Memorias 57 - Good Bye
by ~CentolomanGood bye
Pese a lo que pudiera parecer al final de la anterior entrada en este diario, no todo fue rosas en el camino de la División en aquellos años. Un suceso especialmente perturbó nuestra paz hasta el punto de alterar para siempre nuestra vida.
La primera noticia llegó con el amanecer de una oscura mañana otoñal. Yo me disponía a marcharme hacia la Academia cuando Artemisa entró sobresaltada en el comedor de oficiales, mostrando una expresión que contrastaba con su habitual buen humor y despreocupación.
¿Dónde está Pandora?
Estará durmiendo contesté sin darle mayor importancia.
No está
Estará en alguna misión seguí sugiriendo.
Ayer no tenía nada programado y habíamos quedado para entrenar temprano esta mañana.
Habrá ido a dar un paseo para relajarse continué.
Me he recorrido todo el Sereitei y no la he visto.
Habrá Un momento me detuve. ¿Has recorrido todo el Sereitei? ¿A estas horas?
Sí, en mi avión de papel sonrió.
Eres de lo que no hay me reí. En fin, marcho.
¿No me vas a ayudar a encontrarla?
Tengo clase me excusé.
En los últimos meses, Deiss había comenzado a insinuar que le iba llegando el momento de la jubilación y eso conllevaba un aumento de la carga lectiva en el resto de profesores del Departamento y, especialmente, en mí, que había pasado a dar todos los niveles de Historia de la Sociedad de Almas así como un grupo de asignaturas auxiliares como Jerarquía y Organización o Historia de los Clanes.
La carga de trabajo era estresante, pero en la enseñanza había encontrado mi verdadera vocación y no me importaba pasar horas alejado del Cuartel. La vuelta a casa suponía todos los días un pequeño alivio pues, poco a poco, me había ido implicando en la educación del pequeño Kyo hasta, incluso, hacer las veces de padre en ciertos aspectos, algo que a Nalya no le agradaba del todo pero que no era capaz de evitar por más que lo intentaba.
Llegué a la Academia aquel día e impartí mis clases normalmente, sin darle más importancia a las palabras de Artemisa de las que aparentemente tenían. Dos agotadoras clases con los grupos de primer año dieron paso a una relajada clase de Historia de los Clanes, una asignatura optativa que había inaugurado yo y a la que estaba matriculada sólo una docena de alumnos, lo que hacía todo mucho más llevadero.
Tras las clases, acompañé a Mitsuko, que había tomado el testigo de Bikutoru en la Academia, pues no podía compatibilizar la docencia con la tenencia, a casa y tomé el te con ella. Me sorprendió no ver a Eliaz, pero, conociéndole, estaría inmerso en alguna extravagante investigación que le llevaría a la invención de una nueva bomba en potencia.
Todo era de lo más normal y nada podría hacerme pensar en el caos que me esperaba al llegar al Cuartel. Pandora aún no había aparecido y nadie sabía donde se encontraba. Todos la buscaban incansablemente, incluida Nalya, a quien perseguía Kyo de un lado para otro mientras se esforzaba en descubrir el paradero de su némesis.
Y es que ¿quién como Pandora para poder entablar con ella esas batallas que tanto necesitaban tanto la una como la otra? Su odio era tal que había llegado casi a convertirse en una curiosa relación de cariño en la que la una necesitaba de la presencia de la otra casi como respirar.
En el ala de oficiales me topé con Eliaz, visiblemente preocupado, aunque aquello no era revelador de ninguna noticia de gravedad, pues era aficionado a las poses melodramáticas a la mínima que un pequeño problema nos perturbaba a cualquiera de nosotros.
¿Se puede saber dónde estabas?
Tomando el té con tu esposa respondí.
Pues deberías haber estado aquí.
Vamos a ver repliqué casi ofendido. He pasado todo el día dando clase. Digo yo que si algo grave pasase podíais haberme ido a avisar. Ni que no se supiera donde estaba. Además añadí existen las mariposas infernales.
