Memorias 59 - Lobo herido
by ~CentolomanLobo herido
¡Buenos días! saludé al llegar a la casa de mis padres.
¿Qué haces aquí? preguntó mi madre.
¿Acaso necesito una excusa para venir? repliqué.
Ahí te ha pillado se rió mi padre.
La verdad es que necesito descansar confesé.
¿Una mala semana?
Más o menos resoplé. Yo creo que Deiss se divierte mandándome cada vez más trabajo.
Normal sonrió Kaiser. Eres su discípulo predilecto añadió con tono burlón.
¿Quieres tomar algo? me ofreció mi madre, siempre atenta.
Sí, gracias me volví hacia ella. ¿Un té?
Vale
Pero si es sólo por mí no te molestes, ya voy yo
Deja, deja, tu padre y Uxío quieren té también me detuvo.
El té de Tilly es lo mejor de este mundo afirmó mi padre adoptivo.
En eso tengo que darte la razón, viejo corroboró mi otro padre.
En fin, vuelvo ahor
El ruido de una puerta abriéndose violentamente interrumpió la marcha de mi madre hacia la cocina. Sobresaltados, salimos todos al pasillo para observar que, en la puerta principal, Gaby había hecho su aparición de una forma cuanto menos extravagante.
Estaba visiblemente molesta y enfadada por un motivo que, supuse, no tardaríamos en conocer pero que seguramente tendría relación con todo lo que había sucedido en su División, que aún seguía coleando, nueve años después, con gran fuerza.
Alarmado, su padre se acercó a ella y la acogió cariñosamente entre sus brazos tratando de transmitirle tranquilidad como sólo un padre es capaz de hacer con sus hijos. Viendo lo íntimo de la escena, los demás decidimos retirarnos de nuevo a la sala para dejar al pequeño núcleo familiar de los Wolf resolver aquella situación que se acababa de presentar de una forma un tanto inesperada.
Unos minutos después, no sabría decir cuantos, Kaiser y Gaby entraron en la estancia donde les esperábamos los demás. Ella tenía los ojos llorosos, pero conservaba aquella expresión de rabia, de descontento, de desencanto, de frustración...
Era una situación en la que nunca había visto a mi hermanita, ni siquiera en aquellos momentos tan tensos durante nuestra infructuosa incursión en el Anillo Exterior, cuando tuvimos que enfrentarnos a todo su Clan. Y paradójicamente, al igual que había ocurrido ahora, la situación no se habría resuelto sin la intervención del siempre excéntrico Kaiser Wolf.
No os importa que Gaby viva aquí con nosotros durante una temporada, ¿verdad? intercedió el viejo Capitán.
¿Y eso? preguntó Youichi.
¿Qué ha pasado? insistí yo.
No les hagas caso terció mi madre. No contestes si no quieres.
No es eso, yo musitó la pequeña Tercera Oficial.
Ven, te llevaré a tu habitación le sonrió.
Mi madre se llevó a Gaby escaleras arriba, rodeando con su brazo los hombros de aquella loba herida en un gesto que demostraba lo unidas que estaban y lo mucho que le quería mi madre, que, como ya he dicho, la consideraba prácticamente como una hija.
Ahora es cuando nos cuentas lo que ha pasado le indicó mi padre a su antiguo Capitán.
No puedo replicó él.
¿Por qué?
Le prometí que le dejaría explicarse a ella explicó. Y un lobo nunca rompe una promesa.
En otras palabras, protestó mi padre me quedaré sin saberlo.
Algo así.
Horas más tarde, cuando la curiosidad rabiosa de Akano Youichi se hubo calmado, a pesar de no conocer los motivos de la situación en la que Gaby se encontraba ahora, él y Kaiser decidieron retomar sus labores pedagógicas con Uxío en el exterior de la casa.
No tenía ningún interés en las locuras a las que iban a someter aquellos dos a mi padre adoptivo, así que decidí no acompañarles y aprovechar el momento para repasar algunas cosas de las que debía ocuparme la semana siguiente: apuntes, trabajos y los exámenes, que comenzaban a acercarse peligrosamente.
Enfrascado como estaba en mi estudio, casi ni me di cuenta del paso del tiempo. Era ya media tarde cuando noté que Gaby no parecía haber salido aún de su habitación. Había tomado la resolución de no molestarla innecesariamente, pero aquel aislamiento era preocupante, sobre todo en una persona como ella.
Me levanté y fui a buscarla, pero no estaba en el cuarto donde se suponía que debía estar. Entonces escuché unos ruidos sordos que procedían de uno de los jardines: Gaby estaba machacando a golpes a uno de los cerezos que adornaban el patio.
Joven Rido, ¿por qué te peleas con los árboles? Ellos no tienen culpa de que Yonas no esté aquí. Así nunca llegarás a nada. Ven conmigo y yo te enseñaré los secretos del combate. Te ayudaré a entrar en esa Academia si es que así lo deseas.
Aquellas habían sido las primeras palabras que me había dirigido en mi vida el viejo maestro, Hiruma Kunishi, mi legendario abuelo, Akano Kumaru. No pude dejar de esbozar una nostálgica sonrisa mientas me veía reflejado en la pequeña loba que trataba de descargar su frustración contra el tronco del árbol.
Eres consciente de que ellos no tienen la culpa, ¿verdad?
Déjame, barbudo.
Sabes que no lo haré.
¡¿Acaso no tienes suficientes problemas ya?! bramó. ¿Hace falta que te recuerde que Nalya tiene un hijo de alguien que no eres tú? ¿Que no te quiere y nunca lo hará? ¡¿Hace falta?!
