Memorias 65 - See you soon
by ~CentolomanSee you Soon (Final)
Era una noche tranquila, despejada y fresca. Ni la más ligera brisa soplaba sobre el Sereitei y todo estaba en calma. Ni siquiera la luna se había atrevido a perturbar la paz que parecía inundar el hogar de los shinigamis y aquella noche había decidido no acompañarnos con su luz.
Sin embargo, a pesar de lo pacífico de la noche, no era capaz de pegar ojo. Me preocupaba Nalya. Por mucho que ella había tratado de ocultar el dolor que la corroía por dentro, no hacían falta grandes dotes de observación para darse cuenta de ello. Acababa de perder al hombre al que había entregado su corazón y por experimentada que fuera en el arte de esconder sus verdaderos sentimientos aquello era imposible de encerrar en ninguna coraza.
Viendo que no sería capaz de descansar en toda la noche, decidí salir a dar un paseo por los jardines del Cuartel para despejar mi cabeza. Solitarios, algo extraño dada la actividad que normalmente experimentaba la División una vez la noche caía sobre el Sereitei, los jardines transmitían la misma paz que el resto del ambiente.
¿Cómo reaccionaría Nalya ante lo ocurrido? Seguramente, durante un tiempo trataría de ocultarse, de intentar que la gente no la viese en aquel estado. Si había algo que nunca cambiaría en ella sería aquello: nunca mostraría sus sentimientos a otra persona, para ella constituían un signo de debilidad que no podía permitirse.
Pero por mucho que tratase de hacerlo, siempre había algo que se le escapaba, algo que salía a la luz, que rompía una brecha a través de la muralla que tan meticulosamente trataba de construir. Aún así, lo único que se podía hacer respecto a lo que pasaba por la cabeza de la Tercera Oficial eran suposiciones. Nunca nadie, a excepción de la Capitana, podría afirmar con toda certeza lo que le pasaba por la cabeza a Nalya. Probablemente, incluso ella misma sería incapaz.
Casi inconscientemente, mis pasos me dirigieron a mi refugio habitual, el roble que crecía solitario junto al estanque repleto de aquellos extraños peces, como si ya hubieran decidido que mi ruta nocturna debía acabar allí.
Fuera de aquí, barbudo me sacó de mis pensamientos la voz de Chrno.
¿Qué? levanté la mirada sorprendido. ¿Qué haces ahí?
¿Es acaso propiedad tuya?
No dije eso repliqué, poniéndome a la defensiva. Sólo me intereso por el motivo que te ha llevado a refugiarte aquí. ¿Es eso ilegal?
¿Cómo está Nalya? preguntó directamente.
No me sorprendió el rotundo cambio de tema. El Teniente solía rehuir las conversaciones personales cuando era él el tema de conversación, aunque no tenía problema para cuestionar sin dudarlo acerca de la vida de los demás.
¿No me echabas? evité responder.
Vete si quieres repuso divertido.
Mal. Está mal contesté. Pero es normal, Kyo ha muerto y ¿por qué estoy hablando de esto contigo?
Quizás porque necesites contárselo a alguien insinuó.
Sí, quizás sea eso musité. En fin, viendo que me has robado el sitio buscaré otro lugar para ver amanecer sonreí. Hasta mañana.
Me di la vuelta y busqué un lugar apartado en el que tumbarme a pensar sobre todo lo que había pasado y todo lo que podría pasar en adelante. Muerto Kyo, la venganza por parte de Nadie se había completado. Ninguno de sus antaño grandes perseguidores continuaba vivo y aquello supondría un punto de inflexión en nuestra captura.
Si de nada había servido tratar de anticiparnos a sus movimientos sabiendo más o menos sus objetivos, peor lo tendríamos ahora que ni siquiera teníamos una vaga idea de qué se proponían. Una respuesta fácil sería tomar el poder del Sereitei, pero la gran pregunta era cómo pretendían llevar eso a cabo.
