Memorias 56 - Lc 2,52
by ~CentolomanLc 2,52
Una de las cosas que durante el embarazo de Nalya nos pidió la Capitana Henkara fue que la vigilásemos. Había sido relegada a funciones únicamente administrativas y no quería que cometiera ninguna estupidez así que, en nuestros ratos libres, debíamos hacer de perros guardianes para que no forzara su cuerpo más de lo necesario.
Entre medias, la situación ambiental en el resto del Sereitei no era precisamente acogedora. Aunque no había explotado la situación definitivamente, la Décima División parecía una olla a presión a punto de estallar, pese a que Db tratara de negarlo cuando hablaba con él.
Aún entonces, seis meses después, no habían superado el estado de excepción y continuaban careciendo de una cabeza visible a la espera de que la Cámara resolviese la crisis. Por otra parte, algunos miembros habían abandonado el Sereitei, descontento con las medidas que se habían tomado. Y, como no podía ser de otra forma, aquella tensión se reflejó en todos y cada uno de los rincones de nuestra Sociedad.
Pero en la Novena División vivíamos en un clima ciertamente diferente. No éramos ajenos a lo que sucedía de muros afuera, para nada, pero nuestra mayor preocupación se centraba en la pequeña criatura que saldría del vientre de Nalya y de la que, en cierto modo, todos nos sentíamos responsables, incluida la vieja némesis de Nalya y su inmediata superior, la Teniente Pandora.
Por el tiempo en que se produjo el feliz suceso del nacimiento, yo estaba muy ocupado con los exámenes finales en la Academia y no había podido estar al lado de mi amiga en aquellos momentos en los que podía necesitarme más.
Además, Henkara, pretendiendo distanciarme del acontecimiento, me embarcó en una misión de investigación tan poco fructífera como la que nos había llevado más allá de las Montañas del Aullido, pero que me mantuvo separado unas semanas de la División.
De este modo hasta casi una quincena después del alumbramiento no llegó el momento de conocer al pequeño bebé que dormía en una bonita cuna junto a la cama de Nalya. Lo tenía todo preparado, había aprovechado mi última estancia en el mundo mortal y había comprado un pequeño peluche para que protegiese al niño durante sus sueños, que la nueva madre dejó en el escritorio cuando se lo di.
Podría afirmar que en lo primero que nos fijamos todos fue en que el pequeño no había recibido de su madre los cuernos, quizás lo más característico de ella, aunque sí había sucedido así en el caso de los invisibles apéndices de energía que brotaban de su espalda como también lo hacían del dorso de su madre, como pude comprobar con mis propios ojos ese mismo día
Aún no me puedo creer que alguien como tú pueda tener comencé a decir, inclinado sobre la cuna.
¿Pueda tener qué? me interrumpió, a la defensiva, como siempre.
Bueno... sonreí entre susurros. Es increíble que puedas haber criado algo tan inocente con tu mala leche. Mírale, si hasta sonríe en sueños. Puedo contar las veces que he visto sonreír de verdad a su madre con los dedos de una mano dije. Y seguro que me sobraría alguno.
Gracias por el regalo sonrió, contradiciendo mi anterior afirmación.
Seguí observando cómo el infante retozaba en sueños, tranquilo, indiferente a tanta confusión y tanta rabia como crecía a su alrededor fuera de los muros de aquella habitación y aquel edificio. Era como si la paz hubiera tomado forma.
Pero en cualquier caso, pronto se despertaría y conocería todo lo que le rodeaba. No era algo muy aconsejable para criar a un niño y algo en mi interior me obligaba a ponerle remedio, aunque sabía que nada podría hacer, pues seguramente contaría con la desaprobación de su madre.
Creo que deberías de llevarlo con su padre murmuré al fin, más serio pero sin alzar la voz. Un cuartel no es sitio para un bebé.
El niño se queda me cortó. No hay nada más seguro que un sitio plagado de militares.
¿No se lo piensas decir a su padre?
No creo que el señor no-me-responsabilizo-de-mis-actos esté disponible.