Eso es un golpe bajo que no viene a cuento.
Lo mismo te digo replicó. ¡Métete en tus propios asuntos!
Me conoces lo suficiente como para saber que no hago caso a ese tipo de órdenes.
Si no quieres probar el sabor de tu sangre, más te vale que me dejes.
Es por lo de Yutaru, ¿verdad?
No hace falta ser un gran sabio para eso
Ahora es cuando me cuentas por qué has abandonado el Sereitei.
Yo no he abandonado el Sereitei.
Entonces te han obligado a dejarlo conjeturé. Lo cual es más interesante aún y más preocupante.
¿Y a ti que mierda te importa?
Me importa todo lo que te pase a ti o a cualquiera de mis amigos
Deberías dejar de ver a Eliaz se detuvo. Hasta hablas como él.
Me acabo de dar cuenta lloriqueé, en un vano intento por empatizar con ella.
Por mucho que sobreactúes no vas a conseguir nada.
Soy tu hermanito, deberías decirme qué te pasa.
¡Me han expulsado! ¿Contento?
No, pero ¿por qué? ¿Por qué ahora? Han pasado nueve años.
La justicia es lenta. Anda, lee me instó entregándome un papel que guardaba en el interior del traje y que llevaba el sello del Gotei 13.
Debido a la investigación que se llevará a cabo sobre su persona, la Cámara de Capitanes tiene el triste honor de comunicarle que será apartada de sus funciones hasta nueva orden. Deberá abandonar el Sereitei antes de esta noche so pena de cárcel.
Siempre tan diplomáticos musité. ¿Sabes al menos el porqué?
Era la Tercera Oficial y estaba demasiado cerca de Yuta explicó.
¿Nada más que eso?
Soy peligrosa añadió. Una alborotadora o algo así.
¿Pero has hecho algo?
No.
¿Seguro?
¿Lo dudas?
Nos conocemos
No te voy a negar que no quisiera hacer nada Pero no lo he hecho.
Entonces no tienes nada de qué preocuparte le sonreí.
¡¿Que no tengo que preocuparme?! me gritó agarrándome del traje. ¡Me han expulsado del Sereitei! ¡De mi casa!
Gaby traté en vano de calmarla.
No se te ocurra sermonearme me amenazó.
Piensa en lo bueno que pued
Pero un puñetazo directo a mi cara evitó que concluyera aquella frase. La fuerza del impacto me arrojó a varios metros de donde me encontraba y caer al suelo. Cuando recuperé la verticalidad, Gaby me miraba amenazante, espada en mano, dispuesta a seguir con la embestida.
¿Piensas desahogarte conmigo? pregunté inocente.
Sin decir nada cargó nuevamente hacia mí, obligándome a protegerme con la vaina de Balmung a medida que desenvainaba. Me la saqué de encima de una patada y me coloqué en posición de guardia.
¡Mierda! ¿Quieres parar?
Ella siguió atacando una y otra vez, demostrando que sus habilidades en combate cuerpo a cuerpo eran de las mejores dentro del Sereitei. Me costaba mantener el ritmo defensivo y seguramente poco faltaría para que me viera alcanzado por su espada.
Bakudou 9 ¡Geki! invoqué aprovechando un hueco en su ataque.
Pero Gaby había sido entrenada por Data y un arte demoníaca de ese nivel no la detendría. Al menos, me dio tiempo para encontrar una posición cómoda desde la que defenderme y analizar la situación.
En cuanto se liberó de los efectos del hechizo, los ojos de mi amiga, inyectados en sangre, volvieron a fijarse en su presa, en mí. No iba a dar su brazo a torcer ni iba a calmarse, una vez había fijado su objetivo el final del combate no llegaría hasta que uno de los dos se encontrara completamente derrotado por el otro.
Pensé en dejarme perder, pero mi instinto me dijo que no se conformaría con aquello. Tendría que esforzarme y superarla en lo que a ella mejor se le daba: el combate con la espada. Afortunadamente, estaba acostumbrado a luchar con contrincantes más duchos que yo en el arte de la esgrima.
Me paré y me concentré en sus movimientos. Allá venía. Otra vez, a toda velocidad, cargaba contra mí. Era casi imposible leer entre sus ataques y encontrar el hueco en el que asestar el golpe definitivo. Pero todo el mundo tenía un punto débil...
y el de Gaby era el mismo que el de Nalya: su cabeza. Eran demasiado impulsivas, demasiado obcecadas, demasiado temerarias. Sólo había que encontrar el momento exacto para cogerles por sorpresa. Cuando estaba a dos centímetros de mí, utilicé el shumpa y me situé a su espalda.
Bakudou 61 Rukujyoukourou conjuré con el brazo extendido hacia ella.
Derrotada por el efecto del Kidou, cayó de rodillas al suelo, llorando de rabia. Seguramente no lloraba por haber perdido aquel combate, sino que estaba descargando todas aquellas espinas que había guardado desde que conoció la noticia.
La miré y me agaché junto a ella. Había sido mi rival aquella vez, pero era mi amiga, mi hermana y no podía quedar indiferente aquella situación. Agarré su mejilla izquierda y le sequé las lágrimas con mi mano mientras le sonreía cariñosamente. Luego la ayudé a levantarse y la acogí en un fuerte abrazo mientras le daba un beso en la frente.
No te preocupes, hermanita le susurré. Todo va a salir bien. Te lo prometo.
