Entonces una lúgubre certeza se apoderó de mi mente. Lo poco que Eliaz había conseguido encontrar acerca de ellos en los libros de su familia indicaba que la organización era heredera de todas las tradiciones de los Ashartîm y entre ellas había una que parecía imponerse a los demás. Yo soy un Dios celoso que castiga la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
¿Y si yo era el objetivo? Es decir, toda mi familia y yo. Peor aún, ¿y si el pequeño Kyo corría ahora peligro? Una escalofriante sensación subió por mi espina dorsal. ¡El niño podía estar en peligro! Habíamos vivido absortos en plantearnos mil y una alternativas posibles para el próximo paso del enemigo y ni siquiera habíamos considerado que el hijo de uno de sus principales objetivos correteaba inocentemente por nuestro Cuartel.
Si eso era así, la situación era extremadamente grave y había que buscar una situación rápidamente. ¿Cuánto podrían tardar en actuar? Nosotros habíamos elegido un camino, pero él avanzaba con nosotros por él de forma involuntaria.
Un momento, ¿sabrían ellos que Uchiha Kyo existía? Era absurdo dudarlo, años de experiencia nos habían revelado que las redes de información de Nadie eran increíbles. Posiblemente, ni una sola hoja del Sereitei se moviera sin su conocimiento. Y aunque no fuera así, habría que asumirlo, eso sería lo más seguro.
Mierda susurré, levantando la mirada al cielo.
Un reflejo rosáceo sobre el tejado me avisó de que Nalya tampoco conseguía conciliar el sueño. No era de extrañar, los sucesos de los últimos días habían supuesto un duro varazo para todos, pero especialmente para ella.
Era la primera noche que pasaba en el cuartel desde la muerte de Kyo, y volver a casa y tener que enfrentarse al mundo normal, a la rutina, cuando no se estaba preparada era un duro trago que no todo el mundo es capaz de soportar con normalidad.
Subí al tejado y me acerqué lentamente para no molestarla ni asustarla. Cuando estaba cerca, pude ver como una pequeña lágrima, que brillaba caprichosa bajo la tenue luz de las estrellas, la única iluminación de la noche, surcaba su rostro.
¿Qué haces aquí? pregunté en un susurro.
La reacción instintiva de mi amiga fue secarse las lágrimas con la tela del uniforme antes que revelar su estado de desconsuelo. Como siempre, prefería hacerse la fuerte y la autosuficiente antes que pedirla en alguien que sabía que estaba más que dispuesto a dársela.
¿Y tú? respondió con la voz quebrada. Este no es tu escondite habitual
El árbol estaba ocupado por Chrno y no podía dormir sonreí mientras tomaba asiento junto a ella. Aunque veo que no soy el único.
No quería acosarla con preguntas acerca de su estado emocional. Ella sabía que yo estaría allí, a su lado, si necesitaba contarme algo, si necesitaba un hombro sobre el que llorar o si necesitaba alguien a quien atacar para desahogarse de todo lo que estaba pasando.
¿Quién te ha dado permiso para que te sientes?
Este es un espacio libre y disfrutamos de libertad de acción respondí de forma automática a menos de que un superior nos ordene lo contrario.
Ella me miró desafiante. Realmente, ella era mi Tercer Oficial, dos escalones por encima de mí en la escala jerárquica, pero ése era el objetivo de mi respuesta: comprobar si realmente ella me necesitaba allí o no.
Rido
No irás a hacer una tontería, ¿verdad?
Define tontería.
Pensé en una de las múltiples acciones que podría pensar en hacer Nalya. Aunque a veces me metiera con ella aludiendo a su lentitud de reflejos intelectuales, probablemente se hubiera dado cuenta, al igual que yo, de que el pequeño Kyo podía ser objetivo de nuevos ataques.
En ese caso habría barajado distintas formas de protegerlo y, seguramente, a cada cual más alocada. Rebusqué entre todas las posibilidades que se le podrían ocurrir y opté por la que parecería la más razonable de entre todas las que había imaginado.
En tu caso podría ser hacer una burrada como ir a por el Bankai sugerí.
Quiero que te hagas cargo de Kyo durante mi viaje sentenció de golpe
La convicción y seriedad con que me lo dijo me cogió por sorpresa. ¿Hablaba en serio? ¿Pensaba en hacer una estupidez como esa? ¿Dejar a su hijo solo en lugar de estar con él para protegerlo? No, no podía ser. Nalya era temeraria, cabezona e irreflexiva, pero no dejaría solo a Kyo.