Es su derecho como pa
Interrumpí mi objeción al ver cómo el bebé comenzaba a abandonar los brazos de Morfeo. Recorrió la habitación con sus pequeños ojitos y al final se quedó mirando fijamente el regalo que le había llevado.
Sin él moverse, el peluche llegó, sostenido por una fuerza invisible, hasta sus brazos, fundiéndose con ellos en un divertido abrazo que demostraba la alegría del niño ante tamaña hazaña. No acababa de creerme lo que acababa de ver
Un momento. ¿Eso eran ? pregunté sin salir de mi asombro.
Algo me dice que él mismo sabe protegerse contestó, aludiendo a mi insistencia en la inseguridad del Cuartel.
¿Le has enseñado a manejarlos?
No digas tonterías, solo es un bebé negó.
Dices eso para dejarme mal, no porque no lo hayas intentado ya indiqué, leyendo entre sus gestos y su tono de voz.
En efecto, no pudo sostener durante más tiempo la farsa y se vio obligada a admitir, aunque a regañadientes, que había puesto en práctica el mismo método que su padre había utilizado con ella: obligarle a luchar por su sustento.
¿Y le has puesto ya un nombre?
Todavía no.
¿Y a qué esperas?
Como si fuera fácil.
Nadie dijo que lo fuera sonreí. Me tengo que ir, tengo que presentar las actas ante la junta del Departamento.
¿Has dejado a muchos atrás?
A ninguno.
¿A nadie?
A nadie, te sorprendería ver de lo que son capaces esos chicos si los motivas expliqué.
Lo que pasa es que tú eres demasiado blando.
Será eso evadí su pregunta. Pequeñajo te dejo con tu mamá, cúidala mientras estoy fuera, ¿vale? le hablé al niño como si me entendiese.
El nacimiento revolucionó el cuartel, no sólo por la llegada de un nuevo ser, sino porque el carácter de la nueva madre había cambiado. Sí, Nalya ya no era sólo la siempre difícil de tratar Tercera Oficial, sino que ahora era madre. Su forma de ser se dulcificó, aunque nunca llegó a perder su dura fachada, muro infranqueable entre el mundo y la verdadera realidad de lo que pasaba dentro de ella que pocos habíamos sido capaces de sortear.
Al final, Kyo, el nombre de su padre, fue el elegido para identificar a tan graciosa criatura que, poco a poco, se había ido ganando un lugar en nuestro corazón, aunque Pandora lo tratara a veces como si fuera el vástago del mismísimo demonio.
El niño crecía y la vena de docente de mi amiga y amada salió a la luz. Pronto la sorprendí tratando de enseñar al pequeño a manejar las Artes Demoníacas. Algo arriesgado, podría decirse, pero el pequeño aprendía rápido, más de lo que podría imaginarse y su dominio del Kidou a sus dos años de edad era equiparable al de un académico que hubiera superado con éxito el primer año.
En cuanto a mi labor como maestro en la Academia, terminé de hacerme totalmente con el puesto el año siguiente a mi estreno como profesor. Ya había dejado de ser el nuevo para ser un profesor más y poco a poco me iba ganando cierto respeto entre los alumnos, que recurrían a mí cuando tenían algún problema con el Departamento.
Una de las primeras alegrías que me llevé como docente fue cuando, al final del primer año, cinco de los alumnos a los que había enseñado Historia de las Almas V decidieron solicitar la Novena División como lugar de su ejercicio como shinigami. No sabía si en el fondo tenía razón, pero sentía como si hubiera tenido algo que ver con ello y eso me llenaba de cierto orgullo.
Como decía, Nalya comenzó a enseñar al pequeño Kyo a defenderse utilizando sus apéndices y las artes demoníacas y aquello conllevó una serie de problemas y quebraderos de cabeza al resto de los oficiales, que tuvieron que sufrir el descontrol del infante cuando su madre estaba fuera, ocupada en alguna misión.
