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September 16, 2009
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Memorias 54 - Big Bang

by ~Centoloman

Big bang

– A ver, por favor, silencio – supliqué por enésima vez en los pocos minutos que llevaba en clase con los académicos de Primer Curso. – Para los que no me conozcáis soy Akano Rido y esta semana sustituiré al profesor Deiss en esta clase.

– Como sea tan pesado como el viejo vamos jodidos – murmuró alguien que se escabullía valientemente entre la masa.

– Comparto tu opinión – repliqué, ni corto ni perezoso, dispuesto a tomar la iniciativa en la guerra que intentaban declararme. – Tras la aportación tan interesante del Señor… llamémosle “Camaleón” por su habilidad para camuflarse entre la masa… tras su aportación, Señor Camaleón comencemos con nuestra clase de hoy. El tema es… – rebusqué entre las notas que me había entregado Deiss y que, debido a la misión, apenas había tenido tiempo de ojear. – ¡Vaya! Un tema interesante donde los haya: El Gran Estallido.

– Interesante lo será para usted – volvió a comentar mi oculto y desafiante interlocutor.

– Mira que bien, has acertado otra vez – contesté. – Pena que no te pueda dar una buena nota ni hablarle bien de ti al profesor Deiss… – insistí irónico. – Además, es una lástima que mi criterio cuente más que el tuyo. En fin, veamos… ¿Qué me podéis decir del Hougyoku? – miré fijamente a los alumnos. – ¿Nada? ¿Seguro?

Pero el mutismo seguía siendo su única respuesta. Durante el tiempo que mantuve aquella pregunta en el aire sólo un murmullo se atrevía a romper al silencio sepulcral que reinaba en la clase indicando la poca atención que me prestaban. Era un “público difícil” ante el que actuar, pero debía sobreponerme a ello.

– Podría asumir que ya lo sabéis, pero sería facilitaros el trabajo – continué tratando de no mostrar el más mínimo indicio de flaqueza. –Pero como no me pagan para daros facilidades, comencemos por lo básico – anuncié. – El Hougyoku tiene que ver con shinigamis y con hollows ¿Sabéis lo que son?

Parecía que aquella solapada asunción de la ignorancia de mi auditorio había despertado la rebeldía de algunos alumnos que empezaron a contestarme burlonamente, como si hubiera desafiado a su autoestima y les hubiera ridiculizado.

– Bien – les sonreí. – Parece que sí lo sabéis. Entonces no estamos perdidos. Sabéis lo que es un shinigami… sabéis lo que es un hollow… ¿Y un híbrido? Supongo que eso también lo sabréis. ¿O no?

– El Hougyoku es un artefacto – me interrumpió una alumna – que permite romper la barrera de las especies artificialmente.

– Ya está la gilipollas esta – se quejó Camaleón. – Tenía que abrir la boca. Puta chapona de mierda.

Las quejas del joven camorrista lograron levantar un pequeño murmullo entre algunos de sus secuaces, pero pronto callaron al comprobar que no eran capaces de intimidar a la pequeña valiente que se había atrevido a alzar la voz entre la marabunta que formaban sus compañeros.

– Muy bien, señorita – la felicité. – ¿Alguien más? – pregunté, alzando la vista. – ¿Alguna cosa más? Por ejemplo… ¿Quién lo inventó?

– Yo no – se mofó mi adversario, que aún no había dado la cara, escondido entre la multitud.

– Yo tampoco – contesté cortante. – ¿Alguien lo sabe?

– ¿Urahara Kisuke? – preguntó tímida una nueva voz, esta vez de un muchacho de gafas que se sentaba en la primera fila.

– ¿Respondes o afirmas?

– Respondo… Creo… – replicó ante lo inesperado de mi pregunta.