Bah
En fin suspiré. ¿Qué ha pasado? Sé que a primera hora de la mañana Pandora no estaba pero
¿Lo sabías y aún así tardas tanto en volver?
Ni que fuera la primera vez que alguien no está aquí a primera hora de la mañana, Eliaz me defendí. Relájate, coño.
A ver, Pandora no está y no aparece por ninguna parte.
¿Habéis probado a seguir su rastro?
No hay rastro que seguir se quejó mi amigo. A lo mejor por la mañana sí lo había, pero ha pasado un día entero.
¿Y la jefa?
¿Qué quieres decir?
¿Ha probado a localizarla con su habilidad?
Evidentemente.
Entonces ¿Dónde está Pandora?
Eso es lo que queremos saber.
¡No me mires así! reaccioné a su gesto inquisidor. Ni que yo lo supiera.
¿Es que no piensas hacer nada?
¿Qué?
¿No te importa que Pandora no esté?
Oye, oye le detuve antes de que dijera algo que empeorara la situación. No saques conclusiones precipitadas.
No las saco
Sí lo haces.
Entré en mi habitación y dejé mi maletín sobre el escritorio. Para evitar el contacto con Eliaz y que se calentara aún más nuestra discusión, salté al tejado a través de la ventana dispuesto a poner en práctica todas mis habilidades para encontrar a nuestra Teniente.
Sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad?
Durante los últimos meses había estado trabajando con una nueva forma de utilizar a Balmung en mis labores de espionaje. Aprovechándome de los resultados de unos estudios de Mitsuko acerca de la interacción eléctrico-espiritrónica, había comenzado a trabajar en la utilización de las habilidades eléctricas de mi espada para formar una especie de radar de presencias más sensible que la pura percepción espiritual.
Las continuas prácticas, me habían ayudado a sintonizar las características de las vibraciones que producía cada uno de mis compañeros al entrar en contacto con mi campo, pero era una habilidad que nunca había puesto a prueba a gran escala.
Perfectamente respondió Balmung.
¿Listo?
Listo.
Resuena en los cielos, estremece la tierra susurré ¡Balmung!
La espada adoptó su forma liberada y, tal y como solía hacer durante los entrenamientos fui creando un campo eléctrico estable a mi alrededor que abarcaba el Cuartel y sus alrededores. Años de entrenamiento desde que Eliaz hubiera diseñado mentalmente la Luna de Devastación habían servido para que aquella operación se hubiera convertido casi en algo rutinario que apenas requería de un gasto considerable de reiatsu.
No está en el cuartel murmuré en alto.
¡Qué novedad! exclamó la voz de Chrno a mi espalda.
¿Qué?
Se supone que nosotros llevamos todo el día buscándola dijo. ¿Por qué tú ibas a encontrarla precisamente donde más hemos buscado?
No era esa la intención. Simplemente pensaba en alto expliqué. Revisaré el Sereitei y los primeros distritos del Rukongai.
No hará falta me detuvo.
¿Por qué?
Acaba de llegar una Mariposa Infernal informó.
¿Una Mariposa Infernal? pregunté extrañado. ¿De quién?
Al parecer, de Pandora.
¿De Pandora?
No hace falta que repitas todo lo que digo sonrió.
¿Qué dice?
No lo sé respondió. La Capitana Henkara quiere hablar con todos nosotros ahora mismo.
Pues vamos resolví mientras devolvía a Balmung a su estado sellado.
Seguí a mi misterioso compañero de pelo rojo hasta la Sala de Juntas, donde ya nos esperaban el resto de oficiales de la División a excepción de Raik, mi viejo alumno, que llegó casi a la vez que nosotros.
Ya iban siendo horas se quejó Nalya.
Lo siento me disculpé mientras tomaba asiento en el sitio que me correspondía.
¿Qué ha pasado con Pandora? preguntó Eliaz, impaciente.
Deja hablar a la Capitana, pijo de mierda le ordenó la Tercera Oficial.
