Parte de trabajo 16: Como está escrito en el libro
Entonces
¿seguimos?
¿Lo dudas? sonreí, echando a andar, de espaldas, hacia la puerta.
Ni un ápice correspondió el Outlaw.
Silver se levantó con cierto esfuerzo, cosa que preocupó a Mijok y a Estella, pero enseguida se apresuró a achacárselo a su edad y caminó hacia mí, adelantándome. Me di la vuelta y lo seguí, parándonos los dos junto a la puerta.
Detrás nos espera el final de todo esto.
O un poco más de diversión apostillé.
Espero no perdérmela esta vez rió. Tú primero, Rido.
Con el hacha bien sujeta en mi diestra y preparada para cualquier eventualidad, posé suavemente la palma de mi mano izquierda sobre la puerta. Era la más sencilla de todas las que habíamos cruzado hasta entonces, pero también era, quizás también precisamente por eso, la que más respeto imponía. Grande, esbelta, oscura como la noche y tan perfectamente pulida que un ojo experto como el mío apenas podía distinguir si estaba hecha de madera o de metal.
La empujé lentamente y poco a poco fue desvelando una estancia aproximadamente la mitad de grande que la que estábamos a punto de dejar atrás. Sus paredes reflejaban tímidamente la luz de unas lámparas de aceite que se encendieron inmediatamente al entornar la hoja de la puerta. Las paredes, como la sala anterior, estaban totalmente cubiertas de grabados, pero estos eran completamente distintos a los precedentes. Si aquellos eran monstruosos, estos eran hermosos, como un libro que contara una historia con un final feliz. Tenía sentido: fuera, estaba el prólogo; dentro, el desarrollo. Pero la estancia era una cámara diáfana, sin más que enseñarnos que aquellos dibujos en la pared, aunque no era poco.
¿Vacía? fue la reacción de Hilmar, que marchaba un poco a la cola del grupo, en un tono bastante decepcionado.
No le advertí. Es maravilloso. Mira las paredes.
Sí, pero
No es eso lo más interesante murmuró Silver. Mirad.
Avanzó un par de pasos y se agachó. Palpó ligeramente el suelo con la yema de sus dedos y volvió a levantarse para repetir la operación un poco más allá. Parecía buscar algo, y que su búsqueda era infructuosa, porque aún tubo que reiterar aquella maniobra un par de veces más ante nuestra mirada intrigada y expectante.
¡Oh! Aquí está
murmuró al fin, levantando la vista. Debería de haberlo visto antes.
Se incorporó, se acercó a la pared en la que se abría la puerta y deslizó uno de sus dedos sobre uno de los grabados, apenas rozándolo. Inmediatamente, se iluminó con la misma luz dorada que nos había cegado antes y las losas del suelo sobre las que se había agachado el capitán comenzaron a moverse.
¿Cómo lo has sabido?
Experiencia alegó.
Lo que quedó al descubierto fue una nueva escalinata. Blanca, reluciente, que refulgía ante la tenue luz de las antorchas y las lámparas de aceite como la luna en mitad de una noche clara. Era amplísima, como preparada para que por allí bajaran grupos amplios de personas. Si mi hipótesis de que aquella construcción funcionaba de forma parecida a un templo era cierta, quizás aquella escalinata tenía un papel fundamental en alguna ceremonia.
Me pregunto a dónde nos llevará esto murmuró Mijok.
Al final respondimos Silver y yo al unísono, provocándonos una mutua sonrisa cómplice.
¿Seguros? nos cuestionó Rentarou.
Es la única posibilidad aseguré. ¿Vamos?
Descendimos despacio, con prudencia, asegurándonos bien de donde poníamos el pie cada vez que dábamos un paso. No es que la escalera imprimiera desconfianza, todo lo contario, estaba magníficamente cuidada, en un mármol albino perennemente pulido de una forma perfectísima, con detalles dorados y plateados decorando los pasamanos. Tenían estos aderezos formas muy simples, como líneas que no parecían representar nada especia, aunque probablemente alguien muy espiritualista viera en ellas los caprichosos hilos de la magia, de la historia, de la vida.
Es precioso comentó, extasiada, Estella.
Sí le sonreí.
Imagínate como debió ser en sus tiempos
Increíble.
Aquí descansa el saber recitó Silver en voz alta.
Lo había leído en la leyenda que ondeaba sobre la enorme verja dorada que dominaba la gigantesca cámara en la que habíamos desembocado a través de la escalera. Revestida completamente del mimo mármol blanco que la escalinata, la sala parecía haber aprovechado una gran gruta natural, tal y como revelaban las irregulares paredes albinas.
La esbelta reja de oro concentraba la atención de los visitantes en la separación que establecía entre la parte principal y una pequeña, aunque nada desdeñable, caverna abierta en el fondo, de frente mismo a la escalera. Las paredes de la zona principal permanecían completamente blancas, limpias, uniformes, mientras que las de aquella pequeña habitación lucían unos curiosos frescos relucientes que representaban, aunque de forma muy sencilla y esquemática, escenas de tiempos antiguos que giraban siempre entorno a un mismo objeto: un libro.
Probablemente se tratara del mismo tomo que se situaba en el centro de aquella pequeña habitación, cerrado sobre un atril de madera desde lejos semejaba madera de Adam magníficamente labrado. El volumen estaba exquisitamente encuadernado en piel oscura decorada con elegantes ribetes argénteos y los cantos de las hijas poseían el mismo color áureo de la verja, como si la reflejaran.
Silver fue el primero en acercarse, aunque no atravesó la reja, sino que lo contempló todo desde fuera, en silencio, como meditando si debía o no cruzar o, quizás, esperándonos. Junto con Estella e Hilmar fui el primero en aproximarme hasta donde él se encontraba, seguidos por Mijok y Renta que caminaban unos metros más atrás que nosotros y un tanto más despacio.
Tú nos has traído hasta aquí me comentó el Capitán de los Outlaws. Haz los honores.
Espera me detuvo Estella. ¿Cómo sabemos que
?
No lo sabemos se encogió de hombros Silver.
Eso es lo divertido se rió Mijok. Si no, ¿dónde iba a estar la emoción?
No te preocupes intervine yo. No nos va a pasar nada.
¿Me lo prometes?
Sí, mujer respondí. Tranquila.
Empujé ligeramente la reja para darme cuenta de que abría en sentido contrario. Dando un paso hacia atrás para despejar el camino de la hoja, tiré de la puerta y la verja se abrió suavemente, sin un solo quejido metálico, como si estuviera recién construida y en perfectas condiciones. Con un leve movimiento de cabeza, Silver me invitó a pasar delante.
Madera de Adam confirmé en voz alta, aunque para mí mismo, al llegar junto al atril y pasar mi mano por encima.
Abrí cuidadosamente el libro por la mitad, acomodándolo al mismo tiempo sobre el pedestal. Las páginas, que pasé con la máxima cautela, hacían justicia al lujoso exterior. Confeccionadas con un papel realmente grueso, estaban decoradas con miniaturas que representaban gnomos en distintas posiciones y escritas con una caligrafía sumamente delicada, limpísima. Pero lo más sorprendente de todo es que estaban escritas en la lengua común y no en algún extraño lenguaje antiguo como pudiera parecer.
Y sucedió que, desde aquel día, el gran Garl cubrió de oro al noble Tholtan de Corlya y lo nombró su enviado en todas las tierras de los gnomos leí en alto, ante la sorpresa de entender el texto.
¿Lees gnómico? preguntó Hilmar, cuya cabeza asomaba tímidamente a través de mi pecho.
¿Gnómico? respondí, antes de darme cuenta de su presencia. ¡¿Pero qué coño haces ahí?! me sacudí, expulsando el espectro y provocando las carcajadas de mis compañeros.
Glosolalia explicó Silver, que no podía contener la risa. Es una escritura mágica que se presenta en el idioma que comprende cada cual.
Fantástico
murmuré, mientras pasaba las páginas.
Entonces
¿qué hacemos? preguntó Rentarou.
Si esto es el final
musité. Qué curioso
aquí no se dice nada de la batalla contra
Eso es porque esto es sólo una etapa más estableció el Capitán. Las armas no están aquí.
¿No? ¿Ya lo sabías?
Lo sospechaba sonrió. Aquí encontraremos la pista que nos llevará a la siguiente parada de nuestro viaje.
En el libro supuse, tomándolo en mis manos para examinarlo mejor. Sería lo más lógico
Querido amigo, me corrigió la historia no se suele guiar por las normas de la lógica. Aunque reconozco que no sería raro que estuviera ahí.
El pirata se puso a contemplar los frescos, con los brazos cruzados sobre el pecho y su mano derecha acariciando la barba, como si estuviera escuchando lo que aquellos dibujos le decían. Pronto solicitó la asistencia de Hilmar y, juntos, comenzaron un análisis detallado de las imágenes. Iban una por una, haciendo valoraciones, fijándose en cada detalle y volviendo hacia atrás en muchas ocasiones.
Entre tanto, Rentarou había comenzado a ser incapaz de ocultar el esfuerzo y el cansancio provocados por acudir hasta allí en aquellas condiciones, así que anunció que se iba a sentar a descansar en la escalera. Un sonoro Te lo dije que retumbó en las paredes de la gran caverna acompañó a la doctora mientras ella y Mijok seguían al ex-Capitán de la Marina para evitar que se quedara solo.
Sentado en el suelo y apoyado contra la verja, comencé a hojear el libro, que no parecía contener más que leyendas en las cuales, para encontrar un significado en la dirección que esperábamos, habría que bucear hasta sus profundidades. Si la siguiente pista estaba allí, podría ser muy trabajoso el encontrarla, aunque quizás ese era el objetivo. Alcanzar el saber para entender el objetivo no era una premisa discordante en aquel ambiente. Más aún, así se habrían asegurado que sólo alguien capaz de entender aquello podría ser capaz de dar el siguiente paso.
Seguía pasando hojas y hojas, examinando ligeramente el contenido de cada una de ellas. Gestas épicas, enseñanzas morales, leyes
Aquello no era un libro de leyendas cualquiera, sino más bien un libro de historia vestido de fantasía, posiblemente para ayudar a recordarlas durante un estadio anterior a su puesta por escrito. O quizás es que aquella magia y aquella fantasía eran inherentes al mundo antiguo en general y el de los gnomos en particular.
En mi recorrido por las páginas, sin embargo, me encontré con una incidencia un tanto extraña, una diferencia bastante sutil en las páginas. No la había advertido en mi primera pasada por encima, pero entonces me di cuenta de que no eran gnomos sino hombres los que ilustraban los márgenes de aquella hoja. La caligrafía era también sutilmente más ruda.
¿Se encontraría allí la pista que indicara nuestro próximo destino? Comencé a leer detenidamente el contenido de aquella página. Ya una cuestión llamó mi atención en primer lugar, y es que los protagonistas de aquella historia no eran gnomos, sino hombres. Sin embargo, lo que más me descentró fue la aparición, entre aquellas palabras tan antiguas, de un nombre que por largo tiempo se había instalado en lo más profundo e ignoto de mi memoria y que ahora volvía a la luz.
No
murmuré. No puede ser.
¿Qué pasa?
He encontrado algo expliqué.
Silver se apresuró a aproximarse hacia mí y por poco me arrebata el libro de las manos. Se puso a leer la página con muchísima atención mientras su expresión pasaba de lo desconcertado a lo intrigado y de lo intrigado a lo entusiasmado. Parecía que él había llegado a la misma conclusión que yo. El siguiente paso estaba allí.
Isla de Xartha
susurró.
No la conozco dijo Hilmar.
Yo sí asentí con cierto pesar.
Bien sonrió entonces el Capitán. ¿Hacia dónde, entonces?
Hacia el Grand Line.
Afortunadamente, Silver no quiso saber el porqué de mi reacción ante aquel nombre y se dirigió sonriente a la salida mientras informaba a los demás desde la distancia del rumbo en que íbamos a dirigir nuestros pasos. En cualquier caso, yo tampoco estaba preparado aún para explicarlo, pues aún tendría que aclararme yo a mí mismo y con mis sentimientos.
¡Eh, Silver! llamé. ¿Qué hacemos con el libro?
Buena pregunta
se paró, girándose hacia a mí. ¿Tú qué opinas?
El saber se perpetúa al compartirse dijo Hilmar.
¿Qué? respondí.
Lo pone aquí señaló hacia la parte superior de la reja, por el lado contrario a aquel en que se encontraba lo que había leído Silver.
¿Y qué se supone que significa?
No lo sé se encogió de hombros.
No sé
volví a centrarme en el libro. Es decir, por un lado deberíamos llevárnoslo
Pues entonces llevémonoslo propuso el Capitán.
Es decir, tal y como parece que es todo este lío conocer a quienes participaron es realmente útil árgumenté. Pero por otra parte, el sitio de esto es aquí
Pues lo dejamos aseguró Hilmar.
Así no ayudáis les reproché. Quizás si copiáramos lo más importante
No tenemos tiempo estableció Silver.
Hilmar, tú eres un bardo, ¿no?
Sí, señor asintió. Bardo gnomo de las Tierras de Gorlam. El mejor, por cierto.
No lo dudo sonreí. Entonces conocerás muchas de las historias de este libro.
Probablemente
Sólo las que él no conozca le propuse entonces al Capitán.
Aún así
Los detalles importan mucho razonó él.
Mierda
bufé. Y me niego a arrancarle hojas.
Comencé a caminar para activar mis pensamientos, como si una cosa dependiera de la otra. También podría ser que hubiera un mecanismo que nos castigara si el libro era sustraído y al final acabaríamos teniendo aún más problemas. Pero quizás necesitáramos algo de la información que habíamos encontrado en aquel libro más adelante. Más allá
de allí.
De repente, el libro comenzó a brillar con fuerza en mis manos. Cuando me di cuenta de que, inconscientemente, había atravesado el portal en una de mis idas y venidas, me apuré de nuevo a entrar en el pequeño recinto. Sin embargo, había un nuevo libro en el atril.
¿Qué
?
Una neblina grisácea se comenzó a materializar sobre el pequeño pedestal de madera. Otro fantasma, sin duda, como no tardé en confirmar poco después. Este, sin embargo, parecía más anciano que Hilmar y sus ropas eran más propias de un estudioso que de un comediante.
El saber se perpetúa al compartirse dijo el recién aparecido en voz calma. El saber se muere si nadie lo transmite. El saber necesita que le lleven a los demás.
¿Qué quiere decir?
Tomad el libro de la Gran Historia y llevádselo a todas las criaturas continuó, sin prestarme atención. Que en todos los reinos de los gnomos se conozcan nuestros días.
¿Los reinos de los gnomos? pregunté yo. Desaparecieron hace siglos seguramente.
Pero recordad, la página maldita nunca saldrá de este templo.
Dicho esto, la nueva figura se desvaneció tan rápida y silenciosamente como se había formado y todo volvió a la normalidad como si allí no hubiera pasado nada. El único testimonio de lo que había ocurrido era el nuevo libro que descansaba solemnemente sobre el atril, como si llevara allí durante los últimos cinco mil años.
¿Qué ha sido eso? pregunté en alto.
Una ilusión contestó Hilmar como si fuera completamente evidente.
Los gnomos son especialistas en el arte de la ilusión mágica aclaró Silver, que se había acercado. ¿Qué dijo de una página maldita?
Que nunca abandonaría este templo respondí, abriendo el libro y buscando la página que nos había revelado el próximo destino. ¡No está!
¿El qué?
¡La página maldita! respondí. ¡No está!
Silver se acercó al libro que volvía a estar en el atril y lo abrió. Allí estaba, en el mismo sitio, exactamente igual, la lámina que nos guiaba hasta la Isla de Xartha. Sonriente, el Capitán cerró el libro y abandonó el templo, seguido de Hilmar.
Creo, entonces, que no hay ningún problema afirmó al pasar a mi lado.
Ningún problema.
Entonces nos vamos anunció Silver con el entusiasmo de un niño pequeño. ¡A la Isla de Xartha!
Entonces se van
murmuró el fantasma con voz apesadumbrada.
Siempre puedes venir con nosotros sugirió el veterano bucanero.
Pero, yo
Mi misión
No es que fueras un guard
comencé a decir, deteniéndome al darme cuenta de que era muy poco sensible aquella frase.
Esto estará seguro durante mucho tiempo añadió Silver, ante mi descuido. Estoy convencido.
Y un bardo siempre debería conocer nuevas gestas que cantar apostillé.
En
¿En serio? ¿Lo estáis diciendo en serio?
Totalmente asentimos los dos al unísono, provocando unas etéreas lágrimas de felicidad en el espectro, que comenzó a bailotear alegremente.
Tras aquella efusiva demostración de las dotes para la danza que poseía el bardo, abandonamos la caverna sin mayores dificultades. Todo estaba tranquilo, muerto y a la vez lleno de vida y misterio. Nadie diría que en las entrañas de aquellas rocas acabábamos de librar una gran batalla contra seres procedentes de las más oscuras pesadillas y de acercarnos a un gran misterio, velado durante eones a los ojos de los mortales. Pero lo habíamos hecho.
La luz del sol me cegó cuando salimos a la superficie. Habíamos vuelto al mundo normal, el mundo en el que la fantasía ha desaparecido y los problemas mortales han ocupado su lugar, el mundo en el que era un sangriento y peligroso pirata a los ojos de quienes decidían quienes podían vivir libremente y quienes debían huir por el resto de sus días
Por eso, mientras ascendíamos por el acantilado, me aferré fuertemente al volumen de los gnomos, que me recordaba que aquello no había sido sólo un sueño, que aquellas maravillas, aquellas leyendas de los libros realmente existían y que sólo estaban esperando bajo tierra para que las sacaran a la luz.
Noté también cómo Estella se acercaba especialmente a mí, casi hasta apoyarse en mi brazo. No fui el único que se percató de la situación. Silver, Rentarou y Mijok se adelantaron ligera y discretamente tras cruzarse una media sonrisa bastante expresiva cuando yo rodeé a la doctora con el brazo. Al poco, los tres Outlaw llamaron al gnomo para que les contara alguna historia y, de ese modo, nos dejara solos.
¿Estás bien? le pregunté.
Ahora sí contestó ella en un susurro, pegándose más a mí. Ahora sí.














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