– Creer no sirve, hay que estar seguro de uno mismo – le sonreí. – Sí, fue Urahara Kisuke, enhorabuena. El Hougyoku fue diseñado y construido personalmente por él y fue completado con éxito durante la última etapa de su mandato como Jefe del Escuadrón de Investigación y Desarrollo del Gotei 13 y Capitán del Duodécimo Escuadrón. Para que os entendáis, son cargos que suelen ir ligados, aunque no necesariamente. Cuando lleguéis a Historia de la Sociedad de Almas III y me tengáis que aguantar todo un año seguido…

– Mierda…

– En ese momento podréis comprobar como la Capitana Marlatti – continué sin darle importancia al comentario – ostentaba el liderazgo del Duodécimo Escuadrón pero no el del Escuadrón de Investigación y Desarrollo que caía sobre su teniente, que luego fue Capitán de la División unificando de nuevo los cargos, y así hasta que se vuelvan a separar. Pasa lo mismo por ejemplo con el Grupo de Ejecutores, que suele ir ligado a la Capitanía de la Segunda División, pero no necesariamente como ocurría en tiempos del Capitán Urahara. Retomando el tema, que me pierdo – añadí tras obligarme a dejar de explicar cuestiones de la jerarquía que no venían al caso. – Se suponía que el Hougyoku acabaría con la guerra pero… – dejé la frase inconclusa como muestra evidente de que quería que alguno de mis alumnos la completase.

– Resultó ser muy peligroso y trató de destruirlo – contestó la alumna que había contestado la primera vez.

– Más, más – les animé.

– Entonces trató de ocultarlo y creó un Gigai que le valió el destierro.

– Vamos mejorando – les felicité. – ¿Qué ocurrió después?

– Aizen Sousuke logró hacerse con el arma gracias a la invasión de Kurosaki Ichigo y sus acompañantes – se unió un nuevo alumno. – Creó un ejército de Arrancar y se desencadenó la guerra.

– ¡Bien! – les detuve. – Con eso me llega por ahora. Como sabéis, o al menos como estos compañeros vuestros saben…

– Putos chapones de mierda.

– … el poder de ambos ejércitos era similar. Aunque individualmente los Arrancar más poderosos superaban el nivel de los Capitanes, el ejército del Gotei 13 era un todo cohesionado y no así el ejército de Aizen. Conclusión: hubo un montón de bajas. Como todas las guerras, fue un desastre: la ciudad de Karakura quedó reducida a poco más que cenizas, las bajas civiles fueron numerosas y no digamos ya las militares. Así podríamos resumir a grandes rasgos la Gran Guerra. ¿Hasta aquí bien?

Parecía que poco a poco había conseguido llamar la atención de un amplio porcentaje de alumnos que, animados por los “rebeldes” habían decidido abandonar el seguimiento de aquel líder camaleónico que aún no había decidido dar la cara y asumir su responsabilidad.

– La cuestión es que, aprovechándose del desconcierto causado, Aizen logró acceder a la Dimensión Real y unir dos objetos de un inmenso poder: el Hougyoku y la Llave Real, la Ouken. El peligro era terrible y, por primera y única vez según cuentan las crónicas, el Rey dio la orden a los Vigilantes de intervenir.

– ¿Vigilantes?

– Sí, los Vig… – me detuve. – Cierto, sois alumnos de primero y Jerarquía y Organización no la tenéis hasta el cuatrimestre que viene. Bueno, como es necesario para entender esto no vendrá mal hacer un inciso.

»Veamos – comencé. – La base de todo es que esta realidad está dividida en cuatro esferas, dimensiones o como le queráis llamar: el mundo mortal, la Sociedad de Almas, Hueco Mundo y la Dimensión real.

»Supongo que las dos primeras las conocéis, son parte fundamental de nuestra vida. Muchos procedéis del mundo mortal, y los que no, habréis oído hablar de él y lo visitaréis lo más tardar el año que viene en el segundo curso.

»En la Sociedad de Almas vivimos, es el hogar de las almas purificadas y se divide en tres grandes zonas: el Sereitei, donde habitan los shinigamis, el Rukongai, donde habita la mayor parte de las almas, y el Anillo Exterior, hasta hace muy poco desierto y donde ahora habitan, entre otros, algunos de los grandes clanes como podrían ser… los Wolf – expliqué mientras un escalofrío recorría mi espalda al recordar nuestra convivencia con el clan de los lobos hacía menos de una semana.

» Rukongai y Sereitei están, como sabéis, gobernados desde aquí por la Cámara de los 46, el órgano legislativo, y el Gotei 13, que es el órgano ejecutivo-militar. En cuanto al poder jurídico, está repartido entre las dos instituciones aunque siempre prima la Cámara sobre el Consejo de Capitanes. El Anillo Exterior, como su propio nombre indica, está fuera de la jurisdicción de estas instituciones y por ello últimamente ha terminado por convertirse en un nido de criminales.