¿O sí? La estudié de arriba abajo, deseando que el más mínimo gesto me confirmara que aquello era una simple broma que no había llegado a captar. Pero aquel atisbo se demoraba en aparecer. Definitivamente, iba a irse, iba a dejar solo a su hijo iba a dejarme solo.
¿Lo dices en serio? vacilé aún sin salir de mi sorpresa.
Mañana me marcho contestó en un susurro.
¡¿Mañana?!
Pero no me contestó, sólo se levantó. Dio por concluida la conversación y se dispuso a regresar al interior del Cuartel. Para ella ya no había más que decir, ni siquiera adiós. No podía dejarla irse. No. Así no podía marcharse. De repente, sin decir adiós.
Suéltame amenazó sombría al notar mi brazo deteniéndola. Ni tú ni nadie me impedirá llevar a cabo la tarea.
¿Ni siquiera tu hijo?
Precisamente por él me voy replicó. No quiero verlo morir porque no fui lo bastante fuerte para protegerle.
Lo bastante fuerte Aquella vaga excusa sonaba más bien a motivo egoísta que a lo que realmente pretendía. Realmente Nalya había decidido escapar, huir del peligro y cerrar los ojos a todo lo que pasaba a su alrededor.
¿Y si nos atacan si tú no estás? traté de convencerla.
Sé que lo protegerás me sonrió cariñosamente, como nunca había hecho, no al menos en esta realidad. Lo quieres tanto como yo aunque
Los dos sabíamos como terminaba aquella frase. Era algo que siempre habíamos pensado, tanto el uno como el otro, pero ninguno de los dos había querido pronunciar nunca en alto. Seguramente, ella pensaba que para mí era algo doloroso. Por mi parte, sabía que a ella no le hacía mucha gracia pensar en el ahora difunto padre de la criatura. Por eso, habíamos llegado a un mudo acuerdo de nunca terminar aquella frase.
Aunque no seas su padre concluyó.
Lo había hecho. Tras diez años, había pronunciado por primera vez aquellas palabras. Sentí una pequeña punzada de dolor, pues nunca había imaginado escucharlas de su boca, y la solté del brazo, dejándola libre para que prosiguiera su marcha.
Descendió hasta la ventana más cercana y se detuvo en el alféizar. Las luces del interior iluminaban su cuerpo, creando un bello contraste con la oscuridad de la noche. Me miró fijamente y me volvió a sonreír con esa sonrisa que jamás podré olvidar.
Gracias por todo, Rido dijo antes de entrar en el interior del edificio.
Aquellas palabras resonaron en mi interior con fuerza. Nalya se iba de verdad, no era un espejismo ni una broma pesada. En ese caso, no hubiera dicho aquello. No, abandonaba el cuartel, esa era la realidad.
Iba a perderla. ¿Y si no volvía? ¿Y si ? Me dejé caer sobre el tejado y lloré desconsoladamente hasta que el amanecer, con sus tibios rayos anaranjados me sorprendió, con los ojos enrojecidos y con la cara y la ropa empapada en el salado mar de amargas lágrimas que había derramado durante horas.
Como si un resorte se hubiese activado con la luz, me levanté y regresé al interior del Cuartel tratando de evitar en lo posible el contacto con los demás. La marcha de Nalya debía quedar en secreto hasta que no hubiera más remedio que contarlo.
Mientras me lavaba la cara para despejarme, comencé a escuchar el gorjeo de los pájaros que saludaban alegres a una mañana que no me traería más que desgracias. Restregué mis manos contra mi rostro una vez más y me miré al espejo para comprobar que podría disimular, al menos físicamente, mi estado, y regresé a la habitación.
Justo cuando entraba, la puerta de Nalya se abrió. Sé que ella me vio, pero no quiso decir nada pues ya lo había dicho todo. La vi alejarse, cargada con su macuto, robándole las últimas sensaciones al Cuartel, acariciando las paredes a modo de despedida.
Se alejaba lentamente como si, en realidad, no quisiera irse. Pero ella había tomado una decisión y, cuando lo hacía, nada podría detenerla. Sería consecuente con ello hasta el final aunque ello le costase la vida: admitir un error era, para ella, la mayor de las derrotas y algo que nunca pudo y nunca podría admitir.
