y parar unos instantes para tratar de recuperar la respiración normal.
Mala bestia me reí entre dientes mientras me llevaba la mano a la mejilla, donde había impactado su puñetazo. No pagues tus frustraciones conmigo.
No hubieses aceptado.
Inmediatamente cargó una y otra vez contra mí. Por la izquierda, derecha, a media altura y otra vez hacia la cabeza. Fue una serie de golpes sin oportunidad de contraataque que no me dejaban otra posibilidad que esquivarlos a base de cortos, rápidos y precisos movimientos. Al fin, vi la oportunidad y así el puño de su espada.
La mano me abrasaba, aún por debajo del guante, ésa era la propia autodefensa de Vilnya. Pero aquella quemazón no me importaba, era peor la rabia que me reconcomía por dentro. Sí, sería hipócrita afirmar lo contrario: si ella estaba pagando conmigo algo que yo desconocía, yo descargaba contra ella los sentimientos frustrados que me habían carcomido durante tanto tiempo.
Apreté los dientes y empujé hasta hacerle perder el equilibrio, pero una vez más, Nalya tuvo suerte y consiguió apoyarse con los codos antes de que su espalda batiese contra el tatami. Iba a tratar de que aquello ocurriera, pero fue rápida y recuperó la vertical en poco tiempo.
Sin embargo, la celeridad con la que había conseguido levantarse, le hizo descuidar la presa de su arma y al bloquear mi ataque, Nalya salió disparada hacia mi espalda. Ahora estaba desarmada y yo tenía toda la ventaja, ventaja que no supe usar.
Nos sostuvimos las miradas, miradas que mataban, que expresaban cuánto nos habíamos callado durante un mes y medio de conversaciones inútiles y de gestos excesivamente protocolarios. Ninguno de los dos podía permitirse el lujo de parpadear si no quería perder aquel extraño y tan profundo duelo, que iba ya más allá del propio entrenamiento.
Con un shumpa, ambos tratamos de llegar a la espada perdida antes que el otro. Ella consiguió tomar la empuñadura pero no me hacía falta tomar el arma, sino evitar que mi rival lo hiciera. Descargando todo mi peso en una brutal patada, conseguí apartarla de su objetivo.
Perdón me disculpé al recuperar la consciencia de lo que había hecho. Me he pasado.
Pegas como una mujer repuso, mientras escupía sangre.
Y tú mientes fatal susurré de forma inaudible.
Se levantó y se preparó para el siguiente asalto, mostrando el labio destrozado por mi ataque. Me sentí brutalmente culpable por haber desfigurado así aquel rostro que tanto veneraba, pero los sentimientos de furia se impusieron y no bajé la guardia.
Además dijo al fin, señalando con la mirada mi mano derecha y el guante quemado así estamos empate.
Se lanzó hacia Vilnya nuevamente, pero esta vez previno mi defensa con un certero golpe con uno de sus invisibles apéndices que, aunque supe evitar, fue suficiente como para que ella recuperara la posesión de su espada. Fue tras eso cuando optó por la táctica que finalmente la llevó a la derrota.
A toda velocidad, comenzó a girar a mi alrededor para anunciarme que su ataque podía llegar en cualquier momento y de cualquier lado. Enfundé a Balmung, cerré los ojos y me concentré en sentir su presencia para detectar su posición en cada preciso instante.
Hadou 31. ¡Shakkahou!
Fin del combate: Nalya yacía de espaldas en el suelo, que mostraba las quemaduras provocadas por aquel arte demoníaca. Ante la mirada atónita de los tímidos espectadores del combate, Nalya comenzó a llorar su derrota.
Me acerqué a ella y le tendí la mano para ayudarla a levantarse. En un gesto muy suyo, palmeó mi mano y se incorporó ella sola, despreciando la ayuda que alguien como yo pudiera proporcionarle. La miré fijamente a los ojos vidriosos que confirmaban que no estaba bien, que algo grave pasaba y que no quería contármelo.
Sabía que en ese momento mi mejor amiga, por encima de lo que yo sintiese, me necesitaba tanto o más de lo que yo la deseaba. Pero no quise hacer caso a eso y seguí aquella imperiosa obligación que surgía desde dentro de mí de marcharme de allí y salir al encuentro de una vieja conocida: la soledad. Necesitaba tomar el aire y pasear. Debía relajarme, descansar, reflexionar y reorganizar todos mis pensamientos y mis sentimientos.
¿Era estúpido? ¿Había sido tan egoísta para no ver su dolor y sólo fijarme en mis sentimientos de rabia? Me maldije a mí mismo tantas veces que perdí la cuenta. ¿Cómo había podido ocurrir? Acaso por encima de todo no era ella la única razón de mi existencia. A ella le debía la vida y no había querido ver que ella me necesitaba.
Si puedo ayudarte en algo... le dije.
No replicó. ¡Aparta!
No pude evitar que se me escaparan un par de lágrimas cuando la vi marcharse cojeando del dojo. Era todo culpa mía, que no había sabido estar a su lado cuando me necesitaba, que había preferido la soledad en mi propio beneficio inmediato que el servicio en interés de mi mayor sueño: poder amarla el resto de mis días.
Deberías ir a la enfermería a que te vieran eso le sugerí, tratando de aparentar normalidad.
No necesito los consejos de la copia barata de un amigo muerto.
Aquellas palabras fueron el descabello a mi pobre corazón, maltrecho, ajado y desahuciado. Sabía que Nalya no las sentía, que eran sólo sus malditos mecanismos de defensa, pero en aquel momento, era muy vulnerable. Sobre todo sabiendo quién era mi atacante.
Lloré desconsoladamente, una vez más, en aquel dojo ante la mirada extrañada de algunos y la sonrisa maliciosa de otros. ¿Qué había hecho? ¿Acababa de firmar mi finiquito sin aún haber empezado?
Una vez más, necesitaba airearme y reflexionar. Iba directo a nuestro árbol, cargado nuevamente con una botella sacada de la bodega particular de Irah, cuando la vi. Miraba al infinito subida sobre la rama en la que había pasado la noche anterior a mi ingreso en la Academia como profesor. Me acerqué sin que me viese y me senté en la raigambre del árbol mirando su reflejo en el estanque.
Yo...
No digas lo siento.
No iba a decir lo siento mentí.
Y yo no tengo cuernos ironizó. No necesito la compasión de nadie. No necesito la ayuda de nadie. No necesito el cuidado de nadie. Yo me basto y me sobro sola.
He sido un gilipollas y un imbécil...
El primer paso es aceptarlo.
...pero me da igual concluí pasando por alto su comentario. ¿Sabes? Me da igual ser un pecador si mi pecado es amarte. Iría al infierno por ello. Sé que es inútil y estúpido entregar la vida a un amor no correspondido pero en el fondo de mi alma aún guardo la vana esperanza de que algún día tú sientas lo mismo por mí. Ya está, ya lo he dicho. Haz lo que quieras ahora: insúltame, destrózame, escúpeme, mátame... lo que quieras.
Deja de decir tonterías y pásame esa botella que llevas ahí barbudo dijo con voz quebrada.
Noté como bebía unos tragos de la botella que le había pasado. Por lo demás, el silencio fue nuestro compañero en los segundos inmediatamente siguientes a mi desesperada confesión de amor. El sonido de un nuevo sorbo fui lo último que oí antes de que el continente regresara a mis manos.
Nunca me gustó el whisky murmuró mientras se iba de camino al Cuartel.