»En cuanto a Hueco Mundo, es el hogar de los hollows. En aquel tiempo, que es lo que interesa, estaba gobernado por Aizen Sousuke y su grupo: los también traidores Ichimaru Gin y Kaname Tousen, otrora capitanes de la Tercera y Novena División respectivamente, y las terribles diez Espadas, los Arrancar más poderosos, algunos de ellos creados por el Hougyoku.

» ¿Hasta aquí bien?

Les miré fijamente buscando su asentimiento, pero me encontré de frente con la apatía generalizada. Pocos eran los que seguían ya la explicación en lugar de comentar las últimas noticias de la Academia entre ellos. Pero “aunque haya un justo en la ciudad” ése merecía que continuara mi explicación.

– Bien, como decía, a parte de esas tres esferas existe una cuarta, la Dimensión Real, donde habita el Rey, lo que algunos mortales llaman Dios, con su Guardia Real y sus consejeros, los “arcángeles” para entendernos.

» La labor de los consejeros es controlar lo que sucede en las otras dimensiones y comunicárselo al Rey: por eso reciben el nombre de Vigilantes. Su poder está fuera de los límites de nuestra pobre imaginación, ni siquiera Aizen, Urahara o Kurosaki o los Trece Capitanes Legendarios podrían comparárseles y precisamente por ello nunca actúan fuera de su mundo. Lo tienen prohibido, ya no sólo legalmente sino que casi diríamos que ontológicamente. ¿Entendido?

– Sí – respondió muy tímidamente alguien.

– Retomando el tema que nos ha reunido hoy aquí, decía que los Vigilantes se vieron forzados a intervenir ante la previsible catástrofe. Una vez en la Dimensión Real, nadie perteneciente a las tres esferas inferiores podía ya pararle los pies a Aizen Sousuke así que debían ser ellos.

» A pesar de que el traidor es, posiblemente, el hombre más poderoso que ha conocido la Sociedad de Almas en toda su historia, cuentan las crónicas que fue sencillo para los Vigilantes acabar con sus planes. Eso debería daros una aproximación a su poder.

» De este modo, los Vigilantes recuperaron el Hougyoku y la Ouken. Esta última la usaron para permitir el paso a un grupo de personas, entre ellos shinigamis y los miembros de la Cámara de los 46, encargadas de llevar a cabo la reconstrucción de la Sociedad de Almas. Pero mantener ambos objetos “con vida” era demasiado arriesgado así que decidieron destruirlos definitivamente. Así se produjo lo que conocemos como “Gran Estallido”.

– ¿Pero qué pasó?

– Buena pregunta – admití. – Si quieres que te diga la verdad… No lo sabemos a ciencia cierta. Los refundadores nunca contaron nada acerca de ello, así que no tenemos más datos que una solitaria frase registrada en las historias de la época: “Y todo volvió a empezar”. No especifican cómo, por qué o en qué manera “volvió a empezar”.

» No sabemos, por tanto, si hubo una explosión, una implosión o qué hubo en realidad. Lo cierto es que el Escuadrón de Investigación y Desarrollo lleva muchísimo tiempo trabajando en ello, pero casi diría que es imposible entenderlo. El mundo… o mejor dicho, las tres esferas inferiores se “reiniciaron” y la única que permaneció inalterable fue la Dimensión Real.

» Todo volvió a empezar. Como diría Nietzsche es el “eterno retorno”, salvando las distancias y con reservas. Todo lo que pasa ya ha pasado, todo lo que existe ya ha existido antes y así se repetirá hasta el fin de los tiempos de una u otra forma.

» Tras el Gran Estallido, se refundaron los tres mundos inferiores: se recreó Hueco Mundo, se devolvió la vida al Mundo Mortal y los “elegidos” regresaron a la Sociedad de Almas, restaurando poco a poco el Gotei 13 y la Cámara de los 46. No sabemos el nombre de ninguno de los que regresaron, pues fueron obligados a mantener su identidad en secreto como si fueran miembros de la Cámara, pero ellos son los responsables de la Sociedad de Almas tal y como la conocemos ahora, al menos en sus principios básicos.