Se alejó por los pasillos, desapareció. Se iba y no podía hacer nada por evitarlo. Cualquier intento sería respondido con violencia. Así era ella y no quería cambiarla. Así era la mujer de la que estaba enamorado hasta el punto de que sentía que no podría vivir sin verla.
Me disponía a entrar en mi cuarto cuando la puerta de su habitación volvió a abrirse. El pequeño Kyo, aún dormido y confuso, asomó la cabeza por el umbral y miró a los dos lados tratando de localizar a su madre. Pero no la encontró.
Con un gesto, le indiqué la dirección en que se había ido y, silenciosamente, la siguió, igual que yo, curioso, hice con él. Puede pensarse que aquella fue una acción egoísta y mezquina, yo así lo pienso, pero en aquel momento creí que era el último recurso para conseguir que no se fuera, ayudar a su pequeño retoño a que la chantajeara emocionalmente.
¡Mamá! gritó al descubrirla ya en el umbral de la puerta principal del edificio.
Con pasos torpes y atropellados, corrió hacia ella y se detuvo al alcanzarla. Mientras tanto, me apoyé, escondido, en el marco de la puerta de la sala común de los shinigamis rasos, desde donde podría observar todo sin ser descubierto y podría intervenir si la situación se ponía especialmente tensa.
¿A dónde vas? preguntó el niño.
Tengo una misión.
Llévame contigo.
Es imposible.
Deja de engañarme protestó Kyo. Ayer estuve viendo con Blod los partes de hoy. No tienes ningún trabajo.
Juraría que fue entonces cuando lo descubrió, cuando se dio cuenta de que su madre se iría para pasar fuera mucho más un día, una semana Cuando se dio cuenta de que la vida de la persona alrededor de la cual giraba todo su mundo desaparecería por mucho tiempo y que incluso podría no volver.
Entonces, se abalanzó contra ella como si se aferrara al último recuerdo que tenía de su madre, queriendo retenerla por toda la eternidad y suplicando una y otra vez que no se fuera. Pero ya no había marcha atrás.
Ella se agachó y le observó fijamente, acariciando su pelo y tratando de mantener el tipo. Entre sollozos le susurró algo al oído y luego trató de separarlo de ella, pero el niño no quería, pretendía evitar su marcha a toda costa, con todas sus fuerzas, con toda su alma, con todo lo que sabía.
Kyo ¡Basta! le increpó.
No me dejes solo
No quiero hacerte daño, Kyo amenazó. Suéltame.
¡No!
Está bien tú lo has querido.
Todas mis alarmas se activaron: Nalya iba a sobrepasar de largo todos los límites de lo imaginable. Cuando me di cuenta, había utilizado un Bakudou sobre su hijo y trataba de huir de allí a toda costa. Pero el niño había aprendido mucho tras tanto tiempo de entrenamiento y seguía reteniéndola con sus invisibles apéndices.
Hadou 4 recitó Nalya. Byakurai.
¡¿Qué?! exclamé, aunque mi voz quedó amortiguada con el impacto del rayo sobre el suelo.
Afortunadamente, no había perdido lo suficiente los estribos como para atacar directamente a su hijo y había apuntado hacia el suelo, cerca de sus pies. Pero aquello había sido suficiente para derrotar completamente al niño que cayó rendido de rodillas al suelo mientras suspiraba totalmente descompuesto por la marcha de su madre, mientras la veía abandonar el Cuartel a toda velocidad.
Hey le susurré cogiéndolo en mis brazos. Ven conmigo.
¡Déjame! me gritó, culpándome. ¡Quiero ir con ella!
Ven
Conduje al niño hasta su habitación, que sería ahora sólo para él y lo metí en la cama. Me costó un poco calmarlo, pero durante diez años sustituyendo a su padre había desarrollado una serie de trucos que me ayudaron en mi propósito. Cansado por la tensión, los nervios y el llanto, el niño no tardó en dormirse de nuevo.
Miré a través de la ventana y observé el lejano paisaje del Rukongai, el nuevo hogar de Nalya. La echaría de menos, más que a nada en el mundo, más que lo que había extrañado a Yonas o a cualquier otro que durante mi vida se hubiese cruzado conmigo. Ella era especial y, con su marcha, se había ido también parte de mi vida.
¿No piensas detenerla?
No hay nada que pueda hacer respondí sin volverme. Se ha ido.
