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June 17, 2008
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Recuerdos 07 - El cuarto

by ~Centoloman

07 - El cuarto

Afortunadamente, conseguí arreglar el problema que había tenido con Yvan Deiss, el profesor de Historia de la Sociedad de Almas. Pocos días después fui a su despacho a pedirle disculpas, pero la actitud con la que me recibió me cogió por sorpresa.

– ¡Pase! – respondió a la llamada en la puerta.

– Buenos días, Profesor Deiss... – saludé tímidamente.

La humildad costaba pero lo que tenía que hacer tenía que hacerlo. No me importaba cargármela yo pero Nalya también se había visto implicada en lo sucedido y todo aquello podía salpicarle. Si no conseguía salvarme yo, al menos intentaría que ella no tuviera problemas con esa asignatura.

– ¡Ah! Akano Rido. Pase, pase.

– Verá... quería disculparme por mi actitud el otro día.

– No se preocupe. Asunto olvidado.

– ¿Cómo?

– Verá, si hay algo que aprecio en esta vida es el sentido del honor y del orgullo. Un hombre, un guerrero, debe estar orgulloso de su pasado y de su estirpe. Cuando alguien pierde todo lo que aprecia en la vida siempre tiene algo

– Pero el otro día en su clase yo...

– Comprendo que sea un tema que le resulte incómodo. Verá, yo no juzgo los hechos históricos que me toca explicar. Simplemente me remito a los hechos y los documentos nos explican todo lo que expliqué. Las opiniones personales quedan aparte.

– Entiendo – contesté cada vez más sorprendido.

– Ahora bien, de todas formas, trate de ser más comedido y menos vehemente durante las clases. Por esta vez me olvidaré de este asunto, entiendo que recordar esos hechos tan dolorosos para su familia debe ser duro, pero prométame que no pasará más.

– Queda prometido – afirmé mecánicamente casi sin creérmelo.


Pasó el tiempo en la Academia y, poco a poco, fuimos avanzando en nuestro nivel y nuestra preparación. Al final del primer curso, nos dimos cuenta de verdad de lo mucho que habíamos avanzado respecto al nivel con el que habíamos entrado en la Academia y, además, de lo mucho que se exigía en los exámenes.

De todas formas, todos nosotros pasamos el curso sin problemas y llegaron las vacaciones. Nalya y yo las pasamos en la Academia, como haríamos también los siguientes años. Yo no quería regresar a casa hasta no llevar puesto el traje de shinigami. Ella, aunque yo sabía que no era del todo verdad, afirmaba que no tenía ningún sitio al que volver.

Así, ella, su perro y yo, disfrutamos de nuestros meses de descanso en una Academia casi vacía. Aprovechábamos los días para ir de paseo hasta los bosques del Rukongai y pasar horas allí entrenando para regresar al anochecer a nuestras habitaciones preparados para repetir el día siguiente.

Casi sin darnos cuenta llegó el nuevo curso y las clases de nuevo y la vuelta a la rutina. Todo seguía prácticamente igual, sin apenas cambios, aunque nosotros ya no éramos los “pequeños”. Al principio de curso, los alumnos de primer año parecían bastante perdidos y no podíamos evitar preguntarnos si así parecíamos nosotros cuando entramos en la Academia.

El segundo año en la academia era visiblemente más práctico, aunque se impartían aún algunas asignaturas teóricas. Era el último año que las tendríamos que aguantar, a excepción de un par de asignaturas que se impartían en los cursos superiores y que se orientaban a los reglamentos de las divisiones.

Cuando faltaba poco para el final de curso llegó el momento de la primera salida al mundo mortal. Estábamos todos muy nerviosos a la par que ilusionados por lo que nos esperaba y desde varios días antes no hablábamos de otra cosa que no fuera aquello.

– ¡El mundo mortal! ¡Al fin!

– Estarás contento.

– ¡Claro que sí! ¿Cómo no iba a estarlo? Es lo que llevo esperando desde que entré aquí.

– Realmente no sé que le ves…

– ¿En serio? Tiene que ser apasionante. ¡El mundo mortal!

Nalya demostraba una y otra vez que no comprendía mi fijación con el mundo mortal pero no podía evitarlo. Por mi parte, yo no comprendía su incomprensión así que en cierto modo, le decía, estábamos en paz.

Al fin llegó el día escogido para nuestro grupo que formábamos Db, Krunzik, Nalya, Aiolos, delegado del curso, y yo. A la hora señalada nos presentamos todos con nuestro mejor aspecto dispuestos a impresionar a nuestros profesores con lo buenos que éramos los alumnos de segundo.