» Básicamente, eso es en lo que consistió lo que hoy conocemos como “Gran Estallido”. ¿Alguna pregunta?

Sólo un leve murmullo y un suspiro generalizado de alivio fueron la réplica de la clase al fin de mi explicación. Aunque desilusionador, traté de tranquilizarme pensando en aquellos tres o cuatro que sí parecían haber seguido la clase con cierto interés.

Tocó el timbre y permití que aquella jauría ávida de salir de allí, abandonara el aula y mis “temibles garras” para gozar de un poco de libertad hasta las siguiente clase. Me habían agotado y me habían despreciado, pero yo seguía mirándolos con mi habitual sonrisa.

Al fin y al cabo, ¿quién era yo para criticarles? Cuando era alumno, pocas clases de Historia había seguido con atención y la mayor parte de las veces lo hacía con la intención de rebatirle a Deiss, al que por aquel entonces contemplaba casi como mi némesis, algo que hubiera mencionado en relación a la supuesta traición de mi abuelo.

Me dirigía por el pasillo hacia el despacho cuando algo me llamó la atención. Saito, uno de los shinigamis de la Duodécima División, conversaba con Bikutoru y éste parecía darle indicaciones acerca de algo relacionado con las clases.

– ¿Soki está enfermo? – pregunté acercándome a ellos sin siquiera saludarles.

– ¿Por qué iba a estarlo? – respondió, aún alerta Bikutoru. – Las personas dicen “Hola” al llegar al encuentro de alguien.

– Otros dicen “Bonjour” – le sonreí.

– Siempre igual – musitó con una media sonrisa entre desaprobadora y nostálgica.

– En serio, ¿Soki está enfermo? ¿Está de misión?

– El Capitán Sora – intervino Saito con cierto retintín – está en su despacho preparando todo para su nombramiento.

– ¿Capitán? ¿Soki Capitán?

– ¿Algún problema?

– El mundo se ha vuelto loco – me reí. – Supongo que habéis desistido a la búsqueda de Kaskas y los demás…

– No del todo, pero no podíamos seguir así – explicó mi viejo maestro de tecnología del mundo mortal. – Así que la Cámara nos solicitó a través del Capitán Neburo que reorganizásemos las estructuras de poder de la División mediante un proceso democrático en el que participaran todos los oficiales y miembros.

– Básicamente, os obligaron a elegir Capitán y Teniente – sonreí. – Siempre fuiste muy estirado a la hora de decir las cosas. ¿Quién será el Teniente ahora?

– Yo.

– Pues enhorabuena – le felicité.

La conversación se prolongó aún por algunos minutos. El timbre volvió a sonar y ambos profesores regresaron a sus aulas para continuar con las clases. Yo había acabado mi jornada y estaba psicológicamente cansado, así que no me encontraba en disposición de seguir estudiando en mi despacho, como solía hacer por las tardes.

De este modo decidí presentar personalmente mis respetos al nuevo Capitán, aunque aún no fuera oficial. Encaminé mis pasos hacia el Cuartel de los científicos y pronto me encontré ante el portalón.

Su cuartel parecía más animado que en mis últimas visitas, aunque eso no era muy difícil. Aún así, no había mucho movimiento y pude desplazarme con comodidad a través de los pasillos hacia el que sería el nuevo despacho de Soki.

– Enhorabuena – dije, llamando a la puerta.

– ¿Ya lo sabes? – levantó la vista sorprendido

– Soy el líder de inteligencia de la Novena División – expliqué burlón. – Me entero de más cosas de las que querría.

– Bikutoru te lo ha contado…

– No, Saito – corregí. – ¿No era ese el que te pedía que le pasases pastillas de contrabando?

– ¡¿Cómo sabes tantas cosas?!

– Te sorprendería conocer mis métodos – reí a carcajadas. – ¿Y cuando juras el cargo?

– En una semana, supongo.

– Estaré invitado, ¿no?

– Ya veremos… antes me tienes que contar tus fuentes…
:iconcentoloman:
Rido Maestro en todo su esplendor. Un capítulo muy teórico y poco activo argumentalmente, pero basa los cimientos de lo que podríamos llamar "Universo FFF"
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