Siempre atenta, la Capitana había tardado menos de lo que esperaba en descubrir la marcha de su Tercer Oficial. Supongo que después del espectáculo que se acababa de producir en la puerta principal poco podía hacer para ocultarse siquiera unas horas más.
No habrá otra como ella murmuró con cierto tono nostálgico.
Volverá respondí convencido.
¿Seguro?
Ella ha dicho que volvería Bueno No lo ha dicho me corregí. Pero lo hará.
No trates de convencerte y ve
¿Que vaya? pregunté, sorprendido por su orden. ¿A dónde?
Despídete de ella ordenó. Puede que no vuelvas a verla en mucho tiempo
Despedirme de ella. Había estado tan pendiente de las consecuencias de su marcha que ni siquiera había dudado que lo que había sucedido la noche anterior no era realmente una despedida. Pero tampoco quería que lo fuera.
Despedirse es una palabra dura.
A veces, las palabras duras son las palabras más necesarias sentenció misteriosa. ¿Por qué no tomas la iniciativa por una vez? No lo pienses. Sólo hazlo.
Puede que para Nalya, dedicarme aquella frase desde la cornisa de la ventana del pasillo sur hubiera sido suficiente pero, desde luego, no lo era para mí. Había demasiadas cosas que quería decirle, demasiadas cosas que necesitaba confesarle antes de que desapareciera por completo de mi vida.
Animado por las palabras de Henkara, abandoné a toda velocidad el Cuartel siguiendo el rastro de reiatsu que iba dejando, poco sutil debido al estado de profunda turbación en el que se encontraba y que le impedía ocultar sus huellas para que nadie pudiera seguirla en su retiro.
Era rápida, pero probablemente la velocidad era la única capacidad física en la que le superaba. Siempre había sido más fuerte y más hábil con la espada y el Kidou, pero nunca había conseguido ganarme en velocidad. Aprovechándome de ello, me esforcé al máximo para lograr darle alcance, algo que, sin embargo, no sucedió pronto.
¡Espera! le grité aún desde la lontananza.
Pero ella no paró, como si no me hubiera escuchado. Huyendo de mí y de una conversación que pondría en vilo todas sus convicciones, aceleró el ritmo y trató de que no llegase hasta ella, pero su intento fue infructuoso y unos minutos después me puse a su altura.
¿Quieres parar? me quejé agarrándola por el brazo.
¡Suéltame! se revolvió.
Sin embargo, mi presa seguía firme y no la dejé escapar. Con el brazo, la atraje hacia mí, hasta que el espacio entre nuestros cuerpos desapareció. Estábamos tan cerca que notaba su latido como si fuera el mío y probablemente ella sintiese lo contrario.
Mantuve la fuerza de mi brazo hasta que desistió de su lucha por liberarse y continuar su camino. Entonces la solté y acaricié su pelo mientras la miraba fijamente a los ojos y le sonreía cariñosamente.
No he venido a detenerte le dije.
¿Entonces por qué has venido hasta aquí?
Porque
¿No podías simplemente dejarme marchar?
Soy yo, sabes que soy incapaz de hacer esas cosas susurré. Sobre todo si se trata de ti.
Lo
¿Estás segura?
Sí afirmó con convicción.
¿Me prometes que vas a estar bien?
No soy una niña, ¿vale? protestó. Sé cuidarme sola. Y ahora suéltame.
No quiero
¿No quieres?
En cuanto lo haga te irás y
Volveré.
Lo sé.
Me aparté un paso de ella y la miré mientras mis ojos comenzaban a empañarse de lágrimas. Hacía años que no lloraba delante de ella, desde el día en que, ciego de rabia, había arremetido contra ella por haberse entregado a Kyo.
No te preocupes por mí, ¿vale? trató de tranquilizarme. Estaré bien.
Tengo miedo.
¿Te crees que yo no?
¿Entonces por qué lo haces?
Tengo que hacerlo.
No tienes que hacerlo
¿Y qué quieres que haga? exclamó. ¿Quedarme y verle morir?
Si te vas
¡No quiero hacerlo! estalló. ¡Te vi morir! ¡Vi morir a Ray! ¡Vi morir a Kyo! ¡No quiero verle morir a él! ¡No quiero! ¡No quiero verle morir!