Todavía hoy, cuando mi querido Kyo se pasea por la División, los oficiales más veteranos se encargan de recordarle la hecatombe que provocó la primera vez que salió solo de habitación: Artemisa se quedó sin papel, Blod sin sake, el despacho de Henkara sin orden, Uchiha sin dormir porque, no contento con juguetear con todo lo que encontraba, trató de atrapar a una mariposa infernal que revoloteaba por los jardines del Cuartel utilizando el Kidou, cuyo manejo aún no dominaba. El resultado fue que el uniforme de Uchiha, que dormía plácidamente en un árbol, prendió fuego y terminó por hacerlo salir de su sueño, alarmado y convertido en una hidra rabiosa, tal y como le demostró a Nalya a su retorno de la misión.
El resultado final de aquel incidente fue que Nalya acabó huyendo de Pandora, con Kyo en brazos, a través de los tejados del Sereitei. Preocupado por su bienestar, tanto de ella como de su hijo, la seguí.
La escena que pude observar al encontrarla fue algo maravillosamente hermoso. Allí estaba ella, bellísima, como aquel día en que le confesé por primera vez mi amor, en aquella realidad alternativa, sólo que ahora eran los rayos rojizos del anochecer y no los argentinos de la luna los que bañaban su piel mientras el pequeño dormitaba en sus brazos.
Sólo a ti se te ocurre enseñarle Kidou a la criatura la sorprendí por la espalda.
Abogo por su seguridad explicó tras sobreponerse del pequeño susto que se había llevado y mientras me sentaba a su lado. Puede que algún día no regrese.
Sentía que debía decirle algo como En ese caso, yo estaré aquí para cuidarle hasta que lo hagas. Pero sabía que ese tipo de afirmaciones conseguiría enfadar a la siempre autosuficiente Uchiha Nalya, la que nunca necesitaba que le protegiesen, la que odiaba que la gente tuviera consideración con ella porque eso le hacía parecer más débil ante los demás, así que apelé a su orgullo.
No lo creo. ¿La gran Nalya mírame-y-no-me-toques Uchiha se va a dejar vencer por un inútil hollow? exageré, logrando arrancarle una pequeña sonrisa.
¿Dónde te has dejado al pijo? preguntó un rato después.
En su casa, con Mitsuko respondí. Ya sabes desarrollando la vida conyugal.
Vida conyugal, ¿eh? repitió ella como ida.
Sí confirmé. Eso que tú también podrías disfrutar añadí antes de guardar un poco silencio. Algún día preguntará por su padre.
¿Qué acababa de decir? Ni yo mismo lo entendía del todo. Por un lado parecía la opción lógica, Kyo debía conocer a su padre, portador del mismo nombre. Pero por otra, parecía como si quisiera rendirme y dejar de luchar por el corazón de Nalya, entregárselo en bandeja.
¿O quizá decía eso con la intención de situarme en la posición del padre y conseguir así ganar cierta ventaja en aquella silenciosa y encubierta carrera por la conquista del amor de aquella mujer, por la que profesábamos una auténtica devoción? ¿Acaso era tan mezquino?
Ya me inventaré algo respondió ella, evadiendo cualquier tipo de responsabilidad al respecto y sacándome de mis elucubraciones.
¿Inventarte? ¿Lo vas a someter a esas calumnias, mentiras y farsas que tanto odias?
Sí, es lo mejor resolvió.
Eres idiota si realmente piensas lo que dices la critiqué con dureza pero con cariño. Nalya, no te engañes. No te escondas en el niño diciendo que es lo mejor para él cuando es lo que a ti te interesa.
¡Déjame en paz! No creí que echaría de menos al incestuoso se quejó.
Te molesta porque sabes que tengo razón. La verdad duele y lo sabes sentencié.
Paradójicamente, el día siguiente, mientras su madre estaba de misión, Kyo volvió a escaparse de su cuarto y entró tímidamente en el comedor de oficiales mientras los demás comíamos. Pandora, al verlo, se abalanzó hacia él como si la llevara el demonio pero al final debió cambiar de idea y lo cogió suavemente en brazos.