Es que estamos en ascuas argumentó el noble.
Si quieres que te reduzca a cenizas sólo tienes que pedirlo amenazó la cornuda mientras llevaba su mano derecha a la guarda de Vilnya.
Se me calme el gallinero intervino Henkara poniendo paz. Antes de nada, disculpad que os haya reunido aquí tan de repente, o no tan de repente, porque he de confesaros que hace una hora que recibí un mensaje.
¿Una hora? susurró alguien cuya voz no logré reconocer del todo.
Calla le ordenó otra, tampoco cognoscible. Deja hablar a la Capitana.
¡Callaos los dos! estalló Nalya, a la que la espera había acabado por ponerle más tensa de lo que ya estaba.
No es forma esa de dirigirse a un compañero le regañó Henkara. Como os decía, no estoy orgullosa de haberos hecho esperar, pero supongo que necesitaba algún tiempo para asumir la noticia que os tengo quedar se disculpó. Al grano Pandora nos ha abandonado.
¡¿Qué?! gritamos todos al unísono.
Pandora nos ha abandonado repitió nuestra líder, visiblemente afectada por la noticia. Se ha ido al mundo mortal, como
Como Kuroda terminó la frase Nalya.
Pero ¿por qué? intervino Blod en alto, formulando la pregunta que todos teníamos en mente.
Según ella, estaba cansada de este tipo de vida y necesitaba descansar explicó.
¿Pero así? ¿De sopetón?
Así, de sopetón corroboró ella.
Pero
No le busques más explicaciones, Rido me interrumpió. Es una pérdida dolorosa, pero tenemos que superarla
No es tan fácil, jefa repuso Eliaz.
¿Te crees que no lo sé? Todos queremos mucho a Pandora y vamos a sufrir su pérdida, pero no hay marcha atrás. Quizá un día recapacite y quiera volver, pero hasta entonces sólo nos queda seguir adelante. No digo que nos olvidemos de ella, sólo que miremos al futuro y procuremos no estar anclados al pasado sentenció mirándome fijamente.
¿Y no ha dicho nada más?
Os ha dejado un mensaje a cada uno anunció, mientras nos mostraba la Mariposa Infernal y la situaba sobre un pequeño aparato.
Arte, chirrió una voz metálica sigue siendo igual de maravillosa que siempre y no se te ocurra hacerle caso a la cornuda. Blod, siempre serás mi novato preferido, pero vuelve a beber que te has vuelto tan amargado como la cornuda desde entonces. Cornuda, deja de tocar los cojones a los demás y madura que tienes que cuidar de ese niño y de toda la División. Barbas, tú cuida de la gilipollas de la cornuda, que aún no sé como la quieres tanto. Pijo, disfruta de tu vida matrimonial y por dios ¡Por Dios! deja los inventos, ¿vale? A no ser que hagas explotar a la cornuda en cuyo caso...
Así, poco a poco, el aparato fue reproduciendo el mensaje que Pandora, única como ella sola, había grabado para todos y cada uno de los oficiales de la División, desde los más veteranos hasta los más antiguos. Curiosamente, o no tanto para el que conociese a nuestra ya antigua Teniente, en todos y cada uno de aquellos mensajes aparecía mentada la cornuda de una u otra forma, mostrando el estrecho vínculo que unía a aquellas otras dos mujeres.
No sólo habíamos perdido a nuestra Teniente, habíamos perdido a una gran amiga y un gran apoyo dentro del Cuartel y aquel mensaje era la prueba viviente de ello. Era su forma de decirnos que nunca nos olvidaría, aunque nosotros no tuviésemos forma de devolverle el detalle.
¿Quién sabe? Quizás algún día, en alguna oscura noche del mundo mortal nos topáramos con una antigua shinigami, menuda, de trenzas y con muy mala leche y pudiéramos despedirnos de ella, o compartir un buen rato recordando los viejos tiempos o convencerla de que volviera a su casa donde, lo sabía, siempre tendría las puertas abiertas.











