deviant art





Login
Join deviantART for FREE Take the Tour Lost Password?
Deviant Login
Shop
 Join deviantART for FREE Take the Tour
[x]

More from ~Centoloman

Featured in Groups:

Details

September 10, 2009
12.2 KB
Thumb

Statistics

Comments: 0
Favourites: 0
Views: 57 (0 today)
Downloads: 9 (0 today)
[x]

Memorias20-TanzanianRampageIII

by ~Centoloman

Tanzanian Rampage III (Back home)

– Sujeto sospechoso saliendo del edificio – informó de repente Artemisa, que seguía en su puesto de retaguardia, sacándome del estado de shock en el que me encontraba. – Esperamos órdenes... ¿Qué es eso?

– ¿Qué ocurre? ¿Quién es? – grité por el sistema de comunicaciones.

Se hizo un gran silencio en la radio y poco después una gran explosión retumbó en los auriculares. Por las ventanas exteriores del edificio penetraba una gran luminosidad. Una luz blanca y pura que resultaba cegadora y me obligó a cerrar mis ojos, irritados por el llanto.

– ¡Grupo 1, informe! – solicitó la capitana, cuyo tono de voz denotaba un gran nerviosismo. – ¡¡

– ¡Mierda! – exclamó Crawlink. – ¡Capitana! ¡El sujeto sospechoso nos ha atacado! ¡Artemisa está herida! ¡Repito! ¡Artemisa está herida!

– ¿Es grave? – preguntó Henkara.

– No, pero no podrá combatir ahora.

– ¿Qué ha pasado?

– Algún tipo de hechizo o técnica desconocida – respondió Crawlink. – Posiblemente la misma que ha causado toda esta destrucción. Afortunadamente conseguimos ponernos a cubierto, aunque Artemisa ha caído inconsciente.

– ¿Y el sospechoso?

– Parece que el sospechoso ha huido – se quejó Crawlink.

– ¡¡Cobarde!! ¡¿Por qué huyes?! – le grité al viento. – ¡Te encontraré y te arrepentirás de haber provocado mi ira!

– ¿Le viste la cara? – inquirió la capitana al mismo tiempo.

– No, capitana, pero parece que Rido tenía razón. Eliaz es inocente... Gracias a Dios.

– Gracias a Dios – repitió la capitana aliviada dejando escapar parte de la tensión acumulada. – Está bien. Rido, encuentra a Eliaz. ¡Rápido!

No había informado de que había encontrado a mi compañero, muerto. El sistema de comunicaciones se había convertido para mí en un simple eco y todos mis sentidos estaban puestos en el cuerpo sin vida de mi compañero.

– Capitana, – anuncié sombríamente – Eliaz está... está...

Un débil tosido llamó mi atención. ¡Aún había esperanza! ¡Eliaz vivía! Jurando venganza hacia aquel que había dejado a mi amigo en aquel estado, me apresuré a ayudarle a respirar. Pronto llegaron Kurei y Okita, que me habían seguido por el pasillo y me ayudaron con el trabajo de primeros auxilios.

– ¿Qué pasa, Rido?

– Capitana, – informó Okita – Eliaz está vivo, pero está grave. Rido y yo estamos administrándole los primeros auxilios con la ayuda de Kurei.

– Está bien. Estabilizadlo y volved al punto de encuentro – ordenó. – Crawlink, encárgate de Artemisa y preparaos para el viaje. Resto de equipos, comprobad el edificio y tratad de capturar a uno de sus secuaces. Luego regresad todos juntos al punto de encuentro.

Pocos minutos después llegaron el resto de compañeros. Arturo envió a Pandora y Uchiha a comprobar el edificio mientras tratábamos de estabilizar a Eliaz. Habían capturado a uno de los secuaces de aquel cobarde asesino.

No fui capaz de reprimir mi ira. Me levanté, dejando a Eliaz al cuidado de Okita, y fui hacia él. Coloqué el filo de mi espada sobre su garganta dispuesto a atravesarlo como venganza pero Arturo me paró. Una vez más, rompí a llorar desconsolado liberando toda la tensión y me derrumbé definitivamente

Desde aquel momento hasta el regreso de los dos compañeros que habían ido a comprobar el resto del edificio, no fui consciente de lo que pasaba. Me senté solo en un rincón de la sala mientras Okita y Kurei se encargaban de las curas. No recuerdo si alguien me habló durante ese tiempo o si algo extraño pasó.

No podía creer lo que había estado a punto de pasar. Casi había perdido a otro amigo y me había derrumbado por completo. No había sido capaz más que de llorar. ¿Era eso lo que se suponía que era un shinigami?

Una mano de repente me tocó el hombro sacándome de mis sombrías pesadillas estando despierto. Era Kurei, que me indicaba que había el momento de volver a casa. Blod y Okita cargaron a Eliaz con una improvisada camilla y los nueve oficiales, contando a mi amigo, que ya se encontraba estable, aunque inconsciente, que nos encontrábamos en el interior del edificio seguimos al teniente Arturo hasta el punto de encuentro, donde Crawlink y Artemisa ya nos esperaban preparados para el regreso.

– ¿Qué tal te encuentras, Artemisa? – inquirió Arturo.

– Bien, sólo perdí el conocimiento unos instantes. Afortunadamente Crawlink estaba aquí para echarme una mano.

Arturo se encargó de abrir el Senkaimon mientras el resto de nosotros tomábamos aliento. Atravesamos la puerta. Al otro lado nos esperaba ya una delegación de la segunda división, que se hizo cargo del prisionero.