Ahora te voy a enseñar yo un par de cosas sobre la vida.
¿Qué vas a hacer? pregunté alarmado.
Sólo voy a hacer algo que alguien debería haber hecho hace mucho tiempo explicó.
Eso no es precisamente tranquilizador intervino Xemi, que temía tanto las ideas de Pandora como yo.
No se te ocurra hacer nad
Oye, Kyo, ¿sabes lo que es un padre? le dijo con toda naturalidad la Teniente al chiquillo.
La cagamos resoplé.
¿Por qué? se reía ella. Tiene derecho a saberlo.
Sí, claro, luego aguanta tú a su madre
¿Pa dre? trataba de decir el niño, que no entendía la palabra.
Sí, padre repetía Pandora.
Al final, la pequeña oficial se salió con la suya y terminó por explicarle todo lo que creía conveniente acerca de la paternidad. Convencido como estaba de que el niño debía conocer una figura paterna, no hice nada por impedirlo, aunque no me hacía mucha gracia pensar en lo que podía avecinarse cuando Nalya lo descubrió.
La situación se relajó y las horas pasaron mientras la Tercera Oficial no volvía de su misión. Cuando lo hizo, nos encontró a todos jugueteando con el niño en el comedor, tranquilamente, divirtiéndonos. Pero ella debió temer que su hijo hubiera cometido nuevamente alguna tontería, por que lo llamó junto a ella como si estuviera dispuesta a regañarlo.
¡Mamá! exclamó el niño mientras correteaba hacia los brazos de su madre.
Ella lo recibió en un tierno abrazo, con una dulzura como nunca la habíamos visto en la figura de nuestra Nalya. Era como si nos la hubieran robado y nos la hubiesen cambiado por otra. Era tal el contraste con su expresión habitual que un recién llegado no podría creerse que era la famosa mujer de hielo, famosa en el Sereitei por su trato difícil y sus respuestas mordaces.
¿Qué coño creéis que hacéis? nos preguntó enfadada mientas devolvía a Kyo al suelo.
Se escapó dijo Blod.
No tenemos la culpa de que hagas una mierda de kidoh para enclaustrarlo explicó Pandora, encogiéndose de hombros. Cualquiera se fugaría de la prisión si lo encerrases con eso.
Es normal que se aburra en un sitio como éste intervine.
Además le pusimos al corriente de ciertas verdades universales anunció la Teniente.
¿Qué? ¡¡Rido!!
¡¡Eh!! me apresuré a aclarar. A mí no me mires, fue cosa de Pandora.
Como definirle lo que es un padre, ¿verdad que sí, Kyo? continuó la segunda al mando.
¡Sí, sí! respondió entusiasmado el pequeño mientras le tiraba a su madre del uniforme ¿Dónde está papá?
El silencio, esperando la respuesta que diese Nalya, invadió la habitación. Todos la mirábamos expectantes, buscando conocer qué clase de respuesta daría a tan comprometedor a la par que inocente interrogante.
¿Pero qué es esto? ¿Un programa de cotilleos humanos? ¡Se os están pegando las tonterías de esos trozos de carne!
¡Venga ya! protestó Blod. Qué manera de cortarnos el rollo. Tu hijo es más divertido que tú.
Y más listo apuntó Pandora, siempre presta a herir a Nalya.
Eso te deja por los suelos, enana replicó, abandonando la habitación, seguida por el niño.
Al final, la madre, tras mucho pensarlo, tuvo que capitular ante la insistencia de su hijo. Pero, orgullosa como ella sola, optó por contarle a Kyo que su padre había muerto. En cualquier caso, eso no aplacó la curiosidad del chiquillo, lo que la llevó a enseñarle la tumba de Yonas para convencerlo de que la verdad se hallaba en aquella mentira.
No sé lo que resultó de aquella excursión, pero el pequeño dejó de hacerle incómodas preguntas a su madre y poco a poco fuimos recobrando la calma en el Cuartel mientras observábamos a nuestro sobrino crecer en sabiduría y en gracia.