Mientras repetía una y otra vez aquello, rompió a llorar. Al final, el dique no había aguantado y el torrente fluía libre y con más fuerza que nunca. Nalya había sucumbido a su propio sistema defensivo y ahora gemía totalmente indefensa todo aquello que había ocultado durante tantísimo tiempo.
Impulsivamente, la atraje hacia mí en un abrazo. Ahora eran sus lágrimas y no las mías las que empapaban mi uniforme, pero eso daba igual. Traté de consolarla inútilmente acariciando su cabeza, pero de nada servían mis intentos: el llanto brotaba libre de aquellos ojos que tanto me cautivaban.
Lo único que pude hacer fue atraerla más fuertemente hacia mí, transmitiéndole en ese abrazo todo lo que sentía por ella, todo lo que había guardado escondido dentro de mí durante tanto tiempo bajo la máxima de esperar el momento oportuno.
¿Debía decir algo? ¿Debía simplemente permanecer en silencio? ¿Debía ?
Te quiero susurré dejando de lado todo. Lo sabes, ¿verdad?
¿Cómo puedes ? objetó balbuceante, separando su rostro de mi pecho y sobreponiéndose al lloro. Yo nunca
¿Quién necesita motivos? me anticipé. Sólo sé eso que te amo. ¿Necesito un por qué para hacer esto?
Y sin decir nada más, la besé. La besé de verdad por primera vez en la vida, como si lo que había pasado la tarde anterior nunca hubiera ocurrido. La besé y todo a nuestro alrededor pareció detenerse. La besé y para mí el mundo podría haber terminado en aquel momento, porque ya nada más me importaba en la vida.
¿Qué pensó ella? ¿Qué sentía por mí? En ese momento las respuestas de aquellas cuestiones no tenían ningún sentido. ¿Qué más daba lo que ocurriese a nuestro alrededor? ¿Qué importaba todo? La estaba besando y nada más había en el universo aparte de ese beso.
Mis manos recorrían inquietas cada centímetro de su cuerpo, buscando recordar y atesorar todas las sensaciones posibles antes de que llegara el cruel e inevitable momento de decir adiós. Un adiós que se me antojaba para una eternidad.
Rido susurró cuando nuestros labios se separaron.
No digas nada le detuve, poniendo mi mano sobre su boca. No digas nada.
La abracé contra mi pecho una vez más, pero ahora ninguno de los dos lloraba. Era el momento de la despedida, pero era un momento feliz. Había cumplido aquel oculto deseo antes de que fuera demasiado tarde, la había besado y ya nadie podía cambiar eso.
Sí, ahora Nalya se iría y aquello no habría servido de nada. ¿Acaso tendría que servir para algo? Lo había hecho y aquel recuerdo permanecería conmigo hasta el fin del mundo. Había podido besarla, sinceramente, sin mentiras, sin ser en un mundo ficticio. No, fue verdad. Fue en un aquí, en un ahora de la realidad y no en una creación de mi mente.
Vete la separé de mí empujándola suavemente por los hombros. Vete antes de que No importa.
Le sonreí una vez más, quería que conservase de mí aquella imagen, aunque ella supiese tan bien como yo que en cuanto la viese desaparecer en el horizonte me derrumbaría y volvería a llorar desconsolado como había hecho minutos antes y como su hijo había hecho llegado el momento de la despedida.
La besé en la frente, la miré a los ojos fijamente y la solté. Ella me devolvió la mirada y la sonrisa. Su rostro se cubrió de dulzura, como cuando miraba a su hijo. Lentamente, extendió su brazo y acarició mi rostro durante unos segundos que se hicieron eternos.
Prométeme que volverás.
Lo haré.
Entonces esto no es un adiós
No sonrió. Es un hasta pronto.
Se dio la vuelta y emprendió la marcha. A los pocos metros, miró hacia atrás antes de ejecutar una maniobra de shumpa y desaparecer completamente de mi vista. Se fue, así, y no volvería en mucho tiempo. Tal y como me había predicho, caí rendido de rodillas, entre lágrimas.
El horizonte se había llevado su figura, pero siempre permanecería en mi corazón el recuerdo de aquella despedida, de todo lo que habíamos pasado juntos. Y algún día volvería, ella misma lo había dicho: aquello no era un adiós, era un hasta pronto.