Nos dirigimos en grupo por las callejuelas del Sereitei hasta el cuartel de la cuarta división. El cansancio nos mantenía en silencio y hacía que avanzásemos lentamente, lo que nos daba aspecto de comitiva fúnebre.

– Bienvenidos a casa – nos saludó la capitana en cuanto llegamos al cuartel de la división cuarta, donde ya nos esperaba junto con los equipos de atención de urgencia.

Rápidamente, uno de los equipos médicos se acercó a Eliaz y lo llevaron a la sala de cuidados intensivos mientras otro se encargaba de acompañar a Artemisa a una de las salas de observación para comprobar su estado.

Otros oficiales de menor rango guiaron al resto del grupo a una sala más grande donde se ocuparon de atender nuestras heridas, de mucha menor importancia de las de Artemisa y, por supuesto, las de Eliaz.

– Capitana... – susurré en un momento que Henkara había pasado cerca de mi posición.

– ¿Sí, Rido? – respondió. – No te preocupes por Eliaz, se pondrá bien. La capitana en persona se encargará se sus cuidados.

– Me preguntaba si podría pedir unos días libres. Me gustaría estar al lado de Eliaz e ir a explicarle a su hermana lo ocurrido.

– No. No tendrás esos días libres – respondió ella tajantemente.

– Está bien... – me lamenté agachando la cabeza.

– Espera – me interrumpió. Su voz había recuperado el habitual tono cariñoso. – Déjame terminar. Desde hoy tienes una nueva misión: irás a informar a la mansión Mirumoto de todo lo ocurrido con Mirumoto Eliaz y te encargarás personalmente de estar aquí para atender a los dos heridos e informar a la división. ¿Qué te parece? – concluyó con una gran sonrisa en los labios.

– Gracias – contesté con una tímida sonrisa entre los labios.

– De todas formas, ahora regresaremos todos a la división y mañana por la mañana me informaréis de lo ocurrido con más calma – comentó alzando la voz para que le escuchara el resto de compañeros. – Tras el informe comenzará tu nueva misión – añadió en un susurro

Cuando los shinigamis de la cuarta división, la división de apoyo, decidieron que no harían falta más cuidados, nos permitieron regresar a la división. Por el camino, ya un poco más descansados, se iban escuchando los primeros comentarios de lo que había pasado y las primeras sonrisas de alivio se dibujaban ya en algún rostro.

La mañana siguiente llegó antes de lo esperado. A la hora acordada, los diez oficiales que habíamos intervenido en la operación, pues Artemisa estaba aún en observación, nos presentamos ante la capitana Henkara en la sala de reuniones. Allí se encontraban también los capitanes de la décima y de la sexta división, junto con el capitán general Ailios, de la primera división.

Uno por uno, los jefes de cada uno de los grupos, a excepción de Artemisa, cuyo lugar ocupó Crawlink expusieron su informe ante los cuatro capitanes allí presentes. Crawlink confirmó que el individuo que había escapado vestía ropa de shinigami y que era muy probable que fuera el verdadero causante de la masacre que casi había causado la muerte de mi compañero.

– Disculpen, capitanes – interrumpí cuando Uchiha, el último en presentar su informe concluyó. – Querría presentar mis disculpas por haber puesto en peligro la misión.

– ¿Poner en peligro? – contestó el capitán Sefirot. – Si no llega a ser por su actuación y por su fe inquebrantable hacia un compañero, Mirumoto Eliaz habría muerto y el nombre de su clan había sido manchado por una falsa acusación. Así que no se disculpe oficial Rido.

– Bien, una vez escuchado el informe de la situación – comenzó el capitán Ailios. – Capitana Rina, capitán Sefirot, organicen los grupos necesarios para la seguridad del área espiritual de Dar es Salaam. Dada la gran cantidad de fallecidos, capitana Rina, que su grupo se encargue de la zona Sur. Capitán Sefirot, la zona norte es suya. Doy por concluida esta misión. Muchas gracias a todos, han realizado una labor encomiable.

Cuando los tres capitanes ajenos a la división, continuamos la reunión de un modo más informal con la capitana Henkara, que nos felicitó al igual que el capitán general Ailios por el trabajo realizado.

– Capitana, – interrumpió Uchiha – ¿qué eran esos hombres a los que nos enfrentamos anoche?

– Ya ayer establecisteis que se trataba de almas con poco poder espiritual, – explicó – aún así, la segunda y la duodécima división están tratando de averiguar algo más del prisionero. Esto no es un reporte oficial, pero en la radio se escuchó una teoría bastante arriesgada. Arriesgada pero interesante. ¿Rido? – llamó mi atención indicándome que repitiera lo que había comentado la noche anterior con Uchiha.

– Esos hombres no podían ser los causantes de la masacre – comencé – así que supuse que tenía que haber alguien por encima lo suficientemente poderoso. Teniendo en cuenta lo que le pasó a Eliaz y a Artemisa creo que eso se confirma, ¿no?

– Probablemente. Lo que Rido dijo ayer, por si no os acordéis, es que el culpable de lo ocurrido debía tener el nivel de un capitán. Ninguno de los trece capitanes pudo ser, pero si esto es así habrá que tener cuidado de ahora en adelante.

– ¿Por qué no se informó de esto a los capitanes durante la reunión? – inquirió Okita.

– Por ahora lo sabe el capitán general Ailios únicamente, que ha decidido coordinar personalmente toda la operación de investigación y aseguramiento del área afectada. Está bien, – resopló – id a descansar. Tenéis el resto del día libre. Os lo merecéis.
:iconcentoloman:
El desenlace de esta extraña aventura...
No comments have been added yet.

:icon:
Add a Comment: