Recuerdos 01 - Ingreso
by ~Centoloman01 - Ingreso
El examen de ingreso, curiosamente, no se realizó en las habituales instalaciones de la Academia de Shinigamis sino en el Distrito 1 del Rukongai. Al parecer, era una estrategia para acercar al pueblo la figura del shinigami, tantas veces vista con desconfianza por las almas que vivían fuera del Sereitei.
La asistencia de público era masiva, así como la de los participantes así que la inscripción tomó su tiempo. Mientras aguardaba mi turno, me preguntaba si en efecto aquel era el objetivo de los altos cargos de la Corte de los Espíritus Puros, pues allí los espectadores eran de la clase más alta de entre todos los habitantes del Rukongai.
La mayor parte de los pobladores de los distritos de número más bajo eran familias de la baja nobleza o familias de shinigamis de alto rango, como mi clan. En cualquier caso, conocían la figura del shinigami a la perfección. Estaban muy familiarizados con ellos. ¿No sería mejor en el caso de que se pretendiera acercar la figura del shinigami al pueblo haber llevado las pruebas a distritos de número superior?
Mientras estaba embobado en reflexiones políticas como aquella, me tocó el turno para la inscripción. Una vez realizado el papeleo, fui conducido al área de espera con el resto de participantes. A pesar de que los espectadores eran casi en su totalidad gente de los distritos entre el 1 y el 10, había participantes de los 80 distritos. La diferencia entre clases se hacía notar en las miradas de cada uno de los que estábamos allí, que se miraban con desprecio entre ellos.
La prueba constaría de tres partes: control de la energía, combate y una prueba escrita sobre conocimiento general que cualquiera que conociera mínimamente la figura del shinigami podría sacar brillantemente.
Para las primera de las pruebas, la del control de la energía espiritual, los cientos de participantes fuimos repartidos en grupos de dieciséis personas a los que fueron asignados un oficial de una de las trece divisiones que ejercía de examinador. La prueba consistía en crear una esfera de energía en las manos y mantenerla durante un determinado tiempo. No era una prueba difícil, pero era dura, pues el hecho de equilibrar la energía y estabilizarla durante un periodo prolongado agotaba rapidamente al usuario.
Sólo siete de los dieciséis miembros originales de mi grupo conseguimos pasar a la prueba de combate. En varios de los grupos, ninguno de sus miembros había conseguido pasar y otros, por ya poseer una espada propia, habían sido promovidos directamente a la prueba escrita. Como arma durante el examen se nos entregó una espada de madera, pero también podía usarse el combate cuerpo a cuerpo. El final de combate se establecería en la rendición del rival o cuando el oponente permaneciera más de 10 segundos en el suelo.
De los cientos de aspirantes a académico que habían ingresado en la primera prueba sólo un centenar habían conseguido llegar a la prueba final. El test escrito, que se realizó el día siguiente y, principalmente, serviría para organizar a los alumnos por en sus diferentes grupos por el nivel que habían demostrado, pues todos los que habían logrado llegar hasta allí estaban admitidos en la escuela de shinigamis.
Quedaban unas semanas hasta el comienzo de las clases pero yo había decidido no volver a casa. Había decidido no regresar hasta que mi uniforme fuera negro y blanco y pudiera cumplir mi promesa de restaurar el honor del gran clan Akano. Me instalé en uno de los pabellones de la academia donde residiría los próximos años y fuí preparándome para el gran día.
El pabellón estaba vacío, pero en pocas semanas aquellos pasillos bullirían de actividad. Aproveché el tiempo de soledad para familiarizarme con el entorno, los recorridos, el gimnasio... Me había planificado una especie de horario para poder ocupar el tiempo y no aburrirme en aquel desierto de piedra y madera.
Poco a poco se iba acercando el primer día de clase. La noche anterior llegó mi compañero de habitación, un joven de mi edad aproximadamente y que realmente se parecía a mí. De hecho, parecía una agigantada, musculada e imberbe versión de mí. Parecía alguien agradable, lo que me resultó un gran alivio, pues no sabría si lograría aguantar todo el tiempo de la academia con alguien soso y aburrido.
Le había estado observando escondido entre las ramas de un árbol cercano a la ventana de la habitación mientras él organizaba sus cosas. Era muy divertido, pues parecía preguntarse continuamente con la mirada quién sería aquel con el que tendría que compartir su espacio durante los próximos seis años.
¡Hola! Soy Rido le dije, entrando de un salto por la ventana.
Eh... ¡Hola! contestó asombrado. Trataba de asimilar la escena que acababa de presenciar. Mi nombre es Gaijin.
¿Y de dónde vienes?
Nacer nací en el Rukongai Norte, pero al final nos mudamos al Sur, al distrito 28 me informó.
Yo soy del clan Akano, vivimos en el sector 7 del Oeste.
¿Akano? ¿Como el gran Akano Kumaru?
¡Claro! ¡Soy el nieto del legendario capitán de la novena división!
Ala... exclamó asombrado.
Congeniamos rápidamente y pasamos bastante rato conversando. Llegó la noche y como la víspera del examen de ingreso, no conseguía dormir así que me fui a sentar en las ramas del árbol desde donde había espiado a Gaijin mientras organizaba sus cosas. Desde allí avisté algo moviéndose entre los arbustos en la pared del pabellón de enfrente, pero no le di mayor importancia suponiendo que era alguna clase de animal salvaje.
Por fin, tras una larga espera, conseguí pegar ojo y el amanecer me sorprendió sentado en la misma rama donde el sueño me había alcanzado. Era el momento de asearse y prepararse para el inicio de la gran aventura de convertirse en shinigami.
La clase era la típica aula en forma de anfiteatro. Los alumnos, todos novatos, pertenecían, como yo, al grupo de nivel alto según la nota de la prueba escrita con la que había concluído el examen de acceso a la academia. Todos parecían igual de nerviosos, todos tratando de entablar conversaciones superficiales que derivaran en amistades útiles para futuras necesidades.
Pero de entre todo eso, al fondo, arriba del todo de la clase, una figura llamaba la atención sobre los demás. Una chica, de pelo rojizo y con cuernos miraba con cara de rechazo al resto de los alumnos. Aquello me llamó la atención casi tanto como sus atributos óseos y me acerqué hacia ella con la intención de entablar conversación.
Fíjate en eso, ¡¡tienes cuernos!! ¿Puedo tocarlos ? le solté, tratando de romper el hielo.
En ese preciso instante me di cuenta de mi grave error. Antes de que pudiera siquiera llegar a rozar las protuberancias de aquella chica me agarró salvajemente la muñeca hasta el punto de casi rompérmela. Clavó sus ojos llenos de dureza en mi rostro dolorido y me soltó la mano mientras me amenazaba.
Me senté en la silla y traté de atender un rato mientras me frotaba la muñeca, pero el dolor me había desconcentrado y el interes por la persona que ahora estaba sentada a mi lado era superior al que me suscitaba el aburrido discurso de bienvenida que nos dirigía el profesor.
¿Sabes? No me pareces como las demás de ahí abajo. Por eso he venido aquí, contigo le comenté mientras señalaba a los grupos de jóvenes que cotilleaban sólo un par de filas más allá de nosotros.
Creí haberte dejado claro que no me interesa lo que me digas replicó desdeñadamente.
Estáaa bien cedí consciente de que me iba a costar más de lo pensado entablar una conversación con aquella chica. Entonces me incliné en la silla, manteniendo el equilibrio sobre las dos patas traseras pero no calculé precisamente la distancia con la pared y caí de espaldas, provocando la carcajada general en la clase.
Idiota!! ¿¿Qué haces?? susurró con una evidente indignación.
Sin un ápice de vergüenza pero con un poco de dolor en la espalda, me reincorporé dirigiéndole una mirada a mi compañera para ver si al menos mi torpeza había servido de algo. No era así, su rostro era frío como el témpano. Eso lo hacía más interesante si cabe.
Cuando la interminable presentación dio llegado a su fin, casi no la vi salir de la clase pero conseguí alcanzarla por el pasillo. Fuere como fuere, estaba decidido a al menos averiguar su nombre antes de regresar a la habitación.
¡¡Perdona!! ¿Cómo te llamas? la llamé a gritos en mitad de los pasillos atosigados de gente.
¿Tu no te rindes nunca? contestó tratando de ignorarme.
Rendirse es de cobardes repliqué hinchado de orgullo.
Kumaru nunca se había rendido, aunque eso le hubiese costado renunciar a la vida que había llevado al prestigio a mi clan. Yo tampoco me rendiría. Además, cuanto más dificil me lo ponía más interés tenía por averiguar su nombre.
¡¡¡¡¡¡NALYAAAAAAAAA!!!!!! El grito resonó en todo el pasillo.
Genial, ya me conoce el resto de la Academia se quejó mi compañera mientras se golpeaba fuerte la cabeza sin darse cuenta de mi presencia a su lado.
¡Je! Nos vemos Nalya me despedí mientras me dirigía a la habitación.
El primero de los objetivos estaba cumplido. Había conseguido arrancarle el nombre antes de volver a la habitación. En breves minutos habría que presentarse en el comedor así que organicé los materiales de clase y me preparaba para salir cuando llegó mi compañero.
Menudo espectáculo has dado en clase se reía Gaijin cuando me vió en el cuarto.
Sí, mi espalda me duele bastante me quejé entre risas. Pero al menos mereció la pena... Ahora sé su nombre.
El siguiente objetivo era... entablar más de dos frases seguidas sin que hubiera amenazas. Aunque suponía que eso sería más difícil, como luego se demostró. Daba igual, estaba decidido. Al final terminaría siendo amigo de aquella chica costaste lo que costase. Aunque fuera sólo por erosión, acabaría derrumbando su muro.