No podía ocultar el sentimiento de excitación que me recorría de arriba abajo y era consciente de lo mucho que se me notaba dado las miradas y los comentarios de mis compañeros. Una luz en mi mirada, un brillo en los ojos reflejaba lo mucho que había esperado ese día que por fin había llegado.

No sólo me entusiasmaba el hecho de descender al mundo mortal y conocerlo por primera vez en mi vida. También era consciente de que aquella salida era un gran paso en la dirección en la que había encaminado mi vida: llegar a ser algún día tan grande como mi legendario abuelo, Akano Kumaru.

– Está bien, lo haremos así – comenzó a explicar uno de los académicos de último curso que se encargaba de dirigir la salida. – Nos dirigiremos ordenadamente hacia el Senkaimon. En el área a la que nos dirigimos han sido detectados hollows de bajo nivel y ya ha sido asegurada. Nosotros iremos cerca de vosotros así que no os preocupéis. Todo está controlado, tomaros esto como un entrenamiento más. Seguramente vosotros os hacéis más daño en vuestros entrenamientos de lo que vais a sufrir aquí.

La primera impresión que me llevé del mundo mortal fue extraña. El área parecía una zona industrial, desierta aquellas horas. Así, la primera impresión que me llevé del mundo mortal fue la de un desierto de acero y hormigón, nada comparable a lo que había escuchado en las clases de Historia del Mundo Mortal o lo que me contaban mis compañeros.

Al final, casi diría que desafortunadamente, las palabras de aquel académico resultaron ser ciertas y no pasó gran cosa durante la salida. Cierto era que el grupo lo formábamos los mejores académicos del curso y que aquellos hollows eran realmente débiles, pero no pudimos evitar quejarnos de lo poco excitantes que terminaron siendo las batallas.

Cuando regresamos, me quedé un poco rezagado pensando en aquel desierto industrial y el chasco que me había llevado en mi primera salida de la Sociedad de Almas. No es que me gustara ser el último, mi época de ser conocido como “el tío ese que siempre llega tarde” había terminado hacía tiempo, pero aquella vez mereció la pena porque intercepté una conversación la mar de interesante.

– Oye, Nalya – le decía Aiolos.

– ¿Qué? – respondió con su habitual tono frío y cortante.

– Mira, – continuó él intimidado – cuando veas a tu novio dale las gracias por cubrirme las espaldas antes.

– ¿Mi novio? – preguntó Nalya visiblemente sorprendida.

– Sí... – replicó el delegado con toda naturalidad. – Espera, – se detuvo – seguro que he metido la pata hasta el fondo. ¿Rido no es tu novio?

– ¡¿Qué?! – exclamó Nalya visiblemente enfadada – ¡¿Cómo?! ¡¿Rido mi...?! ¡Yo te mato!

Aiolos debió intuir el peligro que se avecinaba porque salió corriendo en dirección a la Academia a la velocidad del rayo. Yo, que no podía parar de reír, me debatía entre animar a Nalya para que le diera caza y sujetarla para que el pobre Aiolos no sufriera las consecuencias de la ira de la “Mujer de Hielo”. Al final pudo más mi sentido del compañerismo que mis ganas de diversión y me abalancé sobre Nalya para que no persiguiera a Aiolos hasta enviarlo a la tumba.

– Tranquila, “cariño” – le susurré mientras la sujetaba entre carcajada y carcajada.

Con ello conseguí dos cosas: aumentar el nivel de su ira y canalizarla hacia mí, haciendo que se olvidara de Aiolos. Daba igual, total estaba acostumbrado a luchar contra ella y conocía todos sus movimientos, sobre todo cuando peleaba sin pensar como en ese momento así que aunque fue complicado conseguí aguantar sus golpes hasta que quedó cansada.

Cuando se agotaron sus fuerzas, se dio la vuelta y me ignoró durante todo el camino de vuelta a la Academia. “Al menos está enfadada conmigo y no con el pobre de Aiolos” pensaba mientras veía como se alejaba a toda prisa.

– ¡Hey! ¡Rido! – me llamó Aiolos cuando llegué al fin a la Academia.

– Hombre, el “Delegado suicida” – dije en tono irónico y amenazante, tratando de hacer ver que estaba enfadado con él.

– Ya – aceptó ruborizado. – De eso precisamente venía a hablarte yo. Lo siento yo...

– ¿Lo sientes? – le interrumpí manteniendo un rictus serio, como si realmente lo odiara, durante unos segundos antes de dedicarle una enorme sonrisa – ¿Y el buen rato que he pasado?

– ¿Qué?

– ¡Sí, hombre! ¡Hacía tiempo que no me reía tanto!

– Pero Nalya...

– ¿Nalya? – le volví a interrumpir – Por ella no te preocupes, ya me he encargado yo de eso.

– ¿Querrás pedirle disculpas de mi parte?

– No – le contesté secamente.

– ¿Por qué?

– En principio, deberías disculparte tú en persona. Pero tampoco te aconsejo que lo hagas – le contesté. – Ahora mismo está que trina.

– Entonces esperaré unos días.

– Tranquilo. Ya te he dicho que no te preocupes por ella. Hay dos cosas que deberías saber. A: No le gusta que se disculpen con ella. B: Ya no está enfadada contigo – le informé con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Pero no acabas de decir que está que trina?

– Pero no está enfadada contigo... – repetí.

– ¿Entonces?

– Tranquilo – insistí. – Con quien está enfadada es conmigo, no contigo. Y no le durará mucho de todas formas. Seguro que ya ni se acuerda de por qué está enfadada.

– Mucho me temo que sí que se acuerda – dijo una voz por detrás. Era Krunzik que venía a interesarse por lo que le pasaba a Nalya. – porque no hay quien la aguante ahora mismo. ¿Qué le habéis hecho?

– ¡Ah, Krunz! No te había vist... ¡Mierda! ¡Suelta!

– ¿Ibzibuas be zoy uba ebaba?

– ¡No! ¡Es que viniste por la espalda! ¡Suéltame la mano!

– Más te vale que sea eso – contestó tras soltarme y mientras yo me quejaba del dolor.

– ¡Mira! – le mostré la mano. – ¡Ahora tendré tus dientes marcados durante días!

– Es un gran honor para ti. Por cierto, ¿qué jabón usas? Sabe bien, ¿vainilla?

Aiolos contemplaba sin entender aquella escena. Tras un intercambio poco interesante de palabras sobre los champúes y los geles de ducha que usábamos cada uno, le contamos a Krunzik lo que había ocurrido en el regreso de la misión.

– Si es que eres de lo que no hay – dijo al final sin poder contener ella tampoco la risa. – A ver cuánto le dura este cabreo.

– No mucho, no puede estar cabreada conmigo. Sabe que si me ignora volveré a perseguirla y eso es superior a sus fuerzas – respondí entre carcajadas. – Además, ella me ama en secreto. Yo lo sé – concluí poniendo la misma voz que aquellas películas romanticonas que nos traía Bikutoru desde el mundo mortal.

Aún así, Nalya pasó un par de días ignorándome, o tratando de hacerlo porque yo actuaba como si no hubiera pasado nada. En cierta forma, era como volver al principio de nuestra relación, cuando ella trataba de evitarme y yo no me cansaba de perseguirla, algo que le agotaba física y psicológicamente

– Vamos mujer, mira que no sabes aceptar una broma – le dije un día que estaba especialmente irritable.

– Tú lo que no sabes es medirte.

– Eso no es nada nuevo – contesté indiferente. – Ya lo sabías, ¿o no?

– Vete a la mierda, Rido – me respondió secamente. – Olvídame.

– ¡Vamos! – insistí. –Tenía que hacerlo. Si no, te hubieras cargado al pobre de Aiolos. Además, no veas que bien me lo pasé.

– A mi costa – me interrumpió. – Qué gracioso. Mira como me río – ironizó.

– Venga, Nalya. Dejémoslo. Sabes que no puedes enfadarte conmigo – le bromeé.

– Eso es lo que te crees tú. ¿Quieres probarlo? – amenazó.

– No soportarías que te volviera a “acosar” – dije, haciendo un gesto como si entrecomillase la última palabra.

– ¿Sabes que es lo peor de todo?

– ¿Que tengo razón?

– Sí – resopló resignada.

– Lo sabía – repliqué con una sonrisa de oreja. – Entonces, ¿qué te parece si vamos a pelearnos con los árboles?

– Tengo una idea mejor – informó, con un brillo en los ojos casi tan maquiavélico como su sonrisa.

– ¿Cuál?

– ¿Por qué hoy no haces tú de árbol?
:iconcentoloman:
Un título bastante absurdo para un capítulo que lo que pretendía es presentar de una forma un poco más amplia de lo que ya había hecho (en el capi 5) al delegado de la clase que, además, será el cuarto que cierre el grupo del examen de shinigami de Rido.
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